sábado, 23 de febrero de 2013

Capítulo 27: No importa que llueva



 Desperté. El corazón me iba a cien. Miré la hora en el reloj; solo eran las 5:30 de la mañana. No podía pensar en nada más que en mi pesadilla. ¿Y si el sueño era real? Que Álvaro hacía alguna estupidez por mi, ¿Y todo acabara como en el sueño? Pensé: No se me ocurría nada más que volver a la casa en Madrid. Pero yo no quería volver, porque sin Álvaro ya nada tenía sentido. Tenía que volver con todos los demás. No sabían nada de mi des de que me fui. No quería dejar a Rocío sola, así que le avisé de que me iría pronto:

- ¿Qué pasa? Todavía es pronto. – Dijo Rocío dormida.
- Es que… Tengo que volver a Madrid.
- ¿Ahora? ¿Por qué?
- He tenido una pesadilla, y se parecía mucho a la vida real: Álvaro tenía un accidente por mi culpa.
- Pero es solo un sueño.
- Pero necesito volver, no saben nada de mí. Ni siquiera les he llamado. Si tú quieres venir…
- Lo entiendo, ¿Pero vamos a irnos tan pronto?
- No, el próximo autobús sale a las 8:20, por lo tanto, tenemos que arreglarnos y hacer las maletas…
- Pero Laura va a quedarse sola aquí, sin decirle nada.
- No pasa nada, le mandaré un Whatsapp para decirle que a las 8:00 nos encontramos en la plaza.
- Vale, haré la maleta. – Me cambié, e intenté no hacer ruido. No les dije nada de que volvía a los chicos, porque no quería preocuparles. A las 8:00 decidimos salir de casa. Rocío les dejó una nota a sus padres diciéndoles que se iba:

Me vuelvo a Madrid otra vez con Maria, volveré pronto. Llamadme si necesitáis algo.

Nos encontramos a Laura en la plaza como habíamos quedado. El próximo autobús salía en 20 minutos. Nos esperamos hasta entonces.
De lo que no me di cuenta, es que Rachel y Leo se habían quedado en el otro pueblo. Intenté llamarles, pero el autobús vino. Era demasiado tarde, y no podía hacerme atrás. Estuvimos hablando Laura y yo durante el viaje. 
-¿Porque has decidido volver a Madrid? - Me preguntó Laura. 
- Porque amo a Álvaro. 
- Pero si el no te quiere...
- Ya, pero necesito ver a los demás, hablar con ellos, porque no saben nada de mi. 
- Bueno, pero la próxima vez que vayas me avisas con más tiempo. - Me puse a reír. De repente, se puso a llover. Bajamos del autobús, y nos fuimos a la estación de trenes. Como daba lejos, y estaba lloviendo, fuimos en taxi. No llegamos allí hasta las 9 de la mañana. Cogimos el tren hacia Madrid. La llegada, duró menos que la otra vez, o al menos, a mi me lo pareció. A las 11 habíamos llegado. Laura me despertó, porque me había quedado dormida. Seguía lloviendo cuando desperté. Bajamos del tren con las maletas, y luego, subimos las escaleras que daban a la superficie. Se oía la lluvia desde ahí. No seguí avanzando, ya que si salía fuera, nos mojaríamos. La casa estaba bastante lejos de la estación, y si íbamos andando nos mojaríamos. No había ningún taxi cerca de ahí, y si esperábamos, llegaríamos tarde otra vez. Así que decidimos ir a pie, a pesar de que  nos empaparíamos con el agua de la lluvia. Cada vez llovía más, y con más fuerza. Llevábamos también las maletas, que también se estaban mojando. Atravesamos todo el barrio, hasta llegar al nuestro. Yo tenía mucho frío, ya que solo llevaba puesta una chaqueta que abrigaba poco. En cambio, Rocío y Laura, no tenían tanto como yo, porque iban abrigadas y con capuchas. Cada vez tenía el pelo y la ropa más húmedos, y al final acabé como si me hubiese bañado. Solo quería llegar a casa y cambiarme. Intenté protegerme de la lluvia caminando por debajo de los porches o algunos tejados de las casas, pero los coches ocupaban todo el lugar. Después de estar un buen rato andando, reconocí nuestra casa. Les dije que ya habíamos llegado, y pronto podríamos descansar y cambiarnos. Caminé un poco más hasta llegar delante de la puerta; a pesar de que estaba muy cansada, sonreí. Tenía muchas ganas de verles, y suspiré antes de darle al timbre. Pulsé el timbre de la puerta, esperando que alguien me abriera. Entonces, la persona que menos me esperaba que estuviera ahí, me abrió la puerta:

- ¿Quién es…? – Era Álvaro quien estaba en la puerta. Me miró y me abrazó con fuerza, mientras yo apoyaba mi cabeza sobre su pecho. Laura me vio, y sonrió. Yo estaba muy sorprendida y extrañada.
- Creí que ya no me querías… - Le dije a Álvaro abrazándole. El, acariciándome el pelo me respondió:
- NUNCA he dejado de quererte; no he dejado de pensar en ti ni en un solo minuto desde que te fuiste. – Me sorprendí, y se me cayó una lágrima.
- No llores. – Dijo rozando su dedo sobre mi lágrima. Seguíamos debajo de la lluvia. Que aun estuviera allí por mi, ahora se que me quería. David y Dani se asomaron al ver la puerta abierta.
- ¿Quién es Álvaro? – Preguntó David. El no respondió. Me rodeo con su brazo por la cintura, y me llevó dentro.
- Vamos dentro, no quiero que te enfríes. – Cogió mi maleta, y les hizo un gesto a Rocío y a Laura para que entraran. Me senté en el sofá, mientras Álvaro se quitaba su chaqueta y me la ponía por detrás. Yo seguía sin decir nada. Dani gritó:
- ¡Eh, Maria ha vuelto! – Yo sonreí. Carmen, Sara, Blas y Carlos bajaron corriendo y me rodearon.
- ¿Cómo estas? ¿Por qué has vuelto? – Preguntó Carmen.
- Bien. – Miré a Álvaro. – Ahora que estoy aquí, mejor. He vuelto, porque os echaba de menos.
- Bueno, me alegro de que hayas vuelto. – Dijo y me abrazo.  
- Ahora que has vuelto, - dijo Carlos. – todo sigue siendo igual.
- Tenemos que hablar. – Me dijo Álvaro al oído.
- ¿Ahora?
- Si. Vamos arriba. – Subí arriba dándole la mano.
- ¿Dónde va? – Se preguntó Blas.
- A hablar con Álvaro. – Dijo Laura. Mientras, yo estaba arriba con Álvaro, en nuestra habitación.
- Me equivoqué. – Dijo.
- ¿En que?
- En todo lo que te hice, y además, ese día tan especial.
- ¿Sabes como me sentí en aquel momento? En el que me empezaste a gritar, me dolió mucho el corazón, y aun me duele.
- Lo siento, no se porque lo hice. Supongo que… Me puse celoso.
- Podrías haber tratado de entenderme. He estado pensando en ello todo este tiempo. ¿Qué crees que tenemos que hacer con lo nuestro?
- Lo único que se es que no puedo vivir sin ti, que lo eres todo en mi vida, y se me hace imposible vivir si no te veo, o no estas a mi lado.
- ¿Crees que a mi no? Eras a quien más quería en este mundo, creía que nunca me ibas a hacer daño, y me hiciste. – Álvaro se puso delante de mí, me miró a los ojos y me cogió de la mano mientras me decía:
- Tienes que perdonarme, porque yo no puedo estar sin ti; cuando nos abrazábamos, y sentía los latidos de tu corazón. Cuando dormía, y no estabas, me giraba al otro lado y veía tu cama vacía, cuando nos besábamos, y sentía tus labios sobre los míos… Todo lo que he vivido a tu lado… - Me abalancé hacia el y le abracé.
- No hace falta que digas nada más. – Le puse mi dedo sobre sus labios. El rozó sus labios sobre los míos, y me besó. Estuvimos un rato arriba juntos, después todo lo que pasó. De repente Álvaro buscó en su bolsillo, y sacó el colgante que yo tiré al suelo la última vez, cuando me enfadé.
- Sigo guardando esto, con la esperanza de que algún día volviéramos juntos. – Me apartó el pelo, cogió el colgante y lo volvió atar a mi cuello. Se giró para ver como me quedaba, sonrío y me beso en la mejilla. Yo también sonreí, cuando volví a notar el tacto de sus labios.
- Creí que lo habrías dejado ahí tirado.
- No podía hacerlo. Te quería demasiado.
- Pero… Si nos habíamos enfadado, ¿Cómo podías quererme en ese momento?
- No lo se. Nunca me ha pasado algo así con ninguna chica, solo contigo.
- Pero, ¿Por qué?
- No se, serás especial para mi corazón.
- Tú también eres especial para mí, muy especial. ¿Vamos abajo?
- Lo que tú quieras. – Volvimos a bajar, y entonces me enteré de una mala noticia:
- ¿Dónde esta Ana? Tengo que decirle que he vuelto. – Carlos puso mala cara, y me contó todo.
- Ana no esta. Se fue el otro día, cuando tú ya no estabas. Se ve que su familia esta pasando por un mal momento. – Me puse  muy triste.
- Pero… Lo siento. Con la ilusión que me hacía volver a verla.
- Y ahora que tú preguntas eso, ¿Dónde están Rachel y Leo? – Preguntó Carlos.
- Pues… Se quedaron en el pueblo con Claudia, una amiga.
- ¡Tienen que volver! – Entonces Álvaro añadió:
- ¿Leo también? No hay sitio para tantos en la casa, ya están aquí también Rocío y Laura… - Yo le miré preocupada, por lo de Leo. Porque nos habíamos besado, y porque no quería que se pelearan. Ahora que yo y Álvaro habíamos vuelto, no quería que nada nos separara, ni siquiera mi mejor amigo. Estaba mal, por una parte, porque Ana se había ido, y por Leo y Álvaro. Me dolía la cabeza, y aun tenía frío, ya que no me había cambiado, solo me había puesto la chaqueta que Álvaro me había dejado; que por cierto, aun la llevaba. Me di una ducha con agua caliente, y me cambié de ropa. Al salir, todos estaban en el salón riéndose y hablando. Entré a mi habitación y me senté en mi cama con el móvil. Leí un mensaje de Leo, que decía que les habíamos dejado allí solos, y que Rachel estaba enferma. La lluvia estaba aun en ese oscuro cielo. Me quedé mirándolo un rato, pensativa. Cuando alguien me estaba llamando, y yo no escuchaba nada.
- ¿Me oyes? – Dijo Álvaro alzando la voz. Giré la cabeza de golpe y le vi allí.
- Perdón, no estaba escuchando.
- Ya lo he notado. ¿En que pensabas mirando la lluvia?
- Pues en todo esto… Y que yo me ponía debajo de la lluvia sin que me importase mojarme.
- Bueno, puedes hacerlo. Pero no te lo recomiendo. – Se puso a reír. A veces tengo que reconocer que Álvaro era un poco tonto, pero en el buen sentido. Entonces Álvaro me miró a los ojos y me dijo:
- No quiero volver a perderte nunca más. – Dijo acariciándome la cara. 
- Yo tampoco. ¿Pero y si, volvemos a pelearnos?
- Entonces significará que no es amor de verdad. 
- Pero... Da igual, no quiero pensar en eso. 
- Ven un momento conmigo. - Me dijo. Me cogió de la mano y me llevó arriba, al terrado. El cielo estaba menos oscuro que antes, y millones de estrellas brillaban. 
- ¿Que quieres? 
- Decirte que si no eres mía no serás de nadie más. - Se acercó a mi y me besó. 








viernes, 15 de febrero de 2013

Capítulo 26: Os echaba de menos.






Ahora solo teníamos que coger el tren de Madrid – Barcelona. El trayecto duró toda la noche, des de las 7:30 de la tarde que llegamos a la estación, hasta la 1:30 de la noche que llegamos a Barcelona. Una hora más para llegar a Tarragona. Fuimos en autobús esa vez. Tardamos más de una hora, ya que el autobús era mucho más lento que el coche y el tren. Pronto reconocí la estación de autobuses de Tarragona. A partir de ahí, bajamos, cogí mi maleta del maletero del autobús. Cogimos el segundo autobús hacía Vila. Al llegar parecía que nada había cambiado: Las calles seguían desiertas, no había mucha gente, y todo era muy tranquilo. El fin de semana estuvo bien la verdad. Todo fue como antes, los amigos, la familia; tenía que decir que lo echaba de menos. Por desgracia también echaba de menos a Álvaro. No se si eso era bueno o malo, pero supongo que era malo. En seguida organicé mis cosas en la habitación de invitados de Rocío. Como Laura tenía hermanos, no pude quedarme en su casa. Una vez allí, nos preparamos para la noche de carnaval. Como en Vilallonga no hacían mucha cosa, decidimos ir al centro de Tarragona. Invitamos a los demás que vivían en otros pueblos. Mi disfraz no era muy original; Rocío y yo íbamos de “Góticas” y Laura de vaquera. Llevaba las uñas, el maquillaje, el pelo, la ropa y zapatos negros, y Rocío igual, salvo que ella ya tenía el pelo negro. Laura una camisa de cuadros, unos vaqueros, unas botas marrones y un sombrero igual. Su madre nos llevó hasta el pueblo, donde allí encontramos a nuestros amigos. En seguida vi a Sheila, a Ariadna y a la otra Ariadna. Fui corriendo a abrazarles:

- ¡Hola!!! – Dije muy contenta.
- ¿Qué haces tu por aquí? – Preguntó Sheila.
- He venido a pasar el carnaval con mis amigas de antes.
- Teníamos muchas ganas de verte por aquí, te echábamos de menos. – Dijo Ari.
- Si, se te echaba de menos. – Dijo la otra Ariadna.
- ¡Mira quien viene por ahí!!! ¡Pero si es Leo! – Dijo Sheila gritando. Se abrazaron todos, y vino también Rachel:
- ¡Sheila, Ari, Ari, cuanto tiempo!!! – Nos reímos. - ¿Os acordabais de mi?
- Pues claro. ¿Como íbamos a olvidar a “Rachel Bieber’s? – Dijo Ari Martínez. Rachel se río.
- Cuanto tiempo sin venir aquí. – Añadió Rachel.
- Ya ves… - Dijo Leo también.
- Maria, me han dicho por ahí que tú y tu novio os habéis enfadado… - Dijo Ari Martínez.
- Si… No quiero acordarme de eso. – En ese momento Leo me abrazó muy fuerte y dijo para animarme:
- Déjala, pobrecilla. Que esta muy triste. – Tuve que reírme.
- Ahora quisiera que Álvaro estuviera aquí. – Dije mirando al suelo.
- No te pongas triste anda. – Volvió a animarme Sheila. Por el otro lado de la calle, venían Ana, Judith, Claudia y Berta que saltaron a abrazarme.
- ¡MARIAAAAAAAAAAA! – Chillaron Judith y Ana; y me abrazaron. – Cuanto tiempo. – Vio a Rachel y salió gritando. – ¡Beliebeeer!!!! – Abrazo a Rachel y a Leo. Volvió a preguntarme. – ¿De donde vienes y con quien? – Dijo Judith.
- Vengo des de Madrid, con Laura y Rocío. – Contesté.
- De Madrid… Tienes que contarme muchas cosas… - Dijo con su tono de voz habitual. Fuimos a dar una vuelta, y le conté todo.
- ¿Ese tal Álvaro te ha dejado?
- Algo así, se ha enfadado, y no se porque.
- Le voy a pegar una paliza. – En seguida me reí, como siempre que estaba con ella.
- Bueno que, ¿Volvemos con las demás?
- Claro. – Volvimos con todas, que aun estaban hablando con Leo, con Rocío, Laura y Rachel.
- ¿Quién se viene a Tarragona? – Preguntó Judith chillando como de costumbre.
- ¡YO! – Dijeron todos.
- Si tío, ¡Esta noche va a molar tío! – Añadió Judith. Fuimos hasta Tarragona en coche, y al llegar fuimos por las calles en grupo. Estuvimos toda la noche como locas chillando, riendo, cantando y bailando. Decidimos ir a cenar al McDonald’s. Eso me hizo acordar a los chicos, y sobre todo a Álvaro. Mientras comíamos, yo estaba muy seria. Ana me preguntó:
- ¿Qué te pasa? Hoy no es un día para estar triste, yo también los estoy, pero me aguanto.
- Es que… Esto me recuerda a Álvaro y a los chicos.
- ¿Les echas de menos? 
- Claro. Pero a vosotras también os echaba mucho de menos… Y tenía que veros.
- Yo también te extrañaba un montón. – Acabamos la conversación, y me animé un poco más; tenía razón, era carnaval, y tenía que sonreír. Salimos a la calle después del postre, y seguimos las carrozas. Todo iba bien hasta que mi móvil vibró. Nunca pasaba nada bueno cuando vibraba, y evidentemente, no era nada bueno. Era un mensaje de Álvaro. Cerré los ojos con fuerza, y los abrí para leer el mensaje:

Trato de olvidarte, pero se me hace imposible.

Lo leí. No me sentía nada bien, estaba tratando de olvidarme, eso quería decir: ¿Que ya no me quería? ¿No quería volver a estar conmigo? Me sentí tan mal que tuve que salir fuera, con la excusa de que tenía que ir al baño. Me senté en un banco de delante de una tienda. Entonces, una pareja pasó por delante de mí, mientras el chico le daba un regalo de San Valentín a la chica, y después se besaban. Cuando eso ocurrió, me hizo acordar a Álvaro y a mí. ¿Cómo en una semana las cosas habían podido empeorar tanto entre nosotros? Supongo que no era amor de verdad, lo que el sentía por mi. Porque yo le amaba, y sigo haciéndolo. Hecho de menos su voz, cuando me cantaba “Cartas Entrelazadas” al oído, me decía que me quería, me abrazaba, me tenía cariño… Son cosas que no había sentido nunca con ningún otro chico. Se me cayó una lágrima, y empecé a llorar; me sentía muy sola, no tenía a nadie como Álvaro, y nunca encontraría a nadie como el.

- Sabia que estarías fuera. – Me dijo Leo, que acababa de salir del restaurante.
- Me siento muy mal.
- ¿Qué ha pasado esta ves? Hace nada estabas feliz. – Entonces le mostré el mensaje de Álvaro. Leo quedó sorprendido.
- Dice que quiere olvidarme. Ya no lo soporto más, el peor dolor es el del corazón.
- Eh, te dije que no quería verte triste.
- Es muy difícil no estar triste si acabas de perder a la persona a la que más quieres en el mundo.
- Quiero verte sonreír. – Leo se inclinó hacía mi y me secó la lágrima. En el momento en que tanto se acercó, no solo me abrazó. Me besó. No pude creerlo.
- Lo siento yo… - Dijo Leo culpable. Yo no dije nada, solo le sonreí, y volví para dentro. Aproveché para darles una carta de San Valentín a todas. Primero se la di a Laura, junto con un colgante de medio y medio corazón.
- Gracias, me encanta, que cuqui. – Dijo ella. Leyó la carta y me abrazó.
- De nada… Cuanto te quiero. – Seguí abrazándola. Después juntamos los corazones, que bonito. 
- Rocío… - Le mostré una carta, y se la di. Ella me dio otra a mí. Era preciosa. Rocío era como la amiga que nunca tuve. Me entiende, se preocupa por mí, y quiero que sepa que le quiero un montón.
- Muchísimas gracias, te quiero un montón. – Le abracé.
- Gracias a ti, bonita. – Tengo que reconocer que aunque no estuviera Álvaro ahí, todo era perfecto. Porque a veces, la amistad es superior al amor.
Les di las cartas a las demás, y ellas a mi. Lo que ahora me costaba asimilar, era el beso de Leo. A pesar de que Álvaro y yo ya no estábamos juntos en esos momentos, me sentía un poco culpable. Porque besar a alguien estando enamorada de otra persona… En fin, que le conocía de hace mucho a Leo, y era mi mejor amigo, no era tan raro.
Se hicieron las 11 de la noche, y volvimos a casa. Me despedí de todas, sin querer hacerlo, porque no quería separarme de mis amigas. Yo me pasé por casa de mis padres, ya que hacía tiempo que no les veía. Llegué a casa, y cuando piqué al timbre, todos se sorprendieron de que estuviese ahí. Rocío y Laura me acompañaron, ya que después tenía que irme con ellas a Vilallonga de nuevo. Hablé con mi familia, y todo. No les dije nada de Álvaro porque si lo hacía, quizás no dejarían que volviera a Madrid después. Les dije que me volvía a Vila que si se hacía tan tarde, sería más difícil conducir. Nos despedimos, y nos dirigimos a Vilallonga en mi coche. Como no estaba muy lejos, y me sabía el camino, conduje yo. Llegamos otra vez a casa de Rocío, Laura se fue a su casa, y yo me quedé con Rocío y le dimos las buenas noches a Laura y ella a nosotras. Entramos en su casa, y nos fuimos a la habitación. Nos quitamos los disfraces, y todo el maquillaje. Yo acabé antes, y me fui a la habitación a ponerme el pijama. Cuando ella entró, le comenté lo de antes con Leo:
- Tengo que contarte una cosa. – Se sentó en mi cama, y nos pusimos a hablar.
- Dime.
- Hoy cuando se supone que he ido al baño, he estado fuera.
- ¿Qué ha pasado fuera?
- Bueno… Antes he recibido un mensaje de Álvaro. – Rocío me miró sorprendida y extrañada a la vez. – Y mira lo que ponía. – Le enseñé el mensaje que, aun no había borrado.
- Que fuerte… O sea que no quiere volver contigo. Lo siento mucho…
- No pasa nada. Bueno, en realidad si, porque era la persona a quien más quería en el mundo.
- Encontrarás a alguien mejor.
- Lo dudo mucho.
- Quiero que estés feliz. Buenas noches.
- Buenas noches. – Ella se fue a su cama, yo me tapé con la manta, me giré hacía el otro lado. Me dormí. De repente me vi a mí con Álvaro, en el futuro. Seguíamos juntos, como cuando aun me quería. En ese momento me alegré un montón. Lo malo, es que desperté. Todo había sido un sueño. No se como pasó, pero al despertarme, estaba llorando; volví a dormirme, y entré al mismo sueño que antes. De repente salía yo, llorando. Reconocí ese sitio, era el hospital al que había estado hace una semana. Estaba con los chicos, con las chicas, Laura, Rocío y Leo. Yo estaba llorando desconsoladamente. Estaban todos: Pero Álvaro no estaba con nosotros. Pronto pude entenderlo todo: Yo estaba llorando ahí, por Álvaro. El era el que faltaba, por el que estaba llorando. El que se supone que estaba dentro de una sala del hospital, porque había tenido un accidente. De pronto me di cuenta de cómo le quería, y el a mi. Oí una voz que me decía:

- Deberías haber cuidado más de Álvaro, porque por tu culpa, el ahora esta así.

Esa voz desconocida se repetía, y hacía eco, mientras iba desapareciendo. Quería despertar de esa pesadilla.   






                                                                                                                                                     

sábado, 9 de febrero de 2013

Capítulo 25: No confía en mí.



Álvaro seguía enfadado por lo de la llamada, y cuando salí fuera, me echó la bronca:

- ¿Por qué te has levantado así y te has ido? – Pregunté.
- Hago todo esto por ti y resulta que acababas de cortar con otro hace poco, ¿Mientras salías conmigo?
- Pero que estas diciendo, ese era mi ex novio, y corte con el hará como un año, yo estoy saliendo contigo, no tienes porque enfadarte, te quiero a ti, y solamente a ti.
- Estas segura, porque parecía que te hablara recientemente, y que vas a decirle que si, ¿Que quieres volver?
- Claro que no, no voy a volver con el. ¿Por qué te pones así por nada?
- A ti no tengo que darte explicaciones. – En ese momento se me llenaron los ojos de lágrimas.
- ¿Cómo has podido decirme eso? Creí que me querías… - Dije llorando continuamente. Álvaro se quedó callado. – Yo tengo un pasado, tú ahora has llegado a mi vida, y si no vas a aceptar lo que me ocurrió hace años con otros chicos y que ahora por una llamada te pones así, entonces…
- ¿Entonces que? – Lloré aun con más dolor.
- ¡Entonces es que no confías en mi!!! – Me alejé corriendo y llorando hacía el bosque, y me paré un momento. Me quité el collar que Álvaro me había regalado esa mañana y lo tiré al suelo. Lloré intensamente, y no paré. Me senté en un banco, y allí lloré desconsoladamente. Unos 20 minutos después David me encontró ahí. Muy preocupado dijo acercándose:
- ¿Qué ha pasado? – Le miré con los ojos muy rojos, llenos de lágrimas, le abracé y me puse a llorar en sus brazos.
- Álvaro ya no me quiere… – Dije sin parar de llorar.
- ¿Cómo que no te quiere? El te ama…
- Me amaba… Es el día de mi cumpleaños, el cual debería estar feliz, y me siento peor que nunca.
- Cuando le he visto allí sentado solo, me ha extrañado, y cuando te he visto a ti aquí… Aun más. Ahora cuéntamelo todo.
- Ha sido por la llamada de Aron… Entonces Álvaro ha pensado mal, y cuando estábamos aquí hablando… - Me paré y lloré aun más. – Ha empezado a chillarme, y a decirme que a mi no tenía que darme explicaciones de nada… Como si nunca me hubiera querido. – David me consoló:
- Lo siento muchísimo… Pero a Álvaro le debe haber pasado algo, te juro que nunca te haría esto. El te ama, y por esta tontería no dejarías de importarle, porque créeme: Le importas mucho.
- Cada abrazo, beso, mirada, palabra, cada momento que he pasado junto a el… Ahora mismo no quisiera seguir viviendo.
- ¡No digas eso! Te prometo que algo le ha pasado.
- ¡Me da igual!!! Que la haya tomado conmigo así… Me ha tratado de una forma en la que nunca nadie me había hablado. Ahora no quisiera volver con el nunca más. Quiero irme de aquí, volver a mi casa, con mis amigos… Ahora mismo pediría un deseo: Me gustaría no haber conocido nunca a Álvaro… Ojala se cumpliera.
- No puedo verte tan triste. Siempre has estado sonriendo, feliz, y verte ahora así me rompe el corazón.
- A mí, se me ha roto el corazón. Ese colgante que me ha regalado esta mañana… Gracias por animarme, pero ya nunca volveré a sonreír.
- Te prometo que voy a hablar con el. Esto así no va a acabar.
- Dile a Laura y a Rocío que vengan, ahora mismo necesito hablar con ellas.
- Ahora vendrán. – Mientras David se alejaba, yo seguía llorando. Unos minutos después aparecieron Laura y Rocío. Me levanté y fui corriendo a abrazarles. Ellas me consolaron, y les conté todo lo que había pasado.  

- Siento mucho lo que te ha hecho; y si lo ha hecho es porque no sabe apreciarte realmente, porque tu corazón es muy enorme, y nunca le has hecho daño a la persona a la que quieres, a nosotras nunca nos has hecho daño. Pero no tienes que llorar, porque no podemos verte triste.
- Es que… Necesito llorar.
- ¿Te acuerdas aquella vez en el instituto? Cuando nos acabamos de conocer, ¿Y te enfadaste con nosotras por dejaros tiradas a ti y a las demás? – Dijo Laura.
- Si… Ese día a pesar de que me encerré en el baño y lloré, no me sentí tan mal como hoy. – Rocío añadió:
- Te dijimos que NUNCA más queríamos verte llorar.
- Y ahora estamos aquí contigo aun… Llevamos juntas des de Primero de ESO. – Dijo Laura. – Y seguimos queriéndote. – Dijeron a la vez.
- Al menos hay alguien que me quiere de verdad. – Les abracé y no quise soltarles nunca. – Os quiero chicas, gracias por estar siempre a mi lado. – Me sentí un poco mejor ya que les tenía a ellas y me consolaban cuando lo necesitaba de verdad.
- Ahora lo que más necesito es alejarme un poco de todo esto.
- Bueno si quieres… Puedes venirte con nosotras este fin de semana, ya que es carnaval, te olvidas un poco de todo lo malo. – Me invitó Rocío.
- ¿Puedo? – Dije mirando a Laura.
- ¡Pues claro que puedes tonta! Si lo que queremos es estar contigo. – Dijo en ella.
- Iremos bastante lejos de aquí… Si no te importa. – Contestó Rocío.
- No. como más lejos mejor. ¿Donde?
- A Vilallonga. – Dijo Laura riéndose. Yo por primera vez des de entonces me reí.
- Bueno… Volverá a ser otra vez como en los viejos tiempos. – Dije yo.
- Pues ya está decidido, este fin de semana Maria se viene con nosotras, y ya de paso ves a todas las demás: A Sheila, Judith, Ariadna García,  a  Ariadna  Martínez, Berta, a los chicos, a los de Vila, y Rachel que se venga también, que era de las que iba con nosotras entonces. Y Leo, porque aquí solo sin ti que hará… - Dijo Rocío.
- Tengo muchísimas ganas de verles, y a Ana también la verdad. A todas, les echo muchísimo de menos, a pesar de que no me hable con alguna. – Nos levantamos porque estaba oscureciendo, habían pasado las horas volando. Entramos en el restaurante, y les dijimos a todos que me iba con ellas el fin de semana. Yo ya me sentía mejor, a pesar de lo que había pasado. Intenté olvidarlo, pero era muy difícil olvidarse de la persona a la que había querido un montón de tiempo.
- ¡Ha llegado la que hoy cumple 18 años!!! – Dijo Dani intentando animarme.
- Gracias, pero ahora voy a deciros yo algo: Este fin de semana me voy con Rocío y Laura al carnaval de Vilallonga, y me llevo a Leo y a Rachel. – Me fui corriendo a abrazar a Leo.
- Te quiero, te quiero, te quiero. – Por fin podía abrazarle, después de no poder hablar con el cuando más lo necesitaba.
- Vaya, que cariñosa estás. ¿Seguro que quieres que me venga contigo?
- Claro, así ya vemos a todos nuestros amigos de antes. Tengo ganas de volver a ver las tonterías de Juan… - Me reí feliz. Extrañaba tanto a todos… Ellos eran quienes habían estado conmigo en los momentos buenos, y en los malos, eran amigos de verdad.
- Haber prima, tú no te vas a ninguna parte. – Dijo Sara.
- Yo soy mayor de edad y puedo hacer lo que quiera. – Le restregué.
- Vale, dejo que te vayas, pero solo porque allí conoces a todo el mundo. – Siguió diciendo Sara. Me despedí de todos: De Ana, Carmen, Sara y de los chicos. Cuando tenía que despedirme de Álvaro me di la vuelta y me fui con ellas de nuevo. El tampoco me dijo nada, y me sentí muy mal. Casi se me cayó una lágrima, pero lo evité.
- ¿Pero como vais a ir hasta Tarragona? – Preguntó Carlos.
- Pues con un tren. Como cuando vinimos. – Explicó Laura.
- Bueno, si nos necesitáis para algo ya sabéis, nos llamáis.
- Vale. – Dije yo.
- Te echaremos de menos. – Dijeron todos salvo Álvaro. El estaba sentado sin decir nada. Al verle aun tuve más ganas de llorar. Nunca le había visto así. La verdad es que quería volver a escuchar su voz diciéndome: “Te quiero” Lo echaba de menos. Nos despedimos finalmente de todos, y nos fuimos. Teníamos un largo viaje por delante, porque teníamos que llegar a Barcelona, después a Tarragona y finalmente en autobús hasta Vilallonga. El viaje fue muy divertido, ya que nos explicamos como iba nuestra vida, lo que hacíamos, que hacían los del pueblo… Con quien salía cada uno, quien se había enfadado, y quienes eran los que más problemas tenían. Muchos seguían igual, y nada había cambiado. Hacía un año que  no veía a mi familia, y cuando me vieran allí les daría una gran sorpresa. Eran las 7 de la tarde cuando salimos del restaurante. Ahora ya eran las 7:30. Habíamos ido en taxi hasta la estación de trenes. Esa estación para mi era muy familiar. Había estadio ahí unas 4 veces o más. Estaba claro que hoy no había sido mi día, después de todo lo malo que me había pasado el día de mi cumpleaños. No se lo iba a perdonar jamás, a Álvaro. Y después de esto lo más seguro, es que no volvamos a estar juntos.  



domingo, 3 de febrero de 2013

Capítulo 24: Mi cumpleaños. ♥



Me pasé toda la noche durmiendo, y me desperté a las 10 de la mañana, aun con sueño. No se oía nada: Ningún ruido, voz o risa. Y eso era raro porque en esa casa siempre había ruido. Hacía un día precioso. Me levanté, y observé la cama de Álvaro, que estaba vacía y echa ya. Me imaginé que habrían salido a comprar todos, y para no despertarme, me dejaron sola durmiendo. Me vestí y bajé abajo para ver si encontraba algo para desayunar. Estaba la puerta del jardín abierta, eso me extrañó. Yo había olvidado por completo que hoy era mi cumpleaños. Salí fuera para ver si alguien estaba allí. En ese momento me llevé una gran sorpresa: Alguien vino por detrás de mí, me agarro por la cintura y me dijo al oído:
- ¡Muchas felicidades preciosa! – Era Álvaro. Se giró hacía mi y me besó.
- Muchas gracias. – Le abracé, y pregunté por los chicos.
- ¿Dónde están todos? – Me giré, y estaban todos detrás de mí, y gritaron a coro:
- ¡FELICIDADES! – Fui corriendo y les abracé a todos. Se habían acordado de mi cumpleaños. Me dirigí a Leo y le abracé también.
- ¿Por eso te quedaste, porque era mi cumpleaños? - el respondió:
- Claro, ya que había venido hasta aquí… - No podía parar de reírme con Leo. Segundos después llamaron al timbre de la casa. No podía creerlo: Eran Laura, Rocío y Mar. Habían venido solo por mi cumpleaños… Eran las mejores amigas del mundo. Miré a Álvaro y le abracé.
- ¿Les has dicho tu que vinieran?
- Te dije que iba a ser el mejor cumpleaños de tu vida…
- Pues lo esta siendo. De hecho, cada día que pasa es el mejor por estar contigo.
- Eres la persona más importante de mi vida ahora mismo.
- No me había dicho nadie nunca algo tan bonito. – Me besó, y fui a saludar a Laura, Rocío y Mar.
- Muchísimas gracias por venir, pero no hacía falta.
- Muchas felicidades bonita. – Dijo Laura.
- ¡Felicidades!!!  - Dijeron Rocío y Mar.
- Gracias. – Dije abrazándolas.
- Nos invitó Álvaro. – Dijo Laura riéndose.
- Si... Es mi… lo digo porque Mar no lo sabe… - Mar puso cara de sorpresa.
- Oye, tú y yo tenemos que hablar eh… - Me dijo Laura. – Toma, tu regalo de las tres, y la carta mía y de Rocío.
- Gracias, en serio. – Volví con todos los demás y me dieron los regalos. Primero Ana:
- Felicidades, ¡haber si te gusta guapa! – Me dio dos besos y lo desenvolví. Era un calendario de Justin Bieber.
- ¡Me encanta!!!
- Me alegro, porque me ha costado mucho encontrar…
- Mi regalo. – Era el de Carmen. Una nueva funda para el móvil con la foto de Auryn en ella.
- O… Que bonita la foto. – Me reí. – Gracias.
- De nada, ¡Me alegro de que te guste! – El siguiente regalo era el de Rachel. Tenía la sensación de que era algo de Justin… Y no me equivocaba: Un póster enorme suyo.
- ¿Te gusta?
- ¿Tu que crees? ¿Si sale el como no me va a gustar? – El regalo de Sara era un colgante con un “Smile”.
- ¿Lo pillas? Smiler, un smile. – me dijo.
- Claro… – El de Leo lo iba a abrir ahora. ¡Que recuerdos me trajo esa foto! El regalo era un marco de fotos con momentos que habíamos vivido de pequeños.
- Que recuerdos… - Dije sentimental.
- Si… Aun me acuerdo de ese día. Aun tienes eso por abrir. – Era muy bonito todo lo que hacían por mí. Otro llavero, donde ponía: BFF. El regalo de los chicos dijeron que era lo último. Lo habían echo entre todos, a saber que sería. Por lo tanto, abrí el de Laura, Rocío y Mar. No me lo podía creer: Era un colgante en forma de corazón, y se abría: Dentro había una foto de todas nosotras juntas, de hace 5 años. Les abracé y sonreí recordando ese día, que fue también el día de mi cumple. Entonces cumplía 13 años. Ahora 18. Como había cambiado todo.
- Me encanta, muchísimas gracias, os quiero. – Les abracé. Fue uno de los regalos que más me gustó. El último regalo, el de los chicos; no quería que me sorprendieran mucho, tampoco me importaban tanto los regalos. El regalo era bastante más grande que los demás.
- Ábrelo, te va a gustar. – Dijo David mostrándome el regalo.
- No hacía falta que me comprarais nada… - Al abrirlo, pude observar lo que era: Una gran caja que en su interior habían más cajas. El regalo final, era algo que nunca habría imaginado. Me tapé la boca con la mano, y se me cayó una lágrima: Era una entrada que yo no había podido conseguir nunca, para conocer ha Justin Bieber.
- ¿Cómo la habéis conseguido? No puede ser… - dije aun llorando.
- Bueno… Ha sido difícil, pero como te queremos tanto. – Dijo David.
- Muchas gracias, en serio. Creí que no podría conocerle este 2013, y gracias a vosotros… Le voy a ver. – les abracé y Álvaro me llamó.
- Maria, aun falta un regalo. - Me dijo misteriosamente Álvaro.
- No hace falta que me des nada, en serio.
- Me da igual, te lo daré igual. Espero que te guste. – Lo abrí a poco a poco. Era precioso: Un colgante en el que ponía grabado: Maria&Álvaro, en un corazón.
- Te quiero. – Nos abrazamos y nos besamos.
- Se que no es gran cosa, pero bueno…
- Me da igual, cualquier cosa que me des, será perfecta.
- Te quiero. – Mi día estaba siendo perfecto de momento. Las cosas mejoraban por minutos.
- Venga, arréglate que nos vamos a comer a un restaurante. – Dijo Álvaro.
- Te dije que no quería más sorpresas.
- Y yo te dije que hoy iba a ser el mejor cumpleaños de tu vida-
- Y lo esta siendo. – Entramos dentro para cambiarnos, y ya que era mi cumpleaños, me puse mi nueva ropa. Bajé abajo ya preparada. Me sobró tiempo mientras los chicos se arreglaban. Me conecte, y todo twitter me estaba felicitando. Les di las gracias a todos, y hable con algunas. Álvaro me mencionó.

Eh, María, ¡Muchas felicidades!!! Te quiero.
Le respondí:

¿Me tienes al lado y me hablas por twitter?
Ahora estoy detrás de ti.

Me giré al leer la mención, y me besó nada más girarme.
- ¿Como lo estas pasando cariño?
- Me hablas de una forma… Preciosa. – Le dije riéndome. – Lo estoy pasando genial. Y lo del restaurante no hacía falta, en serio. – Puso su dedo índice rozando mis labios.
- Todo lo hago por ti. – Le miré a los ojos, me besó y me abrazó. Cuando me giré noté que todos nos estaban observándonos des del piso de arriba. Les miré y disimularon haciendo que bajaban por las escaleras.
- Nosotros estábamos por aquí de casualidad eh… - Dijo Dani. No se le daba muy bien pasar desapercibido. Álvaro me dijo riéndose:
- Seguro que nos envidian.
- ¿Por qué?
- Los dos sabemos porque.
- ¿Crees que Dani se lo pedirá a Carmen algún día?
- Estoy seguro. Se quieren mucho. – A la hora de comer nos fuimos al restaurante. Cuando llegamos observé el lugar: Era precioso, tenía un parque con todo de flores, árboles y hierba verde. En medio había un columpio de madera, se parecía al que tenían los chicos en casa. Ese sitio me hizo acordar de uno que estaba en Reus, al que yo había ido varias veces con la familia de pequeña. Álvaro me acompañó dentro con todos. Las mesas eran muy largas, normal, éramos 14ersonas.
- ¿Des de cuando estáis organizado esto? – Pregunté.
- Des de hace unas 2 semanas o así. – Respondió Blas. Me quedé sin palabras, todo aquello lo hacían solo por mi, ahora si que me creo a Álvaro, me quiere de verdad. Nos sentamos a comer. A media comida, recibí una llamada: Era el momento menos apropiado para esa llamada. No escuché la llamada con el ruido de la gente, y como llevaba el móvil en el bolsillo, contesté sin darme cuenta. Se oyó una voz, la de Aron. Si, era el chico con el que había cortado hace un año, con el que había salido un montón de tiempo. Álvaro escuchó la voz, mientras Aron decía por teléfono:

- ¿María? Tengo que hablar contigo, verás, quiero volver a estar contigo…

Miré a Álvaro con miedo, el me miró mal, se levantó de la mesa, y salió fuera. Colgué; ¿Por qué tenía que pasarme eso el día de mi cumpleaños?