Me levante, y
le dije a Álvaro, que era tarde, y nos fuéramos a vestir. Salimos del jardín, y
entramos dentro y cada uno se fue por un lado, para ir al baño. Yo me subí a la
habitación, a buscar ropa, y cambiarme. Era casi de noche, y la hora de cenar,
y como no había nada que hacer, no me puse nada especial. Pero como dude, se lo
comenté a Carlos, era el que estaba más cerca de por allí.
- Hola,
¿vamos a hacer algo esta noche? – se ve que Carlos, estaba esperando a alguien,
porque estaba plantado frente a la puerta del baño.
- A, hola,
¿como va todo por aquí? –
- Pues,
genial, y, ¿tu a quien esperas? – sabía que me iba a responder a Sara.
- Espero a
Sara, se esta vistiendo. ¿Qué me habías preguntado antes? – dijo con cara
despistada.
- Pues que si
vamos a ir a cenar algún sitio. – quería saberlo.
- Si,
supongo, siempre hacemos cosas especiales cuando tenemos visita, aun más si son
señoritas tan preciosas como vosotras. – vale, me quedó claro, ¿pero lo del
final? da igual, lo que no tenía era nada que ponerme, y aun menos de noche.
- Gracias,
pues ya veré lo que hago, adiós. –
- Hasta
luego, a por cierto, ¿sabes si Sara esta saliendo con alguien? solo para
saberlo, ya sabes, no es que me importe mucho, ni nada. – si, le gustaba Sara,
no había ninguna duda.
- Pues no, no
tiene novia, así que, ya sabes… - me giré, y me dirigí a mi habitación, a
elegir la ropa. Oí que alguien llamaba a mi puerta; era Sara.
- He oído que
estabas hablando con Carlos mientras yo estaba en el baño, ¿Qué te ha dicho? –
puso una mirada muy extraña, y tuve que contárselo todo.
- Pues… solo
que hoy iríamos a cenar a algún sitio especial, y me preguntó si… tenías novio.
– cuando Sara oyó lo que le dije, se puso a saltar y a chillar como una loca.
- ¡En serio
dijo eso!!!!¡Dios!!! Me muero, y ¿Qué que dijiste tú? – chilló sorprendida.
- Pues, que
no, pero no te mueras. – Sara estaba súper feliz. Salió de la habitación
saltando, y cerró la puerta de golpe. Vaya chica más rara. En fin, cogí lo
primero que pillé, una camiseta brillante de color lila de tirantes, unos
tejanos largos oscuros, para no tener
frío por la noche, y unos tacones no muy altos de color morado, a juego de la
camiseta. Como había un espejo al lado de la cama, me maquillé allí mismo. Solo
me hice la ralla, y me puse brillo de labios. Ya estaba, así que abrí la puerta
y salí a la entrada. Las puertas de las demás habitaciones estaban cerradas, y
la del baño también. Espere allí en medio de la sala, y subió alguien por las
escaleras; era Álvaro.
- Que guapa…
bueno, siempre lo estas. – se me acercó, me cogió de la cintura, y me abrazó.
Se ve que ahora le daba por abrazarme siempre que me veía. Pero no me
importaba, me gustaba.
- ¿Donde
vamos a ir? – le pregunté mientras me estaba abrazando.
- Pues… no
se, es un secreto. – me reí, y le dije después.
- Ya… lo de
que me querías también era un supuesto secreto, y ya lo se, yo, y más gente. –
me miro, y se rió.
- Muy
graciosa. En fin, vamos abajo a hacer algo, y esperamos a los demás a que
bajen. – acepte, le cogí de la mano, y bajamos por las escaleras hablando.
Cuando llegamos abajo, el salió fuera, y, me dijo que viniera con el. Salió
fuera, y se acercó a un columpio que estaba colgado de dos ramas de árbol con
flores.
- Sube, me
siento contigo. – no me lo creo: quería sentarse conmigo al columpio,
Que mono… así
que me senté a su lado, y el, lo balanceaba con sus pies.
- ¿Te gusta?
– era tan… perfecto. Siempre estaba conmigo, me apreciaba, hacia que me
sintiera bien… y ni siquiera estábamos saliendo.
- Si… me
gusta estar contigo. – le mire a los ojos y el a mi, y nos reímos.
- ¡Conmigo no
tonta!!! Si te gustaba el columpio. – nos reímos de nuevo, era muy difícil no
reírse a su lado.
- Si, me
gusta. Y tu también me gustas… - me apoye sobre su hombro, y el, siguió
balanceando el columpio.
- ¡He!!!! Que
hacéis, que ya nos vamos Álvaro, ¡o no cogeremos sitio!!! – En un segundo todos
habían acabado, y Carlos gritando para que viniéramos.
- Vamos, que
ya sabes como se pone Dani cuando alguien tarda. – se rió, y me besó en la
mejilla. Me cogió de la mano, y me llevó hasta la puerta que llevaba dentro,
para salir a fuera directamente desde allí.
- ¿Quien
tiene ganas de comer algo? Por que yo si. – Carlos siempre pensando en comer, y
yo siempre pensando en Álvaro. No podía imaginarme donde iríamos a cenar, nadie
me lo había dicho. Caminábamos sin saber donde íbamos, bueno, yo no lo sabía. A
lo lejos se veía una luz de lo que parecía ser un restaurante.
- Hemos llegado.
– estaba un poco lejos.
- ¿Tienes
algo pensado para cenar esta noche? – la comida no era lo que más me importaba
de esa noche.
- Pues no me
importa mucho. – Álvaro me miró riéndose.
- Pues yo
pediré… tu corazón. – no sabía a lo que se refería, solo, que me quería.
- ¿A que te
refieres? ¡No hace falta que lo pidas! – lo miré con seriedad, y pensé que el
ya tenía mi corazón.
- Por que no
hace falta, ¿es que ya lo he conquistado? – me encantaba cuando Álvaro se ponía
de esa forma.
- Si, me has
conquistado el corazón, ya hace tiempo. – le apreté la mano, y me apoye sobre
su hombro. Seguimos caminando hasta llegar a la puerta del restaurante.
- ¿Entramos?
– el restaurante, no parecía tan clásico como el del día anterior. Se servía
comida rápida. Me gustaba el estilo; el salón era grande, con mesas por allí,
repartidas. Lo peor es que no encontramos ninguna para 10 personas. Nos tuvimos
que repartir.
- Lo
sentimos, no podemos estar todos en la misma mesa, tendremos que ser 5 en cada
una de estas. – Carlos no estaba de acuerdo con lo que dijo David.
- Pues no.
Tenemos que estar juntos, para divertirnos. Para eso han venido las chicas,
¿no? – se acercó a una de las mesas de cinco, y la junto con otra igual. Movió
las sillas en su sitio, y lo arregló todo.
- Ya esta,
veis. No era tan difícil, ahora cabemos todos. – nos sentamos como quisimos, y
hablamos mientras el camarero venía a tomar nota.
No hay comentarios:
Publicar un comentario