Desperté. El corazón me iba a cien. Miré
la hora en el reloj; solo eran las 5:30 de la mañana. No podía pensar en nada
más que en mi pesadilla. ¿Y si el sueño era real? Que Álvaro hacía alguna
estupidez por mi, ¿Y todo acabara como en el sueño? Pensé: No se me ocurría
nada más que volver a la casa en Madrid. Pero yo no quería volver, porque sin
Álvaro ya nada tenía sentido. Tenía que volver con todos los demás. No sabían
nada de mi des de que me fui. No quería dejar a Rocío sola, así que le avisé de
que me iría pronto:
- ¿Qué pasa? Todavía es pronto. – Dijo
Rocío dormida.
- Es que… Tengo que volver a Madrid.
- ¿Ahora? ¿Por qué?
- He tenido una pesadilla, y se parecía
mucho a la vida real: Álvaro tenía un accidente por mi culpa.
- Pero es solo un sueño.
- Pero necesito volver, no saben nada de
mí. Ni siquiera les he llamado. Si tú quieres venir…
- Lo entiendo, ¿Pero vamos a irnos tan
pronto?
- No, el próximo autobús sale a las 8:20,
por lo tanto, tenemos que arreglarnos y hacer las maletas…
- Pero Laura va a quedarse sola aquí, sin
decirle nada.
- No pasa nada, le mandaré un Whatsapp
para decirle que a las 8:00 nos encontramos en la plaza.
- Vale, haré la maleta. – Me cambié, e
intenté no hacer ruido. No les dije nada de que volvía a los chicos, porque no
quería preocuparles. A las 8:00 decidimos salir de casa. Rocío les dejó una
nota a sus padres diciéndoles que se iba:
Me vuelvo a Madrid otra vez con Maria,
volveré pronto. Llamadme si necesitáis algo.
Nos encontramos a Laura en la plaza como
habíamos quedado. El próximo autobús salía en 20 minutos. Nos esperamos hasta
entonces.
De lo que no me di cuenta, es que Rachel y
Leo se habían quedado en el otro pueblo. Intenté llamarles, pero el autobús
vino. Era demasiado tarde, y no podía hacerme atrás. Estuvimos hablando Laura y
yo durante el viaje.
-¿Porque has decidido volver a Madrid? -
Me preguntó Laura.
- Porque amo a Álvaro.
- Pero si el no te quiere...
- Ya, pero necesito ver a los demás,
hablar con ellos, porque no saben nada de mi.
- Bueno, pero la próxima vez que vayas me
avisas con más tiempo. - Me puse a reír. De repente, se puso a llover. Bajamos
del autobús, y nos fuimos a la estación de trenes. Como daba lejos, y estaba
lloviendo, fuimos en taxi. No llegamos allí hasta las 9 de la mañana. Cogimos
el tren hacia Madrid. La llegada, duró menos que la otra vez, o al menos, a mi
me lo pareció. A las 11 habíamos llegado. Laura me despertó, porque me había
quedado dormida. Seguía lloviendo cuando desperté. Bajamos del tren con
las maletas, y luego, subimos las escaleras que daban a la superficie. Se oía
la lluvia desde ahí. No seguí avanzando, ya que si salía fuera, nos mojaríamos.
La casa estaba bastante lejos de la estación, y si íbamos andando nos mojaríamos.
No había ningún taxi cerca de ahí, y si esperábamos, llegaríamos tarde otra
vez. Así que decidimos ir a pie, a pesar de que
nos empaparíamos con el agua de la lluvia. Cada vez llovía más, y con
más fuerza. Llevábamos también las maletas, que también se estaban mojando.
Atravesamos todo el barrio, hasta llegar al nuestro. Yo tenía mucho frío, ya
que solo llevaba puesta una chaqueta que abrigaba poco. En cambio, Rocío y
Laura, no tenían tanto como yo, porque iban abrigadas y con capuchas. Cada vez
tenía el pelo y la ropa más húmedos, y al final acabé como si me hubiese
bañado. Solo quería llegar a casa y cambiarme. Intenté protegerme de la lluvia
caminando por debajo de los porches o algunos tejados de las casas, pero los
coches ocupaban todo el lugar. Después de estar un buen rato andando, reconocí
nuestra casa. Les dije que ya habíamos llegado, y pronto podríamos descansar y
cambiarnos. Caminé un poco más hasta llegar delante de la puerta; a pesar de
que estaba muy cansada, sonreí. Tenía muchas ganas de verles, y suspiré antes
de darle al timbre. Pulsé el timbre de la puerta, esperando que alguien me
abriera. Entonces, la persona que menos me esperaba que estuviera ahí, me abrió
la puerta:
- ¿Quién es…? – Era Álvaro quien estaba en
la puerta. Me miró y me abrazó con fuerza, mientras yo apoyaba mi cabeza sobre
su pecho. Laura me vio, y sonrió. Yo estaba muy sorprendida y extrañada.
- Creí que ya no me querías… - Le dije a
Álvaro abrazándole. El, acariciándome el pelo me respondió:
- NUNCA he dejado de quererte; no he
dejado de pensar en ti ni en un solo minuto desde que te fuiste. – Me
sorprendí, y se me cayó una lágrima.
- No llores. – Dijo rozando su dedo sobre
mi lágrima. Seguíamos debajo de la lluvia. Que aun estuviera allí por mi, ahora
se que me quería. David y Dani se asomaron al ver la puerta abierta.
- ¿Quién es Álvaro? – Preguntó David. El
no respondió. Me rodeo con su brazo por la cintura, y me llevó dentro.
- Vamos dentro, no quiero que te enfríes.
– Cogió mi maleta, y les hizo un gesto a Rocío y a Laura para que entraran. Me
senté en el sofá, mientras Álvaro se quitaba su chaqueta y me la ponía por
detrás. Yo seguía sin decir nada. Dani gritó:
- ¡Eh, Maria ha vuelto! – Yo sonreí.
Carmen, Sara, Blas y Carlos bajaron corriendo y me rodearon.
- ¿Cómo estas? ¿Por qué has vuelto? –
Preguntó Carmen.
- Bien. – Miré a Álvaro. – Ahora que estoy
aquí, mejor. He vuelto, porque os echaba de menos.
- Bueno, me alegro de que hayas vuelto. –
Dijo y me abrazo.
- Ahora que has vuelto, - dijo Carlos. – todo
sigue siendo igual.
- Tenemos que hablar. – Me dijo Álvaro al
oído.
- ¿Ahora?
- Si. Vamos arriba. – Subí arriba dándole
la mano.
- ¿Dónde va? – Se preguntó Blas.
- A hablar con Álvaro. – Dijo Laura.
Mientras, yo estaba arriba con Álvaro, en nuestra habitación.
- Me equivoqué. – Dijo.
- ¿En que?
- En todo lo que te hice, y además, ese
día tan especial.
- ¿Sabes como me sentí en aquel momento?
En el que me empezaste a gritar, me dolió mucho el corazón, y aun me duele.
- Lo siento, no se porque lo hice. Supongo
que… Me puse celoso.
- Podrías haber tratado de entenderme. He
estado pensando en ello todo este tiempo. ¿Qué crees que tenemos que hacer con
lo nuestro?
- Lo único que se es que no puedo vivir
sin ti, que lo eres todo en mi vida, y se me hace imposible vivir si no te veo,
o no estas a mi lado.
- ¿Crees que a mi no? Eras a quien más
quería en este mundo, creía que nunca me ibas a hacer daño, y me hiciste. –
Álvaro se puso delante de mí, me miró a los ojos y me cogió de la mano mientras
me decía:
- Tienes que perdonarme, porque yo no
puedo estar sin ti; cuando nos abrazábamos, y sentía los latidos de tu corazón.
Cuando dormía, y no estabas, me giraba al otro lado y veía tu cama vacía,
cuando nos besábamos, y sentía tus labios sobre los míos… Todo lo que he vivido
a tu lado… - Me abalancé hacia el y le abracé.
- No hace falta que digas nada más. – Le
puse mi dedo sobre sus labios. El rozó sus labios sobre los míos, y me besó.
Estuvimos un rato arriba juntos, después todo lo que pasó. De repente Álvaro
buscó en su bolsillo, y sacó el colgante que yo tiré al suelo la última vez,
cuando me enfadé.
- Sigo guardando esto, con la esperanza de
que algún día volviéramos juntos. – Me apartó el pelo, cogió el colgante y lo
volvió atar a mi cuello. Se giró para ver como me quedaba, sonrío y me beso en
la mejilla. Yo también sonreí, cuando volví a notar el tacto de sus labios.
- Creí que lo habrías dejado ahí tirado.
- No podía hacerlo. Te quería demasiado.
- Pero… Si nos habíamos enfadado, ¿Cómo
podías quererme en ese momento?
- No lo se. Nunca me ha pasado algo así
con ninguna chica, solo contigo.
- Pero, ¿Por qué?
- No se, serás especial para mi corazón.
- Tú también eres especial para mí, muy
especial. ¿Vamos abajo?
- Lo que tú quieras. – Volvimos a bajar, y
entonces me enteré de una mala noticia:
- ¿Dónde esta Ana? Tengo que decirle que
he vuelto. – Carlos puso mala cara, y me contó todo.
- Ana no esta. Se fue el otro día, cuando tú
ya no estabas. Se ve que su familia esta pasando por un mal momento. – Me
puse muy triste.
- Pero… Lo siento. Con la ilusión que me
hacía volver a verla.
- Y ahora que tú preguntas eso, ¿Dónde
están Rachel y Leo? – Preguntó Carlos.
- Pues… Se quedaron en el pueblo con
Claudia, una amiga.
- ¡Tienen que volver! – Entonces Álvaro
añadió:
- ¿Leo también? No hay sitio para tantos
en la casa, ya están aquí también Rocío y Laura… - Yo le miré preocupada, por
lo de Leo. Porque nos habíamos besado, y porque no quería que se pelearan.
Ahora que yo y Álvaro habíamos vuelto, no quería que nada nos separara, ni
siquiera mi mejor amigo. Estaba mal, por una parte, porque Ana se había ido, y
por Leo y Álvaro. Me dolía la cabeza, y aun tenía frío, ya que no me había
cambiado, solo me había puesto la chaqueta que Álvaro me había dejado; que por
cierto, aun la llevaba. Me di una ducha con agua caliente, y me cambié de ropa.
Al salir, todos estaban en el salón riéndose y hablando. Entré a mi habitación y
me senté en mi cama con el móvil. Leí un mensaje de Leo, que decía que les habíamos
dejado allí solos, y que Rachel estaba enferma. La lluvia estaba aun en ese
oscuro cielo. Me quedé mirándolo un rato, pensativa. Cuando alguien me estaba
llamando, y yo no escuchaba nada.
- ¿Me oyes? – Dijo Álvaro alzando la voz.
Giré la cabeza de golpe y le vi allí.
- Perdón, no estaba escuchando.
- Ya lo he notado. ¿En que pensabas
mirando la lluvia?
- Pues en todo esto… Y que yo me ponía
debajo de la lluvia sin que me importase mojarme.
- Bueno, puedes hacerlo. Pero no te lo
recomiendo. – Se puso a reír. A veces tengo que reconocer que Álvaro era un
poco tonto, pero en el buen sentido. Entonces Álvaro me miró a los ojos y me
dijo:
- No quiero volver a perderte nunca más. –
Dijo acariciándome la cara.
- Yo tampoco. ¿Pero y si, volvemos a pelearnos?
- Entonces significará que no es amor de verdad.
- Pero... Da igual, no quiero pensar en eso.
- Ven un momento conmigo. - Me dijo. Me cogió de la mano y me llevó arriba, al terrado. El cielo estaba menos oscuro que antes, y millones de estrellas brillaban.
- ¿Que quieres?
- Decirte que si no eres mía no serás de nadie más. - Se acercó a mi y me besó.