viernes, 28 de diciembre de 2012

Capítulo 5: Te quiero…


Entonces llegó el camarero con los platos y la comida ya echa:
- Aquí tienen, coged cada uno lo que hagáis pedido, que aproveche. – dijo el, y se marchó. Cada uno cogimos nuestro plato, y empezamos a comer.
- ¿Te gusta? – me preguntó Álvaro.
- Si, esta bueno; ¿quieres probar? – le dije mientras cogía con el tenedor unos cuantos espaguetis, y poniéndoselos delante.
- Claro. – me dijo con ternura, y sin decir nada, se comió los espaguetis del tenedor cuando yo no me había dado cuenta.
- Qué haces, ¡tonto! – le dije yo en broma.                                                                                                                            
- ¿Es que no lo ves? me como tus espaguetis. – y se rió. Y yo también me reí.
- ¿Que os pasa que os reís tanto, he chicos? – nos preguntó David.
- Nada, solo, comemos – le respondió Álvaro, con sinceridad.
- Ya, ya. A vosotros dos os pasa algo… - susurro Dani, y se unió a la conversación.
- Es verdad, seguro que están enamorados… dijo Ana, también.
- No, ¡que va!!! – dijimos a la vez Álvaro y yo, mirándonos, y nos pusimos rojos.
- Seguro que si… vamos, ¡si se nota de lejos!!! – añadió Sara. Todos se estaban metiendo con nosotros, hasta que yo dije:
- Y Rachel y Blas, ¿Qué? no me digáis ¿que no se gustan? – tuve que decir eso para que pararan ya de meterse con Álvaro y conmigo.
- Bueno, dejémoslo ya. – dijo Rachel para disimular. Después de lo que dijo, todos seguimos comiendo, como al principio. Pero Álvaro no era normal, y me dijo:
- Se me han acabado ya los espaguetis, ¿puedo coger de los tuyos? es que tengo aun hambre – me preguntó con voz de niño pequeño.
- Vale, puedes coger. – Álvaro fue cogiendo espaguetis al mismo tiempo que yo, y los dos estábamos comiéndonos el mismo espagueti, ya que no nos dábamos cuenta, pero él lo vio, y no dijo nada, pero la segunda vez, nos miramos con el espagueti en la boca, y empezamos a reír, pero seguimos comiéndonos-lo juntos, el espagueti nos iba acercando poco a poco, y nosotros, igual, hasta que estábamos tan juntos que tuvimos que separarnos, aunque ambos no queríamos.
- Lo has hecho tu apropósito, ¿a que si? – le pregunté.
- Yo, que va, es el destino, que nos quiere juntar, bueno, ya lo ha conseguido, porque estamos completamente juntos. – me respondió Álvaro, y tenía razón, el destino quería juntarnos, pero nuestros corazones también querían estar juntos.
Acabamos todos de comer, y el camarero nos trajo el postre. Parecía delicioso, era una bola de helado de fresa, una de chocolate, y una de pistacho con trocitos de chocolate.
-¿Quieres un poco del mió? – me dijo Álvaro, mostrándome una cucharada de halado de la bola de fresa.
- Vale, voy a probarlo. – le dije simplemente. Me puso la cucharada de helado en la boca; estaba muy bueno.  Yo hice lo mismo con una cucharada de chocolate.
-¿Esta bueno? – me dijo el.
- Si, buenísimo. – era perfecto, ese momento, y todos los que había vivido ese día.
- Me toca probar el helado de… ¡chocolate! – me dijo alegrándose. Se lo di de la misma forma que el a mi antes. Le encantó.
- Me encanta, aun más si me lo das tú. –
- Igualmente. – y seguimos así hasta acabarnos el helado; pero a la última cucharada, Álvaro, me manchó de helado:
- Espera, tienes helado de chocolate en la cara, aquí. –
- Donde, ¿aquí? –
- No, más para al lado derecho, justo ahí. – se me acercó para quitarme la mancha, y nos miramos fijamente, casi nos besamos, pero había mucha gente al alrededor.
- Acabemos ya y vamos a jugar al golf, haber, son las 15:00 del mediodía, vamos al campo de golf, nos registramos, y jugamos hasta las 5 o 6 de la tarde, volvemos a casa y luego ya decidirán las chicas lo que hacen.
- Bueno, pues vamos para allá, y nos instalamos en el campo de golf, y hacemos algunas partidas – dijo Blas. Y eso fue lo que hicimos, al llegar al campo, cogimos un palo de golf cada uno, y nos pusimos a nuestro sitio para lanzar.
Me toco a mi primero:
- Te toca. – me dijo Álvaro.
- Ya…. El problema es que no se jugar – le respondí yo.
- Tu tranquila, yo te ayudo. – me dijo él, me cogió por la cintura y un poco el palo de golf, toco la bola con el palo, le dio, y entro en el hoyo.
- Vaya, que bueno eres. –
- Soy bueno por que tú me inspiras. –
- No creo que sea por eso, o si, no se. – le dije riéndome.
- Bueno, ¿pasáis o no? hay gente que también quiere tirar. – dijo David en broma.
Nosotros nos apartamos del medio, y seguimos hablando, y avanzando hasta el siguiente hoyo.
-  Venga, voy a meter la bola en, 3, 2, 1, ¡YA! – David, hizo lo que dijo; metió la bola en el primer hoyo.
- Bien, ¿que os ha parecido? da igual, ya sabemos que lo he hecho genial. – dijo David, enseñándonos a los demás como se hacía.
- Ya este bien, va, que me toca. – dijo Rachel, interviniendo en la conversación.
- Que mala suerte tengo, no la he metido. ¿Blas, me ayudas? – le preguntó.
- Claro, porque no, vamos a darles una paliza a todos. – y se rió. Blas y Rachel también la metieron perfectamente al hoyo.
- Ves, ¿Qué te había dicho que ganaríamos? – le dijo Blas a Rachel.
- Muy bueno, vamos al siguiente hoyo. –
- Guay, ahora nos toca a Dani y a mí. – dijo Carmen. Cogió el palo y lanzo la bola demasiado lejos.
- Ui, lo siento. – dijo Carmen sintiéndose culpable.
- No pasa nada, yo lo aré bien por ti. – Lanzo la bola con el mejor palo que había, y la metió también. Solo le faltaba lanzar a Carlos y a Sara en el primer hoyo, los demás iban por el segundo.
- Nos toca. – dijo Sara tímidamente.
- Quieres lanzar tú, ¿o lo hago yo? –
- No, no… hazlo tu, yo… a mi… no se me da nada bien. – dijo tartamudeando.
- Vale, pero al siguiente lo haces tu, tenemos que divertirnos, no ser los mejores.
- Tienes razón, ¡a divertirnos! – chillo ella, y sin querer, me empujó, y me caí encima de Álvaro por tercera vez.
- Lo siento, de verdad. – se disculpó Sara.
- No importa, en serio. – le respondí yo, ya que me gustaba estar cerca de Álvaro, aunque hubiera sido un accidente.
- Eh, eh… ¿que pasa aquí? – me preguntó Álvaro, pensando que eso era un poco sospechoso.
- Nada, ¿que quieres que pase? – le respondí disimulando, y aun en sus brazos por el empujón que me había dado Sara.
- Ya, ya… bueno, no importa, sígueme o nos van a pasar. –
- Si, ya va. ¿Por qué hoyo vamos? –
- Por el cuarto, hemos avanzado, venga si seguimos así les ganaremos. – y se rió.
Nos fuimos a lanzar en el cuarto hoyo. Esta vez lo hice yo.
- Voy a hacer que entre, ya lo verás. – pero hice todo lo contrario; lance con tanta fuerza, que la bola se fue directamente hacia un río que pasaba cerca del campo.
- ¿Me he pasado mucho? – le dije a Álvaro riéndome.
- Ahora verás. – me cogió en brazos, y me llevó hasta el rió corriendo.
- ¿Vas a tirarme al agua para coger la pelota? es injusto. – le dije yo, riéndome de nuevo sin parar.
- No, eso es injusto, voy a bajar al agua contigo. – me dijo.
- Vale, ¡pero tu estas loco! ¡Vamos a mojarnos otra vez! – grité yo.
- Si, estoy loco de amor, por eso ago todo esto. – cuando Álvaro dijo eso me quedé quieta, y lo miré.
- Por… ¿quién? – pregunté con curiosidad.
- Eso, aun es un secreto, pero tú calla, ¿Eh? – me dijo al oído. Después de esto, me bajó, y me dejo sentada en el suelo. El, se sentó a mi lado también.
- ¿Que hacemos aquí? Tenemos que coger la pelota y seguir jugando. – sugerí yo.
- Ya, pero prefiero hacer… otra cosa. –  
- ¿Que cosa? – me preguntaba que planeaba Álvaro esta vez.
- Quedarme aquí, junto a la puesta de sol, hablando, y eso. –
- Me parece bien, además… bueno, da igual. –
- No, nada de lo que tú digas da igual. Venga cuéntamelo. –
- Lo que pasa es que… - le dije preocupada –
- ¿Que es lo que te pasa? – me preguntó el, seriamente.
- Tengo miedo de que se acabe este cuento de hadas, y… – dije yo con ganas de decirle lo que sentía por el.  
- Pues a mi, si me pasa algo – me respondió. En ese momento, Álvaro me agarró de las manos.  
- Te… quiero. – me dijo claramente. Me quede realmente impresionada, y sin saber que hacer.
- Yo… - le dije yo, intentando decirle lo que sentía. Entonces, Dani, se acercó, y nos comentó:
- ¿Que hacéis ahí? Ya hemos acabado, han ganado Ana y David, venga, que tenemos que irnos, ya esta atardeciendo.
- Ya vamos. – respondimos los dos a la vez, recogimos la pelota, y subimos por la rampa.
- Que, ¿te a gustado? – me preguntó Álvaro.
- El que, ¿este maravilloso día? si, me a encantado. –
- A mi también, me ha encantado. – me dijo.
- ¿Subís al coche o que? – nos preguntó Blas.
- Si, claro. – le dijo Álvaro. Estuvimos todo el camino hasta casa hablando, cantando. En fin, lo pasamos muy bien, pero yo intervine:
- Dani, ¿nos puedes dejar a nuestra casa? – le dije.
- Claro, si eso es lo que queréis. –
- Así que al final… no os quedáis. – me dijo Álvaro deprimido.
- No, no se, hemos hablado, y todas pensamos que deberíamos tomarnos un tiempo. – le respondí.  
- Me parece… que me sentiré muy solo. –
- Y yo… si quieres, llámame, mándame un mensaje, y ya hablaremos. –
- Si, bueno, hasta, cuando sea. – me dijo despidiéndose tristemente de mi. –
- Bueno, bajad del coche, hemos llegado. – dijo Dani, también triste, como todos los demás.
- Hasta otra, adiós. – se despidieron todos.
- Adiós, hasta… cuando sea. – dijimos nosotras. Cerraron la puerta, y se fueron hacia su casa, Álvaro, abrió la ventanilla, y me dijo:
- Te quiero. – y me tiro un beso. Lo miré, y vi como se alejaba con el coche. Yo y las chicas, volvíamos ya a casa, aunque, ambos no queríamos, pero era lo mejor.
- ¿Estas bien? Pareces triste. – me dijo Rachel, al verme de esa forma.
- Si, bueno, no. No se, no quería que el momento de irse llegara algún día. Quería quedarme con… Álvaro. – le dije, aun más triste, casi llorando.
- Ya, te entiendo, yo tampoco quería irme, pero tenemos que volver, y… en un mes empieza la universidad, y no podemos quedarnos. Además, algunas de nosotras, ya están en la UNI, pero como nosotras somos más pequeñas, pues aun no.
- Yo soy la más pequeña, tengo 17 años, tu ya eres mayor de edad, y puedes hacer lo que quieras, en verdad, todo es culpa mía, como aun soy menor, y no queríais dejarme sola, no os habéis ido con ellos, por mí. –
- Lo hemos hecho porque no podemos dejarte sola, tienes que estar con nosotras, porque además, somos tus amigas. –
- Gracias, sois las mejores. –
- De nada, pero tu tranquila, en un tiempo podremos volver con ellos. –
- ¿Tal vez para navidad? – le pregunté.
- Si, tal vez si, o quizás antes. – dijo riéndose.
- Ahora, entramos a casa, y hagamos como si nada, ¿vale? –
- Vale, pero yo voy a seguir hablando con Álvaro por WhatsApp, y luego, os contaré algo, muy especial… para mí.
- Vale, vale, ya me lo contarás, pero ahora entra. –
- Guay, vamos con las demás. – Y eso es lo que hicimos, entramos de nuevo a la casa, y nos acomodamos, además, yo estaba algo más contenta por el apoyo de las chicas, y porque Álvaro, me hablaría esta noche por teléfono.
Ojala me vuelva a repetir la última frase que me dijo, que era: - Te quiero…

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