lunes, 31 de diciembre de 2012

Capítulo 11: Toda tu atención.




- Esta noche va a ser genial. Y después de esto, ¿sabes que? – me quede quieta.
- ¿Qué? – miro arriba, y después me miró a mi.
- Vamos a ver una película, lo más seguro es que sea de miedo. – no tardé en apretarle la mano, y le susurré:
- Me da igual cual o como sea la película, mientras la vea junto a ti. – me miró, y se rió dulcemente conmigo. Llegó el camarero.
- Pedimos para todos dos pizzas de las grandes. – Carlos fue el primero en pedir, pero pidió para todos. Bueno, no estaba mal, la pizza esta buena, así que no me queje. Estábamos escuchando música, y de repente, sonó en la radio la canción de “Tu mirada me hace grande” de Maldita Nerea, y yo pensaba que esa canción se la cantaba yo a Álvaro, y al final de la canción, nos besábamos. Pero solo era una ilusión. Álvaro me estaba llamando, pero yo no escuchaba nada, porque estaba en mi mente, pensando aquello.
- Maria, eh! ¿Estas aquí o en otro mundo? – se hizo el gracioso, y de repente moví la mirada hasta el, y me quede inquieta.
- Pues no sabría que decirte… Estaba pensando en esta canción. – me miró sin saber lo que realmente pensaba, y me hizo sentir muy bien al decir eso:
- Esta canción, te la dedico a ti, porque es lo que siento cuando estoy contigo; Cada frase y palabra de esta canción me recuerdan a nosotros. – no puedo describir lo que me decía… era amor.
- ¿Siempre piensas en mi? Bueno, cuando me ves. – se me acercó, y me dijo al oído:
- No solo cuando te veo, cuando no estas, también. –
- Traigo las pizzas, organizaos vosotros mismos. – el camarero se dirigió a Carlos, y se las puso delante. El las repartió; Eran enormes, y parecían deliciosas.
- ¿A quién le gusta la de queso y jamón? – A Ana le gustaba, así que se acercó a el, y la cogió mirándole a los ojos.
- La de cuatro quesos, se que te gusta, Blas. Dale la mitad a Rachel. –  
- Seguro que estará muy buena. – contestó Rachel, impaciente por probarla. Blas la miró sonriendo. Pero Rachel estaba mirando a Carlos. Yo miraba a Álvaro. Todos mirábamos a alguien. Carlos me dio el gran plato de pizza; Era mediterránea, mi favorita.
- Se que es tu favorita. – me dijo Carlos al darme la pizza, mientras que Álvaro le miraba con cara no muy alegre. Mientras yo le miraba preocupada.
- ¿A que viene esa cara? – el hizo como si nada, y me respondió con una sonrisa.
- Nada, no es nada. ¿Comemos? – intentó cambiar de tema, y nos pusimos todos a comer.
- ¿Te apetece coger un trozo? – le preguntó Ana a Carlos. – Solo si quieres probarla. – Sara entonces le dio un golpecito a su silla, para que captara la indirecta de que dejara de hablarle a Carlos de esa forma.
- ¿Se puede saber que te pasa hoy con Carlos? – le dijo Sara a Ana en voz baja, y un poco mosqueada con ella. 
- No me pasa nada, ¿es que eres la única que puede hablar con el? – Ana le respondió enfada.
- Da igual, ya lo discutiremos en casa, ahora no quiero que los chicos se extrañen con nuestra actitud. – Le giró la cara, y siguió comiendo y hablando. Yo, estaba riéndome con Álvaro, como casi siempre que estaba con el. Lo más bonito que tenía y con lo que me miraba con sinceridad, eran sus ojos, su mirada. 
- Toma, un trozo de pizza. -  Álvaro cogió un trozo y me lo puso en la boca. Estaba muy buena. 
- ¿Te gusta? – 
- Me encanta. – me reí, y seguimos comiendo.
- Eh, ¿pruebas mi pizza? Te gustara, es barbacoa. – exacto, era la favorita de Sara, la cual estaba comiendo con Carlos, que resultaba ser también su favorita.
- Claro, dame un poco. – Sara me dio un trozo para que la probara y Álvaro también la probó. Como no teníamos con que cortarla, cogimos cada uno de un extremo del trozo de pizza, y lo mordimos. Yo me reí, porque Álvaro estaba haciendo tonterías.
- ¿Qué haces loco? – Me encanta cuando se pone así de mono.
- Nada, solo intento llamar tu atención. –
- No hace falta que hagas eso, con un solo movimiento, llamas mi atención.   
- Eres lo más bonito que he visto nunca. – su dulzura no se podía describir. Por acabar, pedimos el postre. Cada uno pidió algo distinto; Solo Ana, Sara y Rachel coincidieron: pidieron “brownies” pero solo porque a Carlos le encantaban y también cogió. Yo pedí unos crêps de chocolate. Álvaro pidió chocolate desecho. David un mini pastel de galleta y chocolate. Blas un helado de vainilla y Dani y Carmen pidieron lo mismo: un batido de chocolate y nata. Todos comían a gusto, pero en cuanto a mi, me dolía un poco la barriga, e hice un gesto poniendo mi mano sobre ella. Intenté olvidarlo, y seguí comiendo. Pero Álvaro insistió.

domingo, 30 de diciembre de 2012

Capítulo 10: Más cerca de ti.



Me levante, y le dije a Álvaro, que era tarde, y nos fuéramos a vestir. Salimos del jardín, y entramos dentro y cada uno se fue por un lado, para ir al baño. Yo me subí a la habitación, a buscar ropa, y cambiarme. Era casi de noche, y la hora de cenar, y como no había nada que hacer, no me puse nada especial. Pero como dude, se lo comenté a Carlos, era el que estaba más cerca de por allí.
- Hola, ¿vamos a hacer algo esta noche? – se ve que Carlos, estaba esperando a alguien, porque estaba plantado frente a la puerta del baño.
- A, hola, ¿como va todo por aquí? –  
- Pues, genial, y, ¿tu a quien esperas? – sabía que me iba a responder a Sara.
- Espero a Sara, se esta vistiendo. ¿Qué me habías preguntado antes? – dijo con cara despistada. 
- Pues que si vamos a ir a cenar algún sitio. – quería saberlo.
- Si, supongo, siempre hacemos cosas especiales cuando tenemos visita, aun más si son señoritas tan preciosas como vosotras. – vale, me quedó claro, ¿pero lo del final? da igual, lo que no tenía era nada que ponerme, y aun menos de noche.
- Gracias, pues ya veré lo que hago, adiós. –
- Hasta luego, a por cierto, ¿sabes si Sara esta saliendo con alguien? solo para saberlo, ya sabes, no es que me importe mucho, ni nada. – si, le gustaba Sara, no había ninguna duda.
- Pues no, no tiene novia, así que, ya sabes… - me giré, y me dirigí a mi habitación, a elegir la ropa. Oí que alguien llamaba a mi puerta; era Sara.
- He oído que estabas hablando con Carlos mientras yo estaba en el baño, ¿Qué te ha dicho? – puso una mirada muy extraña, y tuve que contárselo todo.
- Pues… solo que hoy iríamos a cenar a algún sitio especial, y me preguntó si… tenías novio. – cuando Sara oyó lo que le dije, se puso a saltar y a chillar como una loca.
- ¡En serio dijo eso!!!!¡Dios!!! Me muero, y ¿Qué que dijiste tú? – chilló sorprendida.
- Pues, que no, pero no te mueras. – Sara estaba súper feliz. Salió de la habitación saltando, y cerró la puerta de golpe. Vaya chica más rara. En fin, cogí lo primero que pillé, una camiseta brillante de color lila de tirantes, unos tejanos  largos oscuros, para no tener frío por la noche, y unos tacones no muy altos de color morado, a juego de la camiseta. Como había un espejo al lado de la cama, me maquillé allí mismo. Solo me hice la ralla, y me puse brillo de labios. Ya estaba, así que abrí la puerta y salí a la entrada. Las puertas de las demás habitaciones estaban cerradas, y la del baño también. Espere allí en medio de la sala, y subió alguien por las escaleras; era Álvaro.
- Que guapa… bueno, siempre lo estas. – se me acercó, me cogió de la cintura, y me abrazó. Se ve que ahora le daba por abrazarme siempre que me veía. Pero no me importaba, me gustaba.
- ¿Donde vamos a ir? – le pregunté mientras me estaba abrazando.
- Pues… no se, es un secreto. – me reí, y le dije después.
- Ya… lo de que me querías también era un supuesto secreto, y ya lo se, yo, y más gente. – me miro, y se rió.
- Muy graciosa. En fin, vamos abajo a hacer algo, y esperamos a los demás a que bajen. – acepte, le cogí de la mano, y bajamos por las escaleras hablando. Cuando llegamos abajo, el salió fuera, y, me dijo que viniera con el. Salió fuera, y se acercó a un columpio que estaba colgado de dos ramas de árbol con flores.
- Sube, me siento contigo. – no me lo creo: quería sentarse conmigo al columpio,
Que mono… así que me senté a su lado, y el, lo balanceaba con sus pies.
- ¿Te gusta? – era tan… perfecto. Siempre estaba conmigo, me apreciaba, hacia que me sintiera bien… y ni siquiera estábamos saliendo.
- Si… me gusta estar contigo. – le mire a los ojos y el a mi, y nos reímos.
- ¡Conmigo no tonta!!! Si te gustaba el columpio. – nos reímos de nuevo, era muy difícil no reírse a su lado.
- Si, me gusta. Y tu también me gustas… - me apoye sobre su hombro, y el, siguió balanceando el columpio.
- ¡He!!!! Que hacéis, que ya nos vamos Álvaro, ¡o no cogeremos sitio!!! – En un segundo todos habían acabado, y Carlos gritando para que viniéramos.
- Vamos, que ya sabes como se pone Dani cuando alguien tarda. – se rió, y me besó en la mejilla. Me cogió de la mano, y me llevó hasta la puerta que llevaba dentro, para salir a fuera directamente desde allí.
- ¿Quien tiene ganas de comer algo? Por que yo si. – Carlos siempre pensando en comer, y yo siempre pensando en Álvaro. No podía imaginarme donde iríamos a cenar, nadie me lo había dicho. Caminábamos sin saber donde íbamos, bueno, yo no lo sabía. A lo lejos se veía una luz de lo que parecía ser un restaurante.
- Hemos llegado. – estaba un poco lejos.
- ¿Tienes algo pensado para cenar esta noche? – la comida no era lo que más me importaba de esa noche.
- Pues no me importa mucho. – Álvaro me miró riéndose.
- Pues yo pediré… tu corazón. – no sabía a lo que se refería, solo, que me quería.
- ¿A que te refieres? ¡No hace falta que lo pidas! – lo miré con seriedad, y pensé que el ya tenía mi corazón.  
- Por que no hace falta, ¿es que ya lo he conquistado? – me encantaba cuando Álvaro se ponía de esa forma.
- Si, me has conquistado el corazón, ya hace tiempo. – le apreté la mano, y me apoye sobre su hombro. Seguimos caminando hasta llegar a la puerta del restaurante.
- ¿Entramos? – el restaurante, no parecía tan clásico como el del día anterior. Se servía comida rápida. Me gustaba el estilo; el salón era grande, con mesas por allí, repartidas. Lo peor es que no encontramos ninguna para 10 personas. Nos tuvimos que repartir.
- Lo sentimos, no podemos estar todos en la misma mesa, tendremos que ser 5 en cada una de estas. – Carlos no estaba de acuerdo con lo que dijo David.
- Pues no. Tenemos que estar juntos, para divertirnos. Para eso han venido las chicas, ¿no? – se acercó a una de las mesas de cinco, y la junto con otra igual. Movió las sillas en su sitio, y lo arregló todo.
- Ya esta, veis. No era tan difícil, ahora cabemos todos. – nos sentamos como quisimos, y hablamos mientras el camarero venía a tomar nota.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Capítulo 9: Juntos, solo el y yo.



Dani subió a buscarme, porque tardaba mucho. Pico a la puerta del baño varias veces, y dijo:
- ¿Estas ahí? Tenemos que bajar ya a la piscina, o se hará tarde. –
- Si, ya va. – salí del baño con el bikini puesto, y una toalla encima.
- Ya veo, venga, bajemos. – mientras bajábamos por las escaleras, me preguntó algunas cosas.
- ¿Que te cuentas? – yo no sabía que responderle.
- Pues, nada, todo es prefecto, y me encanta… - El me intervino.
- Álvaro, digo que te encanta el. – yo hice cara de “¿porque pensáis todos eso, tanto se nota?
- Se nota mucho, estáis siempre juntos, os reís juntos, os abrazáis… y no sigo, porque hay cosas infinitas. – no sabía porque siempre se metían conmigo.
- Bueno, ¿Y que tiene de malo? – además, estaba claro que no era la única que estaba enamorada de alguien.
- Nada, nada. Haz como si no te hubiera contado nada. –
- ¿Por? – no entendía a ese chico.
- Por nada, anda, tus amigas y Álvaro te están esperando para tirarse a la piscina, ve con ellos. – no sabía porque de golpe me hablaba tan raro… da igual, me fui corriendo fuera, a encontrarme con todos.
- ¿Qué hacíais ya tu y Dani? – Siempre eran todas así, me veían hablar con un chico, y me preguntaban.
- Pues, solo hablábamos, no te enfades Carmen. –
- No, tranquila, es Sara, siempre es muy mal pensada… - me reí, y se me acercó Álvaro por detrás, y me dijo en al oído:
- Estas preciosa, bueno, siempre lo estas, te pongas lo que te pongas. – se me acercó, y me dio la mano.
- ¿Nos tiramos juntos a la piscina? – no me dejo hablar, pero intervine antes de nada.
- Después, ahora no me apetece, prefiero tomar el poco sol que queda. – no quería ser borde con el, pero no estaba de acuerdo en bañarme ahora mismo.
- Venga, mañana tomas el sol por la mañana, que habrá más, y ahora nos bañamos, y pronto se pondrá el sol, ¿recuerdas? – no tuve más remedio que decirle que vale, y bañarme.
- ¿Lista? – yo no sabía para que tenía que estar lista.
- ¿Para que? – y Álvaro, me dijo:
- Para que te tire a la piscina. – se rió, y me empujo al agua. Me mojé toda de golpe, y el se me tiro encima, junto con todos los demás.
- ¡Vamos!!!!!!!! –Se lanzaron encima mió y me salpicaron aun más. Álvaro cayo encima mió, y yo, le estaba aguantando hasta que lo solté. Ahora, era yo la que estaba encima de él. Entonces, me cogió en brazos como a una princesa, y me lanzó al agua. Me estaba divirtiendo tanto, que no quería que se acabara la tarde. Además, en un rato, podríamos sentarnos a ver la puesta de sol, como el otro dia, pero hoy, va a ser mejor.

- Te voy a… ¡ven aquí! – nos estábamos persiguiendo por el borde de la piscina, y Álvaro resbalo por mi culpa, y se cayó al agua. Yo me reía, y el, decía que no tenía gracia, pero si hacia gracia. Salió de la piscina y empezó a perseguirme de nuevo, pero esta vez, si que me pilló. Me tenía retenida y yo no podía hacer nada. Se me acercó, y me cogió por la cintura, apretándome para que no pudiera huir. Entonces, se acercó a la piscina y me miró a los ojos.
- Solo quiero que nos tiremos juntos una vez, y después, nos sentamos al borde de la piscina, a ver la puesta de sol, ¿vale? –  me besó en la mejilla, y se tiró conmigo. Lo salpicamos todo, y los demás, se enfadaron, pero en broma.
- ¿Salimos? – le pregunté, porque tenía un poco de frió.
- Claro, si es lo que quieres. Espérate ahí, voy a por las toallas, para que tu no te resfríes, no salgas de la piscina hasta que yo venga. –  salió de la piscina, cogió las toallas, y volvió con ellas. Se me acercó, me levantó y me puso la toalla por la espalda y me abrazó para asegurarse de que no tenía frío. Nos sentamos en el césped y el me trajo un batido, y como siempre, el bebió del mío.
- ¡Que haces! –
- Es que me gusta hacerte enfadar. – Se rió, me abrazó y se apoyo a mí.
- ¿Ves la puesta de sol? –
- Si, es preciosa. – se giro hacia mi.
- No más que tu. – siempre que el decía esas palabras, lo hacia con sinceridad, y con ternura.
- Me gustas. No hace falta conocer a una persona perfectamente para darte cuenta de que te gusta, y eso es lo que siento yo. – siempre que decía eso, me quedaba alucinada.
- ¿Sabes? Nadie nunca me había dicho cosas tan bonitas como tu. – el me trataba de la forma más especial que podía hacer.
- Eso era porque no te quería y te apreciaba tanto como yo. – lo miraba de una forma que le hacia reír.
- ¿De donde sacas todas esas frases tan preciosas? – y la verdad es que parecían sacadas de un cuento.
- Es lo que aprendí cuando te conocí, y lo que mi corazón siente cuando esta cerca de ti. – esas dudas que tenía al principio, de saber si le gustaba o no, ya no existen, ahora, se que le gusto por lo que me dice, y el a mi, no me gusta, me encanta. Después de oír esas palabras de nuevo, me apoye en su pecho, y cerré los ojos, para asimilar que eso estaba pasando de verdad, los volví a abrir. Y no era un sueño, era mejor que eso. Estuvimos un rato allí tumbados, hasta que se hicieron las 7 de la tarde. Nos habíamos pasado allí casi toda la tarde. Yo, me había casi dormido, y Álvaro también. Estábamos los dos tumbados en el césped, cuando Sara y Ana, se acercaron sin hacer ruido, y se pusieron a hablar.
- O… que bonito, si es que ya se sabía que iban a acabar juntos. – Sara, nos envidiaba, y pensaba que no estábamos juntos, porque se lo habría contado.
- Que envidia… yo y Carlos nunca podremos estar juntos así. – se entristeció, y miró al suelo. Lo que Sara no sabía, era que a Ana también le gustaba Carlos… entraron dentro, y nosotros, seguimos allí. Juntos, el y yo.


viernes, 28 de diciembre de 2012

Capítulo 8: ... ¡Sorpresa!!!




Pusimos las maletas en el maletero, y seguidamente, subimos nosotras. Era fantástico. Yo me sentaba delante con Álvaro, que conducía, las chicas, detrás, porque delante no cabía nadie más.
- ¿Estamos todos? – pregunto Álvaro, con seguridad.
- Si, estamos todas, y las maletas también. – y me reí. Era el momento más esperado, irme con ellos, a los conciertos, pasarlo bien… era un sueño que hoy se iba a cumplir. Estábamos ya de camino a su casa, además, no estaba muy lejos. Yo, no había dormido mucho esa noche, por lo tanto, me quedé dormida, a pesar que eran las 4 de la tarde. Estaba apoyada en el hombro de Álvaro, y el, mientras yo dormía, el conducía, y se iba girando para verme. Me desperté cuando habían pasado 10 minutos. Pero aun tenía mucho sueño. Bostecé, y miré a Álvaro.
- ¿Ya hemos llegado? – y el, con una voz dulce, contestó:
- No, ya casi estamos, ¿has dormido bien, o estabas incomoda? – se preocupaba siempre por mi, era tan amable.
- Si, a tu lado, he dormido genial. – Estar a su lado era lo más agradable del mundo.
- Pues, me alegro princesa mía. – no podía creer que me hubiera llamado a mi, “princesa mía”. Era… como el chico ideal, el chico de los sueños de cualquier chica, era Álvaro. Me moría de ganas por llegar a su casa, y darles una sorpresa a los demás chicos.
- Ya llegamos, es a la siguiente calle. – La siguiente calle, ¡guau! en unos segundos, mi sueño, se cumpliría, y el de Carmen, Sara, Rachel y Ana también.
- No me lo creo, en poco tiempo, voy a volver a abrazarles – dijo Rachel, con voz baja, para que nadie la oyera. Aun me preguntaba algo: ¿Quiénes eran aquellas chicas con las que Álvaro estaba hablando el otro día? era muy sospechoso, y tenía que averiguarlo. ¿Y si habían salido juntos alguna vez? porque si fuera así, moriría. Pero no creo, de lo contrario, Álvaro, me lo habría contado, digo yo. Pero ahora no había tiempo para pensar en eso, porque habíamos llegado, y solo faltaba bajar del coche, y sacar las maletas.
- Podéis bajar ya, ¡hemos llegado! – Álvaro estaba tan… perfecto. Bueno, así era el. Al decir eso, me abrió la puerta, y me dijo:
- Puedes bajar, preciosa. – siempre que me hablaba, me sentía… muy distinto de cuando hablaba con mis amigas, o con otros, porque el, era especial.
- ¿Que haremos al entrar en la casa? – mientras bajaba del coche, le dije eso, con mucha curiosidad.
- Supongo que, hablar, chillar, y decirles a los chicos: … ¡Sorpresa! – el siempre me hacía reír. Cuando dijo “¡Sorpresa!”, como un niño pequeño, me reí sin parar.
- Jaja… ¡que tontito eres!!! – y le di la mano, cogimos las maletas, y nos dirigimos a la puerta de entrada.
- Estáis listas para entrar chillando “¿Sorpresa?” – nos pregunto, y nos hizo un gesto con el pulgar arriba, queriendo decir OK. Abrió la puerta lentamente, y entramos. Ellos estaban en el sofá viendo la tele. Al entrar, Álvaro entró como si nada, y dijo:
- ¿Que tal, chicos? – nadie respondió, salvo Dani, que dijo:
- Aburridos. – y con cara triste, dijo:
- Y tú, ¿donde has ido con el coche? – Álvaro no le respondió. Se le acercó corriendo con nosotras detrás de él, y les gritamos a todos:
-  ¡Sorpresa!!!!! – no solo nosotras gritamos, Álvaro también lo hizo. Todos nos abrazamos de nuevo, y parecíamos muy felices.
- Habéis vuelto, necesitábamos compañía. – Blas decía eso alegremente y chillando de alegría.
- No solo hemos venido a visitaros, también nos quedaremos aquí por un tiempo, y a divertirnos. – dijo Rachel, y saltó en brazos de Blas para volver a abrazarle.
- Era eso, por lo que te fuiste con el coche… - preguntaron a Álvaro.
- Si, por eso, ¿no os habréis enfadado, no? –
- Pues… ¡claro que no!!! Ha sido la mejor “sorpresa” que me han dado. – David siempre era muy exagerado, pero divertido.
- ¿Que os parece si nos ponemos el bañador y nos bañamos a la piscina? – propuso Dani. Todos aceptamos. Nosotras, aun teníamos las maletas llenas, y debíamos instalarnos a una habitación.
- ¿Os venís? – dijo Álvaro, convencido de que le diríamos que si, especialmente yo.
- Claro. – simplemente le dije eso, me cogió de la mano, y me tapó los ojos con sus manos.
- ¿Qué haces? No veo nada. –
- Eso es lo que pretendo. Te llevaré hasta una habitación. Te gustará mucho, ya verás. – después de decirme eso, me dio algunas pistas.
- Haber… esta en el piso de arriba, es grande, con dos camas, una ventana, una tele, una mesita, una luz… -
- Me lo estás diciendo todo, creí que sería una sorpresa. – dije riéndome.
- Si, y lo es, porque aun no la has visto, a y lo mejor de la habitación, es que… -
- ¿Que es? – entonces me dijo que cerrara los ojos, y me quedara quieta, y cuando el dijera “ya” me los destapara.
- ¡Ya!!! – me quité las manos de los ojos, y vi la preciosa habitación. Era… exactamente como el me la había descrito, pero se olvidó de un pequeño detalle.
- ¡Vas a dormir a la cama de al lado, y a tu lado, yo! – me tire en su cama, y bote, el casi se cae, me senté entonces, y dije muy contenta:
- ¡Esto es genial! es la habitación de mis sueños, estar contigo, y todo lo demás es lo de menos. – Me agarro por la cintura y me beso en la mejilla.
- Te quiero, y se que esto te encanta, pero tu a mi más. – su actitud era tan… tan.
- ¿Quieres bañarte? –
- Si, será divertido. – tenia ganas de divertirme, ya que hacía tiempo que no lo hacia. Me dio un armario, para que guardara toda mi ropa, lo estaba ordenando todo y Ana, entró por la puerta.
- Que haces, ¿no vienes a la piscina? –
- Si, en cuando encuentre mi bikini. ¿Me ayudas? –
- Claro, así acabaras antes. – me ayudo, y en cuando lo encontré, me dirigí al baño, y allí me cambié. Eran las 5:30 de la tarde, y aun teníamos tiempo de hacer algo más que bañarnos a la piscina. Ese dia, fue estupendo. No hubo ninguno en comparación en los que había pasado con Álvaro.


Capítulo 7: Una visita inesperada.



 Acabé de vestirme, y bajé las escaleras; me había puesto muy mona: llevaba una camiseta de tirantes rosa, unos shorts de color blanco, y unos tacones, no muy altos, porque no se me daba bien caminar sobre ellos, de color rosa como la camiseta, y para complementar, un bolso con el móvil, dinero, y algunas cosas, de color negro.
- ¡Que guapa! – me dijo Álvaro, cuando bajé las escaleras, con cuidado de no caerme.
- Que, ¿nos vamos ya? –
- Tengo que esperar a las demás chicas, pero de mientras… podemos hacer algo. –
- ¿Como que? ¿Decirte lo mucho que te quiero? – me dijo dulcemente.
- Es una posibilidad. – le contesté yo, queriendo.
- Pues muchísimo, no puedo decir exactamente cuanto, porque eso sería imposible. –
- ¿Sabes? nunca nadie me ha querido tanto como tu dices. – le dije.
- No entiendo porque, eres perfecta, eres preciosa, y… no pudo describirte… -
- Yo, tengo que decirte algo… - quería decirle lo que siento por el, pero todas las chicas bajaron corriendo.
- Venga, ya podemos irnos. – dijo Ana, muy emocionada.
- ¡Que alegría! vamos a matricularnos en la universidad. – dijo Rachel con ironía. Ella, odiaba estudiar, pero lo hacia igual, porque Sara la obligaba.
- Si, eso significa que ya somos más mayores… - dijo Sara.
- ¡Si! que guay, podremos hacer lo que queramos. – dijo Carmen.
- Yo, no… aun no soy mayor de edad hasta el año que viene, en enero. – dije decepcionada.  
- ¡No pasa nada! vas a entrar igual. – dijo Ana.
- ¿Estáis seguras? ¿Puedo  matricularme aunque no tenga 18 años? – les pregunté no muy segura.
- Bueno… yo diría que si, porque tengo que cumplir los 18 en noviembre, y me matriculo hoy. – nos comentó Sara, pero ella tampoco estaba muy segura.
- Pues como no lo sabemos, vamos, y ya veremos. – Ana propuso eso. Nos dirigimos hacia la puerta, y Álvaro, nos acompaño también. Estábamos de camino, no fuimos en coche, porque estaba cerca de la casa.
- Bueno, es la hora de entrar. ¿Listas? – yo, miré a Carmen, y le dije que si. Al entrar, vimos muchos despachos, pasadizos, y cosas que suelen estar en una universidad. Yo, miré a Álvaro, y le dije:
- No… ¿no te sentiste raro al empezar la UNI? –
- No se, estudiaba lo que me gustaba, la música, por lo tato, me sentía bien. –
- Bueno, pues vamos a preguntarle a la secretaria. – Nos adelantamos hasta la señora de la sala, y le preguntamos:
- Disculpe, ¿Podemos matricularnos para este año? – le comentó Sara.
- Díganme las edades y ya veremos. – la señora, no era precisamente simpática. Le dimos los DNI de todas, con la información.
- Me temo que no. Necesitáis todas un año más para entrar. Salvo… Maria, tu dos años, eres la más pequeña. En fin, no hay nada más a hablar. Si queréis más información, preguntadle a la otra secretaria, yo estoy muy ocupada. – esa señora, era muy borde; así que preguntamos a otra. Esa era más joven, por lo tanto, nos entendería.
- Hola, buenos días, queríamos saber si podemos matricularnos este año. –
- Oh… me parece que no, la otra secretaria me a enviado los datos, y no sois lo suficiente mayores, así que tenéis un año por delante, sin estudios. Tenemos algunos folletos, con actividades de práctica: música, y cosas que quizás os interesen. Yo os doy uno, y lo miráis, si estáis interesadas, ya volveréis. Bueno, pasad un buen dia, adiós. – y no añadió ni una palabra más.
- Muchas gracias, adiós. – dijo Ana.
- Bueno, ahora que sabemos que no entraremos hasta dentro de un año… ¡a divertirnos!!! – dijo motivándose, pero Sara, le cortó el royo:
- ¡No podemos pasarnos el año sin hacer nada! Lo más razonable seria hacer una actividad de estas del folleto, a ambas nos gusta la música, ¿no? pues tenemos que apuntarnos. –
- ¡No es justo! ¡Podríamos quedarnos con ellos un año, y tenemos que estudiar cuando no hace falta, no voy a hacerlo, me niego! – dijo Rachel chillando, y Álvaro, oyó el final, y le comentó:
- ¿Así que os ibais a quedar con nosotros si no entrabais? –
- Pues, si. – le repitió Rachel.
- A mi me parece bien lo que dice Rachel. Voto porque nos quedemos con ellos este año, y el que viene, ya estudiaremos. – todas estábamos de acuerdo con la idea de Rachel, y, al final, decidimos por quedarnos con los chicos.
- Bien, pues ya esta decidido: mañana mismo os venís. Recogéis vuestras cosas, ropa, cosas personales, y lo que necesitéis, y nos llamáis, que os venimos a recoger. – dijo Álvaro, muy contento. Y después se giro hacia mí, y me dijo:
- Por fin, mi sueño de estar contigo, se va a cumplir. – dijo con una dulce voz. Yo, le abrace, y el a mí. Todo iba genial. Esa misma tarde íbamos a hacer las maletas, e irnos para su casa. Seguro que para los demás, será una sorpresa lo de venir allí, porque aun no lo saben, solo Álvaro. La verdad, era todo muy raro. Solo se que tenia muchas ganas de hacer las maletas e instalarme allí con las demás chicas y chicos. Carmen, salió por la puerta, y dijo emocionada:
- Vamos para casa, tenemos que hacerlo todo, y no tenemos mucho tiempo. – Teníamos que llegar a casa antes de las 12, si por la tarde, queríamos darles a los demás una sorpresa.
- Que guay, ¡tengo muchas ganas de prepararlo todo!!!! – todos se giraron hacia a mi, y nos alejamos caminando hasta nuestra casa.
- Bueno, a las… 6, me llamáis, y os vengo a recoger. Nadie puede sospechar nada, y por eso lo haremos así. –  todas asentimos, y entramos a la casa, para recoger las cosas que necesitaríamos. Cuando todas estábamos preparando nuestras cosas, les pregunté:
- ¿Es necesario que me traiga toda la ropa que tengo? – las demás, me dijeron que si, que pasaríamos bastante tiempo allí, y que la necesitaría, si no un dia, otro. Así que me lo llevé todo: mi ropa, mi peluche favorito, cosas personales, objetos de higiene personal, recuerdos… A mi, ya casi no me quedaba casi nada, y a las demás tampoco.
- Bueno… ya casi estoy. ¿Y vosotras como vais? – Rachel me respondió que ya habían acabado.
- Creo que ya estoy – dijo Sara, pero con cara de no querer irse por una parte, porque en esa casa había vivido grandes momentos. Pero aun así, cogió las maletas, y se situó delante de la puerta. Yo casi estaba, me faltaban los pósteres, y las cosas con gran valor para mi.  Tenía muchas ganas de llamar a Álvaro, y decirle que se viniera para acá. Estaban todas, menos Carmen y Ana. Mientras esperábamos, encendimos la tele, o estábamos en el portátil. Yo estaba en Twiter. Miré en mis mensajes privados, y encontré uno de Álvaro. Lo abrí, y ley en voz baja:
- Espero que cuando hagamos un concierto, tu estés en el, para subirte al escenario y cantarte una canción diciendo en ella cuanto te quiero. – eso es lo que leí, y un segundo después, me puse roja.
- Que, ¿leyendo mensajes privados de Álvaro, no? – cuando Sara me dijo eso, me asusté, y pegué un bote.
- ¿Pero que haces? siempre estáis aquí cotilleando todo lo que hago, o lo que Álvaro me envía. – enfadada como siempre, Sara, se calló, y se fue a mirar la tele, y me dejo en paz.  
- Bueno, por mí ya nos podemos ir. – dijeron Rachel, y Ana, que ya había acabado.
- Si, solo falta Carmen, creo. – dijo Ana también.
- Si, bueno, habrá que esperarla. ¿Te queda mucho por recoger, Carmen? – preguntó Rachel.
- No, un par de cosas y ya estoy, si queréis llamad a Álvaro para que vaya viniendo. – me pareció bien, y a ellas. Así que llamé:
- Hola, Álvaro ¿puedes venir ya a buscarnos? –
- Si, ¿ya estáis todas? –  
- Si, falta Carmen, pero dice que mientras que vienes, que ya habrá acabado. –
- Vaaale. Voy para allá. – 
- Hasta ahora, te quiero. –
- Yo también, y lo sabes. – colgué, y mire el teléfono con felicidad. ¡Álvaro me había dicho que me quería!!! Bueno, no era una novedad, porque me lo dijo ayer. Pero da igual, yo me emociono igual cuando lo dice.
- ¿Y? ¿Que ha dicho? – preguntó Ana, con ganas de saberlo.
- Ya viene, lo prepara todo, y viene en coche, supongo, vamos. – le dije yo.
- A, vale, guay, que ganas de… encontrarme con los chicos otra vez. – dijo en voz baja, y suspiró. Yo, hacia lo mismo con Álvaro, y por eso la entiendo.
- Ya esta, todo, creo que no me falta nada. – Carmen nos avisó de que había acabado.
- Que bien, ahora solo falta que Álvaro venga, y pique al timbre. – dije yo, muy nerviosa. En ese instante, se oyó el timbre, estaba segura de que era Álvaro, y fui corriendo a abrir la puerta.
- Hola, ya podéis entrar e ir poniendo las maletas al maletero, que os ayudo. – pero antes de que dijera nada más, le abracé, y le dije:
- Tenía muchas ganas de que esto pasara. –
- Yo también, y verte todas las mañanas, y el dia, será… simplemente genial. – dijo el, y me abrazó.


Capítulo 6: Volvemos a casa.



 Estábamos en el sofá, viendo la tele, y de repente, sonó mi móvil. Era un mensaje de Álvaro, diciéndome que estaba muy solo, sin mí. Miré el mensaje, y vi a Ana, a mi lado, cotilleando:
- Que, estas hablando con Álvaro, ¿no? – me dijo con una voz misteriosa.
- Si, y tu, ¿porque miras mis mensajes? – le dije.
- Porque me importa lo que haces, eres mi amiga, deberías contármelo todo. –
- Vale, pero solo a ti. – después de esto le deje ver los mensajes.
- M… con que te extraña, ¿eh? – me dijo burlándose.
- ¿Y que tiene de malo? ¿Es que tu no les extrañas a ellos? –
-¿Pues claro, que te crees, que no? – me dijo con certeza.
-¡Eh! Qué hacéis ahí alejadas las dos, ¿ya estáis contándoos secretos, a que si? – nos preguntó Carmen.
- Nada, viendo unas cosas en su móvil. – le respondió Ana.
- Ya, seguro, bueno, que nosotras ya nos vamos a dormir. ¿Y vosotras? –
- Si, ya vamos. – dijimos las dos, nos levantamos, y fuimos a ponernos el pijama, y nos sentamos encima de la cama a hablar:
-¿Sabéis que? – les dije cuando había silencio.
- ¿Qué? – me dijo Rachel, queriendo saber lo que me pasaba. Todas se sentaron alrededor mió, para contarles el secreto.
- Venga, cuenta. – dijo Sara, con todas las demás queriéndolo saber también.
- Esta bien, hoy… estábamos en el campo de golf, jugando se nos ha caído la pelota a Álvaro y a mí, y fuimos a buscarla, entonces, Álvaro… me dijo… - les contaba a las chicas, no muy segura de hacerlo.
- Y que te dijo, ¡va dínoslo! – dijo Carmen, intrigada.
- Y entonces, ¡me dijo que me quería! – después de lo que dije salte en la cama, me puse las manos tapándome la boca i sonreí porque me había sentado muy bien contárselo todo a las chicas.
- En serio, ¡que fuerte! – dijo Ana, tapándose la boca con la mano.
- O… que bonito, es amor a primera vista… - dijo Rachel, riéndose en broma.
- Me alegro por ti, pero ahora, la pregunta, es otra… - dijo Sara, misteriosamente. Y todas a la vez, me preguntaron:
-¿Te gusta el a ti? – dijeron todas.
- Pues… claro, me encanta. – conteste yo con sinceridad.
- Uuooo… ¡aquí hay tema pero vamos! – dijo Rachel, chillando.
- Si, si, ¡es verdad, admítelo! – y todas siguieron así, hasta que Sara dijo:
- Venga, callaos, tenemos que dormir, ¿recordáis que tenemos que hacer mañana?
- Si, vale, ya nos vamos a dormir… - dijeron todas enfadadas porque Sara les había cortado el rollo. Cuando todos se fueron a dormir, con las luces apagadas, se oyó otra vez el sonido de mi móvil. Era Álvaro, con un mensaje en el que ponía:
“Buenas noches, preciosa.”
Te quiero.
Fueron las mejores buenas noches del mundo. Y yo le respondí:
- Buenas noches. – y apagué el móvil, y me dormí.
Estaba profundamente dormida, hasta que se escucho un gran estruendo. El ruido venía de abajo, todas nos despertamos, y nos asustamos, porque creímos que había un ladrón o algo así.
- ¿Qué ha sido eso? – dijo Ana, extrañándose.
- Creo que el ruido viene de abajo, ¿vamos a mirar? – dijo Carmen.
- Vale, vamos. – le dije a Carmen. Las dos bajamos abajo, y lo que nos encontramos, fue realmente una sorpresa, era Álvaro, había intentado colarse en la casa.
- ¿Sorpresa? – dijo Álvaro, que intentaba darme una sorpresa, y realmente, lo hizo, porque no me esperaba que hubiera entrado en la casa.
- Guau, si que debe de quererte para hacer esto. – dijo Carmen murmurando; yo la miré, y le dije que se callara, que era un secreto.
-¿Que haces aquí? ¡Estas loco! – le dije impresionada.
- Si, ya te dije que si. – me respondió el, medio riéndose, y yo también me reí.
- Loco, ¿de que? – dijo Carmen extraña.
- De nada. – le dije claramente. Pero, no era del todo cierto. Álvaro, tenía que meterse:
- La verdad, quería aparecer en tu cuarto, pero me he caído al suelo, porque esa caja, me ha caído encima, no ha sido divertido, además, lo que había dentro, también me ha dolido, y se me ha caído como una lluvia de dolor. – dijo un poco enfadado. Yo, me puse a reír, junto con Carmen. 
-¡Eres tonto, en serio!!! – le dije riéndome.
- Muy bonito, ¡eh! te vengo a ver, y te ríes de mí, no me lo esperaba. – dijo el bromeando, como casi siempre.
- Bueno… os dejo solos para que charléis, y me voy a vestir, ¿porque recuerdas que hoy tenemos que ir a la UNI? – me comentó Carmen, y se fue a cambiar.
- Ahora que se han ido todos… - me dijo; bajé las escaleras corriendo, y le abracé.
- Ahora, ¿Qué? – 
- Podemos hablar, tú y yo, solos. –
- Y de que quieres hablar, ¿de que me echas de menos? – le dije.
- Puede… y de que te quiero. –
- Y… ¿cuando volveremos a vernos todos los días? –
- No se, espero que pronto, pero igualmente, hoy te acompañaré a la UNI, y después… te vendrás conmigo a un sitio especial, mi favorito. Así que, vístete, y te acompaño.
- Gracias, por estar siempre a mi lado. – y subí a cambiarme. Rachel, me preguntó:
- Que, ¿quién era? –
- Quien va a ser, pues Álvaro. – le dije.
- Claro, ha venido a verte, porque te quiere… -
- Si, pues amenos hay alguien que me quiere. –
- Vale, anda, cámbiate, que Álvaro te esta esperando… - Le hice un gesto con la cara y me fui a cambiar.
- Esta enamorada ella también, se le nota. – dijo Sara cuando me fui.
- Ya. – Ana y Carmen, también estaban de acuerdo en que me gustaba.
- Pues yo creo que también, ya que estamos. – dijo Rachel. 

Capítulo 5: Te quiero…


Entonces llegó el camarero con los platos y la comida ya echa:
- Aquí tienen, coged cada uno lo que hagáis pedido, que aproveche. – dijo el, y se marchó. Cada uno cogimos nuestro plato, y empezamos a comer.
- ¿Te gusta? – me preguntó Álvaro.
- Si, esta bueno; ¿quieres probar? – le dije mientras cogía con el tenedor unos cuantos espaguetis, y poniéndoselos delante.
- Claro. – me dijo con ternura, y sin decir nada, se comió los espaguetis del tenedor cuando yo no me había dado cuenta.
- Qué haces, ¡tonto! – le dije yo en broma.                                                                                                                            
- ¿Es que no lo ves? me como tus espaguetis. – y se rió. Y yo también me reí.
- ¿Que os pasa que os reís tanto, he chicos? – nos preguntó David.
- Nada, solo, comemos – le respondió Álvaro, con sinceridad.
- Ya, ya. A vosotros dos os pasa algo… - susurro Dani, y se unió a la conversación.
- Es verdad, seguro que están enamorados… dijo Ana, también.
- No, ¡que va!!! – dijimos a la vez Álvaro y yo, mirándonos, y nos pusimos rojos.
- Seguro que si… vamos, ¡si se nota de lejos!!! – añadió Sara. Todos se estaban metiendo con nosotros, hasta que yo dije:
- Y Rachel y Blas, ¿Qué? no me digáis ¿que no se gustan? – tuve que decir eso para que pararan ya de meterse con Álvaro y conmigo.
- Bueno, dejémoslo ya. – dijo Rachel para disimular. Después de lo que dijo, todos seguimos comiendo, como al principio. Pero Álvaro no era normal, y me dijo:
- Se me han acabado ya los espaguetis, ¿puedo coger de los tuyos? es que tengo aun hambre – me preguntó con voz de niño pequeño.
- Vale, puedes coger. – Álvaro fue cogiendo espaguetis al mismo tiempo que yo, y los dos estábamos comiéndonos el mismo espagueti, ya que no nos dábamos cuenta, pero él lo vio, y no dijo nada, pero la segunda vez, nos miramos con el espagueti en la boca, y empezamos a reír, pero seguimos comiéndonos-lo juntos, el espagueti nos iba acercando poco a poco, y nosotros, igual, hasta que estábamos tan juntos que tuvimos que separarnos, aunque ambos no queríamos.
- Lo has hecho tu apropósito, ¿a que si? – le pregunté.
- Yo, que va, es el destino, que nos quiere juntar, bueno, ya lo ha conseguido, porque estamos completamente juntos. – me respondió Álvaro, y tenía razón, el destino quería juntarnos, pero nuestros corazones también querían estar juntos.
Acabamos todos de comer, y el camarero nos trajo el postre. Parecía delicioso, era una bola de helado de fresa, una de chocolate, y una de pistacho con trocitos de chocolate.
-¿Quieres un poco del mió? – me dijo Álvaro, mostrándome una cucharada de halado de la bola de fresa.
- Vale, voy a probarlo. – le dije simplemente. Me puso la cucharada de helado en la boca; estaba muy bueno.  Yo hice lo mismo con una cucharada de chocolate.
-¿Esta bueno? – me dijo el.
- Si, buenísimo. – era perfecto, ese momento, y todos los que había vivido ese día.
- Me toca probar el helado de… ¡chocolate! – me dijo alegrándose. Se lo di de la misma forma que el a mi antes. Le encantó.
- Me encanta, aun más si me lo das tú. –
- Igualmente. – y seguimos así hasta acabarnos el helado; pero a la última cucharada, Álvaro, me manchó de helado:
- Espera, tienes helado de chocolate en la cara, aquí. –
- Donde, ¿aquí? –
- No, más para al lado derecho, justo ahí. – se me acercó para quitarme la mancha, y nos miramos fijamente, casi nos besamos, pero había mucha gente al alrededor.
- Acabemos ya y vamos a jugar al golf, haber, son las 15:00 del mediodía, vamos al campo de golf, nos registramos, y jugamos hasta las 5 o 6 de la tarde, volvemos a casa y luego ya decidirán las chicas lo que hacen.
- Bueno, pues vamos para allá, y nos instalamos en el campo de golf, y hacemos algunas partidas – dijo Blas. Y eso fue lo que hicimos, al llegar al campo, cogimos un palo de golf cada uno, y nos pusimos a nuestro sitio para lanzar.
Me toco a mi primero:
- Te toca. – me dijo Álvaro.
- Ya…. El problema es que no se jugar – le respondí yo.
- Tu tranquila, yo te ayudo. – me dijo él, me cogió por la cintura y un poco el palo de golf, toco la bola con el palo, le dio, y entro en el hoyo.
- Vaya, que bueno eres. –
- Soy bueno por que tú me inspiras. –
- No creo que sea por eso, o si, no se. – le dije riéndome.
- Bueno, ¿pasáis o no? hay gente que también quiere tirar. – dijo David en broma.
Nosotros nos apartamos del medio, y seguimos hablando, y avanzando hasta el siguiente hoyo.
-  Venga, voy a meter la bola en, 3, 2, 1, ¡YA! – David, hizo lo que dijo; metió la bola en el primer hoyo.
- Bien, ¿que os ha parecido? da igual, ya sabemos que lo he hecho genial. – dijo David, enseñándonos a los demás como se hacía.
- Ya este bien, va, que me toca. – dijo Rachel, interviniendo en la conversación.
- Que mala suerte tengo, no la he metido. ¿Blas, me ayudas? – le preguntó.
- Claro, porque no, vamos a darles una paliza a todos. – y se rió. Blas y Rachel también la metieron perfectamente al hoyo.
- Ves, ¿Qué te había dicho que ganaríamos? – le dijo Blas a Rachel.
- Muy bueno, vamos al siguiente hoyo. –
- Guay, ahora nos toca a Dani y a mí. – dijo Carmen. Cogió el palo y lanzo la bola demasiado lejos.
- Ui, lo siento. – dijo Carmen sintiéndose culpable.
- No pasa nada, yo lo aré bien por ti. – Lanzo la bola con el mejor palo que había, y la metió también. Solo le faltaba lanzar a Carlos y a Sara en el primer hoyo, los demás iban por el segundo.
- Nos toca. – dijo Sara tímidamente.
- Quieres lanzar tú, ¿o lo hago yo? –
- No, no… hazlo tu, yo… a mi… no se me da nada bien. – dijo tartamudeando.
- Vale, pero al siguiente lo haces tu, tenemos que divertirnos, no ser los mejores.
- Tienes razón, ¡a divertirnos! – chillo ella, y sin querer, me empujó, y me caí encima de Álvaro por tercera vez.
- Lo siento, de verdad. – se disculpó Sara.
- No importa, en serio. – le respondí yo, ya que me gustaba estar cerca de Álvaro, aunque hubiera sido un accidente.
- Eh, eh… ¿que pasa aquí? – me preguntó Álvaro, pensando que eso era un poco sospechoso.
- Nada, ¿que quieres que pase? – le respondí disimulando, y aun en sus brazos por el empujón que me había dado Sara.
- Ya, ya… bueno, no importa, sígueme o nos van a pasar. –
- Si, ya va. ¿Por qué hoyo vamos? –
- Por el cuarto, hemos avanzado, venga si seguimos así les ganaremos. – y se rió.
Nos fuimos a lanzar en el cuarto hoyo. Esta vez lo hice yo.
- Voy a hacer que entre, ya lo verás. – pero hice todo lo contrario; lance con tanta fuerza, que la bola se fue directamente hacia un río que pasaba cerca del campo.
- ¿Me he pasado mucho? – le dije a Álvaro riéndome.
- Ahora verás. – me cogió en brazos, y me llevó hasta el rió corriendo.
- ¿Vas a tirarme al agua para coger la pelota? es injusto. – le dije yo, riéndome de nuevo sin parar.
- No, eso es injusto, voy a bajar al agua contigo. – me dijo.
- Vale, ¡pero tu estas loco! ¡Vamos a mojarnos otra vez! – grité yo.
- Si, estoy loco de amor, por eso ago todo esto. – cuando Álvaro dijo eso me quedé quieta, y lo miré.
- Por… ¿quién? – pregunté con curiosidad.
- Eso, aun es un secreto, pero tú calla, ¿Eh? – me dijo al oído. Después de esto, me bajó, y me dejo sentada en el suelo. El, se sentó a mi lado también.
- ¿Que hacemos aquí? Tenemos que coger la pelota y seguir jugando. – sugerí yo.
- Ya, pero prefiero hacer… otra cosa. –  
- ¿Que cosa? – me preguntaba que planeaba Álvaro esta vez.
- Quedarme aquí, junto a la puesta de sol, hablando, y eso. –
- Me parece bien, además… bueno, da igual. –
- No, nada de lo que tú digas da igual. Venga cuéntamelo. –
- Lo que pasa es que… - le dije preocupada –
- ¿Que es lo que te pasa? – me preguntó el, seriamente.
- Tengo miedo de que se acabe este cuento de hadas, y… – dije yo con ganas de decirle lo que sentía por el.  
- Pues a mi, si me pasa algo – me respondió. En ese momento, Álvaro me agarró de las manos.  
- Te… quiero. – me dijo claramente. Me quede realmente impresionada, y sin saber que hacer.
- Yo… - le dije yo, intentando decirle lo que sentía. Entonces, Dani, se acercó, y nos comentó:
- ¿Que hacéis ahí? Ya hemos acabado, han ganado Ana y David, venga, que tenemos que irnos, ya esta atardeciendo.
- Ya vamos. – respondimos los dos a la vez, recogimos la pelota, y subimos por la rampa.
- Que, ¿te a gustado? – me preguntó Álvaro.
- El que, ¿este maravilloso día? si, me a encantado. –
- A mi también, me ha encantado. – me dijo.
- ¿Subís al coche o que? – nos preguntó Blas.
- Si, claro. – le dijo Álvaro. Estuvimos todo el camino hasta casa hablando, cantando. En fin, lo pasamos muy bien, pero yo intervine:
- Dani, ¿nos puedes dejar a nuestra casa? – le dije.
- Claro, si eso es lo que queréis. –
- Así que al final… no os quedáis. – me dijo Álvaro deprimido.
- No, no se, hemos hablado, y todas pensamos que deberíamos tomarnos un tiempo. – le respondí.  
- Me parece… que me sentiré muy solo. –
- Y yo… si quieres, llámame, mándame un mensaje, y ya hablaremos. –
- Si, bueno, hasta, cuando sea. – me dijo despidiéndose tristemente de mi. –
- Bueno, bajad del coche, hemos llegado. – dijo Dani, también triste, como todos los demás.
- Hasta otra, adiós. – se despidieron todos.
- Adiós, hasta… cuando sea. – dijimos nosotras. Cerraron la puerta, y se fueron hacia su casa, Álvaro, abrió la ventanilla, y me dijo:
- Te quiero. – y me tiro un beso. Lo miré, y vi como se alejaba con el coche. Yo y las chicas, volvíamos ya a casa, aunque, ambos no queríamos, pero era lo mejor.
- ¿Estas bien? Pareces triste. – me dijo Rachel, al verme de esa forma.
- Si, bueno, no. No se, no quería que el momento de irse llegara algún día. Quería quedarme con… Álvaro. – le dije, aun más triste, casi llorando.
- Ya, te entiendo, yo tampoco quería irme, pero tenemos que volver, y… en un mes empieza la universidad, y no podemos quedarnos. Además, algunas de nosotras, ya están en la UNI, pero como nosotras somos más pequeñas, pues aun no.
- Yo soy la más pequeña, tengo 17 años, tu ya eres mayor de edad, y puedes hacer lo que quieras, en verdad, todo es culpa mía, como aun soy menor, y no queríais dejarme sola, no os habéis ido con ellos, por mí. –
- Lo hemos hecho porque no podemos dejarte sola, tienes que estar con nosotras, porque además, somos tus amigas. –
- Gracias, sois las mejores. –
- De nada, pero tu tranquila, en un tiempo podremos volver con ellos. –
- ¿Tal vez para navidad? – le pregunté.
- Si, tal vez si, o quizás antes. – dijo riéndose.
- Ahora, entramos a casa, y hagamos como si nada, ¿vale? –
- Vale, pero yo voy a seguir hablando con Álvaro por WhatsApp, y luego, os contaré algo, muy especial… para mí.
- Vale, vale, ya me lo contarás, pero ahora entra. –
- Guay, vamos con las demás. – Y eso es lo que hicimos, entramos de nuevo a la casa, y nos acomodamos, además, yo estaba algo más contenta por el apoyo de las chicas, y porque Álvaro, me hablaría esta noche por teléfono.
Ojala me vuelva a repetir la última frase que me dijo, que era: - Te quiero…