miércoles, 24 de abril de 2013

Capítulo 32: Harta de todo





La firma había acabado ya; todo había ido bien, y ahora nos dirigíamos a Madrid otra vez de vuelta a casa, a descansar y empezar de nuevo con los conciertos y firmas en otros países. Era por la noche, e íbamos en coche. Estaba tan cansada que no tardé en dormirme. Eran las 11 de la noche, y aun no habíamos llegado. Creo que desperté a las 2 de la mañana, cuando noté que algo me cogía; era Álvaro, que me cogió en brazos para llevarme a la cama, ya que yo me había quedado dormida y parecía que no iba a despertarme. Me dejó caer lentamente sobre el colchón y me arrimó la manta para taparme. Después, me dio un suave beso en la mejilla.
- Buenas noches princesa. – Me dijo al oído como casi siempre. Él se puso a dormir en su cama, mientras me observaba sonriendo. Desperté sobre las 11 de la mañana, cuando el sol se reflejaba en la ventana, los pájaros cantaban, y se oía como la brisa del viento balanceaba las hojas de los árboles. La ventana estaba abierta, y podía oler el perfume de las rosas del jardín desde la habitación. Pero olía demasiado a rosa, como si estuvieran allí mismo. Y así era; abrí los ojos, y vi una bonita rosa roja encima de la mesita de noche, al lado de mi cama, con una carta al lado. Entonces Álvaro entró sin hacer ruido para ver si estaba despierta, y me vio allí.
- ¿Qué es esto? ¿Qué celebramos? – Le pregunté aun con un hilo de voz al acabar de despertarme.
- ¿No lo sabes? Hoy es el día de San Jorge, cuando los chicos regalan una rosa a la persona a la que quieren, y las chicas un libro a la persona a la que quieren.
- Oh... Se me había olvidado por completo, siento no haberte comprado nada... – Asentí.
- No necesito nada más que a ti para ser feliz.
- Pero tú me has regalado todo esto... Y yo nada, me siento mal.
- La he cogido del jardín ésta mañana antes de que despertaras. Y la carta... Tienes que leerla.
- Vaya... Has hecho todo esto por mí...
- Pues claro, y no es todo, aun hay más. Pero no lo sabrás hasta la tarde.
- Voy a leer la carta.
- No, no la leas conmigo delante, ¡que me pondré rojo! – Bromeó.
- Tontorrón, bueno, vale, la leo después delante de todos.
- Bueno, haz lo que quieras, voy a prepararte el desayuno, venga vístete y baja rápido.
- No me des prisas, que acabo de levantarme.
- Hasta ahora, te veo abajo. – Me dijo mientras se iba corriendo y salía por la puerta. Leí la carta ahora que no estaba, y después, me vestí y bajé. Cuando bajaba el último escalón, Álvaro se acercó corriendo hacía mí, y me tapó los ojos mientras decía:
- ¡Nooo!
- ¿Qué pasa? ¿Por qué me tapas los ojos? – Le pregunté.
- No puedes ver esto aun, ¿Por qué has ido tan rápido?
- Me has dicho que me vistiera rápido.
- Ya, pero son cosas que se dicen... Bueno, espera en el salón, ahora vengo. – Me dirigió hacía el sofá, y me tuve que sentar sin ver lo que el traficaba por la cocina. Salió corriendo hacía la cocina, y se oyeron ruidos de cacerolas que caían.
- ¿Estás bien? ¿Qué son esos ruidos? – Le pregunté entre mirando por allí.
- Nada, no pasa nada, pero no entres aun, yo te aviso. – Blas pasó por delante de mí, y se sentó a leer el diario.
- Buenos días. – Me dijo.
- Buenos días. – Le dije con una sonrisa.
- ¿Tu tan contenta? ¿Qué ha pasado ya?
- Nada, Álvaro me ha dado una rosa ésta mañana, y una carta. Y ahora me está preparando algo en la cocina...
- Ah si, que hoy es San Jorge. Bueno, es que el es así, ¿y tu le has regalado algo?
- No... Se me ha olvidado. Últimamente se me olvidan todas las fiestas o días medianamente importantes; pero ya iré a media mañana a comprarle algo.
- Tranquila, a nosotros también se nos olvidan cosas, tenemos  mucho trabajo. Y como tú estás con nosotros, también se te olvida.
- Si, será por eso. – Esperé mientras Álvaro acababa con lo que fuera que estuviera haciendo, y entonces me dijo que ya podía pasar a la cocina. Entré, y vi lo que tenía preparado para mí. Era una tarta de chocolate, con un zumo de naranja y flores sobre la mesa.
- Vaya... – Dije impresionada.
- ¿Te gusta?
- Bueno, para saberlo tengo que probarlo. – Bromeé. – Claro que me gusta.
- Pues siéntate y come.
- ¿Voy a tener que comerme el pastel yo sola?
- Bueno... Si quieres puedes repartírtelo con otra persona, pero lo he hecho para ti...
- ¡Tonto! Digo que tú te comas la mitad.
- ¡Ah, vale! – Exclamó él. Partió el medio pastel, y todos entraron a la cocina a por un trozo de pastel, después de ver a Blas saliendo de la cocina, que fue el primero en pedirnos un trozo de pastel. Al final me quedé con un trozo pequeño, pero bueno, hay que compartir.
- Vaya... Siento que te hayan dejado casi sin pastel. – Dijo Álvaro mientras se comía un trozo más grande que el mío.
- Tú tampoco es que me hayas dejado uno muy grande... – Dije mirando el trozo que él se estaba comiendo.
- Bueno... Supongo que te lo puedo dar... – Me acercó el plato para que me comiera su trozo. Acabamos todos de desayunar, y le di las gracias a Álvaro por todo lo que había hecho por mí desde el principio del día.
- No me des las gracias aun, te he dicho que habían más sorpresas. – Me dijo Álvaro misterioso.
- Dímelo ya, venga. No quiero esperar hasta la tarde.
- Vale, ¡si insistes! Bueno, que nos han invitado ésta noche a una fiesta.
- ¿Si? ¿Dónde es? – Dije contenta.
- En casa de una amiga. – Empecé a sospechar.
- ¿Qué amiga?
- Ya lo verás, es una sorpresa. – Me quedé no muy contenta, pero seguí con el resto del día.
- ¿Tienes un vestido formal para la fiesta? – Me preguntó.
- Pues... no. – Entonces pensé que debería ir a comprar uno, así aprovecharía para comprarle un libro a Álvaro.
- Pues vamos al centro comercial, y te acompaño a comprar uno.
- Casi prefiero ir sola... – Entonces, cuando mi plan estaba funcionando, David y Laura se acercaron.
- ¿Sola donde? – Preguntó David.
- A comprar un vestido para ésta noche. – Dije.
- Ah, para la fiesta. – Recordó David.
- ¿Qué fiesta? – Preguntó Laura.
- ¿Aun no lo saben todos? – Preguntó David a Álvaro.
- No, díselo ahora. – Contestó él.
- ¡Eh, chicos! Ésta tarde-noche nos ha invitado a una fiesta. Quién quiera, que se compre un vestido, quién no, que se quede en casa. – Aclaró David. Todos empezaron a decir que ellos también se venían a comprar ropa, y al final en ve de ir yo sola, se unieron todos. Mi plan no sirvió para nada, y si compraba el libro delante de Álvaro no sería lo mismo. Bueno, ya me inventaría algo. Salimos todos de casa, hacía el centro comercial más cercano. Laura, Carmen y yo nos fuimos a la planta de jóvenes, y ellos a la misma pero de chicos. De momento, ningún vestido me convencía, hasta que vi uno rojo muy simple, y me lo probé. Carmen y Laura vinieron conmigo a probarse lo que habían encontrado, y a decirme si me quedaba bien el vestido. Una vez lo llevaba, se lo enseñé:
- ¿Como me queda? – Pregunté no muy convencida.
- Bien... No está mal. – Comentó Carmen.
- Muy bien, quédatelo. – Comentó Laura.
- Que pelotas que sois... – Murmuré. Álvaro entró en esa sala, para verme con el vestido.
- Preciosa... – Dijo Álvaro en voz baja.
- ¿En serio te gusta? – Le pregunté. - ¿Me queda bien?
- Con cualquier cosa que te pusieras estarías preciosa o te quedaría bien. – Me dijo sonriendo.
- Vale, me lo quedo... Seguro que tampoco encontraré nada mejor y a éste precio. – Lo cogí, y lo pagué. Les dije que me iba al baño de allí un momento, cuando en realidad fui a comprar un libro para Álvaro. Estuve mirando, y solo me gustó uno de terror y  a la vez una historia de amor. Le dije a la dependienta que me lo envolviera para regalo, y me lo escondí en la bolsa del vestido.
- ¿Dónde estabas? – Me preguntó Carlos que me encontró por ahí.
- Em... Bueno, para que mentirte a ti, comprando un libro para Álvaro.
- Ah... Vale, tranquila, no se lo diré.
- Vale, gracias.
- ¿Me acompañas con los demás? Están buscando algo, pero estos trajes son demasiado sofisticados. Creo que al final vamos a ir en chándal o algo cómodo y ya está.
- Vamos, te acompaño. Pero tampoco os presentéis en chándal. – Me reí. Buscamos a los demás en la planta de chicos. No los encontramos, ni a las chicas. Vimos de lejos a los chicos, que estaban señalando los CDs de Anti-Héroes y riéndose.
- Vamos a llamarlos. – Carlos los llamó, y tuvimos que ir hacía allí porque ellos querían mirar sus CDs.
- Madre mía, por unos CDs que vieron y van a ver en las firmas que se van a cansar. – Dijo Carlos.
- Nos hace gracia, los han puesto aquí, o sea que somos un poco importantes. – Dijo Dani.
- Somos igual de importantes que todos esos demás CDs que ves allí. Venga, vayamos a casa si nadie más va a comprar nada. – Dijo Carlos. Volvimos a casa, pero tuvimos que parar al MC Donalds a comer por capricho de Carlos, y ya que eran la 2 del mediodía, comimos allí. Hamburguesas, ensalada y nuggets, y de postre, MC Flurry, helado o helado con oreos, chips a hoy, nutella, milka o philadelphia. Acabamos de comer, y fuimos a casa a arreglarnos para la fiesta; bueno, y quién dice arreglarnos, dice jugar a la WII, porque es lo que al final hicimos. Al llegar a casa, Dani estaba arreglando un cajón, y encontró juegos y la consola Wii.
- ¿Queréis jugar? – Preguntó. Todos nos apuntamos, ya que había mandos para todos. Dani propuso jugar a deportes, y tuvimos que decirle que si, porque si no, se pondría muy pesado durante todo el juego. Estábamos todos muy concentrados jugando al tenis; yo jugaba contra Álvaro, y el iba ganando por 5 puntos. Yo no es que fuera muy buena en los deportes, por eso yo siempre perdía. Estuvimos jugando hasta las 5 de la tarde, cuando nos dimos cuenta de que habíamos pasado mucho tiempo allí jugando y nos habíamos olvidado completamente de la fiesta. Apagamos la consola, y fuimos a vestirnos. A las 5:30 todos estaban en el salón arreglados, cuando yo bajaba las escaleras despacio para no caerme. Iba con el vestido que había comprado esa mañana y unos zapatos de poco tacón a juego.
- Estas preciosa, el vestido es muy bonito. – Me dijo Álvaro nada más al verme. Vino hacía mí, me abrazó por la cintura y me besó.
- ¿Vamos? – Dijeron los chicos. Subimos al coche, y nos dirigimos a la fiesta. Una vez llegamos, pude reconocer a la chica que estaba esperando en la entrada de la puerta; la sonrisa que tenía en la cara, empezó a cambiarme a medida que nos acercamos a la casa. Se me puso más bien cara de rencor, cuando vi a Cristina delante de la puerta esperando a que llegáramos. Miré a Álvaro que parecía bastante contento, y le pregunté:
- ¿Por qué no me dijiste que era en casa de Cristina? – Le dije mientras bajábamos del coche.
- Pues... Pensé que no querrías venir si te lo decía...
- Pues no, no habría venido. Sabes que me cae mal, y desde el primer día, me mira mal y le caigo mal.
- No lo sabes, anda, es solo una amiga, y sabe que estoy contigo.
- Yo creo que no lo sabe, porque desde la última vez han pasado meses, y entonces aun no estábamos juntos...
- A mi me empezaste a gustar entonces... – Dijo sonriéndome. Entonces, me besó delante de Cristina para que se enterara de que estábamos juntos, y luego, se dirigió a ella, agarrado a mí de la mano. Ella me miró mal, como la última vez, y con envidia.
- ¡Hola! – Dijo Cristina con una sonrisa y una voz falsas.
- Hola, gracias por invitarnos. – Cristina me miró raramente.
- Em... ¿Quién es ella, y esas dos? – Preguntó no muy satisfecha de vernos.
- Pues... Ella es mi chica, y ellas, unas amigas que viven con nosotros.
- Ah... Bueno, no les he invitado, pero está claro que no pueden quedarse fuera ahora que han venido, entrad... – Dijo como si le costara decirlo, muy molesta.
- Como nos invitaste y dijiste a todos, pensé que ellas también lo estaban... Pero bueno, ya está todo arreglado.
- Entrad, no os quedéis ahí, los demás ya han entrado. – Dijo todavía con una sonrisa falsa. Al entrar, vimos un enorme jardín con una gran piscina al centro, y muchas flores a los lados del jardín. Había muchos invitados, y nosotros nos sentamos a tomar algo. En una de las largas mesas, había una alta fuente de chocolate, con fruta y dulces para ponerlos en el chocolate y comerlos. Yo cogí una fresa, la unté en el chocolate, y Álvaro vino por detrás y se la comió.
- ¡Eh! ¡Era para mí! – Le repliqué.
- Es que me gusta hacerte enfadar. 
- Déjate de tonterías, anda. - Me cogió de la mano y nos pusimos a hablar en medio del jardín. Pasó una hora, y se hicieron las 7:30. Entonces, yo me dirigí a la fuente de chocolate otra vez para comer algo, y Cristina se acercó a la fuente, y empezó a tocar algo por ahí detrás entre los cables. Entonces, se apartó y la fuente empezó a hacer un ruido extraño; de repente, todo el chocolate de la fuente, empezó a salpicarme, y se manchó todo el vestido, el pelo y la cara. La miré enfadada, porque sabía que ella había hecho eso a propósito para que todos se rieran de mí, por el odio que me tenía, y lo había conseguido. Todos se quedaron en silencio, y me miraron a mí; empezaron a reírse, y me quedé allí quieta, mirando mal a Cristina. Casi lloro, pero preferí guardarme las lágrimas, para no humillarme y hacerme más el ridículo a mi misma. Salí de allí en seguida, para que la gente no me mirara más. Entré dentro, y busqué un baño, a pesar de que no le había pedido permiso a Cristina. Álvaro miró muy mal a Cristina, y salió tras mí. 
- Es horrible lo que acabas de hacerle a Maria. - Le dijo Álvaro a Cristina. 
- ¿Yo? Como puedes decir eso, pero si me cae muy bien... 
- Deja de hacerte la falsa. – La dejó con la palabra en la boca, y salió a buscarme. Entró en el baño, y me preguntó: 
- ¿Puedo pasar? - Reconocí su voz, y le dije que si. 
- No puedo creer lo que me ha hecho esa bruja... Sabía que le caía mal, pero tanto para hacerme esto... 
- Tengo que reconocer que ésta vez se ha pasado, y no poco.
- Mira como me ha dejado... Me ha humillado delante de todos... Que vergüenza. 
- Tranquila, hablaré con ella para que te perdone y te preste algo de ropa limpia.
- Casi prefiero ir así manchada, que llevar algo suyo.
- Vale, pues le diré que te pida disculpas.
- Me da igual, la verdad. ¿Qué hago ahora? Estoy segura que cuando salga fuera todos me mirarán mal...
- No, yo estoy contigo. Nadie va a mirar mal a ésta chica tan bonita.
- Estoy harta, ya no sé que hacer para que ésta chica me deje en paz. – Salimos fuera, y como me temía, se hizo un gran silencio otra vez, y todos se giraron para mirarme. Entonces fue cuando Álvaro intervino:
- ¿Se puede saber que miráis? Aquí no hay nada que ver, parece que nunca hayáis visto a una chica tan maravillosa como ésta, tan especial y tan diferente a los demás, como ella es, y si no habéis visto a una persona así, es porque no hay nadie como ella, es única, y que se rían de ella porque sea diferente, pues mira, ella se ríe de vosotros porque sois todos iguales, amargados, y gente que solo está en un sitio para ver si hay alguien que hace el ridículo, o por interés, para reírse de él. Esa es gente realmente repugnante e inhumana, toda la gente que hay en el mundo ahora, es así. Así que ya podéis volver a hacer lo que estabais haciendo antes, porque aquí lo único que veréis, es a una chica perfecta, y por suerte, soy el más afortunado del mundo por tener su corazón. – Entonces, me miró fijamente a los ojos, y sacó del bolsillo de su chaqueta una pequeña caja. La abrió; era un collar en forma de una pequeña rosa, me lo puso, y me besó delante de todos. – No es un simple te quiero, es más que eso. Por mucho que se te manche el vestido, seguirás igual de hermosa.
- Gracias. – Le dije.
- ¿Gracias porque?
- Por todo lo que haces por mi, simplemente gracias. – Nos abrazamos, y volví a mirar la cara de Cristina; la verdad es que estaba aun más cabreada que antes, y eso me daba miedo. Pasó el tiempo bastante rápido, y se hicieron las 9 por fin. Álvaro le hizo una seña a Dani queriendo decir «Ya». Entonces, cogió la mano de Carmen, y sacó de detrás de su espalda una rosa. Carmen sonrió mucho, y le dio un abrazo.
- Gracias, es preciosa. Creí que te ibas a olvidar de mí... – Le dijo Carmen a Dani.
- ¿Como iba a olvidarme de la persona a quién quiero? – Le respondió Dani. Se abrazaron, y Carmen le sorprendió con un libro que le había comprado.
- Toma. – Dijo Carmen mostrándole el libro a Dani. – Lo he comprado para ti. – Dani sonrió también.
- Gracias, pero no era necesario.
- ¿Es que no sabes que en el día de San Jorge se regala una rosa a la chica que quieres, y un libro al chico que quieres? Pues yo te quiero.
- Yo también te quiero, por eso te he regalado la rosa. – Se quedaron a hablar un rato por ahí, mientras nosotros recogíamos nuestras cosas. La gente ya se estaba yendo, pero aun quedaban algunas personas. Yo estaba en el borde de la piscina, pensando, y Álvaro apareció por detrás. Puso su brazo sobre mi hombre, y bajo a mi altura y se sentó a mi lado conmigo.
- ¿Como estás? Te veo deprimida.
- Pues como voy a estar... – Sin que se lo pidiera, Álvaro notó que tenía frío, y me puso su chaqueta sobre mi espalda. Le miré sorprendida, como cuando hacía todas esas cosas que parecía que viviese en mi mente.
- Creo que tienes frío. – Me dijo.
- ¿Como lo sabías?
- Lo sé todo de ti, incluso lo que no me has contado.
- Eres demasiado bueno conmigo. Otro chico me dejaría tirada, y no me haría ni caso, pero tú... Siempre estás ahí.
- Porque te quiero. Eres la mejor persona que he conocido jamás, y sin duda, a la que más he querido. Me gusta que seas diferente a las demás chicas, y que seas tú misma.
- Sé que habrá un día en el que nos separaremos... Por cualquier cosa, estudios, trabajo... pero por favor, nunca me olvides.
- ¿Como voy a olvidarte? Sería imposible recordando todo lo que hemos vivido juntos. ¡Y ahora piensa en el presente! Estamos juntos, y estamos bien, ¿Qué más quieres? No quiero que llegue el momento en que tenga que decirte adiós. – Me abrazó muy fuerte, y yo a él. Entonces, como no, Cristina no podía soportar ese momento. Cogió mi bolsa, donde llevaba el libro que iba a darle YO por sorpresa después, y lo enseñó a todos.
- ¿De quién es esto? – Yo y Álvaro nos giramos hacía ella para ver lo que mostraba, cuando reconocí que era mi libro. Me sorprendí aun más de lo que ya estaba, pero de mala manera.
- El libro para Álvaro... – Murmuré en voz baja. Me acerqué a ella para coger la bolsa sin que Álvaro lo viese, pero fracasé. Cristina lanzó el libro, de tal manera que cayó por mucha casualidad al agua de la piscina.
- ¡No! – Chillé enfadada.
- ¿Qué pasa? No era de nadie, ¿para que quisiera yo eso?
- ¡Sabes perfectamente que eso era mío, porque me lo ha visto al entrar!
- Perdona pero yo no he visto eso.
- ¿Sabes que? Eres asquerosa, y no sé como la gente puede soportarte.
- ¿Quién te crees que eres para hablarme así?
- Cualquiera quisiera hablarte así, solo que no se atreve. – Miré el fondo de la piscina, pensando que seguramente el libro ya se habría deshecho. Entonces, pasó otra de las peores cosas de la tarde, y seguramente la peor. Cristina se acercó a mí, me empujó, y caí lentamente a la piscina, como al libro le había pasado. Subí a la superficie muy enfadada, salí y me subí al bordillo de la piscina otra vez. Todos se habían quedado callados ésta vez, y no se rieron. Cristina me miró con malicia, y  satisfecha porque ya había conseguido lo que quería, hacer que fuera la peor tarde de mí vida. No fui la peor de mí vida, pero una de las peores. Yo incluso, estaba en silencio, hasta que me acerqué a ella, y empecé a decirle todo lo que sentía. Álvaro me miró con cara de «no lo hagas», pero lo ignoré. Estaba empapada, y horrible, pero me daba bastante igual eso. Me dirigí a Cristina, y le dije todo lo que sentía:
- ¿Ya estás contenta? Después de haberme hecho pasar este asco de tarde, primero, has manipulado la fuente de chocolate para que me salpicara toda, después, has fingido que no pasaba nada, has tirado a la piscina el libro que le había comprado a Álvaro con mi dinero al agua, y después, para acabar de arruinarme la tarde, me has tirado a la piscina. Eres una mala persona de verdad, porque nadie haría algo así a alguien, y si lo hace, es que no tiene sentimientos, y tú no tienes. Eres repugnante, y sé que me haces todo esto porque estoy con Álvaro, y le quiero. Que no te quisiera a ti en un pasado, será por alguna razón, y si ahora quiere a otra persona, no tienes que hacer nada para demostrar que me odias, y odias que estemos juntos. Estoy harta de todo, de que la gente me trate como si fuera invisible, de que se rían de mí porque n o soy buena en algo, o hago el ridículo, harta de que nadie me entienda, de que mi familia me odie, y quiera que haga las cosas mejor de lo que las hago, harta de tener que estudiar para nada, porque al fin y al cabo, te pasas media vida estudiando amargada para tener trabajo durante 10 años o menos. Creo que ya no queda gente en este mundo que sea diferente, y que sean personas de verdad, menos. Y si te molesta que esté con Álvaro, te aguantas, porque si yo soy feliz con él, por mucho que tú me hagas la vida imposible, seguiré con él, porque es de las únicas personas que me hace feliz, le amo, y nunca dejaré de amarle, aunque sepa que algún día todo esto, se acabará. Y estar harta de todo, es lo peor que te puede pasar, porque estás aguantando durante mucho tiempo, y llega un momento en el que ya no puedes más, y necesitas llorar, desahogarte, como yo ahora mismo. Y creo que he acabado, ahora solo tengo que desahogarme llorando, y pienso irme de aquí ahora mismo, porque no quiero seguir en ésta casa, me da asco, es más, me daría asco ser tú. – Todos se quedaron muy, sorprendidos, y callados. Cristina seguía mirándome con cara de asco, pero esa vez, porque sabía que todo lo que había dicho era verdad. Los chicos se despidieron de ella, y Carmen y Laura pasaron sin decir nada, mirándola mal también. Yo estaba ya fuera, esperando a que salieran. Estaba apoyada en la pared, aun muy mojada, y con mucho frío; seguro que me resfriaba por culpa de Cristina. En esa tarde no había habido nada bueno. Álvaro se agachó a mi lado y volvió a ponerme su chaqueta.
- Siento mucho todo lo que ha pasado.
- Tengo mucho frío.
- Tranquila, ahora vamos a casa y te preparo chocolate desecho calentito.
- Gracias. – Me dio un abrazo para que se me pasara el frío, y me cogió para que entrara en el coche.
- Venga, entra. – Me insistió.
- No quiero, voy a mojar el coche.
- Da igual, ¿prefieres quedarte aquí?
- Si es contigo si.
- Así que... Me has comprado un libro.
- Si, pero es como si no te hubiese comprado nada, lo siento.
- No lo sientas, soy yo quien debería haberte defendido e impedir que no te tirase a la piscina. Soy la peor persona del mundo, me siento fatal.
- Pues no te sientas mal. Prefiero a un caballero que me defienda con palabras, como has hecho antes delante de todos, que pegando e insultando.
- Siempre miras el lado positivo de las cosas...
- No siempre. Lo miro contigo, porque no tienes ningún defecto. 
- Cuando has empezado a decirle todo eso... Creo que eres una persona muy decidida, y en el futuro, por mucho que hayas dicho que estudiar no te servirá de nada, creo que tu futuro será maravilloso, porque te miro a los ojos, y veo a una persona decidida de lo que quiere hacer en el futuro, muy valiente y orgullosa de ella misma y de lo que puede hacer. Eres muy especial, y si nunca cambias, serás la mujer perfecta para quien sea el afortunado hombre que va a tenerte el resto de tú vida, porque ahora, solo tienes 18 años, y lo que daría por ser yo ese hombre que estuviera a tu lado siempre, pero... no creo que éste cuento de hadas sea para siempre, aunque lo quiera.
- ¿De veras crees eso? 
- Si, no tengo ninguna duda. Y ahora, volvamos a casa, no quiero que te enfríes. – Me cogió por detrás, y entramos al coche. Él se sentó a mi lado, y estuvo acariciándome la espalda todo el tiempo. Llegamos a casa sobre las 10:45. Aparcamos delante de casa, y salimos del coche. Entramos, y me fui primero de todo a ducharme y a cambiarme, porque aun estaba mojada y si no me cambiaba, aun me enfriaría más. A las 11, cuando todos estaban ya en las habitaciones, bajé abajo ya con menos frío, y avisé a Álvaro. Él estaba en la cocina preparándome el chocolate desecho caliente que me había prometido. Yo sonreí al verle ahí tan ocupado. Me senté en el sofá, y me tapé con una manta. Álvaro me trajo la taza de chocolate, de la que salía humo. Se sentó a mi lado, y me abrazó desde el lado. Me acabé el chocolate, y como los dos teníamos mucho sueño, nos quedamos allí dormidos.

viernes, 19 de abril de 2013

Capítulo 31: 28 De Marzo.





¡Hola! Soy Maria, la que escribe esta novela. Para todos quienes leáis esta novela:
En éste capítulo de la historia, en ve de seguir con el capítulo que vendría del 28 de marzo, y lo que le pasó a mi personaje ese día, voy a contaros lo que me pasó a mí el día 28 de marzo, y el próximo capítulo volverá a ser la continuación del último, otra vez. Os cuento a partir de aquí.

Me enteré de que Auryn iba a firmar en Barcelona el día 3 de marzo, el mismo día que Álvaro me mencionó; fue su primera mención, y me dijo «besoss » Cuando lo vi en mis menciones de twitter, me quedé paralizada, y empecé a llorar de felicidad. Una o dos horas después, Sara me envió el evento de la firma de Auryn que resultaba ser el día 28 de marzo. Cuando lo vi, casi lloré, y le comenté esto a mi madre, ya que no iba a ir al concierto. Cuando ella me recordó que era el mismo día que el cumpleaños de mi hermano, y seguramente no podríamos ir. Empecé a llorar, me encerré en mi cuarto, y lloré aun más, pero ésta vez, no de felicidad, de tristeza, de rabia, de asco porque mientras yo me quedaba en casa amargada, llorando, otras personas que no se lo merecían estarían escuchándoles y abrazándoles. Y lo más triste, es que yo conocía a esas personas. Pasé encerrada llorando como media hora, cuando entró mi madre y me preguntó que me pasaba. ¿En serio? Me he quedado sin abrazar a mis ídolos, las únicas personas que me hacen feliz, ¿Y aun me preguntas que me pasa? En fin, se lo conté, y me dijo que no sabía nada seguro, que intentaríamos ir, pero que lo más seguro era que no iríamos. Dejé de llorar, pero solo un poco; entonces, Sara me dijo que ella tampoco iría, y estábamos las dos igual. Fuimos a dar una vuelta, para desahogarnos y decir lo que sentíamos. Estuvimos así una hora, y después, volvimos a casa, para amargarnos aun más con nuestras familias. Este fue el asqueroso día que tuve, y todo me vino a la vez, la mención, la firma que coincidía con el cumpleaños de mi hermano... Parecía que todo lo hiciera el destino, pero de la forma que me lo hace a mí, haciéndome daño, como solía hacerme a mí el destino. Ese creo que fue uno de los peores días de mi vida. Dos días después, Sara me dijo muy feliz que iba a ir con Carmen y su madre, y su madre y ella. Yo me alegré mucho por ella, porque podría abrazarles por fin. Por mi... No. Hasta dentro de 2 semanas no supe que iba a ir, y cuando lo supe, que me dijeron que iríamos, lloré, pero esta vez, de felicidad; parecía que mi destino había cambiado al lado bueno. Desde entonces, solo contaba los días que faltaban para entonces, y organicé los regalos para los chicos con Sara. Estuvimos días para decidir lo que compraríamos, pero al final, el día antes de la firma, lo teníamos todo preparado. Nerviosas, esperando que llegara el mañana. Y así fueron los días antes de abrazarles, de peor a mejor. Lo que me hacía feliz, aunque lenta, era la espera. Me daba igual, tenía razones para seguir viviendo, que dentro de días les abrazaría y tendría el CD Anti-Héroes. Eso me hacía feliz. Acabó el día, y yo estaba más que nerviosa por la noche cuando me fui a dormir.  
Era medianoche, cuando desperté porque no podía parar de pensar en mañana. Iba a ir a Barcelona, a casa de mi abuela, y después, me iría a la firma. Estuve pensando en todo lo que había hecho desde que sabía que iría a la firma; los regalos que les había comprado, las cartas que les había hecho... Todo. No paraba de sonreír, y estaba muy nerviosa. Puse la alarma en el móvil a las 8 de la mañana, para arreglarme e irme pronto con mi familia hacía Barcelona. Intenté dormirme, y recuerdo que también soñé que les abrazaba. Estaba tranquilamente dormida, cuando sonó la canción  Cuando Te Volveré A Ver, que la había puesto expresamente para hoy, que les iba a ver, tal vez escucharles cantar, y con suerte abrazarles. Al oír la música, solo pude sonreír: El día 28 de marzo que tanto soñaba que llegara, llegó. Eran las 7:45 de la mañana, apagué la alarma y me levanté. Lo tenía todo preparado, y me fui a duchar. Al salir de la ducha, me vestí, y fui a desayunar. Cuando entré al comedor, vi los regalos encima de la mesa; no me lo creía, «Eso lo tendrían tal vez ellos en sus manos» pensaba. Desayuné, acabé y pensé: « ¿Dónde deben de estar ahora Sara y Carmen?» Hoy era un día más que especial para Sara, les iba a abrazar por primera vez. Cogí mi maleta, y la puse en el maletero del coche, junto con las bolsas de regalos. Miré por la ventana, y pensé que allí, a lo lejos, estaban ellos. Por última vez antes de verles, puse en twitter:
«Hoy por fin, voy a abrazarles después de esperar estos días. » Me despedí de twitter, hasta después de verles. Me dirigí a la estantería y miré el CD de Endless Road. «Pronto al lado de este CD firmado por ellos habrá otro igual» Al fin, me despedí de todo, abrí la puerta para bajar al garaje e irme por fin a Barcelona. Antes de cerrar la puerta, me dije: «La próxima vez que esté aquí, ya les habré visto. » cerré la puerta, y me fui al coche. Entré, y mi viaje hacía Barcelona empezó. Durante todo el viaje, estuve escuchando el CD Endless Road, ya que de viaje de vuelta, escucharía el CD Anti-Héroes. Ni yo me lo creía. Tras 1 hora y media de viaje, llegamos a Barcelona. Ahora podía decir por segunda vez: «Estoy en la misma ciudad que ellos, que fuerte » A pocos kilómetros de mí, estaban ellos. Era difícil de imaginar, cuando vivías en un pueblo tan pequeño que nadie conoce. Llegamos a casa, y en seguida fui a dejar las maletas y los regalos en mi habitación. Era la hora de comer, y me fui al comedor. Llamé a Sara para que me dijera si ya había llegado, y cuánta gente había. Se lo dije a mis padres, y me dijeron que cuando acabáramos de comer iríamos. Comí rápido para ir a ponerme la ropa que iba a llevar esa misma tarde: Una camiseta negra con una frase en inglés que decía: «Nadie Dijo Que Fuera Fácil» elegí esa camiseta porque me identificaría cuando estuviera en la firma, porque nadie dijo que fuera fácil estar ahí, a horas de abrazarles. También me puse unos pantalones azules, y unas bambas negras. Me planché el pelo, y salí del baño ya arreglada. Salí del baño, y les dije a mis padres que teníamos que irnos ya pronto. Comimos un poco de pastel del cumple de mi hermano que hizo mi abuela, y mis padres fueron a arreglarse. Acabamos del postre, y mis padres se arreglaron. Yo estaba preparando la cámara para hacer fotos, y cargando la cámara de vídeo. Media hora después, salimos por la puerta, ya para irnos. Me despedí del lugar, ya que la próxima vez que fuera a estar allí, a lo mejor les habría abrazado. Nos fuimos camino a la maquinista; primero, cogimos el metro, que estaba delante de casa y no hacía falta andar. Cuando iba en metro, aun no asimilaba que en un rato estaría tan cerca de ellos. Llegamos por fin a la parada, y salimos. Como mis padres no se acordaban de donde estaba la maquinista, tuvimos que ir preguntando a la gente que nos encontrábamos. Cada 5 minutos preguntábamos a la gente donde se encontraba, y llegamos al final. Travesamos un parque enorme, y ahí estaba el centro comercial. Aun no me lo creía, y cuando pasé por allí, me vinieron un montón de recuerdos de la última vez que estuve allí, el 4 de septiembre. Era exactamente como aquella vez, solo que habían pasado muchos meses. Pasé por los mismos sitios que ese día, y fue... Indescriptible. Me fui a lo que era el final de la cola; parecía que era infinito, y llegaba hasta la carretera. La verdad es que entonces perdí un poco las esperanzas de que les abrazara, pero aun no había nada seguro. Sara me llamó, para decirme que fuera hacía el escenario, porque en media hora saldrían a cantar. Mi padre esperó en la cola con los regalos, mientras mi madre y yo nos fuimos al escenario. Ahí me encontré con Sara, Carmen y una chica que se llamaba Maria, como yo. Estuvimos esperando hasta las 5:30, y al final salieron. Cuando vi que estaban sobre el escenario, que después de estar 6 meses en los pósteres de mi pared, estaban ahí... Era increíble. Cuando los vi, que se sorprendían tanto al vernos ahí, tuve que llorar. Ellos empezaron a bromear, hicieron fotos, y se reían. Ese fue uno de los mejores momentos de mi vida. Tras esos momentos, empezaron a cantar Heartbreaker con nosotros. Fue un momento perfecto. Oírles cantar otra vez... Fue demasiado. Ahora cada vez que escucho la canción, me recuerda a ese momento. Cuando Carlos empezó a cantar, lloré aun más. Con Blas, y con todos. ESTABN DELANTE DE MI CANTANDO... No había nada mejor que eso, sus voces eran mejores de lo que recordaba. Cuando Álvaro cantó, mirándonos sorprendido... Lloré aun más. Seguía sin creérmelo. Después de  todo lo que me había pasado, por las dudas de ir o no ir, que al final estuviera ahí. Y cuando más me sorprendí fue en el gran momento en el que Blas canta con su perfecta voz, una nota a la que no todos podrían llegar. Era mucho mejor que en el ordenador. Acabaron, y me sentí... Aun no se como me sentía, seguramente... La mejor sensación de mi vida. Y después fue cuando cantaron Love Taxi, entonces si que aluciné; aun no la había escuchado, y me pareció genial. Todos nos pusimos a saltar, y a cantar. El mejor momento de la canción fue cuando Carlos cantó ese trozo de la canción con esa voz... Era demasiado, mejor que nada, simplemente. Cuando acabaron, dijeron que se iban un momento a descansar, y después empezarían con las firmas de los que tenían pulsera. Evidentemente yo no era una de esas personas, así que me fui con mi madre a buscar a mi padre, y nos fuimos a comprar el CD. Me sobró un céntimo, que aun lo guardo en mi caja de los recuerdos, junto con el de la última vez. Volvimos con mi madre, y como creíamos que quedaba mucho aun, mi madre se fue a dar una vuelta por aquellas tiendas. Mi padre y yo nos quedamos esperando. Ahora ya no estábamos arriba en la carretera, estábamos sentados en unos escalones; al menos había mejorado. Yo estaba merendando, y a la vez pesando en todo. Pasó media hora, y la cola no se había movido ni un milímetro. Yo me preocupaba, por si no les podría abrazar. Pasó media hora más, y se hicieron las 6:30 de la tarde. Seguíamos en el mismo sitio de la cola, cuando vino mi madre. Nos preguntó, y le dijimos que no se había movido la cola. Mi padre se fue a dar una vuelta, y se hicieron más de las 7. Yo empezaba a preocuparme aun más. Entonces, vino mi padre, y me dijo que a lo mejor teníamos que irnos, porque el metro lo cerraban a las 11 o 12 de la noche, y a éste ritmo, esto no acabaría ni mañana. Y además era el cumple de mi hermano, y teníamos que estar con él. Me dijo si lo entendía, y le dije que si, que era normal. Dijo que esperaríamos un rato más, y si seguía así la cola, nos iríamos. Yo casi me hecho a llorar, pensaba en todo lo que había hecho por ellos, los regalos, las cartas... Todo, y que no habría servido para nada. Quería llorar, pero intenté no hacerlo. Vi que una chica y su madre se habían ido a quejar de que nosotros no teníamos número, y más cosas. Entonces es cuando ella dijo que a lo mejor no nos firmaban, y entonces si que lloré. Fue el peor momento del día. Pasó media hora más, y se hicieron más de las 7:30. La cola empezaba a tirar adelante, y entonces a mi aun no se me habían acabado las esperanzas de abrazarles. La cola se movía 1 metro cada 5 minutos. Yo estaba cada vez más feliz. Tenía una chica detrás, de la que nunca pensé que iba a ser su «amiga» o que iba a conocerla y hablar con ella. Me fui a dar una vuelta con mi padre, para salir de tanta gente. Volvimos a la cola a las 7:45, y entonces me fui con mi madre a dar otra vuelta. Fuimos a algunas tiendas; llevaba mi CD en las manos todo el rato, observándolo, y con ganas de escucharlo ya. No me imaginaba que ese CD dentro de horas, estuviera firmado por ellos. A las 8:15, volví, y dijeron que habían hecho una pausa, y que en seguida volvían. Estuve esperando hasta las 8:25, y entonces ya solo me faltaban metros para abrazarles. Estaba muy pero muy nerviosa, y súper feliz. En unos minutos les abrazaría, y el tiempo que estuviera con ellos serían los mejores segundos de mi vida. Entonces decidí hablar con la chica que había tenido detrás desde el principio de la cola, y con otra que estaba a su lado, que también se habían conocido. Estuvimos hablando, de todo esto, y conociéndonos un poco. Estaba cada vez más nerviosa, y ahora solo estaba como a 20 metros de ellos o incluso menos. Estaba preparando la cámara de vídeo para que mi madre grabara, y estaba casi llorando ya. Fue sin duda el mejor momento de mi vida, con la chica que conocí, Marina, y a metros y minutos de ellos. Era la más feliz del mundo. Pasaron 10 minutos, y eran las 8:35. Ahora solo estaba a 7 metros de ellos, y ya estaba casi llorando ésta vez. Pasaron 7 minutos más, cuando ese fue el momento de más tensión. Estaba a 5 metros de ellos, y estaba ya llorando, porque era la siguiente. En seguida me dijeron que subiera, cuando le dije a Marina:
- Dios, que lloro.
- No llores, que lloro yo. – Me respondió.
No pude evitarlo, me puse a llorar, y ni siquiera estaba encima del escenario. Entonces, me dijeron que subiera; Magí me preguntó mi nombre, y lloraba tanto que no fui capaz de decírselo, y se lo dijo mi madre. Entonces, Magí le dijo a Álvaro:
- Álvaro, Maria.
Me llevó hasta él, cuando me recibió con una gran sonrisa, pero a la vez, sorprendido por verme llorar de aquella forma. Justo en ese momento de su abrazo, sonó el estribillo de Desaparecer. No hay palabras para describir ese abrazo, pero voy a intentar decíroslo. Cuando le abracé, fue el mejor momento de mi vida, sin duda. No me acuerdo mucho de lo que me dijo Álvaro, porque estaba llorando y no me enteraba de mucho, pero puedo recordarlo, me dijo:
- ¡Hola! Gracias por haber venido, y gracias por todo.
Me abrazó muy fuerte, y yo a él. Entonces me dijo:
- Anda, dame un besazo y yo de doy otro.
Yo me reía y a la vez lloraba, porque no me creía lo que estaba pasando. Entonces, le di un beso, y el me lo dio también. Me dirigí a Carlos, que me abrazó en seguida, y luego le di los regalos y me dijo:
- ¡Muchas gracias! ¿Son para nosotros? Yo los reparto.
Me sonrío, y mientras Carlos me hablaba de los regalos, Álvaro me cogió de la cintura, no se ni porque, pero fui muy feliz. Carlos le dio mi regalo a Álvaro, el lo vio, y me dijo a mí:
- ¡Muchas gracias!
Miró en la bolsa, y sonrío mucho. Yo me sentía feliz por que le gustara, y por todo. Entonces Carlos repartió los regalos a los demás. Fui a abrazar a Blas, pero solo pude darle dos besos, y estuve hablando con él mientras habría el regalo delante de mí y sonreía. Me dijo lo mismo que los demás:
- ¡Muchas gracias por venir!
Después fue cuando abracé a David, y aquel momento fue inolvidable. Vi que ya tenía el regalo, y sonreí. Después cuando me vio, fue directamente a abrazarme, y me dijo al oído:
- Gracias por todo, te amo.
No me lo creía, mi ídolo me había dicho que me amaba. Pero así era David, el más dulce. Tampoco me imaginé que me lo diría en un sitio que no fuera twitter, cuando dice que ama a las Auryners. Entonces fui a abrazar a Dani, que me dijo muy contento:
- ¡Hola! Gracias por venir, te amo.
Repitió como David el «te amo» fue demasiado, nunca imaginé que Dani iba a decírmelo. Al final, cuando había abrazado a todos, miré atrás, miré a Álvaro y me despedí de él mentalmente. Esos habían sido los mejores segundos de mi vida, sin duda. Bajé del escenario, ya no lloraba tanto, pero cuando volvía para salir de la maquinista, y miré la cola, el escenario y a ellos a lo lejos, me entraron ganas de llorar, porque todo había acabado. No me creía que les había abrazado hace segundos, y llevaba el CD en las manos, observándolo y llorando mientras sabía que eso lo habían tenido ellos en las manos. La música seguía sonando, y lo que no pude hacer fue despedirme de Marina, la chica Blue Herat que conocí. No hablo con ella en persona desde antes de subir al escenario, y cuando vuelva a hablar con ella, si es que eso pasa, me acordaré muchísimo de ese momento antes de subir a abrazarles. Ahora, me alegro de tener su twitter y su facebook y poder hablar con ella algunas veces y recordar cuando estábamos esperando en la cola. Fue el mejor día de mi vida, incluso superó ese 4 de septiembre, que creí que ningún día sería mejor que ese. En fin, ésta fue la aventura que pasé ese 28 de marzo. Esos 2 minutos y 19 segundos que estuve con ellos, que lo calculé al ver cuando duraron los vídeos que me grabó mi madre, fueron los mejores minutos de mi vida. No habrá un día igual que ese, ni unos abrazos más perfectos como esos. Simplemente, gracias Auryn, porque sin vosotros no tendría un mejor día en mi vida, ahora lo tengo, fue el 28 de marzo, a las 20:46 de la tarde.


jueves, 11 de abril de 2013

Capítulo 30: Sentada en el banco




A Carlos se le cayó una lágrima, y Álvaro le dio un abrazo para animarlo. Yo me sentí triste, una vez más. Pero ahora había que ser positivos, porque en 3 días volvíamos a Barcelona para que los chicos se centraran en la firma del nuevo disco que les esperaba. Ahora que Sara se había ido, Carlos no volvería a tener las mismas ganas de hacer las cosas que antes.
- Venga, anímate, no es el fin del mundo. – Le dijo Dani a Carlos dándole un golpecito en la espalda.
- Sin ella ya nada es igual. – Respondió Carlos desanimado. Volvimos de camino a casa, a preparar las maletas. Teníamos planeado irnos esa tarde; era muy precipitado, pero solo eran las 11 de la mañana. Aun podíamos irnos y alojarnos en el hotel que reservamos. La vuelta a casa no fue tan animada como solía ser antes; solo se oían flojas voces que hablaban entre ellos. Antes, reían, y chillaban por las calles y la gente se quejaba. Ahora se hacía un gran silencio, y no quería acostumbrarme a eso. Tenía pensado en decirles la verdad a los chicos antes del 28 de marzo, pero no me veía preparada. ¿Como iban a reaccionar ante eso después de haber pasado con ellos desde el año pasado? No quería ni imaginármelo. Una vez llegamos a casa, intenté hablar con Carmen. Pero ella tenía otros planes, como estar con Dani. Como vi que todos se iban a pasar el rato, hice la maleta porque si no después era yo quien tardaba más. Laura entró a mi cuarto justo entonces.
- ¿Como estás? – Me preguntó.
- Bueno... Me siento un poco sola. Después de nuestra pelea, la de Carmen, la de Sara... Ésta semana ha sido la de las peleas.
- Que bien que ya lo hayamos arreglado.
- Si, es lo mejor que podía pasar.
- Y bueno, ¿ya sabes cuando les vas a decir toda la verdad sobre quien eres?
- No estoy segura. Sabes... No sé si voy a hacerlo. No quiero que todo empeore.
- Pero deben saber la verdad...
- Es cierto, no puedo dejar que ésta mentira siga adelante... Antes del 28 de marzo, su próxima firma, tienen que saberlo. Lo más seguro es que se lo tomen a mal, pero... No puedo esconder esto.
- ¿Qué pasará con Álvaro?
- No lo se. Espero que no se enfade conmigo... Pero al fin y al cabo yo sigo siendo la misma.
- Si te quiere de verdad... Seguirá amándote.
- Tú lo has dicho... Pero ayer me demostró que le importo... – Sonreí.
- Pues no tienes que preocuparte por decírselo. 
- Decidido: Hoy en el hotel cuando lleguemos por la tarde se lo diré. Y a Magí también... Aunque es el quien más miedo me da que se enfade...
- Muy bien. Pues buena suerte... Voy a por mi maleta y la hacemos juntas. – Salió de la habitación, y fue a por su maleta. Carmen entró entonces.
- Lo siento. – Me dijo nada más entrar. – Siento no haberte contado lo de Dani... Pero creí que ya lo sabrías.
- Tuve que esperar a que David me lo contara. Me has decepcionado... Yo te conté todo lo de Álvaro desde el principio.
- No te lo conté porque creía que ya lo sabrías, como pasaste unos días con tus amigas de allí...
- Pues por eso mismo, no me enteré de nada de lo que pasaba aquí. Bueno, como no tengo más ganas de pelearme con nadie...
- ¿Amigas de nuevo?
- Amigas. – Nos abrazamos después de todo. - Y ahora... ¡Tienes que contarme muchas cosas! – Exclamé.
- Bueno, yo y Dani estamos bien.
- ¿Cuándo empezasteis a salir?
- El día después de que te fueras. Me dijo que me quería.
- Que bonito... – Laura entró ya con su maleta y preguntó:
- Que, ¿Ya lo habéis arreglado todo?
- ¡Si! Volvemos a ser amigas. – Dijo Carmen.
- ¡Pues me alegro! – Exclamó Laura.
- Y yo. Bueno, ¿vamos haciendo las maletas? – Pregunté.
- Si, y de mientras hablamos, esperadme que traigo la mía. – Dijo Carmen. La esperamos e hicimos las maletas después. Acabamos media hora después, y Magí entró para avisarnos que nos íbamos en unos minutos que nos acabáramos de arreglar. Bajamos ya listas con los demás. Solo quedaban 3 chicas en la casa: Carmen, Laura y yo. Todo estaba muy solitario, Rocío se había ido, Sara también, Ana con su familia y Rachel, en el concierto.
- Salid fuera y subid al coche. – Anunció Blas, mientras metía nuestras maletas en el maletero. Subimos todas detrás; yo ya tenía ganas de llegar, para contar a todos la verdad.
- ¡En marcha! – Dijo Dani.
- Yo no estaría tan contento, tenemos horas de viaje hasta Barcelona. – Le desanimó Álvaro. Yo me reí. Por mucho que ellas ya no estuvieran, seguían bromeando continuamente, salvo Carlos. Seguía cabizbajo, por lo de Sara; seguro que ella no sabía por lo que Carlos estaba pasando, o a lo mejor ya no le importaba. Tras unas 3 horas de viaje me quedé dormida. Estaba muy aburrida, y opté por dormir. Álvaro se giró para atrás y me vio dormida. Me acarició la cara y me cogió la mano. Yo sonreía hasta dormida. Pero por otra parte... Estaba muy nerviosa por contarles eso. Magí me asustaba más que los chicos. ¿Y si me echaba? No podría volver a estar con Álvaro. Pasaron 3 horas más, y al fin desperté. Pude reconocer todo Barcelona. Noté que el coche iba parándose poco a poco delante de un hotelazo de 4 estrellas. Me sorprendí, pero no pude observarlo mucho más tiempo porque nos hicieron bajar del coche para ir a aparcar. Nos dejaron delante de la puerta con David y Blas. Los demás fueron a aparcar con Magí.
- Vamos a pedir las habitaciones que tenemos reservadas y vais deshaciendo las maletas. – Comunicó Blas. Se dirigió a recepción y la secretaria le informó y le dio las llaves. Nos dio unas a nosotras y otras para ellos. Nuestra habitación tenía 4 camas, que representaban ser para nosotras y una para Sara. Cuando la reservaron aun no sabían que Sara se iría. Entramos y dejamos sobre la cama vacía las maletas. Esas vistas no eran tan buenas como las del hotel al que fuimos cuando estábamos de concierto en Málaga. Solo se veían coches, y pisos. Pero lo que importaba no era eso. Álvaro entró por sorpresa a la habitación.
- ¿Qué os parece? – Preguntó acomodándose en una de las camas.
- Eso da igual. – Dije yo. – Lo que importa es vuestra música y la firma que haréis dentro de 2 días.
- ¿Quien se apunta a la merienda? – Dijo cambiando de tema.
- Vamos, o no nos dejará en paz. – Les comenté. Bajamos con el a la cafetería que teníamos delante del hotel. Tenían de todo: Pastas, bebidas y hasta pasteles y pizzas. Entramos y cogimos sitio para los 8. La camarera vino a pedirnos nota. Todos pedimos un zumo de naranja natural y unas pastas para picar. Algunas eran de chocolate, pero ni eso animó a Carlos. Nos las comimos a gusto, y Carlos no quiso probar ni una.
- ¿Vas comer? – Le preguntó Laura a Carlos señalando una pasta de chocolate.
- No, puedes comértelas tú si quieres. – Le ofreció.
- Vale, gracias. – Creí que ese era el momento adecuado para contarles todo lo que tenía que contar. Ahora estábamos todos reunidos, así que intervine:
- Chicos... Tengo que contaros algo. – Todos se giraron hacía mi para escucharme e hicieron silencio.
- Cuéntanos. – Dijo Blas.
- Bueno... Quiero que sepáis que yo no soy... Quien creéis que soy.
- Bueno, pero... ¿Como que no eres quien dices ser? – Se extrañó David.
- ¿Sabes porque un día dijiste?: Es como si ya te hubiera visto alguna vez antes de conocerte y ser amigos – Le dije a David.
- ¿Por qué? – Respondió el.
- Porque yo... Antes... Era... Auryner. – Se hizo un silencio entre ellos. Me miraron pensativos.
- ¿Como? ¿Eras nuestra fan? No lo entiendo... – Dijo Dani.
- Si, era fan vuestra, y fui a una firma de discos en Barcelona. Por eso todos tenéis la sensación de haberme visto alguna vez. ¿No estáis enfadados? – Dije nerviosa.
- No, ¿Por qué íbamos a estarlo? ¿Y porque dejaste de ser Auryner?
- Por... Gente.
- ¿O sea que...? Nos has utilizado a todos... Para estar con nosotros y decir que nos conociste. – Dijo Álvaro.
- ¡No! Yo hace 2 años que dejé de ser Auryner, y cuando esa vez en la biblioteca os encontré no dije nada porque no quería que me tomarais por una fan. Yo era Smiler, pero dejé de serlo después de cosas que pasaron.
- ¿Solo me querías porque eras mi fan? – Insistió Álvaro.
- Antes si, antes amaba tu voz, solo eso. Era una de tus miles de fans. Pero después de pasar tiempo contigo, de darme cuenta de lo buena persona que eras, de lo bien que me tratabas... Me enamoré de ti de verdad.
- Bueno... Yo no tengo ningún problema con esto. – Anunció David. Los demás opinaron lo mismo.
- Álvaro... Ya te he contado toda la verdad. Yo te quiero de verdad. – El seguía mirando al suelo desconcertado. De repente, se levantó, y salió del restaurante hacía el hotel.
- ¡No te vayas! Por favor, ¡tienes que entenderlo! – Insistí. Pero el ya estaba entrando por la puerta de entrada del hotel. Puse mi mano sobre mi frente y me sentí fatal.
- Yo hablaré con el. Ahora ya lo has contado. – Dijo David. – Sabía que alguna vez te había abrazado. – Dijo sonriendo.
- Gracias. Lo menos que podíais hacer era enfadaros conmigo por haber escondido esto durante tanto tiempo que llevo con vosotros. Y de lo contrario... Me habéis comprendido. Pero ahora... Álvaro se lo contará a Magí, y me echará... - Dije.
- Tarde o temprano tendrías que hacerle frente a todo esto. – Dijo Dani.
- Gracias chicos. Ahora tengo que ir a hablar con Álvaro. – Me levanté y entré al hotel. Me dirigí a la habitación de Álvaro y piqué para que me abriera. – Ábreme por favor, tenemos que hablar. – Empujé un poco la puerta y se abrió.
- Ya has entrado. Creí que me querías por lo que era. Podrías haberme contado todo esto desde el principio. ¿Si no porque estamos juntos? Las parejas se cuentan todos los secretos, o pasado, si no es que... No confían en ellos.
- No quería que te enfadaras conmigo. Si te lo hubiera dicho desde el principio no me querrías. Pensarías que solo soy una fan y no estarías conmigo. Perdóname.
- Por una parte, no voy a dejar de quererte, porque yo me he enamorado de ti, de tu personalidad, no de... Lo que escondías. Pero por otra creo que no confías en mí por no habérmelo contado.
- Lo siento de verdad. ¿Pero porque los chicos no se enfadan y tu si? Deberías entender mi situación. Y he decidido contarlo ahora porque no permití que ésta mentira siguiera adelante.
- Está claro que no puedo enfadarme contigo porque te quiero demasiado. Y no pienso ser aquel que dejó a su chica porque no era quien decía ser. Eso no sería amor de verdad. Y lo que yo siento por ti si lo es. No tengo derecho a enfadarme, te quiero. – Nos dimos un abrazo y un beso.
- ¿Lo habéis arreglado ya...? – Entraron todos a escondidas por la puerta.
- Si. A veces nuestras discusiones duran poco. – Respondí yo feliz.
- ¡Pues que suerte! – Exclamó Carmen guiñándome el ojo.
- Bueno ahora... Creo que me voy a dar una vuelta ya que estamos por Barcelona. – Anunció Dani. - ¿Quien se viene?
- Yo. – Respondió Carmen en inmediato. Al final la pregunta de Dani no sirvió para nada, ya que todos nos apuntamos a ir a salir por ahí. Eran las 7 de la tarde. Era un poco tarde, pero eso no nos preocupaba; la cena del hotel era a partir de las 9, y teníamos 1 hora para dar una vuelta y 1 hora para arreglarnos e ir a cenar. Estuvimos paseando por La Rambla De Catalunya, pasamos por delante de la Sagrada Familia, y por el Parque Güell. El paisaje era muy bonito, ya que había muchas flores, árboles de hojas verde vivo, y el cielo no tenía ni una sola nube de tormenta. Por una vez parecía que no iba a llover ni hacer mal tiempo.
- Tengo ganas de que llegue el jueves. – Le dije a Álvaro.
- Ahora podrás ir a la firma y abrazarme como una fan.... – Dijo bromeando.
- Te he dicho que no soy Auryner, ni Smiler. Pero me sentiré la más feliz del mundo como siempre que me abrazas.  
- Eres mi corazón. – Me apoyé a el mientras caminábamos y sonreí.
- Algún día podríamos ir a algún Karaoke y cantar allí alguna canción vuestra Anti- Héroes. – Propuse.
- No es mala idea. – Aceptó Blas.
- Pues ahora que estamos en Barcelona podríamos aprovechar e ir... – Insistí yo.
- Si, si lo que tu digas. Pero sería más romántico ir cuando vayamos de viaje a París... – Dijo Álvaro.
- ¡No! ¿Por qué lo has dicho? ¡Era una sorpresa para el mes que viene! – Dijo David preocupado, colocando sus manos sobre su cabeza.
- Se me ha escapado. – Dijo Álvaro alzando los brazos. – Pero tarde o temprano tenían que saberlo... ¡Si no cuando las hiciéramos subir al avión sospecharían! – Siguió Álvaro. Yo me reí mucho.
- ¡Que gracioso eres! – Dije yo riendo. – Por eso te quiero tanto... Siempre consigues sacarme una sonrisa.
- Anda calla, ¡harás que me ponga rojo y todo! – Bromeó Álvaro. Yo me reí aun más.
- En serio... Me haces muy feliz.
- De nada.
- ¡No puedes parar de hacer el tonto!
- No, ésta es mi forma de ser cuando estoy feliz.
- Me encanta verte feliz. – Me acerqué a el para besarle. Ahora decidimos volver todos al hotel, porque en 10 minutos serían las ocho, y a las nueve teníamos que estar listos para la cena. Cada uno subió a su habitación y allí nos cambiamos. Yo no tardé más de media hora. Salí de la habitación cuando acabé y entré a la de los chicos. Cuando entré David estaba mirándose al espejo y peinándose.
- ¿Qué haces aquí solo? ¿Y los demás? – Le pregunté.
- No se, me han dicho algo de que iban a robar colacao, pero yo no lo he entendido muy bien.
- ¿Por qué no has ido con ellos?
- Como han dicho de robar... Si después les hecha la bronca Magí... No será mi problema.
- Hay que ver lo bueno que eres... Gracias por no haberte enfadado conmigo.
- De nada, si tampoco había nada por lo que enfadarme. – Entonces Álvaro, Blas, Carlos y Dani entraron corriendo por la puerta de la habitación con un bote de colacao en la mano.
- ¿Qué hacéis? – Les pregunté mirándoles raramente.
- Nada, que hemos ido a robar colacao. – Dijo Carlos tan tranquilo.
- ¡Estáis locos! Bueno me voy a mi habitación antes de que Magí me encuentre aquí. – Cuando iba a salir por la puerta entró Magí al mismo tiempo.
- ¿Se puede saber que haces tu aquí? – Me preguntó serio.
- Yo... Mejor me voy. – Le respondí con miedo.
- No, ahora quédate, necesito testigos para estos; ¿Qué estáis haciendo? – Les preguntó a los chicos.
- Eso mismo he preguntado yo. – Respondí.
- ¿Nosotros? No hacíamos nada, solo... Corríamos por aquí. – Contestó Dani escondiendo el bote de colacao debajo de la sábana.
- Os he visto subiendo desde el comedor y corriendo como locos, no puede ser que no pase nada. Bueno en realidad nada de lo que hacéis es normal, pero bueno. – Siguió aclarando. – Maria, ¿que hacían? – Me preguntó.
- Pues... – Tuve que contestarle ya que así me ganaría su confianza. – Robando colacao. Han escondido el bote debajo de la sábana.
- Devolved el colacao a su sitio, venga. Después los propietarios me echarán la bronca a mí.
- Nos has delatado. – Me dijo Álvaro fingiendo que estaba triste. Se levantó y empezó a hacerme cosquillas.
- ¡Para, me haces cosquillas! – No paraba de reírme.
- ¡Anda déjala ya! – Le dijo David a Álvaro.
- Vale, la dejo pero solo porque es ella, porque si no... – Yo seguía riéndome. Entonces salí de la habitación y me fui a la mía mientras ellos bajaban otra vez las escaleras y guardaban el colacao donde lo habían encontrado. Laura y Carmen estaban hablando cuando entré.
- Anda, la desaparecida, ¿pero donde has estado, a la habitación del 4º piso? – Bromeó Carmen.
- No, pero es que los chicos estaban robando colacao, y... Una larga historia.
- Ah... Muy bien. Así que ahora se dedican a robar en ve de a cantar... – Comentó Laura riéndose.
- Si... Eso es. – Le seguí el rollo. – Bueno, 1 día para la firma... Creí que nunca iba a llegar.
- Pero ya no eres auryner... Y no será lo mismo que cuando íbamos a las firmas tan ilusionadas, contábamos los días que faltaban para ir, nos apuntábamos en la mano los días que faltaban, y comprábamos regalos y hacíamos cartas para ellos.... – Recordó Carmen nostálgica.
- Esos tiempos eran simplemente... Maravillosos. – Recordé. – Bueno, ¿bajáis a cenar? – Pregunté.
- Si, vamos. Hace 2 años estarías diciendo: No puedo creer que les vaya a abrazar. – Me recordó Laura.
- Es verdad... Lo recuerdo como si fuera hoy. – Quise apenarme aun más, pero tenía que centrarme en el presente. – Anda, no me lo recuerdes, que voy a llorar. – Salimos de la habitación y bajamos al comedor. Ahí estaban los chicos, sentados en una mesa y planeando algo por lo que parecía. Estaban todos alrededor de la mesa, hablando bajito.
- ¿Qué estáis planeando ya? – Preguntó Carmen. Se giraron todos inmediatamente, y se asustaron.
- Que susto... – Dijo Blas. – Podríais haber avisado que estabais aquí...
- Venga va, no digas tonterías. Sabemos perfectamente que sabéis que estamos aquí. – Replicó Laura.
- Sentaos y a cenar. – Dijo Magí viniendo para acá. Yo me acerqué a David y le dije al oído:
- Me lo parece a mí, ¿o no le caigo bien a Magí? – Le susurré.
- Bueno... La verdad es que desde que viniste es un poco más borde pero... No se porque será.
- Seguro que es porque estoy con Álvaro.
- Ya lo arreglaremos. Prueba a ganarte su confianza en algo... – Me propuso.
- Ya lo intento pero no me ofrece hacer nada.
- Todo se arreglará, ya verás. – Asintió. Me senté a su lado y al de Laura, y empezamos a cenar. Acabé y subí arriba, a hablar con Magí. No quería seguir así, porque si iba a estar con ellos tanto tiempo Magí tenía que aceptarme allí.
- ¿Dónde vas? – Me preguntó Álvaro.
- Arriba, tengo que ir al baño. – Tuve que mentirle porque si no, no dejaría que hablara con Magí. Salí del comedor y subí a la habitación de los chicos donde seguramente estaría Magí. Y ahí estaba.
- Hola, ¿puedo entrar? – Le pregunté insegura.
- Como quieras, la puerta está abierta. – Me respondió borde.
- Yo... Quería hablar contigo.
- ¿Sobre que?
- Pues... Tengo la sensación de que no te caigo bien... Por lo de haber llegado a vuestra vida, y enamorarme de quien el antes era... – No me dejó terminar la frase.
- Tienes razón, no me caes bien. Que hayas entrado así en la vida de los chicos sin más, no se como pudieron aceptarte. Ahora estás con Álvaro, yo creí que eso causaría problemas, porque las fans...
- ¿Y que más da? ¿A caso no pueden seguir lo que sería una vida normal? ¿Es que tienen que estar obligados a no poder decir la verdad sobre sus sentimientos? Y no digo solo el amor, que es lo que más te molesta a ti. Tengo la sensación de que ahora Auryn, el grupo del que yo fui fan antes, de las voces de las cuales me enamoré, de su gran corazón y de su música, ya no es la misma desde que firmaron con la discográfica Warner. Antes su música y sus canciones eran AURYN, ahora son WARNER. Y eso no solo me molesta a mí, le molesta a muchas fans. Si alguna vez te fijaras en la gente de twitter y sus tweets, verías lo que sienten. Yo de ti ahora me propondría cambiar el nombre del grupo por Warner. – Solté un portazo y salí de la habitación mosqueada. Por lo visto Magí se quedó sin palabras. Yo decía toda la verdad, y el no quería aceptarla. Cuando yo salí de la habitación Álvaro entró detrás de  mí.
- ¿Qué ha pasado, Magí? – Preguntó Álvaro.
- Pues que tu querida chica ha estado dándome ordenes de cómo tengo que dirigiros, y como tengo que mantener este grupo.
- ¡¿Maria se ha revelado?! – Bromeó Álvaro.
- Si, eso y ya no lo soporto más. ¿Sabes lo que piensa de vuestra nueva música? Que no es como era antes.
- En eso... Le doy parte de la razón a ella. Antes nuestra música era original y sentimental. Ahora... Es más de discoteca, y algunas fans se han quejado que si Warner, que si no se que.
- Pues eso mismo dice ella. Pero no es una fan, por eso me extraña que lo diga.
- Voy a hablar con ella. – Álvaro salió a buscarme fuera. Yo estaba sentada en el banco frente a la piscina, pensativa y rencorosa a la vez. Álvaro apareció por allí.
- Magí me ha contado vuestra discusión... – Dijo no muy satisfecho.
- Ya... Yo solo he dicho la verdad.
- Y no te equivocas. – Se sentó a mi lado. – La verdad es que pienso como tu, siento que nuestra música no es como antes desde el contrato con Warner. Al principio creí que iba a ser un gran paso, e íbamos a tener más música y haríamos cosas que nos gustaban. Ahora pienso como tú, y muchas de las fans también lo creen.
- Tampoco digo que sea un error... Muchas aun son tan Auryn como antes. Pero las demás... Lo que antes era I Don’t Think So ahora es Love Taxi. Y comprenderás que no es lo mismo.
- Si, ha cambiado mucho.
- Y vosotros. Ahora os tratan como a muñecos ante vuestras fans, tenéis menos contacto con ellos y escondéis más secretos y no tenéis vuestra verdadera personalidad. Hasta los productores; a veces creo que se olvidan de que sois cantantes, músicos; no modelos. Y eso no lo hacíais antes. Comprendo que seáis mayores, obviamente, pero tenéis fans pequeñas... Lo que quieren es vuestra música, no vuestro físico o cuerpo.
- Creo que eres la única que lo entiende. Eres muy grande, en serio. Tu corazón es enorme, y gracias a ti me doy cuenta de la realidad.
- Yo me di cuenta de la realidad hace años, cuando veía que vosotros erais lo más importante en mi vida, sin vosotros mi vida no tendría ningún sentido y mis ganas de seguir adelante no existirían. Vuestra música, me encantaba. Pero el primer CD ER7058 SIEMPRE será miles de veces mejor que Anti-Héroes.
- Debe de ser... No se, nunca he visto las cosas desde fuera, siempre desde dentro; supongo que desde tu punto de vista y el de todos los fans es diferente.
- Si, lo es. Tienes miles de fans, y... sé que no se puede hacer feliz a todas ellas, pero podrías prestarles un poco más de atención cuando te mencionan. Lo digo porque yo antes me sentía como ellas, y sabía que no era nadie para ti.
- Pues si que ha cambiado todo... Pasaste de ser alguien que ni sabía que existía, a quien más quiero en el mundo. Eso es un gran cambio, y lo prefiero así. – Me dijo.
- Volvamos con los demás. – Le dije ya harta de todo. – No quiero amargarme por esto, quiero ser feliz, y que llegue ya el 28 de marzo.
- Puedes abrazarme todos los días, ¿y aun deseas que llegue el 28 de marzo para abrazarme? – Se preguntó.
- ¡Si! Soy así. Y también para que me firméis el CD.
- Ya me he dado cuenta, desde el año pasado que te conozco, se como eres. Ya no podrás ocultarme nada más, te conozco más que a mí.
- Eso yo, que llevo desde los 12 años aprendiéndome tú vida, lo que te gusta, y todo lo que sé de ti.
- Bueno, vayamos dentro. No aclararemos nada si nos quedamos aquí, sentados en el banco. – Me recordó a la canción.
- ¿Por qué siempre tienes que hacer que en alguna de tus frases haya alguna cosa relacionada con la letra de vuestras canciones?
- No sé, me sale del corazón. Supongo que es lo que me pasa cuando estoy contigo; eres tú quien me inspira, y después salen estas frases que tú dices que son tan bonitas.
- No sabía que se te daba tan bien hacer discursos como a mí. – Le restregué en broma.
- Ya sabes algo en lo que nos parecemos. – Nos dimos de las manos y entramos al hotel.
- Estoy cansada, tengo sueño... Creo que hoy me iré pronto a dormir. – Le comenté a Álvaro.
- ¿Hay algún día que no estés cansada? – Me preguntó Álvaro.
- No... Antes esto no me pasaba, pero desde que estoy con vosotros, que estáis locos... Cada día estoy más cansada, de aquí para allá, viajes, conciertos...
- Bueno, si quieres vete; es broma, jamás dejaría que te fueras.
- Ni yo pienso irme.
- Venga va, haremos lo que quieras pero no te vayas a dormir... – Me insistió Álvaro.
- ¡Vale! Tú ganas... – Solté. – Pero tendremos que ir... A un karaoke.
- Como quieras, pero tendrás que cantar con nosotros. – Dijo riéndose.
- Eres malo. No, eres muy bueno conmigo.
- ¿En que quedamos? ¿Malo o bueno? Jajajajá.
- Muy gracioso. Haber... ¿a que karaoke vamos a ir? – Pregunté. Encontramos a Dani por el pasillo con Carmen.
- ¿Qué hacéis por aquí vosotros? – Preguntamos.
- Lo mismo que vosotros. – Contestó Dani.
- Te aseguro que no. Seguro que vosotros no pensabais en que karaoke ir. – Aclaré.
- Pues no... La gente normal no suele pensar eso. – Dijo Dani.
- ¡¿Pero serás...?! – Dijo Álvaro. – Pues tu precisamente no eres muy normal pero... Que le vamos a hacer.
- En fin... ¿Dónde vais? – Preguntó Carmen.
- A la habitación. – Dije yo.
- ¿A que habitación? – Aclaró Carmen.
- ¿Qué importa eso? Pues a alguna, a hablar de algún plan para ésta noche.  
- ¿Qué? – Dijo Carmen. Al final se lo aclaré todo para que no hubiera más malentendidos. Suspiré.
- Íbamos a ir a un karaoke todos juntos ésta noche... Bueno, aun no lo sabemos seguro, por eso lo estábamos hablando aun e íbamos a contárselo ahora a los demás, por eso íbamos a la habitación. – Les aclaré al final.
- ¡Haber empezado por ahí! – Exclamó Dani. – Yo me apunto a ir, venga vamos a las habitaciones y se lo comentamos a todos. – Eso hicimos. Al entrar, nos los encontramos a todos saltando por la cama y cantando, mientras Magí grababa con la canción de Love Taxi de fondo. En cuando me vio entrara su cara cambió.
- ¿Qué está pasando aquí? – Dije chillando porque la música estaba muy alta.
- Estamos grabando el vídeo diario número 9. ¿Queréis participar? – Preguntó Magí. Yo me extrañé que dijera eso, porque estábamos nosotras ahí. Es más, Laura también estaba con ellos, y se me puso la mayor cara de sorprendida que jamás había puesto.
- ¡Yo me apunto! – Exclamó Álvaro, saltando a la cama.
- Están locos... – Admitió Carmen. Las dos nos miramos, y nos pusimos a saltar con ellos como tontas. No paraba de reírme, eso lo colgarían, que vergüenza.
- Va Maria, ven conmigo. – Dijo Laura. – ¡Vamos a cantar! – Me decía Laura mientras yo alucinaba de todo lo que estaba pasando. Creo que Laura se había trastornado, o le había pasado algo; si que era la misma tontica de siempre, pero que estuviera tan contenta con ellos... Me extrañaba. Me puse a su lado y cantamos todos. Total, ¿para que ir a un restaurante-karaoke cuando podíamos cantar en el hotel, y tan felices? Así era más original y divertido. Parecía que Carlos se había animado, y todo estaba como antes. Hasta la actitud de Magí había cambiado después de la charla que tuvimos. Quería ser feliz, nada más. Y por fin lo era. Me empujaronmientras bailaban, y me caí en los brazos de Álvaro. Me miró, y me besó. Aquel momento fue... Indescriptible. Álvaro me preguntó:
- ¿Aun quieres ir a ese karaoke? – Me dijo mientras me agarraba de la cintura.
- No lo se... Tengo que admitir que esto es mil veces mejor que nada.
- Pues decidido, nos quedamos aquí hoy. – Siguió agarrado a mí mientras hacíamos todos tonterías, y una vez más éste día acabó siendo uno de los típicos días locos que pasaba a su lado. Me sentía feliz después de haberlo pasado fatal. Ellos siempre estaban ahí, a mi lado cuando más los necesitaba, y en mi corazón. Y si, yo también sabía hacer frases como las de Álvaro, que siempre están relacionadas con las preciosas letras de sus canciones.