viernes, 28 de diciembre de 2012

Capítulo 4: Donde sea, si es contigo. (2a parte)


- ¿El que?, ¿que es lo que te gusta? –  
- Estar aquí, a tu lado – me respondió, con una mirada sincera.
- Y a mi, no me gusta; me encanta más que nada. – solo fui sincera, y dije lo que pensaba. Ese momento fue interrumpido por Dani:
- Bueno chicos, ¡ya hemos llegado!!! – y entonces suspiró, era normal, había estado conduciendo todo el rato, y ahora necesitaba descansar, y como no: al lado de Carmen.
- ¿Quieres que nos tumbemos un rato en el césped a descansar? – propuso Carmen a Dani.
- Si, me duele la espalda. – Dani, encantado, se sentó en el césped de enfrente, y se sentó con Carmen, cogidos de las manos. Entonces, Álvaro me dijo:
- ¿Quieres que vayamos tu y yo al césped también? Pero con una condición: nos ponemos debajo de ese árbol. – y se rió. Me cogió de la mano, como a una princesa, me abrió la puerta, y me cogió por la cintura. Me llevó hasta el hueco de debajo de ese árbol. Era precioso.
- Que, ¿hablamos? – él sabía que yo tenía muchas ganas de hablar con el; era verdad. Yo le respondí con la mirada. El me cogió de la mano, y nos abrazamos; era todo más perfecto que nada.
- ¿Sabes lo que me apetece cantar ahora, aquí mismo? – me dijo Álvaro.
- No, cántalo, y lo sabré. – le dije.                                                                                                  
- Un mirador, con vistas, al infinito. – canto esa parte de la canción de cartas entrelazadas. - ¿Sabes por qué? – me preguntó.
- ¿Por qué? – le pregunté yo intrigada.
- Porque este momento de la canción, es igual que el que estoy viviendo ahora, aquí, a tu lado, infinitamente.
- Yo también siento lo que describe la canción en esa parte. –
- Bueno… vamos ya con los demás, comeremos en un restaurante, y nos echaremos unas partidas al golf. ¿Te parece bien este plan? – me comentó.
- Todo lo que propones me parecerá bien. – le dije.
- Genial, pues anda, levántate, y vamos para allá. –  Me levanté cogida de su mano, y fimos con los demás, Álvaro, comentó a los chicos lo que habíamos planeado:
- Que os parece esto: vamos comer en un restaurante, y después a jugar al  golf. –
A todos les pareció una buena idea, así que fuimos yendo hasta el restaurante de enfrente. Era muy bonito y elegante. Un señor que estaba en la puerta, nos comentó:
- ¿Tenéis una reserva echa? – Carlos le dijo:
- No, pero espero que podamos pedir mesa, por favor. Somos diez.
- Está bien. Que alguien me acompañe a recepción, tengo que apuntaros a la lista.
- Ya voy yo. – dijo David, acompañado de Ana. Ana se sintió un poco incómoda, ya que prefería que la acompañase Carlos, pero le dio igual.
Los demás escogimos mesa para los diez. Como siempre, yo me senté al lado de Álvaro, y el a mi lado igual.
- Siéntate. – me dijo retirando la silla para que me pudiera sentar.
- Gracias. – le dije con una mirada agradecida por lo que estaba haciendo por mi desde que llegue a su vida.
- De nada, no me des las gracias. – me sorprendía cada cosa que decía.
- Bueno, que os esta pareciendo el día, chicas, ¿ya os habéis decidido? – dijo Blas.
- La verdad… - iba contando Rachel. – No estamos seguras del todo, al acabar el dia ya os lo comentaremos. – contó a todos sonriendo.
- Eso espero – le contestó Blas, con una agradable voz. Estaba segura de que Álvaro pensaba lo mismo. Yo aun no sabía que hacer. Era todo muy raro, y muy difícil. Pensé que después ya hablaría con las chicas, y lo aclararíamos todo sin discusiones.
- ¿Qué quieres pedir, Maria? – me preguntó Álvaro.
- Pues no estoy muy segura, pero creo que espaguetis a la carbonara, es uno de mis platos favoritos. – dije yo hambrienta.
- Pues guay, yo tomaré espaguetis también pero a la boloñesa. – me dijo el. Todos habíamos elegido lo que queríamos y solo faltaba pedir-se lo al camarero.
- Y Ana y David, hace rato que no aparecen. – preguntó Sara, desconcertada.
- No lo se, tendrían que venir pronto. – le contestó amablemente Carlos.
- Mirad, ahí viene la parejita feliz. – nos dijo a todos Dani, riéndose. Carlos y Sara, Blas y Rachel y Dani y Carmen, estaban enamorados, pero Ana, creo que no de David. Yo…. no sabía si estaba igual con Álvaro. Estaba claro que lo que nos pasaba a el y a mi, era mucho más fuerte que lo de los demás, era amor.
- Hola, ¿que queréis tomar? – preguntó el camarero.
- Todos lo sabemos; yo y ella espaguetis a la carbonara y a la boloñesa. – le respondió Álvaro al camarero. Los demás también le dijeron al camarero lo que querían comer, y el camarero se fue con todo anotado. En un rato nos lo traerían todo y de mientras esperábamos, hablábamos toda a la vez, estábamos con el móvil… Pero yo era la única que no estaba hablando. Estaba seria, pero no por mucho tiempo, porque Álvaro me hizo sonreír:
- Ven, acércate. – me dijo sacándose la cámara del bolsillo, nos pusimos juntos, y nos sacamos una foto.
- ¿Para que quieres la foto? – pregunté yo.
- Para recordar este momento, este día… - me dijo el, abrazándome, y después de eso, me dijo:
-¿Tienes un permanente negro? –
- No se, ahora lo miro. – le dije yo, no sabía para que lo quería, pero en cuando se lo di, lo averigüé en seguida.
- Voy a escribirme tu nombre en el brazo, y tú harás lo mismo con mi nombre en tu brazo, ¿vale? – y eso fue lo que hicimos, crucé el brazo, y me escribió su nombre en el, y yo mi nombre en el suyo. Nos miramos y nos reímos, nos dimos las manos.

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