-
Bueno… yo ya me iba. – dijo cuando nos vio. Álvaro paro de hacerme cosquillas,
y se levantó.
-
Tranquila Sara, os dejo solas para que habléis. – cogió su pijama y se dirigió
al baño a cambiarse allí. En cuando Álvaro salió por la puerta Sara empezó a
hacer preguntas.
-
Bueno, bueno… - se sentó. ¿Que estaba pasando aquí? – Yo le di un golpecito en
la rodilla para que no dijera eso.
-
No pienses mal. – se sentó en la cama de Álvaro siguió hablando.
-
¿Sobre que me querías hablarme antes? – cambió de tema.
-
¿Qué pasa entre Ana y tu? ¿Os habéis pelado, a que si? –
-
Pues si, se ve que a ella también le gusta Carlos. –
-
Bueno, eso no es una novedad. ¿Y no os vais a llevar bien? –
-
No se, si no cambia, no. Y si alguna sale con Carlos y no soy yo… entonces me
voy a rendir.
-
No deberías rendirte, seguro que Carlos de pedirá salir, porque me preguntó
eso, y… -
-
Por cierto, ¿Qué hacías antes? –
-
Nada… solo me estaba haciendo cosquillas, y nada más. – Sara cambió de tema.
-
Ya… bueno, dejemos el tema.
-
Buenas noches.
-
Buenas noches. – dijo ella un poco borde. Abrió la puerta y se fue a su
habitación. Entonces entró Álvaro.
-
¿De que hablabais? – dijo con una toalla en el cuello.
-
De Ana y Sara, que se han enfadado. –
-
Que problema. Espero que lo solucionen. – se tumbo en su cama, y se quitó la
toalla.
-
Bueno, ¿Quieres irte ya a dormir? – yo aun no llevaba el pijama, y me fui al
baño.
-
No, antes me cambiaré. – abrí la puerta y entre al baño. Me cambié, y salí.
Volví a entrar a la habitación. Bostecé y le di las buenas noches a Álvaro.
-
Buenas noches. –
-
Buenas noches mi amor. – cerró la luz, y nos dormimos. Es cuando entonces,
aparecí en una ciudad desierta, con solo una carretera delante de mí que
parecía ser infinita. Todo estaba lleno de casas abandonadas y rotas, hasta que
entré en una para refugiarme de la lluvia. Entonces se oyó un ruido aterrador:
no eran truenos, ni un coche, era el ruido de una persona. En seco, me apareció
delante una chica muerta, lo que parecía ser un zombie. Hice un grito de
muerte.
-
Aaaaaaaaa. – salí corriendo de esa casa para esconderme en otra, pero era
demasiado tarde: la ciudad estaba invadida por zombies, que cada vez se
acercaban más a mí. Estaba aterrada, y me puse a llorar. Noté que alguien me
tocaba el hombro. Me giré pensando que seria Álvaro. Y con la poca voz que me
quedaba de tanto chillar y llorar dije:
-
¿Álvaro? – me giré rápidamente, y vi que era un zombie. Volví a chillar, y esa
vez no pude escapar. Estaba rodeada, chille, y no pare de gritar, ya casi no me
quedaba voz. Un zombie se me acercó, hasta morderme, entonces, yo me negaba a
que se acercara a mí, pero lo hizo, y antes de que me mordiera para convertirme
en uno de ellos, me desperté en la habitación llorando y chillando.
-
¡No, noooo!!!! – cuando Álvaro me oyó, se despertó, y se acercó a mi cama.
-
¿Qué te pasa? – dijo muy preocupado. Pero yo seguía aun en la pesadilla. Abrí
los ojos; Álvaro estaba allí, y me tranquilicé un poco, y asimilé que solo era
una pesadilla muy real. Abrió la luz, y me senté en la cama, con el a mi lado.
Estaba llorando, tenía los ojos rojos, y mucho calor.
-
Tranquila, ¿Te sientes bien? – me agarró de la mano, y me miró. Yo me puse el
pelo por los ojos, para que no viera como lloraba.
-
He tenido una pesadilla, era horrible. – le dije aun llorando.
-
No pasa nada. – le abracé con todas mis fuerzas, y pare de llorar un poco.
-
No creo que pueda volver a dormirme. ¿Qué hora es? – eran las 4:12 de la
madrugada.
-
Intenta dormir. –
-
No te separes de mi, tengo miedo, ¿Y si vuelvo a tener una pesadilla? – me beso
en la mejilla.
-
No si estoy a tu lado. – se puso a mi lado, y apagó la luz.
-
Duerme bien. – se ve que Álvaro se durmió, pero yo no. Al menos ja no tenia
tanto miedo, el estaba a mi lado, y no se separó de mi en toda la noche. Me
volví a dormir por suerte, y esa vez no tuve una pesadilla, tuve un sueño
precioso: Álvaro me besaba por primera vez. Ese fue el mejor sueño que había
tenido nunca. Pero si se hace realidad, mucho mejor. Me volví a despertar, esta
vez, no por ninguna pesadilla, si no porque no tenia más sueño. Ya eran las
8:23 y Álvaro todavía estaba dormido, parecía un angelito. Cuanto le quería.
No
le desperté, y me puse a hablar por WhatsApp con una amiga, Paula. No estaba
aquí, pero me gustaría que estuviera. La echo de menos. Sonó un WhatsApp. Para
no despertarlo, lo apagué, e intente volver a dormirme a su lado.
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