-
Esta noche va a ser genial. Y después de esto, ¿sabes que? – me quede quieta.
-
¿Qué? – miro arriba, y después me miró a mi.
-
Vamos a ver una película, lo más seguro es que sea de miedo. – no tardé en
apretarle la mano, y le susurré:
-
Me da igual cual o como sea la película, mientras la vea junto a ti. – me miró,
y se rió dulcemente conmigo. Llegó el camarero.
-
Pedimos para todos dos pizzas de las grandes. – Carlos fue el primero en pedir,
pero pidió para todos. Bueno, no estaba mal, la pizza esta buena, así que no me
queje. Estábamos escuchando música, y de repente, sonó en la radio la canción
de “Tu mirada me hace grande” de Maldita Nerea, y yo pensaba que esa canción se
la cantaba yo a Álvaro, y al final de la canción, nos besábamos. Pero solo era
una ilusión. Álvaro me estaba llamando, pero yo no escuchaba nada, porque
estaba en mi mente, pensando aquello.
-
Maria, eh! ¿Estas aquí o en otro mundo? – se hizo el gracioso, y de repente
moví la mirada hasta el, y me quede inquieta.
-
Pues no sabría que decirte… Estaba pensando en esta canción. – me miró sin
saber lo que realmente pensaba, y me hizo sentir muy bien al decir eso:
-
Esta canción, te la dedico a ti, porque es lo que siento cuando estoy contigo;
Cada frase y palabra de esta canción me recuerdan a nosotros. – no puedo
describir lo que me decía… era amor.
-
¿Siempre piensas en mi? Bueno, cuando me ves. – se me acercó, y me dijo al
oído:
-
No solo cuando te veo, cuando no estas, también. –
-
Traigo las pizzas, organizaos vosotros mismos. – el camarero se dirigió a
Carlos, y se las puso delante. El las repartió; Eran enormes, y parecían
deliciosas.
-
¿A quién le gusta la de queso y jamón? – A Ana le gustaba, así que se acercó a
el, y la cogió mirándole a los ojos.
-
La de cuatro quesos, se que te gusta, Blas. Dale la mitad a Rachel. –
-
Seguro que estará muy buena. – contestó Rachel, impaciente por probarla. Blas
la miró sonriendo. Pero Rachel estaba mirando a Carlos. Yo miraba a Álvaro.
Todos mirábamos a alguien. Carlos me dio el gran plato de pizza; Era
mediterránea, mi favorita.
- Se que es tu favorita. –
me dijo Carlos al darme la pizza, mientras que Álvaro le miraba con cara no muy
alegre. Mientras yo le miraba preocupada.
- ¿A que viene esa cara? – el
hizo como si nada, y me respondió con una sonrisa.
- Nada, no es nada.
¿Comemos? – intentó cambiar de tema, y nos pusimos todos a comer.
- ¿Te apetece coger un
trozo? – le preguntó Ana a Carlos. – Solo si quieres probarla. – Sara entonces
le dio un golpecito a su silla, para que captara la indirecta de que dejara de
hablarle a Carlos de esa forma.
- ¿Se puede saber que te
pasa hoy con Carlos? – le dijo Sara a Ana en voz baja, y un poco mosqueada con
ella.
- No me pasa nada, ¿es que
eres la única que puede hablar con el? – Ana le respondió enfada.
- Da igual, ya lo
discutiremos en casa, ahora no quiero que los chicos se extrañen con nuestra
actitud. – Le giró la cara, y siguió comiendo y hablando. Yo, estaba riéndome
con Álvaro, como casi siempre que estaba con el. Lo más bonito que tenía y con
lo que me miraba con sinceridad, eran sus ojos, su mirada.
- Toma, un trozo de pizza.
- Álvaro cogió un trozo y me lo puso en
la boca. Estaba muy buena.
- ¿Te gusta? –
- Me encanta. – me reí, y
seguimos comiendo.
- Eh, ¿pruebas mi pizza? Te
gustara, es barbacoa. – exacto, era la favorita de Sara, la cual estaba
comiendo con Carlos, que resultaba ser también su favorita.
- Claro, dame un poco. –
Sara me dio un trozo para que la probara y Álvaro también la probó. Como no
teníamos con que cortarla, cogimos cada uno de un extremo del trozo de pizza, y
lo mordimos. Yo me reí, porque Álvaro estaba haciendo tonterías.
- ¿Qué haces loco? – Me
encanta cuando se pone así de mono.
- Nada, solo intento llamar
tu atención. –
- No hace falta que hagas
eso, con un solo movimiento, llamas mi atención.
- Eres lo más bonito que he
visto nunca. – su dulzura no se podía describir. Por acabar, pedimos el postre.
Cada uno pidió algo distinto; Solo Ana, Sara y Rachel coincidieron: pidieron
“brownies” pero solo porque a Carlos le encantaban y también cogió. Yo pedí
unos crêps de chocolate. Álvaro pidió chocolate desecho. David un mini
pastel de galleta y chocolate. Blas un helado de vainilla y Dani y Carmen
pidieron lo mismo: un batido de chocolate y nata. Todos comían a gusto, pero en
cuanto a mi, me dolía un poco la barriga, e hice un gesto poniendo mi mano
sobre ella. Intenté olvidarlo, y seguí comiendo. Pero Álvaro insistió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario