No tenía ganas de comer nada a
la hora de cenar, y me quedé tumbada en el sofá viendo la tele. Esa noche daban
la película de “MAMÁ” y yo la quería ver. Empezaba a las 11, y tenía que estar
despierta hasta entonces. No me encontraba bien, llevaba todo el fin de semana
resfriada; con tos, dolor de garganta y fiebre. Ahora estaba arriba
descansando. No podía dormirme, y tampoco quería estar con nadie. Sentía algo
diferente en mi corazón desde que había vuelto con Álvaro. No sabía del todo
bien que era, pero ya no todo era como antes. Ahora ellos tenían más fama, más
trabajo, más fans, y cada vez más éxito, con lo que no estaban mucho por casa,
y se pasaban horas en el estudio grabando el nuevo CD. El fin de semana Álvaro
se quedó conmigo para cuidarme, pero a veces tenía que atender a llamadas
importantes y dejar de estar conmigo. Sentía que cada vez que quería estar con
el, algo me lo impedía. Creo que era ese el vacío que abundaba mi corazón. Por
fin Álvaro entró en la habitación otra vez.
- ¿Cómo te encuentras?
- Algo mejor.
- Me alegro.
- Escucha… He pensado que a lo
mejor deberíamos irnos por un tiempo, ya sabes, porque tenéis mucho trabajo con
el CD.
- Ni hablar, vosotras os
quedáis aquí. Además, la grabación se acaba la semana que viene.
- Pero no quiero molestarte,
además ahora que estoy mala, tienes que cuidar de mí y no quiero que pierdas el
tiempo conmigo.
- Eh! Tú no me molestas, tú me
ayudas a seguir adelante y a cantar con ese sentimiento tan profundo. Te prometo
que voy a pasar más tiempo contigo. – Dijo cogiéndome de la mano. – Es más, mañana
por la tarde voy a llevarte a un sitio muy especial.
- Pero estoy mala. – Dije
tosiendo.
- No pasa nada. No va a
pasarte nada. Además, hoy tendré toda la tarde libre para estar contigo.
- Entonces no tengo nada más
que hacer.
- ¿Vas a bajar a cenar?
- No tengo hambre. Pero voy a
estar abajo, no quiero estar aquí sola.
- Pues dame la mano y vamos. –
Toda la casa olía a quemado. Entramos a la cocina y vimos a Dani y a David
cocinando. Tenían el horno abierto, y salía humo de el. Laura estaba en la otra
esquina riéndose, como normalmente. A David se le había quedado cara de
extrañado y sorprendido, y dijo:
-¿Cómo ha podido pasar esto?
Lo hemos puesto como decía en el paquete, 13 minutos al horno. – Dani estaba
riéndose.
- No, no… Aquí pone que son 13
minutos para preparar el horno, y 5 para el pastel. – Y miró mal a David.
- Yo no tengo la culpa. – Alzó
las manos. Los dos tenían un aspecto muy gracioso: Llevaban un delantal y un
gorro de cocina.
- No David, que no sepas
contar es culpa mía. – Dijo Dani con irónicamente, para hacerme reír, ya que
estaba mala. Y logró que me riera. De repente Carlos entró por el otro lado de
la cocina con una espátula, un delantal como ellos y su gorro habitual de color
amarillo de lana.
- Os dejo un momento solos y lo
desmanteláis todo, es que sin mi nadie comería en esta casa. – Dijo haciéndose
el gracioso. Parecía que todos querían animarme.
- ¿Qué ha pasad? – Preguntó Álvaro.
- Por lo visto se ha quemado
el pastel de chocolate que nos íbamos a comer de postre. – Dijo Carlos alzando
la voz cada vez más y mirando a Dani y a David enfadado.
- Prepararemos otro, no pasa
nada. – Dijo Dani, que siempre era positivo.
- Son las 8 de la tarde, que
pretendes, ¿Ir a comprar otro? – Añadió Carlos.
- Bueno… Podemos ir, aun no
estará cerrado. – Propuso David. Y yo dije después:
- Voy contigo, así me despejo
un poco. – El sonrío.
- Pero ahora teníamos un
tiempo para nosotros… - Me recordó Álvaro.
- Volveremos luego. – David
cogió la cartera y salimos. Iba a decirle algo, pero el me adelantó
- Tengo que contarte algo. –
Dijo bastante serio.
- ¿Qué? – Le respondí con
curiosidad.
- Verás, tendría que habértelo
dicho desde el principio pero luego te encariñaste con Álvaro y… - Cerré los
ojos un momento y suspiré.
- No… - Murmuré.
- Te quiero. Desde el primer
día que te conocí… Bueno, en realidad yo me fijé en Ana, pero después vi que
ella solo me quería como amigos, y después cuando creí que tenía la oportunidad
de contarte lo que sentía… Álvaro me pasó delante.
- Yo, lo siento pero…
- Ya se que tu no me quieres,
porque estas con Álvaro y ahora volvéis a estar como bien como antes… - Yo lo
interrumpí.
- Yo te quiero solo como
amigos, y lo que dices de Álvaro… No es cierto.
- ¿Cómo? Pero ahora estáis
bien, ¿no?
- Si, pero siento que no todo
va igual que antes. El ya no es el mismo, hay algo que ha cambiado en el.
- Tranquila, será por esta
movida del nuevo CD.
- Ahora ya no pasa tiempo
conmigo. ¿Qué crees que debo hacer? Tu que le conoces de hace años.
- El te ama, créeme. Desde ese
25 de diciembre se fijó en ti. Nos lo contó a todos, y entonces yo me
desilusioné.
- En serio… - Dije sorprendida
por lo que me contó, y sonreí levemente. – Me quiere desde entonces…
- Así es, estaba así hasta que
unos meses después te lo dijo.
- Yo empecé a sentir cosas por
el desde que nos acogisteis esa noche que llovía tanto. Cuando empezó a decirme
cosas bonitas, a estar conmigo, a abrazarme, a quererme… Yo lo noté, pero no
quise decirle nada.
- Pues
deberías. Y cuando te subió al escenario y te cantó Cartas Entrelazadas. Eso no
se lo hace a las chicas a las que quería; solo a ti.
- A
veces creo que… Va a olvidarse de mi en cuanto conozca a otra famosa, pero si
eso es lo que quiere hacer, adelante, porque es el quien tiene que ser feliz.
Yo no se lo voy a impedir.
- Sabes…
A veces te miró y es como si ya te hubiese visto antes. Quiero decir, antes de
conocernos y ser amigos.
- No…
No se porque piensas eso. – Dije temblando, nerviosa.
- ¿Qué
te pasa? Pareces nerviosa.
- Nada.
¿Podemos dejar de hablar de este tema?
- Lo
que tú quieras. – Entramos por fin al supermercado, cuando a lo lejos vi los
pasteles. Me dirigí hasta ahí, y compré una caja del de chocolate. La cajera
nos atendió, y salimos de ahí sin parar. Tuvimos la mala suerte de que cuando
estábamos a poco rato de casa se puso a llover.
- Creo
que caen gotas. Será mejor que nos demos prisa. – Dijo David, que llevaba el
pastel en la bolsa. Otra vez lluvia. Parecía que la lluvia fuera como mi
sombra, allá a donde voy, ella me sigue. Cuando nos conocimos Álvaro y yo,
llovía; Cuando volví de Tarragona, llovía; Ahora, llovía. Nos dimos prisa más
que nada porque yo estaba enferma y no podía mojarme. David en seguida se quitó
la chaqueta y me la puso a mí. - Tú la necesitas más que yo. – Dijo mientras me
la ponía en la espalda.
-
Gracias.
- A
ti. ¿Carmen ya te ha contado lo suyo…? – Dijo sin acabar la frase.
- ¿Qué
tiene que contarme?
-
Bueno, si no lo ha hecho será porque aun no quiere que lo sepas.
-
Venga, ¿Tú lo sabes?
- Si,
pero no te lo puedo decir, ya sabes…
- Ya
se, bueno da igual.
- Te
lo va a contar igual, espero. – Estuve callada todo el camino que quedaba hasta
casa, pensando en lo que Carmen no me había contado o me ocultaba. Llegamos en
pocos minutos, y cuando abrí la puerta Álvaro se me presentó delante unos
segundos después. Pero yo seguí caminando hacía la cocina sin decirle nada.
Dejé la bolsa del pastel sobre la mesa de la cocina y me subí a la habitación
de Carmen.
- El
pastel ya esta aquí. – Le dije a Carlos mientras subía las escaleras.
-
Genial, ahora mejor lo preparo yo. –
Dijo Carlos. Se puso a cocinar de una vez por todas. Mientras subía las
escaleras Álvaro subió detrás de mí, y cuando estaba a punto de abrir la puerta
de la habitación de Carmen, me cogió del hombro y me paró.
- ¿Qué
te pasa conmigo? – Me dijo mirándome fijamente y un poco enfadado.
- Nada.
– Respondí yo aun con una mirada muy seria.
-
Parece que me estés evitando.
- No…
No te estoy evitando. Solo intento que te pongas en mi lugar.
- ¿Qué
dices?
- Has
estado pasando de mí una semana, estaba enferma y has venido a ver como estaba
dos veces a la semana. Entiendo que tienes trabajo, pero podrías haberme
prestado algo de atención…
-
¿Perdona? He estado a tu lado desde que te pusiste mala, he pasado el tiempo
que he podido contigo y he estado trabajando mucho en el nuevo CD, ¿A caso has
pensado a ponerte tu en mi lugar?
- Claro
que te entiendo, pero… Siempre que quiero estar contigo un rato tienes que irte
en seguida.
-
¿Crees que no me quedaría para estar contigo sino tuviera trabajo?
- Yo…
Necesito estar sola. – Pasé de ir a hablar con Carmen, y entré en mi habitación
y la cerré con llave. Álvaro intentó impedir que se cerrara la puerta, pero la
cerré antes.
-
Venga, Maria, ¡Abre la puerta! – Gritaba el desde fuera. Yo no tenía la
intención de abrirla hasta dentro de un rato. Todo estaba yéndome muy mal:
David me quería, y no quería herir sus sentimientos; Álvaro no quería estar
conmigo, y nos habíamos enfadado; Carmen no me había contado eso que David
decía que era importante. Me quedé un rato sola en la habitación, observando
otra vez la ventana. No se como Álvaro y yo nos podíamos enfadarnos tan a menudo…
Es normal que las personas que están juntas se peleen, pero nosotros nos
peleábamos una vez tras otra, y eso no era tan normal. Yo no quería enfadarme
con la persona a quien más amo del mundo, pero cada vez se me hacía más difícil
vivir así. La cena estaba lista; siempre se sabe cuando Carlos dice chillando:
- ¡A la mesa, la cena esta
lista! – Como acababa de hacer hace segundos. Quería
bajar abajo a cenar, cuando abrí la puerta y me encontré a Carmen y Dani
abrazados. Pensé en lo más lógico, ¿Por qué se abrazaban? Entonces me acordé de
que Carmen quería a Dani, y que según David ella tenía que contarme algo muy
importante. Empecé a pensar, y ahora todo encajaba: Lo que Carmen tenía que
decirme era que estaba con Dani. O no quiso decírmelo por algo, o no quería que
lo supiera. En seguida al abrir la puerta solté una indirecta.
- Ejem… -
Carmen se giró rápidamente. Y ahí estaba yo, muy seria y mirándola
decepcionada.
- Hola… -
Dijo ella intentando tapar la mentira.
- No puedo
creer que no me lo hayas contado.
- No es eso,
es que… - No le dejé terminar, y bajé las escaleras igual de enfadada. Carlos
había preparado la mesa, y me senté aun con menos hambre.
- ¿Qué te
pasa? – Preguntó Carlos. Álvaro quiso responder por mí, pero no lo arreglo muy
bien.
- No le pasa
nada, solo que hoy tiene ganas de pelearse conmigo. – Yo di un golpe sobre la
mesa con las manos.
- Sabes,
estoy harta de todo esto, me voy de aquí. – Tiré la silla hacía atrás para
hacer ruido a propósito, y salí de la sala y volví a mí habitación. Laura intentó pararme, pero
yo seguí caminando. David estaba mirándome, cuando me siguió hasta arriba.
Entré y cerré la puerta fuertemente, y volví a colocarme sobre mi cama. Me
tumbé allí mismo. David picó a la puerta antes de entrar.
- ¿Puedo pasar?
– Preguntó inseguro.
- Haz lo que
quieras. – Entró y se sentó a mi lado.
- ¿Por qué
estas así? No deberías ser infeliz.
- Pues lo
soy. ¿Has escuchado lo que me acaba de decir Álvaro?
- No. Pero
eso le pasa a cualquiera; tu al menos estas con la persona a quien quieres, yo
no.
- Estaba.
Pelarte todo el tiempo con alguien no es estar bien, además Álvaro ya se ha
cansado de mí.
- No digas
eso, Álvaro te quiere. Y nunca dejará de quererte.
- Eso es
mentira. Algún día dejará de quererme.
- Pues si
eso pasa… Yo siempre estaré a tu lado.
- Gracias.
Tu siempre me ayudas en todo lo de
Álvaro; pero ya no se qué hacer, estoy harta de todo esto. ¿Qué crees que
debería hacer con Álvaro?
- Pedirle
perdón.
- Bueno, yo
no soy aquí la única que tiene que pedir perdón…
- Mira,
intentaré hablar con él. Lo solucionaré. – Le sonreí y bajé con él al comedor.
Volvimos a cenar, cuando ya todos estaban en la mesa. La verdad es que me daba
un poco de corte llegar ahí cuando todos estaban cenando.
- ¡Ya era
hora! – Dijo Dani.
- ¿Qué
hacíais? – Preguntó Carmen.
- Aquí no
soy yo la que tiene que contar las cosas. – Dije. Dani y Carmen se miraron
preocupados, no sabían qué hacer.
- Sentaos… -
Dijo Carlos para que nos calmáramos. Yo me senté al lado de David y Laura.
- ¿Qué ha
pasado? Antes no me has hecho caso. – Dijo Laura.
- Me he
picado con Álvaro.
- ¿Pero otra
vez? Madre mía…
- Si, no sé
qué hacer. No pasa tiempo conmigo, creo que ya no me quiere. – Dije. Se ve que
Álvaro lo oyó, se levantó, y me gritó:
- ¡No puedo
creer que me hagas esto! ¿Cómo puedes decir que no te quiero, si me importas
más que mi vida? – Me quedé sin palabras. Me levanté y me puse a su lado.
- Entonces…
- Te prometo
que voy a pasar más tiempo contigo cuando se acabe la grabación del CD. – Me
recogió el pelo y me besó delante de todos. – Lo siento. – Me abrazo y pareció
que todo seguía igual.
- No, soy yo
quien lo siente. Me he hecho la tonta… Lo siento. – Le abracé, y esperé que esa
fuera nuestra última reconciliación.
- Mañana voy
a llevarte a un sitio muy especial como te dije. – Sonreí y miré a David,
después de guiñarle el ojo. Volvimos a sentarnos a la mesa, y a cenar como al
empezar. Para el postre Carlos trajo el pastel acabado de sacar del horno.
Tenía un aspecto delicioso: Una cobertura de chocolate desecho (como no) y
adornos de colores por encima. Cortó un trozo para Sara primero, después para
Álvaro, para mi y para todos los demás. Cuando tuve mi trozo me senté en el
sofá, donde estaba David.
- Has sido
tú, ¿Verdad? – Le pregunté sobre el cambio de actitud de Álvaro conmigo.
- ¿Yo? ¿Qué
dices? No he hecho nada.
- Mentiroso…
- Dije bromeando. – Se que has hablado con él.
- Te digo
que no he sido yo. Álvaro ha aprendido a madurar, nada más.
- Bueno, de
todas formas… Gracias. – Y después le di un fuerte abrazo como amigos. Eran las
10:45 y a las 11 empezaba la película que quería ver. Mamá. Me senté al lado de
David, y me tapé con la manta.
- ¿Tu
también quieres verla? – Me preguntó.
- Si, me
gustan las películas de miedo. – Le respondí segura.
- Pero dicen
que esta da mucho miedo psicológico…
- Anda
calla. – Y le di un golpecito con el codo mientras me reía.
- Eh,
mientras que no empieza la peli, vamos a jugar a un juego: Haber quien se ríe primero. – Me
reí.
- Te aseguro
que voy a perder. – Exclamé. – Venga va, empezamos. – Llevábamos 10 segundos
cuando empecé a reírme.
- ¡Has
perdido! – Exclamó David riéndose.
- Vale,
vale. Pero es que yo no sé hacer eso, es imposible no hacerme reír. Ni cuando
estoy triste. – Pasaron 5 minutos, y Álvaro saltó a mi lado del sofá. Me cogió
por detrás y me acercó a él.
- ¿Vemos la
peli juntos? – Me preguntó Álvaro.
- Claro. Así
cuando tenga miedo puedo abrazarte.
- No solo
cuando tengas miedo. – Entonces fui a abrazarle.
- Genial. –
La película empezó. Los primeros 30 minutos no dieron miedo, pero después si.
Álvaro se acercó a mí y me besó.
- Espero no
tener ninguna pesadilla esta noche. – Dije en voz baja.
- No la
tendrás. Y si la tienes, estaré ahí para consolarte. – Me susurró.
- Que tierno
eres. – Seguía abrazada a él. Tenía mucho sueño, y ahora hacían publicidad.
- ¿Quieres
irte ya a la cama?
- No lo sé…
Quiero ver el final.
- Pero si
estas cansada…
- Bueno,
aguantaré.
- Vale, pero
después no te quedes dormida porque tendré que llevarte hasta la habitación
otra vez… Es broma, me da igual hacerlo si es por ti.
- Vale… -
Dije riéndome. Por fin acabó la película. Eran las 12:45 de la noche, y quería
irme a la cama.
- Vamos, te
acompaño a la cama. – Subimos a la habitación también con David, y le dimos las
buenas noches.
- Buenas
noches, y gracias por todo. – Le dije.
- Buenas
noches bonita. – Me dijo él. Aun estaba un poco mala, y me dolía un poco la
cabeza.
- Buenas
noches, y gracias por todo. – Me dio un beso de buenas noches y se tumbó en su
cama para dormir. Álvaro me había prometido que mañana por la tarde; yo no podía imaginarme donde me llevaría, pero seguro que será un sitio muy especial.
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