Entonces
llegó el camarero con los platos y la comida ya echa:
- Aquí
tienen, coged cada uno lo que hagáis pedido, que aproveche. – dijo el, y se
marchó. Cada uno cogimos nuestro plato, y empezamos a comer.
- ¿Te gusta?
– me preguntó Álvaro.
- Si, esta
bueno; ¿quieres probar? – le dije mientras cogía con el tenedor unos cuantos
espaguetis, y poniéndoselos delante.
- Claro. – me
dijo con ternura, y sin decir nada, se comió los espaguetis del tenedor cuando
yo no me había dado cuenta.
-
Qué haces, ¡tonto! – le dije yo en broma.
- ¿Es que no
lo ves? me como tus espaguetis. – y se rió. Y yo también me reí.
- ¿Que os
pasa que os reís tanto, he chicos? – nos preguntó David.
- Nada, solo,
comemos – le respondió Álvaro, con sinceridad.
- Ya, ya. A
vosotros dos os pasa algo… - susurro Dani, y se unió a la conversación.
- Es verdad,
seguro que están enamorados… dijo Ana, también.
- No, ¡que
va!!! – dijimos a la vez Álvaro y yo, mirándonos, y nos pusimos rojos.
- Seguro que
si… vamos, ¡si se nota de lejos!!! – añadió Sara. Todos se estaban metiendo con
nosotros, hasta que yo dije:
- Y Rachel y
Blas, ¿Qué? no me digáis ¿que no se gustan? – tuve que decir eso para que
pararan ya de meterse con Álvaro y conmigo.
- Bueno,
dejémoslo ya. – dijo Rachel para disimular. Después de lo que dijo, todos
seguimos comiendo, como al principio. Pero Álvaro no era normal, y me dijo:
- Se me han
acabado ya los espaguetis, ¿puedo coger de los tuyos? es que tengo aun hambre –
me preguntó con voz de niño pequeño.
- Vale,
puedes coger. – Álvaro fue cogiendo espaguetis al mismo tiempo que yo, y los
dos estábamos comiéndonos el mismo espagueti, ya que no nos dábamos cuenta,
pero él lo vio, y no dijo nada, pero la segunda vez, nos miramos con el
espagueti en la boca, y empezamos a reír, pero seguimos comiéndonos-lo juntos,
el espagueti nos iba acercando poco a poco, y nosotros, igual, hasta que
estábamos tan juntos que tuvimos que separarnos, aunque ambos no queríamos.
- Lo has
hecho tu apropósito, ¿a que si? – le pregunté.
- Yo, que va,
es el destino, que nos quiere juntar, bueno, ya lo ha conseguido, porque
estamos completamente juntos. – me respondió Álvaro, y tenía razón, el destino
quería juntarnos, pero nuestros corazones también querían estar juntos.
Acabamos
todos de comer, y el camarero nos trajo el postre. Parecía delicioso, era una
bola de helado de fresa, una de chocolate, y una de pistacho con trocitos de
chocolate.
-¿Quieres un
poco del mió? – me dijo Álvaro, mostrándome una cucharada de halado de la bola
de fresa.
- Vale, voy a
probarlo. – le dije simplemente. Me puso la cucharada de helado en la boca;
estaba muy bueno. Yo hice lo mismo con
una cucharada de chocolate.
-¿Esta bueno?
– me dijo el.
- Si,
buenísimo. – era perfecto, ese momento, y todos los que había vivido ese día.
- Me toca
probar el helado de… ¡chocolate! – me dijo alegrándose. Se lo di de la misma
forma que el a mi antes. Le encantó.
- Me encanta,
aun más si me lo das tú. –
- Igualmente.
– y seguimos así hasta acabarnos el helado; pero a la última cucharada, Álvaro,
me manchó de helado:
- Espera,
tienes helado de chocolate en la cara, aquí. –
- Donde,
¿aquí? –
- No, más
para al lado derecho, justo ahí. – se me acercó para quitarme la mancha, y nos
miramos fijamente, casi nos besamos, pero había mucha gente al alrededor.
- Acabemos ya
y vamos a jugar al golf, haber, son las 15:00 del mediodía, vamos al campo de
golf, nos registramos, y jugamos hasta las 5 o 6 de la tarde, volvemos a casa y
luego ya decidirán las chicas lo que hacen.
- Bueno, pues
vamos para allá, y nos instalamos en el campo de golf, y hacemos algunas
partidas – dijo Blas. Y eso fue lo que hicimos, al llegar al campo, cogimos un
palo de golf cada uno, y nos pusimos a nuestro sitio para lanzar.
Me toco a mi
primero:
- Te toca. –
me dijo Álvaro.
- Ya…. El
problema es que no se jugar – le respondí yo.
- Tu
tranquila, yo te ayudo. – me dijo él, me cogió por la cintura y un poco el palo
de golf, toco la bola con el palo, le dio, y entro en el hoyo.
- Vaya, que
bueno eres. –
- Soy bueno
por que tú me inspiras. –
- No creo que
sea por eso, o si, no se. – le dije riéndome.
- Bueno,
¿pasáis o no? hay gente que también quiere tirar. – dijo David en broma.
Nosotros nos
apartamos del medio, y seguimos hablando, y avanzando hasta el siguiente hoyo.
- Venga, voy a meter la bola en, 3, 2, 1, ¡YA!
– David, hizo lo que dijo; metió la bola en el primer hoyo.
- Bien, ¿que
os ha parecido? da igual, ya sabemos que lo he hecho genial. – dijo David,
enseñándonos a los demás como se hacía.
- Ya este
bien, va, que me toca. – dijo Rachel, interviniendo en la conversación.
- Que mala
suerte tengo, no la he metido. ¿Blas, me ayudas? – le preguntó.
- Claro, porque
no, vamos a darles una paliza a todos. – y se rió. Blas y Rachel también la
metieron perfectamente al hoyo.
- Ves, ¿Qué
te había dicho que ganaríamos? – le dijo Blas a Rachel.
- Muy bueno,
vamos al siguiente hoyo. –
- Guay, ahora
nos toca a Dani y a mí. – dijo Carmen. Cogió el palo y lanzo la bola demasiado
lejos.
- Ui, lo
siento. – dijo Carmen sintiéndose culpable.
- No pasa
nada, yo lo aré bien por ti. – Lanzo la bola con el mejor palo que había, y la
metió también. Solo le faltaba lanzar a Carlos y a Sara en el primer hoyo, los
demás iban por el segundo.
- Nos toca. –
dijo Sara tímidamente.
- Quieres
lanzar tú, ¿o lo hago yo? –
- No, no…
hazlo tu, yo… a mi… no se me da nada bien. – dijo tartamudeando.
- Vale, pero
al siguiente lo haces tu, tenemos que divertirnos, no ser los mejores.
- Tienes
razón, ¡a divertirnos! – chillo ella, y sin querer, me empujó, y me caí encima
de Álvaro por tercera vez.
- Lo siento,
de verdad. – se disculpó Sara.
- No importa,
en serio. – le respondí yo, ya que me gustaba estar cerca de Álvaro, aunque
hubiera sido un accidente.
- Eh, eh…
¿que pasa aquí? – me preguntó Álvaro, pensando que eso era un poco sospechoso.
- Nada, ¿que
quieres que pase? – le respondí disimulando, y aun en sus brazos por el empujón
que me había dado Sara.
- Ya, ya…
bueno, no importa, sígueme o nos van a pasar. –
- Si, ya va.
¿Por qué hoyo vamos? –
- Por el
cuarto, hemos avanzado, venga si seguimos así les ganaremos. – y se rió.
Nos fuimos a
lanzar en el cuarto hoyo. Esta vez lo hice yo.
- Voy a hacer
que entre, ya lo verás. – pero hice todo lo contrario; lance con tanta fuerza,
que la bola se fue directamente hacia un río que pasaba cerca del campo.
- ¿Me he
pasado mucho? – le dije a Álvaro riéndome.
- Ahora
verás. – me cogió en brazos, y me llevó hasta el rió corriendo.
- ¿Vas a
tirarme al agua para coger la pelota? es injusto. – le dije yo, riéndome de
nuevo sin parar.
- No, eso es
injusto, voy a bajar al agua contigo. – me dijo.
- Vale, ¡pero
tu estas loco! ¡Vamos a mojarnos otra vez! – grité yo.
- Si, estoy
loco de amor, por eso ago todo esto. – cuando Álvaro dijo eso me quedé quieta,
y lo miré.
- Por…
¿quién? – pregunté con curiosidad.
- Eso, aun es
un secreto, pero tú calla, ¿Eh? – me dijo al oído. Después de esto, me bajó, y
me dejo sentada en el suelo. El, se sentó a mi lado también.
- ¿Que
hacemos aquí? Tenemos que coger la pelota y seguir jugando. – sugerí yo.
- Ya, pero
prefiero hacer… otra cosa. –
- ¿Que cosa?
– me preguntaba que planeaba Álvaro esta vez.
- Quedarme
aquí, junto a la puesta de sol, hablando, y eso. –
- Me parece
bien, además… bueno, da igual. –
- No, nada de
lo que tú digas da igual. Venga cuéntamelo. –
- Lo que pasa
es que… - le dije preocupada –
- ¿Que es lo
que te pasa? – me preguntó el, seriamente.
- Tengo miedo
de que se acabe este cuento de hadas, y… – dije yo con ganas de decirle lo que
sentía por el.
- Pues a mi,
si me pasa algo – me respondió. En ese momento, Álvaro me agarró de las manos.
- Te… quiero.
– me dijo claramente. Me quede realmente impresionada, y sin saber que hacer.
- Yo… - le
dije yo, intentando decirle lo que sentía. Entonces, Dani, se acercó, y nos
comentó:
- ¿Que hacéis
ahí? Ya hemos acabado, han ganado Ana y David, venga, que tenemos que irnos, ya
esta atardeciendo.
- Ya vamos. –
respondimos los dos a la vez, recogimos la pelota, y subimos por la rampa.
- Que, ¿te a
gustado? – me preguntó Álvaro.
- El que,
¿este maravilloso día? si, me a encantado. –
- A mi
también, me ha encantado. – me dijo.
- ¿Subís al coche
o que? – nos preguntó Blas.
- Si, claro.
– le dijo Álvaro. Estuvimos todo el camino hasta casa hablando, cantando. En
fin, lo pasamos muy bien, pero yo intervine:
- Dani, ¿nos
puedes dejar a nuestra casa? – le dije.
- Claro, si
eso es lo que queréis. –
- Así que al
final… no os quedáis. – me dijo Álvaro deprimido.
- No, no se,
hemos hablado, y todas pensamos que deberíamos tomarnos un tiempo. – le
respondí.
- Me parece…
que me sentiré muy solo. –
- Y yo… si
quieres, llámame, mándame un mensaje, y ya hablaremos. –
- Si, bueno, hasta,
cuando sea. – me dijo despidiéndose tristemente de mi. –
- Bueno,
bajad del coche, hemos llegado. – dijo Dani, también triste, como todos los
demás.
- Hasta otra,
adiós. – se despidieron todos.
- Adiós,
hasta… cuando sea. – dijimos nosotras. Cerraron la puerta, y se fueron hacia su
casa, Álvaro, abrió la ventanilla, y me dijo:
- Te quiero.
– y me tiro un beso. Lo miré, y vi como se alejaba con el coche. Yo y las
chicas, volvíamos ya a casa, aunque, ambos no queríamos, pero era lo mejor.
- ¿Estas
bien? Pareces triste. – me dijo Rachel, al verme de esa forma.
- Si, bueno,
no. No se, no quería que el momento de irse llegara algún día. Quería quedarme
con… Álvaro. – le dije, aun más triste, casi llorando.
- Ya, te entiendo,
yo tampoco quería irme, pero tenemos que volver, y… en un mes empieza la
universidad, y no podemos quedarnos. Además, algunas de nosotras, ya están en
la UNI, pero como nosotras somos más pequeñas, pues aun no.
- Yo soy la
más pequeña, tengo 17 años, tu ya eres mayor de edad, y puedes hacer lo que
quieras, en verdad, todo es culpa mía, como aun soy menor, y no queríais
dejarme sola, no os habéis ido con ellos, por mí. –
- Lo hemos
hecho porque no podemos dejarte sola, tienes que estar con nosotras, porque
además, somos tus amigas. –
- Gracias,
sois las mejores. –
- De nada,
pero tu tranquila, en un tiempo podremos volver con ellos. –
- ¿Tal vez
para navidad? – le pregunté.
- Si, tal vez
si, o quizás antes. – dijo riéndose.
- Ahora,
entramos a casa, y hagamos como si nada, ¿vale? –
- Vale, pero
yo voy a seguir hablando con Álvaro por WhatsApp, y
luego, os contaré algo, muy especial… para mí.
- Vale, vale,
ya me lo contarás, pero ahora entra. –
- Guay, vamos
con las demás. – Y eso es lo que hicimos, entramos de nuevo a la casa, y nos
acomodamos, además, yo estaba algo más contenta por el apoyo de las chicas, y
porque Álvaro, me hablaría esta noche por teléfono.
Ojala me
vuelva a repetir la última frase que me dijo, que era: - Te quiero…
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