Lo
habíamos preparado todo para la noche. Íbamos a pasar-lo genial, a pesar de que
sería la única noche que estaría con ellos, y con Álvaro. Esa decisión no era
nada fácil, yo quería a Álvaro, pero eso no decidía que nos quedáramos a vivir
en su casa. Nos acabábamos de conocer, y no podíamos hacer eso. Aunque mi
corazón decía que me quedase con ellos, mis dudas no decían lo mismo. Cuando
estaba en el balcón, pensando en todo esto, note que había alguien detrás de
mí. No dude mucho tiempo; estaba segura de que ese, era Álvaro, y no me
equivocaba.
Era
el, reconocí su voz cuando me tapo los ojos con sus manos, y me dijo:
-
¿Quien soy? –
-
No lo se, ¡dímelo tu! – le dije riéndome.
-
Pues creo que una persona que te haría muy feliz. Álvaro. - Me quedé sin decir
nada, aunque ambos sabíamos que lo hice porque el también era muy especial para
mi. Entonces, me quitó las manos de los ojos solo para verle.
-
Esta precioso el cielo, ¿no crees?
-
Si, supongo – Álvaro, al escuchar lo que dije, empezó a bromear.-
-
¿Como que supones? – se puso a reír y me cogió por la cintura y se quedó quieto
mirando las estrellas. Había mucho silencio. Pero el, con un suspiró, dijo:
-
¿Sabes? si descubriera ahora mismo una estrella de entre todas las que hay hoy
en el cielo, la llamaría Maria. – y me abrazó mucho más fuerte que antes, como
si quisiera que ese momento nunca acabara.
-
¿En serio? – le dije yo; me sentía especial, muy especial.
-
Si, en serio. – dijo el convencido. En ese precioso momento, entró Ana con
David. No dijeron nada, porque Ana sabía que ese momento, era especial para mí
y no quiso estropearlo, y ella en verdad quería un momento así, pero con
Carlos. Pero, David, unos minutos después, chilló:
-
¡Venga!!! La peli ya esta y la pizza también. – Yo y Álvaro nos giramos aun
abrazados. Pero seguimos cogidos de la mano para bajar al salón.
-
Bueno, todo esta preparado, ahora nos sentamos, ¡y a comer!!! – dijo Blas con
muchas ganas de probar la pizza.
-
Venga, siéntate a mi lado – me dijo Álvaro.
Esa
noche, bueno, no tenia palabras para describirla, solo una: perfecta.
Nos
divertimos muchísimo, comimos pizza, cantamos, bailamos, y nos volvimos locos.
Entonces, llegó la hora de ver la peli. Eran las 12 de la noche. No me quedaba
mucho tiempo, pero seguí disfrutando de lo que me quedaba de noche, aunque
sabía que iba a acabar mañana por la mañana.
-
Que ganas, venga, poned la peli ya, y traed las palomitas – gritó Dani
–Encendimos la tele, y vimos la peli; nadie decía nada, todos estaban prestando
atención a la peli. Tengo que admitir que a mi, me daba un poco de miedo. Pero
Álvaro, como si viviera en mi mente, lo notó, y me cogió de la mano. Era
genial.
A
media peli, se oían truenos, rayos y lluvia. Pero no era en la peli; era en la
vida real. Me asusté, y Álvaro me preguntó:
-
Estas bien, ¿tienes miedo? –
-
Si. De que se acabe este día tan maravilloso. –
-
Tu tranquila, que todo va a acabar de alguna forma, lo más seguro es que acabé
bien – me sonrío, y seguimos viendo la peli. Ya eran las 2 de la mañana. Nos
habíamos dormido todos en el sofá del salón, pero aunque estuviera dormida,
seguía de la mano de Álvaro. No quería soltarle, y por lo visto el tampoco a mi.
Álvaro
se despertó, y sin hacer ruido, me cogió en brazos y me llevó hasta su cama, me
tumbó en ella con cuidado de no despertarme, me tapó con la manta asegurándose
de que no tenía frío, y me dijo al oído:
-
Buenas noches preciosa. – Cerró la puerta, y se fue silenciosamente a dormir a
otra habitación.
Me
desperté. Eran las 9 de la mañana, no podía creerlo. Me levanté, y vi que
estaba en una habitación diferente a la que me quedé dormida. Alguien abrió la
puerta, era el, Álvaro:
-
Buenos días ¿has dormido bien? – me dijo con su dulce voz.
-
Si, genial. – aun no se como acabé ahí, pero da igual.
-
Pues levántate, que iremos a desayunar, tu y yo solos, ¿que te parece?
-
Supongo, que bien. –
-
¿Quieres que te enseñe una cosa? –
-
Me encantaría. - Me cogió de la mano como había echo desde que me vio, y me
llevó con el. No se donde me llevaba, aunque rápido lo deduce; salimos fuera,
al gran jardín que tenían, y me mostró un arco iris que había aparecido al
acabar la lluvia. Era precioso. Ya no llovía, el sol brillaba, los pájaros
cantaban, la brisa del viento movía las hojas de los árboles verdes, las flores
y las rosas de colores, era como en un paraíso, pero más, estar con la persona
a la que quería.
-
Que, ¿te gusta? –
-
Claro, me encanta. –
-
¿Te apetece desayunar algo? –
-
Pues la verdad, si. – me mostró una mesa preciosa, con un magnífico desayuno
preparado. Había de todo.
-
Lo he preparado yo especialmente para ti. ¿Nos sentamos? – movió la silla para
que me sentará, y cogió una rosa roja, la olió, y me la dio por delante mió.
Nos
sentamos a desayunar juntos, hablamos, reímos, nos contamos secretos, o cosas
para conocernos mejor.
-
Bueno, m… ¿que te apetece hacer hoy? quieres que vayamos a algún sitio, ya que
estamos en Madrid?
-
Yo, no se, seria genial pero tengo que volver a mi casa con mis amigas. –
-
¿Así que vivís juntas?, por cierto, le comenté lo que hablamos tu y yo ayer a
los chicos, y me han dicho que por ellos bien. Así que ahora, solo falta tu
respuesta.
Me
quede pensativa; no sabía que contestar. Todos fueron apareciendo al jardín.
-
He, ¿donde os habíais metido? dijo David – os estábamos buscando.
-
E… bueno, aquí hablando sobre lo que haríamos hoy. –
-
Ya te has decidido, Maria? –
-
Si, creo que, depende de cómo lo pasemos hoy a donde vayamos – dije sonriéndole a Álvaro, porque sabía que él, quería ir conmigo a algún sitio hoy. Me daba
igual donde fuéramos, mientras fuera a estar con Álvaro.
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