Ahora
solo teníamos que coger el tren de Madrid – Barcelona. El trayecto duró toda la
noche, des de las 7:30 de la tarde que llegamos a la estación, hasta la 1:30 de
la noche que llegamos a Barcelona. Una hora más para llegar a Tarragona. Fuimos
en autobús esa vez. Tardamos más de una hora, ya que el autobús era mucho más
lento que el coche y el tren. Pronto reconocí la estación de autobuses de
Tarragona. A partir de ahí, bajamos, cogí mi maleta del maletero del autobús.
Cogimos el segundo autobús hacía Vila. Al llegar parecía que nada había
cambiado: Las calles seguían desiertas, no había mucha gente, y todo era muy
tranquilo. El fin de semana estuvo bien la verdad. Todo fue como antes, los
amigos, la familia; tenía que decir que lo echaba de menos. Por desgracia
también echaba de menos a Álvaro. No se si eso era bueno o malo, pero supongo
que era malo. En seguida organicé mis cosas en la habitación de invitados de
Rocío. Como Laura tenía hermanos, no pude quedarme en su casa. Una vez allí,
nos preparamos para la noche de carnaval. Como en Vilallonga no hacían mucha
cosa, decidimos ir al centro de Tarragona. Invitamos a los demás que vivían en
otros pueblos. Mi disfraz no era muy original; Rocío y yo íbamos de “Góticas” y
Laura de vaquera. Llevaba las uñas, el maquillaje, el pelo, la ropa y zapatos
negros, y Rocío igual, salvo que ella ya tenía el pelo negro. Laura una camisa
de cuadros, unos vaqueros, unas botas marrones y un sombrero igual. Su madre
nos llevó hasta el pueblo, donde allí encontramos a nuestros amigos. En seguida
vi a Sheila, a Ariadna y a la otra Ariadna. Fui corriendo a abrazarles:
-
¡Hola!!! – Dije muy contenta.
- ¿Qué
haces tu por aquí? – Preguntó Sheila.
- He
venido a pasar el carnaval con mis amigas de antes.
-
Teníamos muchas ganas de verte por aquí, te echábamos de menos. – Dijo Ari.
- Si,
se te echaba de menos. – Dijo la otra Ariadna.
- ¡Mira
quien viene por ahí!!! ¡Pero si es Leo! – Dijo Sheila gritando. Se abrazaron
todos, y vino también Rachel:
-
¡Sheila, Ari, Ari, cuanto tiempo!!! – Nos reímos. - ¿Os acordabais de mi?
- Pues
claro. ¿Como íbamos a olvidar a “Rachel Bieber’s? – Dijo Ari Martínez. Rachel
se río.
-
Cuanto tiempo sin venir aquí. – Añadió Rachel.
- Ya
ves… - Dijo Leo también.
-
Maria, me han dicho por ahí que tú y tu novio os habéis enfadado… - Dijo Ari
Martínez.
- Si…
No quiero acordarme de eso. – En ese momento Leo me abrazó muy fuerte y dijo
para animarme:
-
Déjala, pobrecilla. Que esta muy triste. – Tuve que reírme.
- Ahora
quisiera que Álvaro estuviera aquí. – Dije mirando al suelo.
- No
te pongas triste anda. – Volvió a animarme Sheila. Por el otro lado de la
calle, venían Ana, Judith, Claudia y Berta que saltaron a abrazarme.
-
¡MARIAAAAAAAAAAA! – Chillaron Judith y Ana; y me abrazaron. – Cuanto tiempo. –
Vio a Rachel y salió gritando. – ¡Beliebeeer!!!! – Abrazo a Rachel y a Leo.
Volvió a preguntarme. – ¿De donde vienes y con quien? – Dijo Judith.
-
Vengo des de Madrid, con Laura y Rocío. – Contesté.
- De
Madrid… Tienes que contarme muchas cosas… - Dijo con su tono de voz habitual.
Fuimos a dar una vuelta, y le conté todo.
- ¿Ese
tal Álvaro te ha dejado?
- Algo
así, se ha enfadado, y no se porque.
- Le
voy a pegar una paliza. – En seguida me reí, como siempre que estaba con ella.
-
Bueno que, ¿Volvemos con las demás?
-
Claro. – Volvimos con todas, que aun estaban hablando con Leo, con Rocío, Laura
y Rachel.
-
¿Quién se viene a Tarragona? – Preguntó Judith chillando como de costumbre.
- ¡YO!
– Dijeron todos.
- Si
tío, ¡Esta noche va a molar tío! – Añadió Judith. Fuimos hasta Tarragona en
coche, y al llegar fuimos por las calles en grupo. Estuvimos toda la noche como
locas chillando, riendo, cantando y bailando. Decidimos ir a cenar al
McDonald’s. Eso me hizo acordar a los chicos, y sobre todo a Álvaro. Mientras
comíamos, yo estaba muy seria. Ana me preguntó:
- ¿Qué
te pasa? Hoy no es un día para estar triste, yo también los estoy, pero me
aguanto.
- Es
que… Esto me recuerda a Álvaro y a los chicos.
- ¿Les
echas de menos?
-
Claro. Pero a vosotras también os echaba mucho de menos… Y tenía que veros.
- Yo
también te extrañaba un montón. – Acabamos la conversación, y me animé un poco
más; tenía razón, era carnaval, y tenía que sonreír. Salimos a la calle después
del postre, y seguimos las carrozas. Todo iba bien hasta que mi móvil vibró.
Nunca pasaba nada bueno cuando vibraba, y evidentemente, no era nada bueno. Era
un mensaje de Álvaro. Cerré los ojos con fuerza, y los abrí para leer el
mensaje:
Trato
de olvidarte, pero se me hace imposible.
Lo
leí. No me sentía nada bien, estaba tratando de olvidarme, eso quería decir: ¿Que
ya no me quería? ¿No quería volver a estar conmigo? Me sentí tan mal que tuve
que salir fuera, con la excusa de que tenía que ir al baño. Me senté en un
banco de delante de una tienda. Entonces, una pareja pasó por delante de mí,
mientras el chico le daba un regalo de San Valentín a la chica, y después se
besaban. Cuando eso ocurrió, me hizo acordar a Álvaro y a mí. ¿Cómo en una semana
las cosas habían podido empeorar tanto entre nosotros? Supongo que no era amor
de verdad, lo que el sentía por mi. Porque yo le amaba, y sigo haciéndolo.
Hecho de menos su voz, cuando me cantaba “Cartas Entrelazadas” al oído, me
decía que me quería, me abrazaba, me tenía cariño… Son cosas que no había
sentido nunca con ningún otro chico. Se me cayó una lágrima, y empecé a llorar;
me sentía muy sola, no tenía a nadie como Álvaro, y nunca encontraría a nadie
como el.
-
Sabia que estarías fuera. – Me dijo Leo, que acababa de salir del restaurante.
- Me
siento muy mal.
- ¿Qué
ha pasado esta ves? Hace nada estabas feliz. – Entonces le mostré el mensaje de
Álvaro. Leo quedó sorprendido.
- Dice
que quiere olvidarme. Ya no lo soporto más, el peor dolor es el del corazón.
- Eh,
te dije que no quería verte triste.
- Es
muy difícil no estar triste si acabas de perder a la persona a la que más
quieres en el mundo.
-
Quiero verte sonreír. – Leo se inclinó hacía mi y me secó la lágrima. En el
momento en que tanto se acercó, no solo me abrazó. Me besó. No pude creerlo.
- Lo
siento yo… - Dijo Leo culpable. Yo no dije nada, solo le sonreí, y volví para
dentro. Aproveché para darles una carta de San Valentín a todas. Primero se la
di a Laura, junto con un colgante de medio y medio corazón.
-
Gracias, me encanta, que cuqui. – Dijo ella. Leyó la carta y me abrazó.
- De
nada… Cuanto te quiero. – Seguí abrazándola. Después juntamos los corazones,
que bonito.
-
Rocío… - Le mostré una carta, y se la di. Ella me dio otra a mí. Era preciosa. Rocío
era como la amiga que nunca tuve. Me entiende, se preocupa por mí, y quiero que
sepa que le quiero un montón.
-
Muchísimas gracias, te quiero un montón. – Le abracé.
-
Gracias a ti, bonita. – Tengo que reconocer que aunque no estuviera Álvaro ahí,
todo era perfecto. Porque a veces, la amistad es superior al amor.
Les di
las cartas a las demás, y ellas a mi. Lo que ahora me costaba asimilar, era el
beso de Leo. A pesar de que Álvaro y yo ya no estábamos juntos en esos momentos,
me sentía un poco culpable. Porque besar a alguien estando enamorada de otra
persona… En fin, que le conocía de hace mucho a Leo, y era mi mejor amigo, no
era tan raro.
Se hicieron las 11 de la noche, y volvimos a casa. Me
despedí de todas, sin querer hacerlo, porque no quería separarme de mis amigas.
Yo me pasé por casa de mis padres, ya que hacía tiempo que no les veía. Llegué
a casa, y cuando piqué al timbre, todos se sorprendieron de que estuviese ahí.
Rocío y Laura me acompañaron, ya que después tenía que irme con ellas a
Vilallonga de nuevo. Hablé con mi familia, y todo. No les dije nada de Álvaro
porque si lo hacía, quizás no dejarían que volviera a Madrid después. Les dije
que me volvía a Vila que si se hacía tan tarde, sería más difícil conducir. Nos
despedimos, y nos dirigimos a Vilallonga en mi coche. Como no estaba muy lejos,
y me sabía el camino, conduje yo. Llegamos otra vez a casa de Rocío, Laura se
fue a su casa, y yo me quedé con Rocío y le dimos las buenas noches a Laura y
ella a nosotras. Entramos en su casa, y nos fuimos a la habitación. Nos
quitamos los disfraces, y todo el maquillaje. Yo acabé antes, y me fui a la
habitación a ponerme el pijama. Cuando ella entró, le comenté lo de antes con
Leo:
- Tengo que contarte una cosa. – Se sentó en mi
cama, y nos pusimos a hablar.
- Dime.
- Hoy cuando se supone que he ido al baño, he
estado fuera.
- ¿Qué ha pasado fuera?
- Bueno… Antes he recibido un mensaje de Álvaro. –
Rocío me miró sorprendida y extrañada a la vez. – Y mira lo que ponía. – Le
enseñé el mensaje que, aun no había borrado.
- Que fuerte… O sea que no quiere volver contigo.
Lo siento mucho…
- No pasa nada. Bueno, en realidad si, porque era
la persona a quien más quería en el mundo.
- Encontrarás a alguien mejor.
- Lo dudo mucho.
- Quiero que estés feliz. Buenas noches.
- Buenas noches. – Ella se fue a su cama, yo me
tapé con la manta, me giré hacía el otro lado. Me dormí. De repente me vi a mí
con Álvaro, en el futuro. Seguíamos juntos, como cuando aun me quería. En ese
momento me alegré un montón. Lo malo, es que desperté. Todo había sido un
sueño. No se como pasó, pero al despertarme, estaba llorando; volví a dormirme,
y entré al mismo sueño que antes. De repente salía yo, llorando. Reconocí ese
sitio, era el hospital al que había estado hace una semana. Estaba con los
chicos, con las chicas, Laura, Rocío y Leo. Yo estaba llorando
desconsoladamente. Estaban todos: Pero Álvaro no estaba con nosotros. Pronto pude
entenderlo todo: Yo estaba llorando ahí, por Álvaro. El era el que faltaba, por
el que estaba llorando. El que se supone que estaba dentro de una sala del
hospital, porque había tenido un accidente. De pronto me di cuenta de cómo le
quería, y el a mi. Oí una voz que me decía:
- Deberías haber cuidado más de Álvaro, porque por
tu culpa, el ahora esta así.
Esa voz desconocida se repetía, y hacía eco,
mientras iba desapareciendo. Quería despertar de esa pesadilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario