viernes, 28 de diciembre de 2012

Capítulo 8: ... ¡Sorpresa!!!




Pusimos las maletas en el maletero, y seguidamente, subimos nosotras. Era fantástico. Yo me sentaba delante con Álvaro, que conducía, las chicas, detrás, porque delante no cabía nadie más.
- ¿Estamos todos? – pregunto Álvaro, con seguridad.
- Si, estamos todas, y las maletas también. – y me reí. Era el momento más esperado, irme con ellos, a los conciertos, pasarlo bien… era un sueño que hoy se iba a cumplir. Estábamos ya de camino a su casa, además, no estaba muy lejos. Yo, no había dormido mucho esa noche, por lo tanto, me quedé dormida, a pesar que eran las 4 de la tarde. Estaba apoyada en el hombro de Álvaro, y el, mientras yo dormía, el conducía, y se iba girando para verme. Me desperté cuando habían pasado 10 minutos. Pero aun tenía mucho sueño. Bostecé, y miré a Álvaro.
- ¿Ya hemos llegado? – y el, con una voz dulce, contestó:
- No, ya casi estamos, ¿has dormido bien, o estabas incomoda? – se preocupaba siempre por mi, era tan amable.
- Si, a tu lado, he dormido genial. – Estar a su lado era lo más agradable del mundo.
- Pues, me alegro princesa mía. – no podía creer que me hubiera llamado a mi, “princesa mía”. Era… como el chico ideal, el chico de los sueños de cualquier chica, era Álvaro. Me moría de ganas por llegar a su casa, y darles una sorpresa a los demás chicos.
- Ya llegamos, es a la siguiente calle. – La siguiente calle, ¡guau! en unos segundos, mi sueño, se cumpliría, y el de Carmen, Sara, Rachel y Ana también.
- No me lo creo, en poco tiempo, voy a volver a abrazarles – dijo Rachel, con voz baja, para que nadie la oyera. Aun me preguntaba algo: ¿Quiénes eran aquellas chicas con las que Álvaro estaba hablando el otro día? era muy sospechoso, y tenía que averiguarlo. ¿Y si habían salido juntos alguna vez? porque si fuera así, moriría. Pero no creo, de lo contrario, Álvaro, me lo habría contado, digo yo. Pero ahora no había tiempo para pensar en eso, porque habíamos llegado, y solo faltaba bajar del coche, y sacar las maletas.
- Podéis bajar ya, ¡hemos llegado! – Álvaro estaba tan… perfecto. Bueno, así era el. Al decir eso, me abrió la puerta, y me dijo:
- Puedes bajar, preciosa. – siempre que me hablaba, me sentía… muy distinto de cuando hablaba con mis amigas, o con otros, porque el, era especial.
- ¿Que haremos al entrar en la casa? – mientras bajaba del coche, le dije eso, con mucha curiosidad.
- Supongo que, hablar, chillar, y decirles a los chicos: … ¡Sorpresa! – el siempre me hacía reír. Cuando dijo “¡Sorpresa!”, como un niño pequeño, me reí sin parar.
- Jaja… ¡que tontito eres!!! – y le di la mano, cogimos las maletas, y nos dirigimos a la puerta de entrada.
- Estáis listas para entrar chillando “¿Sorpresa?” – nos pregunto, y nos hizo un gesto con el pulgar arriba, queriendo decir OK. Abrió la puerta lentamente, y entramos. Ellos estaban en el sofá viendo la tele. Al entrar, Álvaro entró como si nada, y dijo:
- ¿Que tal, chicos? – nadie respondió, salvo Dani, que dijo:
- Aburridos. – y con cara triste, dijo:
- Y tú, ¿donde has ido con el coche? – Álvaro no le respondió. Se le acercó corriendo con nosotras detrás de él, y les gritamos a todos:
-  ¡Sorpresa!!!!! – no solo nosotras gritamos, Álvaro también lo hizo. Todos nos abrazamos de nuevo, y parecíamos muy felices.
- Habéis vuelto, necesitábamos compañía. – Blas decía eso alegremente y chillando de alegría.
- No solo hemos venido a visitaros, también nos quedaremos aquí por un tiempo, y a divertirnos. – dijo Rachel, y saltó en brazos de Blas para volver a abrazarle.
- Era eso, por lo que te fuiste con el coche… - preguntaron a Álvaro.
- Si, por eso, ¿no os habréis enfadado, no? –
- Pues… ¡claro que no!!! Ha sido la mejor “sorpresa” que me han dado. – David siempre era muy exagerado, pero divertido.
- ¿Que os parece si nos ponemos el bañador y nos bañamos a la piscina? – propuso Dani. Todos aceptamos. Nosotras, aun teníamos las maletas llenas, y debíamos instalarnos a una habitación.
- ¿Os venís? – dijo Álvaro, convencido de que le diríamos que si, especialmente yo.
- Claro. – simplemente le dije eso, me cogió de la mano, y me tapó los ojos con sus manos.
- ¿Qué haces? No veo nada. –
- Eso es lo que pretendo. Te llevaré hasta una habitación. Te gustará mucho, ya verás. – después de decirme eso, me dio algunas pistas.
- Haber… esta en el piso de arriba, es grande, con dos camas, una ventana, una tele, una mesita, una luz… -
- Me lo estás diciendo todo, creí que sería una sorpresa. – dije riéndome.
- Si, y lo es, porque aun no la has visto, a y lo mejor de la habitación, es que… -
- ¿Que es? – entonces me dijo que cerrara los ojos, y me quedara quieta, y cuando el dijera “ya” me los destapara.
- ¡Ya!!! – me quité las manos de los ojos, y vi la preciosa habitación. Era… exactamente como el me la había descrito, pero se olvidó de un pequeño detalle.
- ¡Vas a dormir a la cama de al lado, y a tu lado, yo! – me tire en su cama, y bote, el casi se cae, me senté entonces, y dije muy contenta:
- ¡Esto es genial! es la habitación de mis sueños, estar contigo, y todo lo demás es lo de menos. – Me agarro por la cintura y me beso en la mejilla.
- Te quiero, y se que esto te encanta, pero tu a mi más. – su actitud era tan… tan.
- ¿Quieres bañarte? –
- Si, será divertido. – tenia ganas de divertirme, ya que hacía tiempo que no lo hacia. Me dio un armario, para que guardara toda mi ropa, lo estaba ordenando todo y Ana, entró por la puerta.
- Que haces, ¿no vienes a la piscina? –
- Si, en cuando encuentre mi bikini. ¿Me ayudas? –
- Claro, así acabaras antes. – me ayudo, y en cuando lo encontré, me dirigí al baño, y allí me cambié. Eran las 5:30 de la tarde, y aun teníamos tiempo de hacer algo más que bañarnos a la piscina. Ese dia, fue estupendo. No hubo ninguno en comparación en los que había pasado con Álvaro.


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