Acabé de
vestirme, y bajé las escaleras; me había puesto muy mona: llevaba una camiseta
de tirantes rosa, unos shorts de color blanco, y unos tacones, no muy altos,
porque no se me daba bien caminar sobre ellos, de color rosa como la camiseta,
y para complementar, un bolso con el móvil, dinero, y algunas cosas, de color
negro.
- ¡Que guapa!
– me dijo Álvaro, cuando bajé las escaleras, con cuidado de no caerme.
- Que, ¿nos
vamos ya? –
- Tengo que
esperar a las demás chicas, pero de mientras… podemos hacer algo. –
- ¿Como que?
¿Decirte lo mucho que te quiero? – me dijo dulcemente.
- Es una
posibilidad. – le contesté yo, queriendo.
- Pues
muchísimo, no puedo decir exactamente cuanto, porque eso sería imposible. –
- ¿Sabes?
nunca nadie me ha querido tanto como tu dices. – le dije.
- No entiendo
porque, eres perfecta, eres preciosa, y… no pudo describirte… -
- Yo, tengo
que decirte algo… - quería decirle lo que siento por el, pero todas las chicas
bajaron corriendo.
- Venga, ya
podemos irnos. – dijo Ana, muy emocionada.
- ¡Que
alegría! vamos a matricularnos en la universidad. – dijo Rachel con ironía.
Ella, odiaba estudiar, pero lo hacia igual, porque Sara la obligaba.
- Si, eso
significa que ya somos más mayores… - dijo Sara.
- ¡Si! que
guay, podremos hacer lo que queramos. – dijo Carmen.
- Yo, no… aun
no soy mayor de edad hasta el año que viene, en enero. – dije decepcionada.
- ¡No pasa
nada! vas a entrar igual. – dijo Ana.
- ¿Estáis
seguras? ¿Puedo matricularme aunque no
tenga 18 años? – les pregunté no muy segura.
- Bueno… yo
diría que si, porque tengo que cumplir los 18 en noviembre, y me matriculo hoy.
– nos comentó Sara, pero ella tampoco estaba muy segura.
- Pues como
no lo sabemos, vamos, y ya veremos. – Ana propuso eso. Nos dirigimos hacia la
puerta, y Álvaro, nos acompaño también. Estábamos de camino, no fuimos en
coche, porque estaba cerca de la casa.
- Bueno, es
la hora de entrar. ¿Listas? – yo, miré a Carmen, y le dije que si. Al entrar,
vimos muchos despachos, pasadizos, y cosas que suelen estar en una universidad.
Yo, miré a Álvaro, y le dije:
- No… ¿no te
sentiste raro al empezar la UNI? –
- No se,
estudiaba lo que me gustaba, la música, por lo tato, me sentía bien. –
- Bueno, pues
vamos a preguntarle a la secretaria. – Nos adelantamos hasta la señora de la
sala, y le preguntamos:
- Disculpe,
¿Podemos matricularnos para este año? – le comentó Sara.
- Díganme las
edades y ya veremos. – la señora, no era precisamente simpática. Le dimos los
DNI de todas, con la información.
- Me temo que
no. Necesitáis todas un año más para entrar. Salvo… Maria, tu dos años, eres la
más pequeña. En fin, no hay nada más a hablar. Si queréis más información,
preguntadle a la otra secretaria, yo estoy muy ocupada. – esa señora, era muy
borde; así que preguntamos a otra. Esa era más joven, por lo tanto, nos
entendería.
- Hola,
buenos días, queríamos saber si podemos matricularnos este año. –
- Oh… me
parece que no, la otra secretaria me a enviado los datos, y no sois lo
suficiente mayores, así que tenéis un año por delante, sin estudios. Tenemos
algunos folletos, con actividades de práctica: música, y cosas que quizás os
interesen. Yo os doy uno, y lo miráis, si estáis interesadas, ya volveréis.
Bueno, pasad un buen dia, adiós. – y no añadió ni una palabra más.
- Muchas
gracias, adiós. – dijo Ana.
- Bueno,
ahora que sabemos que no entraremos hasta dentro de un año… ¡a divertirnos!!! –
dijo motivándose, pero Sara, le cortó el royo:
- ¡No podemos
pasarnos el año sin hacer nada! Lo más razonable seria hacer una actividad de
estas del folleto, a ambas nos gusta la música, ¿no? pues tenemos que
apuntarnos. –
- ¡No es
justo! ¡Podríamos quedarnos con ellos un año, y tenemos que estudiar cuando no
hace falta, no voy a hacerlo, me niego! – dijo Rachel chillando, y Álvaro, oyó
el final, y le comentó:
- ¿Así que os
ibais a quedar con nosotros si no entrabais? –
- Pues, si. – le repitió Rachel.
- A mi me
parece bien lo que dice Rachel. Voto porque nos quedemos con ellos este año, y
el que viene, ya estudiaremos. – todas estábamos de acuerdo con la idea de
Rachel, y, al final, decidimos por quedarnos con los chicos.
- Bien, pues
ya esta decidido: mañana mismo os venís. Recogéis vuestras cosas, ropa, cosas
personales, y lo que necesitéis, y nos llamáis, que os venimos a recoger. –
dijo Álvaro, muy contento. Y después se giro hacia mí, y me dijo:
- Por fin, mi
sueño de estar contigo, se va a cumplir. – dijo con una dulce voz. Yo, le abrace,
y el a mí. Todo iba genial. Esa misma tarde íbamos a hacer las maletas, e irnos
para su casa. Seguro que para los demás, será una sorpresa lo de venir allí,
porque aun no lo saben, solo Álvaro. La verdad, era todo muy raro. Solo se que
tenia muchas ganas de hacer las maletas e instalarme allí con las demás chicas
y chicos. Carmen, salió por la puerta, y dijo emocionada:
- Vamos para
casa, tenemos que hacerlo todo, y no tenemos mucho tiempo. – Teníamos que
llegar a casa antes de las 12, si por la tarde, queríamos darles a los demás
una sorpresa.
- Que guay,
¡tengo muchas ganas de prepararlo todo!!!! – todos se giraron hacia a mi, y nos
alejamos caminando hasta nuestra casa.
- Bueno, a
las… 6, me llamáis, y os vengo a recoger. Nadie puede sospechar nada, y por eso
lo haremos así. – todas asentimos, y
entramos a la casa, para recoger las cosas que necesitaríamos. Cuando todas
estábamos preparando nuestras cosas, les pregunté:
- ¿Es
necesario que me traiga toda la ropa que tengo? – las demás, me dijeron que si,
que pasaríamos bastante tiempo allí, y que la necesitaría, si no un dia, otro. Así
que me lo llevé todo: mi ropa, mi peluche favorito, cosas personales, objetos
de higiene personal, recuerdos… A mi, ya casi no me quedaba casi nada, y a las
demás tampoco.
- Bueno… ya
casi estoy. ¿Y vosotras como vais? – Rachel me respondió que ya habían acabado.
- Creo que ya
estoy – dijo Sara, pero con cara de no querer irse por una parte, porque en esa
casa había vivido grandes momentos. Pero aun así, cogió las maletas, y se situó
delante de la puerta. Yo casi estaba, me faltaban los pósteres, y las cosas con
gran valor para mi. Tenía muchas ganas
de llamar a Álvaro, y decirle que se viniera para acá. Estaban todas, menos
Carmen y Ana. Mientras esperábamos, encendimos la tele, o estábamos en el
portátil. Yo estaba en Twiter. Miré en mis mensajes privados, y encontré uno de
Álvaro. Lo abrí, y ley en voz baja:
- Espero que
cuando hagamos un concierto, tu estés en el, para subirte al escenario y
cantarte una canción diciendo en ella cuanto te quiero. – eso es lo que leí, y
un segundo después, me puse roja.
- Que,
¿leyendo mensajes privados de Álvaro, no? – cuando Sara me dijo eso, me asusté,
y pegué un bote.
- ¿Pero que
haces? siempre estáis aquí cotilleando todo lo que hago, o lo que Álvaro me
envía. – enfadada como siempre, Sara, se calló, y se fue a mirar la tele, y me
dejo en paz.
- Bueno, por
mí ya nos podemos ir. – dijeron Rachel, y Ana, que ya había acabado.
- Si, solo
falta Carmen, creo. – dijo Ana también.
- Si, bueno,
habrá que esperarla. ¿Te queda mucho por recoger, Carmen? – preguntó Rachel.
- No, un par
de cosas y ya estoy, si queréis llamad a Álvaro para que vaya viniendo. – me
pareció bien, y a ellas. Así que llamé:
- Hola,
Álvaro ¿puedes venir ya a buscarnos? –
- Si, ¿ya
estáis todas? –
- Si, falta
Carmen, pero dice que mientras que vienes, que ya habrá acabado. –
- Vaaale. Voy
para allá. –
- Hasta
ahora, te quiero. –
- Yo también,
y lo sabes. – colgué, y mire el teléfono con felicidad. ¡Álvaro me había dicho
que me quería!!! Bueno, no era una novedad, porque me lo dijo ayer. Pero da
igual, yo me emociono igual cuando lo dice.
- ¿Y? ¿Que ha
dicho? – preguntó Ana, con ganas de saberlo.
- Ya viene,
lo prepara todo, y viene en coche, supongo, vamos. – le dije yo.
- A, vale,
guay, que ganas de… encontrarme con los chicos otra vez. – dijo en voz baja, y
suspiró. Yo, hacia lo mismo con Álvaro, y por eso la entiendo.
- Ya esta,
todo, creo que no me falta nada. – Carmen nos avisó de que había acabado.
- Que bien,
ahora solo falta que Álvaro venga, y pique al timbre. – dije yo, muy nerviosa.
En ese instante, se oyó el timbre, estaba segura de que era Álvaro, y fui
corriendo a abrir la puerta.
- Hola, ya
podéis entrar e ir poniendo las maletas al maletero, que os ayudo. – pero antes
de que dijera nada más, le abracé, y le dije:
- Tenía
muchas ganas de que esto pasara. –
- Yo también,
y verte todas las mañanas, y el dia, será… simplemente genial. – dijo el, y me
abrazó.
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