Dani
subió a buscarme, porque tardaba mucho. Pico a la puerta del baño varias veces,
y dijo:
-
¿Estas ahí? Tenemos que bajar ya a la piscina, o se hará tarde. –
-
Si, ya va. – salí del baño con el bikini puesto, y una toalla encima.
-
Ya veo, venga, bajemos. – mientras bajábamos por las escaleras, me preguntó
algunas cosas.
-
¿Que te cuentas? – yo no sabía que responderle.
-
Pues, nada, todo es prefecto, y me encanta… - El me intervino.
-
Álvaro, digo que te encanta el. – yo hice cara de “¿porque pensáis todos eso,
tanto se nota?
-
Se nota mucho, estáis siempre juntos, os reís juntos, os abrazáis… y no sigo,
porque hay cosas infinitas. – no sabía porque siempre se metían conmigo.
-
Bueno, ¿Y que tiene de malo? – además, estaba claro que no era la única que
estaba enamorada de alguien.
-
Nada, nada. Haz como si no te hubiera contado nada. –
-
¿Por? – no entendía a ese chico.
-
Por nada, anda, tus amigas y Álvaro te están esperando para tirarse a la
piscina, ve con ellos. – no sabía porque de golpe me hablaba tan raro… da
igual, me fui corriendo fuera, a encontrarme con todos.
-
¿Qué hacíais ya tu y Dani? – Siempre eran todas así, me veían hablar con un
chico, y me preguntaban.
-
Pues, solo hablábamos, no te enfades Carmen. –
-
No, tranquila, es Sara, siempre es muy mal pensada… - me reí, y se me acercó
Álvaro por detrás, y me dijo en al oído:
-
Estas preciosa, bueno, siempre lo estas, te pongas lo que te pongas. – se me
acercó, y me dio la mano.
-
¿Nos tiramos juntos a la piscina? – no me dejo hablar, pero intervine antes de
nada.
-
Después, ahora no me apetece, prefiero tomar el poco sol que queda. – no quería
ser borde con el, pero no estaba de acuerdo en bañarme ahora mismo.
-
Venga, mañana tomas el sol por la mañana, que habrá más, y ahora nos bañamos, y
pronto se pondrá el sol, ¿recuerdas? – no tuve más remedio que decirle que
vale, y bañarme.
-
¿Lista? – yo no sabía para que tenía que estar lista.
-
¿Para que? – y Álvaro, me dijo:
-
Para que te tire a la piscina. – se rió, y me empujo al agua. Me mojé toda de
golpe, y el se me tiro encima, junto con todos los demás.
-
¡Vamos!!!!!!!! –Se lanzaron encima mió y me salpicaron aun más. Álvaro cayo
encima mió, y yo, le estaba aguantando hasta que lo solté. Ahora, era yo la que
estaba encima de él. Entonces, me cogió en brazos como a una princesa, y me
lanzó al agua. Me estaba divirtiendo tanto, que no quería que se acabara la
tarde. Además, en un rato, podríamos sentarnos a ver la puesta de sol, como el
otro dia, pero hoy, va a ser mejor.
-
Te voy a… ¡ven aquí! – nos estábamos persiguiendo por el borde de la piscina, y
Álvaro resbalo por mi culpa, y se cayó al agua. Yo me reía, y el, decía que no
tenía gracia, pero si hacia gracia. Salió de la piscina y empezó a perseguirme
de nuevo, pero esta vez, si que me pilló. Me tenía retenida y yo no podía hacer
nada. Se me acercó, y me cogió por la cintura, apretándome para que no pudiera
huir. Entonces, se acercó a la piscina y me miró a los ojos.
-
Solo quiero que nos tiremos juntos una vez, y después, nos sentamos al borde de
la piscina, a ver la puesta de sol, ¿vale? – me besó en la mejilla, y se tiró conmigo. Lo
salpicamos todo, y los demás, se enfadaron, pero en broma.
-
¿Salimos? – le pregunté, porque tenía un poco de frió.
-
Claro, si es lo que quieres. Espérate ahí, voy a por las toallas, para que tu
no te resfríes, no salgas de la piscina hasta que yo venga. – salió de la piscina, cogió las toallas, y
volvió con ellas. Se me acercó, me levantó y me puso la toalla por la espalda y
me abrazó para asegurarse de que no tenía frío. Nos sentamos en el césped y el
me trajo un batido, y como siempre, el bebió del mío.
-
¡Que haces! –
-
Es que me gusta hacerte enfadar. – Se rió, me abrazó y se apoyo a mí.
-
¿Ves la puesta de sol? –
-
Si, es preciosa. – se giro hacia mi.
-
No más que tu. – siempre que el decía esas palabras, lo hacia con sinceridad, y
con ternura.
-
Me gustas. No hace falta conocer a una persona perfectamente para darte cuenta
de que te gusta, y eso es lo que siento yo. – siempre que decía eso, me quedaba
alucinada.
-
¿Sabes? Nadie nunca me había dicho cosas tan bonitas como tu. – el me trataba
de la forma más especial que podía hacer.
-
Eso era porque no te quería y te apreciaba tanto como yo. – lo miraba de una
forma que le hacia reír.
-
¿De donde sacas todas esas frases tan preciosas? – y la verdad es que parecían
sacadas de un cuento.
-
Es lo que aprendí cuando te conocí, y lo que mi corazón siente cuando esta
cerca de ti. – esas dudas que tenía al principio, de saber si le gustaba o no,
ya no existen, ahora, se que le gusto por lo que me dice, y el a mi, no me
gusta, me encanta. Después de oír esas palabras de nuevo, me apoye en su pecho,
y cerré los ojos, para asimilar que eso estaba pasando de verdad, los volví a
abrir. Y no era un sueño, era mejor que eso. Estuvimos un rato allí tumbados,
hasta que se hicieron las 7 de la tarde. Nos habíamos pasado allí casi toda la
tarde. Yo, me había casi dormido, y Álvaro también. Estábamos los dos tumbados
en el césped, cuando Sara y Ana, se acercaron sin hacer ruido, y se pusieron a
hablar.
-
O… que bonito, si es que ya se sabía que iban a acabar juntos. – Sara, nos envidiaba,
y pensaba que no estábamos juntos, porque se lo habría contado.
-
Que envidia… yo y Carlos nunca podremos estar juntos así. – se entristeció, y
miró al suelo. Lo que Sara no sabía, era que a Ana también le gustaba Carlos… entraron
dentro, y nosotros, seguimos allí. Juntos, el y yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario