miércoles, 24 de abril de 2013

Capítulo 32: Harta de todo





La firma había acabado ya; todo había ido bien, y ahora nos dirigíamos a Madrid otra vez de vuelta a casa, a descansar y empezar de nuevo con los conciertos y firmas en otros países. Era por la noche, e íbamos en coche. Estaba tan cansada que no tardé en dormirme. Eran las 11 de la noche, y aun no habíamos llegado. Creo que desperté a las 2 de la mañana, cuando noté que algo me cogía; era Álvaro, que me cogió en brazos para llevarme a la cama, ya que yo me había quedado dormida y parecía que no iba a despertarme. Me dejó caer lentamente sobre el colchón y me arrimó la manta para taparme. Después, me dio un suave beso en la mejilla.
- Buenas noches princesa. – Me dijo al oído como casi siempre. Él se puso a dormir en su cama, mientras me observaba sonriendo. Desperté sobre las 11 de la mañana, cuando el sol se reflejaba en la ventana, los pájaros cantaban, y se oía como la brisa del viento balanceaba las hojas de los árboles. La ventana estaba abierta, y podía oler el perfume de las rosas del jardín desde la habitación. Pero olía demasiado a rosa, como si estuvieran allí mismo. Y así era; abrí los ojos, y vi una bonita rosa roja encima de la mesita de noche, al lado de mi cama, con una carta al lado. Entonces Álvaro entró sin hacer ruido para ver si estaba despierta, y me vio allí.
- ¿Qué es esto? ¿Qué celebramos? – Le pregunté aun con un hilo de voz al acabar de despertarme.
- ¿No lo sabes? Hoy es el día de San Jorge, cuando los chicos regalan una rosa a la persona a la que quieren, y las chicas un libro a la persona a la que quieren.
- Oh... Se me había olvidado por completo, siento no haberte comprado nada... – Asentí.
- No necesito nada más que a ti para ser feliz.
- Pero tú me has regalado todo esto... Y yo nada, me siento mal.
- La he cogido del jardín ésta mañana antes de que despertaras. Y la carta... Tienes que leerla.
- Vaya... Has hecho todo esto por mí...
- Pues claro, y no es todo, aun hay más. Pero no lo sabrás hasta la tarde.
- Voy a leer la carta.
- No, no la leas conmigo delante, ¡que me pondré rojo! – Bromeó.
- Tontorrón, bueno, vale, la leo después delante de todos.
- Bueno, haz lo que quieras, voy a prepararte el desayuno, venga vístete y baja rápido.
- No me des prisas, que acabo de levantarme.
- Hasta ahora, te veo abajo. – Me dijo mientras se iba corriendo y salía por la puerta. Leí la carta ahora que no estaba, y después, me vestí y bajé. Cuando bajaba el último escalón, Álvaro se acercó corriendo hacía mí, y me tapó los ojos mientras decía:
- ¡Nooo!
- ¿Qué pasa? ¿Por qué me tapas los ojos? – Le pregunté.
- No puedes ver esto aun, ¿Por qué has ido tan rápido?
- Me has dicho que me vistiera rápido.
- Ya, pero son cosas que se dicen... Bueno, espera en el salón, ahora vengo. – Me dirigió hacía el sofá, y me tuve que sentar sin ver lo que el traficaba por la cocina. Salió corriendo hacía la cocina, y se oyeron ruidos de cacerolas que caían.
- ¿Estás bien? ¿Qué son esos ruidos? – Le pregunté entre mirando por allí.
- Nada, no pasa nada, pero no entres aun, yo te aviso. – Blas pasó por delante de mí, y se sentó a leer el diario.
- Buenos días. – Me dijo.
- Buenos días. – Le dije con una sonrisa.
- ¿Tu tan contenta? ¿Qué ha pasado ya?
- Nada, Álvaro me ha dado una rosa ésta mañana, y una carta. Y ahora me está preparando algo en la cocina...
- Ah si, que hoy es San Jorge. Bueno, es que el es así, ¿y tu le has regalado algo?
- No... Se me ha olvidado. Últimamente se me olvidan todas las fiestas o días medianamente importantes; pero ya iré a media mañana a comprarle algo.
- Tranquila, a nosotros también se nos olvidan cosas, tenemos  mucho trabajo. Y como tú estás con nosotros, también se te olvida.
- Si, será por eso. – Esperé mientras Álvaro acababa con lo que fuera que estuviera haciendo, y entonces me dijo que ya podía pasar a la cocina. Entré, y vi lo que tenía preparado para mí. Era una tarta de chocolate, con un zumo de naranja y flores sobre la mesa.
- Vaya... – Dije impresionada.
- ¿Te gusta?
- Bueno, para saberlo tengo que probarlo. – Bromeé. – Claro que me gusta.
- Pues siéntate y come.
- ¿Voy a tener que comerme el pastel yo sola?
- Bueno... Si quieres puedes repartírtelo con otra persona, pero lo he hecho para ti...
- ¡Tonto! Digo que tú te comas la mitad.
- ¡Ah, vale! – Exclamó él. Partió el medio pastel, y todos entraron a la cocina a por un trozo de pastel, después de ver a Blas saliendo de la cocina, que fue el primero en pedirnos un trozo de pastel. Al final me quedé con un trozo pequeño, pero bueno, hay que compartir.
- Vaya... Siento que te hayan dejado casi sin pastel. – Dijo Álvaro mientras se comía un trozo más grande que el mío.
- Tú tampoco es que me hayas dejado uno muy grande... – Dije mirando el trozo que él se estaba comiendo.
- Bueno... Supongo que te lo puedo dar... – Me acercó el plato para que me comiera su trozo. Acabamos todos de desayunar, y le di las gracias a Álvaro por todo lo que había hecho por mí desde el principio del día.
- No me des las gracias aun, te he dicho que habían más sorpresas. – Me dijo Álvaro misterioso.
- Dímelo ya, venga. No quiero esperar hasta la tarde.
- Vale, ¡si insistes! Bueno, que nos han invitado ésta noche a una fiesta.
- ¿Si? ¿Dónde es? – Dije contenta.
- En casa de una amiga. – Empecé a sospechar.
- ¿Qué amiga?
- Ya lo verás, es una sorpresa. – Me quedé no muy contenta, pero seguí con el resto del día.
- ¿Tienes un vestido formal para la fiesta? – Me preguntó.
- Pues... no. – Entonces pensé que debería ir a comprar uno, así aprovecharía para comprarle un libro a Álvaro.
- Pues vamos al centro comercial, y te acompaño a comprar uno.
- Casi prefiero ir sola... – Entonces, cuando mi plan estaba funcionando, David y Laura se acercaron.
- ¿Sola donde? – Preguntó David.
- A comprar un vestido para ésta noche. – Dije.
- Ah, para la fiesta. – Recordó David.
- ¿Qué fiesta? – Preguntó Laura.
- ¿Aun no lo saben todos? – Preguntó David a Álvaro.
- No, díselo ahora. – Contestó él.
- ¡Eh, chicos! Ésta tarde-noche nos ha invitado a una fiesta. Quién quiera, que se compre un vestido, quién no, que se quede en casa. – Aclaró David. Todos empezaron a decir que ellos también se venían a comprar ropa, y al final en ve de ir yo sola, se unieron todos. Mi plan no sirvió para nada, y si compraba el libro delante de Álvaro no sería lo mismo. Bueno, ya me inventaría algo. Salimos todos de casa, hacía el centro comercial más cercano. Laura, Carmen y yo nos fuimos a la planta de jóvenes, y ellos a la misma pero de chicos. De momento, ningún vestido me convencía, hasta que vi uno rojo muy simple, y me lo probé. Carmen y Laura vinieron conmigo a probarse lo que habían encontrado, y a decirme si me quedaba bien el vestido. Una vez lo llevaba, se lo enseñé:
- ¿Como me queda? – Pregunté no muy convencida.
- Bien... No está mal. – Comentó Carmen.
- Muy bien, quédatelo. – Comentó Laura.
- Que pelotas que sois... – Murmuré. Álvaro entró en esa sala, para verme con el vestido.
- Preciosa... – Dijo Álvaro en voz baja.
- ¿En serio te gusta? – Le pregunté. - ¿Me queda bien?
- Con cualquier cosa que te pusieras estarías preciosa o te quedaría bien. – Me dijo sonriendo.
- Vale, me lo quedo... Seguro que tampoco encontraré nada mejor y a éste precio. – Lo cogí, y lo pagué. Les dije que me iba al baño de allí un momento, cuando en realidad fui a comprar un libro para Álvaro. Estuve mirando, y solo me gustó uno de terror y  a la vez una historia de amor. Le dije a la dependienta que me lo envolviera para regalo, y me lo escondí en la bolsa del vestido.
- ¿Dónde estabas? – Me preguntó Carlos que me encontró por ahí.
- Em... Bueno, para que mentirte a ti, comprando un libro para Álvaro.
- Ah... Vale, tranquila, no se lo diré.
- Vale, gracias.
- ¿Me acompañas con los demás? Están buscando algo, pero estos trajes son demasiado sofisticados. Creo que al final vamos a ir en chándal o algo cómodo y ya está.
- Vamos, te acompaño. Pero tampoco os presentéis en chándal. – Me reí. Buscamos a los demás en la planta de chicos. No los encontramos, ni a las chicas. Vimos de lejos a los chicos, que estaban señalando los CDs de Anti-Héroes y riéndose.
- Vamos a llamarlos. – Carlos los llamó, y tuvimos que ir hacía allí porque ellos querían mirar sus CDs.
- Madre mía, por unos CDs que vieron y van a ver en las firmas que se van a cansar. – Dijo Carlos.
- Nos hace gracia, los han puesto aquí, o sea que somos un poco importantes. – Dijo Dani.
- Somos igual de importantes que todos esos demás CDs que ves allí. Venga, vayamos a casa si nadie más va a comprar nada. – Dijo Carlos. Volvimos a casa, pero tuvimos que parar al MC Donalds a comer por capricho de Carlos, y ya que eran la 2 del mediodía, comimos allí. Hamburguesas, ensalada y nuggets, y de postre, MC Flurry, helado o helado con oreos, chips a hoy, nutella, milka o philadelphia. Acabamos de comer, y fuimos a casa a arreglarnos para la fiesta; bueno, y quién dice arreglarnos, dice jugar a la WII, porque es lo que al final hicimos. Al llegar a casa, Dani estaba arreglando un cajón, y encontró juegos y la consola Wii.
- ¿Queréis jugar? – Preguntó. Todos nos apuntamos, ya que había mandos para todos. Dani propuso jugar a deportes, y tuvimos que decirle que si, porque si no, se pondría muy pesado durante todo el juego. Estábamos todos muy concentrados jugando al tenis; yo jugaba contra Álvaro, y el iba ganando por 5 puntos. Yo no es que fuera muy buena en los deportes, por eso yo siempre perdía. Estuvimos jugando hasta las 5 de la tarde, cuando nos dimos cuenta de que habíamos pasado mucho tiempo allí jugando y nos habíamos olvidado completamente de la fiesta. Apagamos la consola, y fuimos a vestirnos. A las 5:30 todos estaban en el salón arreglados, cuando yo bajaba las escaleras despacio para no caerme. Iba con el vestido que había comprado esa mañana y unos zapatos de poco tacón a juego.
- Estas preciosa, el vestido es muy bonito. – Me dijo Álvaro nada más al verme. Vino hacía mí, me abrazó por la cintura y me besó.
- ¿Vamos? – Dijeron los chicos. Subimos al coche, y nos dirigimos a la fiesta. Una vez llegamos, pude reconocer a la chica que estaba esperando en la entrada de la puerta; la sonrisa que tenía en la cara, empezó a cambiarme a medida que nos acercamos a la casa. Se me puso más bien cara de rencor, cuando vi a Cristina delante de la puerta esperando a que llegáramos. Miré a Álvaro que parecía bastante contento, y le pregunté:
- ¿Por qué no me dijiste que era en casa de Cristina? – Le dije mientras bajábamos del coche.
- Pues... Pensé que no querrías venir si te lo decía...
- Pues no, no habría venido. Sabes que me cae mal, y desde el primer día, me mira mal y le caigo mal.
- No lo sabes, anda, es solo una amiga, y sabe que estoy contigo.
- Yo creo que no lo sabe, porque desde la última vez han pasado meses, y entonces aun no estábamos juntos...
- A mi me empezaste a gustar entonces... – Dijo sonriéndome. Entonces, me besó delante de Cristina para que se enterara de que estábamos juntos, y luego, se dirigió a ella, agarrado a mí de la mano. Ella me miró mal, como la última vez, y con envidia.
- ¡Hola! – Dijo Cristina con una sonrisa y una voz falsas.
- Hola, gracias por invitarnos. – Cristina me miró raramente.
- Em... ¿Quién es ella, y esas dos? – Preguntó no muy satisfecha de vernos.
- Pues... Ella es mi chica, y ellas, unas amigas que viven con nosotros.
- Ah... Bueno, no les he invitado, pero está claro que no pueden quedarse fuera ahora que han venido, entrad... – Dijo como si le costara decirlo, muy molesta.
- Como nos invitaste y dijiste a todos, pensé que ellas también lo estaban... Pero bueno, ya está todo arreglado.
- Entrad, no os quedéis ahí, los demás ya han entrado. – Dijo todavía con una sonrisa falsa. Al entrar, vimos un enorme jardín con una gran piscina al centro, y muchas flores a los lados del jardín. Había muchos invitados, y nosotros nos sentamos a tomar algo. En una de las largas mesas, había una alta fuente de chocolate, con fruta y dulces para ponerlos en el chocolate y comerlos. Yo cogí una fresa, la unté en el chocolate, y Álvaro vino por detrás y se la comió.
- ¡Eh! ¡Era para mí! – Le repliqué.
- Es que me gusta hacerte enfadar. 
- Déjate de tonterías, anda. - Me cogió de la mano y nos pusimos a hablar en medio del jardín. Pasó una hora, y se hicieron las 7:30. Entonces, yo me dirigí a la fuente de chocolate otra vez para comer algo, y Cristina se acercó a la fuente, y empezó a tocar algo por ahí detrás entre los cables. Entonces, se apartó y la fuente empezó a hacer un ruido extraño; de repente, todo el chocolate de la fuente, empezó a salpicarme, y se manchó todo el vestido, el pelo y la cara. La miré enfadada, porque sabía que ella había hecho eso a propósito para que todos se rieran de mí, por el odio que me tenía, y lo había conseguido. Todos se quedaron en silencio, y me miraron a mí; empezaron a reírse, y me quedé allí quieta, mirando mal a Cristina. Casi lloro, pero preferí guardarme las lágrimas, para no humillarme y hacerme más el ridículo a mi misma. Salí de allí en seguida, para que la gente no me mirara más. Entré dentro, y busqué un baño, a pesar de que no le había pedido permiso a Cristina. Álvaro miró muy mal a Cristina, y salió tras mí. 
- Es horrible lo que acabas de hacerle a Maria. - Le dijo Álvaro a Cristina. 
- ¿Yo? Como puedes decir eso, pero si me cae muy bien... 
- Deja de hacerte la falsa. – La dejó con la palabra en la boca, y salió a buscarme. Entró en el baño, y me preguntó: 
- ¿Puedo pasar? - Reconocí su voz, y le dije que si. 
- No puedo creer lo que me ha hecho esa bruja... Sabía que le caía mal, pero tanto para hacerme esto... 
- Tengo que reconocer que ésta vez se ha pasado, y no poco.
- Mira como me ha dejado... Me ha humillado delante de todos... Que vergüenza. 
- Tranquila, hablaré con ella para que te perdone y te preste algo de ropa limpia.
- Casi prefiero ir así manchada, que llevar algo suyo.
- Vale, pues le diré que te pida disculpas.
- Me da igual, la verdad. ¿Qué hago ahora? Estoy segura que cuando salga fuera todos me mirarán mal...
- No, yo estoy contigo. Nadie va a mirar mal a ésta chica tan bonita.
- Estoy harta, ya no sé que hacer para que ésta chica me deje en paz. – Salimos fuera, y como me temía, se hizo un gran silencio otra vez, y todos se giraron para mirarme. Entonces fue cuando Álvaro intervino:
- ¿Se puede saber que miráis? Aquí no hay nada que ver, parece que nunca hayáis visto a una chica tan maravillosa como ésta, tan especial y tan diferente a los demás, como ella es, y si no habéis visto a una persona así, es porque no hay nadie como ella, es única, y que se rían de ella porque sea diferente, pues mira, ella se ríe de vosotros porque sois todos iguales, amargados, y gente que solo está en un sitio para ver si hay alguien que hace el ridículo, o por interés, para reírse de él. Esa es gente realmente repugnante e inhumana, toda la gente que hay en el mundo ahora, es así. Así que ya podéis volver a hacer lo que estabais haciendo antes, porque aquí lo único que veréis, es a una chica perfecta, y por suerte, soy el más afortunado del mundo por tener su corazón. – Entonces, me miró fijamente a los ojos, y sacó del bolsillo de su chaqueta una pequeña caja. La abrió; era un collar en forma de una pequeña rosa, me lo puso, y me besó delante de todos. – No es un simple te quiero, es más que eso. Por mucho que se te manche el vestido, seguirás igual de hermosa.
- Gracias. – Le dije.
- ¿Gracias porque?
- Por todo lo que haces por mi, simplemente gracias. – Nos abrazamos, y volví a mirar la cara de Cristina; la verdad es que estaba aun más cabreada que antes, y eso me daba miedo. Pasó el tiempo bastante rápido, y se hicieron las 9 por fin. Álvaro le hizo una seña a Dani queriendo decir «Ya». Entonces, cogió la mano de Carmen, y sacó de detrás de su espalda una rosa. Carmen sonrió mucho, y le dio un abrazo.
- Gracias, es preciosa. Creí que te ibas a olvidar de mí... – Le dijo Carmen a Dani.
- ¿Como iba a olvidarme de la persona a quién quiero? – Le respondió Dani. Se abrazaron, y Carmen le sorprendió con un libro que le había comprado.
- Toma. – Dijo Carmen mostrándole el libro a Dani. – Lo he comprado para ti. – Dani sonrió también.
- Gracias, pero no era necesario.
- ¿Es que no sabes que en el día de San Jorge se regala una rosa a la chica que quieres, y un libro al chico que quieres? Pues yo te quiero.
- Yo también te quiero, por eso te he regalado la rosa. – Se quedaron a hablar un rato por ahí, mientras nosotros recogíamos nuestras cosas. La gente ya se estaba yendo, pero aun quedaban algunas personas. Yo estaba en el borde de la piscina, pensando, y Álvaro apareció por detrás. Puso su brazo sobre mi hombre, y bajo a mi altura y se sentó a mi lado conmigo.
- ¿Como estás? Te veo deprimida.
- Pues como voy a estar... – Sin que se lo pidiera, Álvaro notó que tenía frío, y me puso su chaqueta sobre mi espalda. Le miré sorprendida, como cuando hacía todas esas cosas que parecía que viviese en mi mente.
- Creo que tienes frío. – Me dijo.
- ¿Como lo sabías?
- Lo sé todo de ti, incluso lo que no me has contado.
- Eres demasiado bueno conmigo. Otro chico me dejaría tirada, y no me haría ni caso, pero tú... Siempre estás ahí.
- Porque te quiero. Eres la mejor persona que he conocido jamás, y sin duda, a la que más he querido. Me gusta que seas diferente a las demás chicas, y que seas tú misma.
- Sé que habrá un día en el que nos separaremos... Por cualquier cosa, estudios, trabajo... pero por favor, nunca me olvides.
- ¿Como voy a olvidarte? Sería imposible recordando todo lo que hemos vivido juntos. ¡Y ahora piensa en el presente! Estamos juntos, y estamos bien, ¿Qué más quieres? No quiero que llegue el momento en que tenga que decirte adiós. – Me abrazó muy fuerte, y yo a él. Entonces, como no, Cristina no podía soportar ese momento. Cogió mi bolsa, donde llevaba el libro que iba a darle YO por sorpresa después, y lo enseñó a todos.
- ¿De quién es esto? – Yo y Álvaro nos giramos hacía ella para ver lo que mostraba, cuando reconocí que era mi libro. Me sorprendí aun más de lo que ya estaba, pero de mala manera.
- El libro para Álvaro... – Murmuré en voz baja. Me acerqué a ella para coger la bolsa sin que Álvaro lo viese, pero fracasé. Cristina lanzó el libro, de tal manera que cayó por mucha casualidad al agua de la piscina.
- ¡No! – Chillé enfadada.
- ¿Qué pasa? No era de nadie, ¿para que quisiera yo eso?
- ¡Sabes perfectamente que eso era mío, porque me lo ha visto al entrar!
- Perdona pero yo no he visto eso.
- ¿Sabes que? Eres asquerosa, y no sé como la gente puede soportarte.
- ¿Quién te crees que eres para hablarme así?
- Cualquiera quisiera hablarte así, solo que no se atreve. – Miré el fondo de la piscina, pensando que seguramente el libro ya se habría deshecho. Entonces, pasó otra de las peores cosas de la tarde, y seguramente la peor. Cristina se acercó a mí, me empujó, y caí lentamente a la piscina, como al libro le había pasado. Subí a la superficie muy enfadada, salí y me subí al bordillo de la piscina otra vez. Todos se habían quedado callados ésta vez, y no se rieron. Cristina me miró con malicia, y  satisfecha porque ya había conseguido lo que quería, hacer que fuera la peor tarde de mí vida. No fui la peor de mí vida, pero una de las peores. Yo incluso, estaba en silencio, hasta que me acerqué a ella, y empecé a decirle todo lo que sentía. Álvaro me miró con cara de «no lo hagas», pero lo ignoré. Estaba empapada, y horrible, pero me daba bastante igual eso. Me dirigí a Cristina, y le dije todo lo que sentía:
- ¿Ya estás contenta? Después de haberme hecho pasar este asco de tarde, primero, has manipulado la fuente de chocolate para que me salpicara toda, después, has fingido que no pasaba nada, has tirado a la piscina el libro que le había comprado a Álvaro con mi dinero al agua, y después, para acabar de arruinarme la tarde, me has tirado a la piscina. Eres una mala persona de verdad, porque nadie haría algo así a alguien, y si lo hace, es que no tiene sentimientos, y tú no tienes. Eres repugnante, y sé que me haces todo esto porque estoy con Álvaro, y le quiero. Que no te quisiera a ti en un pasado, será por alguna razón, y si ahora quiere a otra persona, no tienes que hacer nada para demostrar que me odias, y odias que estemos juntos. Estoy harta de todo, de que la gente me trate como si fuera invisible, de que se rían de mí porque n o soy buena en algo, o hago el ridículo, harta de que nadie me entienda, de que mi familia me odie, y quiera que haga las cosas mejor de lo que las hago, harta de tener que estudiar para nada, porque al fin y al cabo, te pasas media vida estudiando amargada para tener trabajo durante 10 años o menos. Creo que ya no queda gente en este mundo que sea diferente, y que sean personas de verdad, menos. Y si te molesta que esté con Álvaro, te aguantas, porque si yo soy feliz con él, por mucho que tú me hagas la vida imposible, seguiré con él, porque es de las únicas personas que me hace feliz, le amo, y nunca dejaré de amarle, aunque sepa que algún día todo esto, se acabará. Y estar harta de todo, es lo peor que te puede pasar, porque estás aguantando durante mucho tiempo, y llega un momento en el que ya no puedes más, y necesitas llorar, desahogarte, como yo ahora mismo. Y creo que he acabado, ahora solo tengo que desahogarme llorando, y pienso irme de aquí ahora mismo, porque no quiero seguir en ésta casa, me da asco, es más, me daría asco ser tú. – Todos se quedaron muy, sorprendidos, y callados. Cristina seguía mirándome con cara de asco, pero esa vez, porque sabía que todo lo que había dicho era verdad. Los chicos se despidieron de ella, y Carmen y Laura pasaron sin decir nada, mirándola mal también. Yo estaba ya fuera, esperando a que salieran. Estaba apoyada en la pared, aun muy mojada, y con mucho frío; seguro que me resfriaba por culpa de Cristina. En esa tarde no había habido nada bueno. Álvaro se agachó a mi lado y volvió a ponerme su chaqueta.
- Siento mucho todo lo que ha pasado.
- Tengo mucho frío.
- Tranquila, ahora vamos a casa y te preparo chocolate desecho calentito.
- Gracias. – Me dio un abrazo para que se me pasara el frío, y me cogió para que entrara en el coche.
- Venga, entra. – Me insistió.
- No quiero, voy a mojar el coche.
- Da igual, ¿prefieres quedarte aquí?
- Si es contigo si.
- Así que... Me has comprado un libro.
- Si, pero es como si no te hubiese comprado nada, lo siento.
- No lo sientas, soy yo quien debería haberte defendido e impedir que no te tirase a la piscina. Soy la peor persona del mundo, me siento fatal.
- Pues no te sientas mal. Prefiero a un caballero que me defienda con palabras, como has hecho antes delante de todos, que pegando e insultando.
- Siempre miras el lado positivo de las cosas...
- No siempre. Lo miro contigo, porque no tienes ningún defecto. 
- Cuando has empezado a decirle todo eso... Creo que eres una persona muy decidida, y en el futuro, por mucho que hayas dicho que estudiar no te servirá de nada, creo que tu futuro será maravilloso, porque te miro a los ojos, y veo a una persona decidida de lo que quiere hacer en el futuro, muy valiente y orgullosa de ella misma y de lo que puede hacer. Eres muy especial, y si nunca cambias, serás la mujer perfecta para quien sea el afortunado hombre que va a tenerte el resto de tú vida, porque ahora, solo tienes 18 años, y lo que daría por ser yo ese hombre que estuviera a tu lado siempre, pero... no creo que éste cuento de hadas sea para siempre, aunque lo quiera.
- ¿De veras crees eso? 
- Si, no tengo ninguna duda. Y ahora, volvamos a casa, no quiero que te enfríes. – Me cogió por detrás, y entramos al coche. Él se sentó a mi lado, y estuvo acariciándome la espalda todo el tiempo. Llegamos a casa sobre las 10:45. Aparcamos delante de casa, y salimos del coche. Entramos, y me fui primero de todo a ducharme y a cambiarme, porque aun estaba mojada y si no me cambiaba, aun me enfriaría más. A las 11, cuando todos estaban ya en las habitaciones, bajé abajo ya con menos frío, y avisé a Álvaro. Él estaba en la cocina preparándome el chocolate desecho caliente que me había prometido. Yo sonreí al verle ahí tan ocupado. Me senté en el sofá, y me tapé con una manta. Álvaro me trajo la taza de chocolate, de la que salía humo. Se sentó a mi lado, y me abrazó desde el lado. Me acabé el chocolate, y como los dos teníamos mucho sueño, nos quedamos allí dormidos.

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