domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo 28: A tu lado


                                                      



No tenía ganas de comer nada a la hora de cenar, y me quedé tumbada en el sofá viendo la tele. Esa noche daban la película de “MAMÁ” y yo la quería ver. Empezaba a las 11, y tenía que estar despierta hasta entonces. No me encontraba bien, llevaba todo el fin de semana resfriada; con tos, dolor de garganta y fiebre. Ahora estaba arriba descansando. No podía dormirme, y tampoco quería estar con nadie. Sentía algo diferente en mi corazón desde que había vuelto con Álvaro. No sabía del todo bien que era, pero ya no todo era como antes. Ahora ellos tenían más fama, más trabajo, más fans, y cada vez más éxito, con lo que no estaban mucho por casa, y se pasaban horas en el estudio grabando el nuevo CD. El fin de semana Álvaro se quedó conmigo para cuidarme, pero a veces tenía que atender a llamadas importantes y dejar de estar conmigo. Sentía que cada vez que quería estar con el, algo me lo impedía. Creo que era ese el vacío que abundaba mi corazón. Por fin Álvaro entró en la habitación otra vez.

- ¿Cómo te encuentras?
- Algo mejor.
- Me alegro.
- Escucha… He pensado que a lo mejor deberíamos irnos por un tiempo, ya sabes, porque tenéis mucho trabajo con el CD.
- Ni hablar, vosotras os quedáis aquí. Además, la grabación se acaba la semana que viene.
- Pero no quiero molestarte, además ahora que estoy mala, tienes que cuidar de mí y no quiero que pierdas el tiempo conmigo.
- Eh! Tú no me molestas, tú me ayudas a seguir adelante y a cantar con ese sentimiento tan profundo. Te prometo que voy a pasar más tiempo contigo. – Dijo cogiéndome de la mano. – Es más, mañana por la tarde voy a llevarte a un sitio muy especial.
- Pero estoy mala. – Dije tosiendo.
- No pasa nada. No va a pasarte nada. Además, hoy tendré toda la tarde libre para estar contigo.
- Entonces no tengo nada más que hacer.
- ¿Vas a bajar a cenar?
- No tengo hambre. Pero voy a estar abajo, no quiero estar aquí sola.
- Pues dame la mano y vamos. – Toda la casa olía a quemado. Entramos a la cocina y vimos a Dani y a David cocinando. Tenían el horno abierto, y salía humo de el. Laura estaba en la otra esquina riéndose, como normalmente. A David se le había quedado cara de extrañado y sorprendido, y dijo:
-¿Cómo ha podido pasar esto? Lo hemos puesto como decía en el paquete, 13 minutos al horno. – Dani estaba riéndose.
- No, no… Aquí pone que son 13 minutos para preparar el horno, y 5 para el pastel. – Y miró mal a David.
- Yo no tengo la culpa. – Alzó las manos. Los dos tenían un aspecto muy gracioso: Llevaban un delantal y un gorro de cocina.
- No David, que no sepas contar es culpa mía. – Dijo Dani con irónicamente, para hacerme reír, ya que estaba mala. Y logró que me riera. De repente Carlos entró por el otro lado de la cocina con una espátula, un delantal como ellos y su gorro habitual de color amarillo de lana.
- Os dejo un momento solos y lo desmanteláis todo, es que sin mi nadie comería en esta casa. – Dijo haciéndose el gracioso. Parecía que todos querían animarme.
- ¿Qué ha pasad? – Preguntó Álvaro.
- Por lo visto se ha quemado el pastel de chocolate que nos íbamos a comer de postre. – Dijo Carlos alzando la voz cada vez más y mirando a Dani y a David enfadado.
- Prepararemos otro, no pasa nada. – Dijo Dani, que siempre era positivo.
- Son las 8 de la tarde, que pretendes, ¿Ir a comprar otro? – Añadió Carlos.
- Bueno… Podemos ir, aun no estará cerrado. – Propuso David. Y yo dije después:
- Voy contigo, así me despejo un poco. – El sonrío.
- Pero ahora teníamos un tiempo para nosotros… - Me recordó Álvaro.
- Volveremos luego. – David cogió la cartera y salimos. Iba a decirle algo, pero el me adelantó
- Tengo que contarte algo. – Dijo bastante serio.
- ¿Qué? – Le respondí con curiosidad.
- Verás, tendría que habértelo dicho desde el principio pero luego te encariñaste con Álvaro y… - Cerré los ojos un momento y suspiré.
- No… - Murmuré.
- Te quiero. Desde el primer día que te conocí… Bueno, en realidad yo me fijé en Ana, pero después vi que ella solo me quería como amigos, y después cuando creí que tenía la oportunidad de contarte lo que sentía… Álvaro me pasó delante.
- Yo, lo siento pero…
- Ya se que tu no me quieres, porque estas con Álvaro y ahora volvéis a estar como bien como antes… - Yo lo interrumpí.
- Yo te quiero solo como amigos, y lo que dices de Álvaro… No es cierto.
- ¿Cómo? Pero ahora estáis bien, ¿no?
- Si, pero siento que no todo va igual que antes. El ya no es el mismo, hay algo que ha cambiado en el.
- Tranquila, será por esta movida del nuevo CD.
- Ahora ya no pasa tiempo conmigo. ¿Qué crees que debo hacer? Tu que le conoces de hace años.
- El te ama, créeme. Desde ese 25 de diciembre se fijó en ti. Nos lo contó a todos, y entonces yo me desilusioné.
- En serio… - Dije sorprendida por lo que me contó, y sonreí levemente. – Me quiere desde entonces…
- Así es, estaba así hasta que unos meses después te lo dijo.
- Yo empecé a sentir cosas por el desde que nos acogisteis esa noche que llovía tanto. Cuando empezó a decirme cosas bonitas, a estar conmigo, a abrazarme, a quererme… Yo lo noté, pero no quise decirle nada.
- Pues deberías. Y cuando te subió al escenario y te cantó Cartas Entrelazadas. Eso no se lo hace a las chicas a las que quería; solo a ti.
- A veces creo que… Va a olvidarse de mi en cuanto conozca a otra famosa, pero si eso es lo que quiere hacer, adelante, porque es el quien tiene que ser feliz. Yo no se lo voy a impedir.
- Sabes… A veces te miró y es como si ya te hubiese visto antes. Quiero decir, antes de conocernos y ser amigos.
- No… No se porque piensas eso. – Dije temblando, nerviosa.
- ¿Qué te pasa? Pareces nerviosa.
- Nada. ¿Podemos dejar de hablar de este tema?
- Lo que tú quieras. – Entramos por fin al supermercado, cuando a lo lejos vi los pasteles. Me dirigí hasta ahí, y compré una caja del de chocolate. La cajera nos atendió, y salimos de ahí sin parar. Tuvimos la mala suerte de que cuando estábamos a poco rato de casa se puso a llover.
- Creo que caen gotas. Será mejor que nos demos prisa. – Dijo David, que llevaba el pastel en la bolsa. Otra vez lluvia. Parecía que la lluvia fuera como mi sombra, allá a donde voy, ella me sigue. Cuando nos conocimos Álvaro y yo, llovía; Cuando volví de Tarragona, llovía; Ahora, llovía. Nos dimos prisa más que nada porque yo estaba enferma y no podía mojarme. David en seguida se quitó la chaqueta y me la puso a mí. - Tú la necesitas más que yo. – Dijo mientras me la ponía en la espalda.
- Gracias.
- A ti. ¿Carmen ya te ha contado lo suyo…? – Dijo sin acabar la frase.
- ¿Qué tiene que contarme?
- Bueno, si no lo ha hecho será porque aun no quiere que lo sepas.
- Venga, ¿Tú lo sabes?
- Si, pero no te lo puedo decir, ya sabes…
- Ya se, bueno da igual.
- Te lo va a contar igual, espero. – Estuve callada todo el camino que quedaba hasta casa, pensando en lo que Carmen no me había contado o me ocultaba. Llegamos en pocos minutos, y cuando abrí la puerta Álvaro se me presentó delante unos segundos después. Pero yo seguí caminando hacía la cocina sin decirle nada. Dejé la bolsa del pastel sobre la mesa de la cocina y me subí a la habitación de Carmen.
- El pastel ya esta aquí. – Le dije a Carlos mientras subía las escaleras.
- Genial, ahora  mejor lo preparo yo. – Dijo Carlos. Se puso a cocinar de una vez por todas. Mientras subía las escaleras Álvaro subió detrás de mí, y cuando estaba a punto de abrir la puerta de la habitación de Carmen, me cogió del hombro y me paró.
- ¿Qué te pasa conmigo? – Me dijo mirándome fijamente y un poco enfadado.  
- Nada. – Respondí yo aun con una mirada muy seria.
- Parece que me estés evitando.
- No… No te estoy evitando. Solo intento que te pongas en mi lugar.
- ¿Qué dices?
- Has estado pasando de mí una semana, estaba enferma y has venido a ver como estaba dos veces a la semana. Entiendo que tienes trabajo, pero podrías haberme prestado algo de atención…
- ¿Perdona? He estado a tu lado desde que te pusiste mala, he pasado el tiempo que he podido contigo y he estado trabajando mucho en el nuevo CD, ¿A caso has pensado a ponerte tu en mi lugar?
- Claro que te entiendo, pero… Siempre que quiero estar contigo un rato tienes que irte en seguida.
- ¿Crees que no me quedaría para estar contigo sino tuviera trabajo?
- Yo… Necesito estar sola. – Pasé de ir a hablar con Carmen, y entré en mi habitación y la cerré con llave. Álvaro intentó impedir que se cerrara la puerta, pero la cerré antes.
- Venga, Maria, ¡Abre la puerta! – Gritaba el desde fuera. Yo no tenía la intención de abrirla hasta dentro de un rato. Todo estaba yéndome muy mal: David me quería, y no quería herir sus sentimientos; Álvaro no quería estar conmigo, y nos habíamos enfadado; Carmen no me había contado eso que David decía que era importante. Me quedé un rato sola en la habitación, observando otra vez la ventana. No se como Álvaro y yo nos podíamos enfadarnos tan a menudo… Es normal que las personas que están juntas se peleen, pero nosotros nos peleábamos una vez tras otra, y eso no era tan normal. Yo no quería enfadarme con la persona a quien más amo del mundo, pero cada vez se me hacía más difícil vivir así. La cena estaba lista; siempre se sabe cuando Carlos dice chillando:
- ¡A la mesa, la cena esta lista! – Como acababa de hacer hace segundos. Quería bajar abajo a cenar, cuando abrí la puerta y me encontré a Carmen y Dani abrazados. Pensé en lo más lógico, ¿Por qué se abrazaban? Entonces me acordé de que Carmen quería a Dani, y que según David ella tenía que contarme algo muy importante. Empecé a pensar, y ahora todo encajaba: Lo que Carmen tenía que decirme era que estaba con Dani. O no quiso decírmelo por algo, o no quería que lo supiera. En seguida al abrir la puerta solté una indirecta.
- Ejem… - Carmen se giró rápidamente. Y ahí estaba yo, muy seria y mirándola decepcionada.
- Hola… - Dijo ella intentando tapar la mentira.
- No puedo creer que no me lo hayas contado.
- No es eso, es que… - No le dejé terminar, y bajé las escaleras igual de enfadada. Carlos había preparado la mesa, y me senté aun con menos hambre.
- ¿Qué te pasa? – Preguntó Carlos. Álvaro quiso responder por mí, pero no lo arreglo muy bien.
- No le pasa nada, solo que hoy tiene ganas de pelearse conmigo. – Yo di un golpe sobre la mesa con las manos.
- Sabes, estoy harta de todo esto, me voy de aquí. – Tiré la silla hacía atrás para hacer ruido a propósito, y salí de la sala y volví  a mí habitación. Laura intentó pararme, pero yo seguí caminando. David estaba mirándome, cuando me siguió hasta arriba. Entré y cerré la puerta fuertemente, y volví a colocarme sobre mi cama. Me tumbé allí mismo. David picó a la puerta antes de entrar.
- ¿Puedo pasar? – Preguntó inseguro.
- Haz lo que quieras. – Entró y se sentó a mi lado.
- ¿Por qué estas así? No deberías ser infeliz.
- Pues lo soy. ¿Has escuchado lo que me acaba de decir Álvaro?
- No. Pero eso le pasa a cualquiera; tu al menos estas con la persona a quien quieres, yo no.
- Estaba. Pelarte todo el tiempo con alguien no es estar bien, además Álvaro ya se ha cansado de mí.
- No digas eso, Álvaro te quiere. Y nunca dejará de quererte.
- Eso es mentira. Algún día dejará de quererme.
- Pues si eso pasa… Yo siempre estaré a tu lado.
- Gracias. Tu siempre  me ayudas en todo lo de Álvaro; pero ya no se qué hacer, estoy harta de todo esto. ¿Qué crees que debería hacer con Álvaro?
- Pedirle perdón.
- Bueno, yo no soy aquí la única que tiene que pedir perdón…
- Mira, intentaré hablar con él. Lo solucionaré. – Le sonreí y bajé con él al comedor. Volvimos a cenar, cuando ya todos estaban en la mesa. La verdad es que me daba un poco de corte llegar ahí cuando todos estaban cenando.
- ¡Ya era hora! – Dijo Dani. 
- ¿Qué hacíais? – Preguntó Carmen.
- Aquí no soy yo la que tiene que contar las cosas. – Dije. Dani y Carmen se miraron preocupados, no sabían qué hacer.
- Sentaos… - Dijo Carlos para que nos calmáramos. Yo me senté al lado de David y Laura.
- ¿Qué ha pasado? Antes no me has hecho caso. – Dijo Laura.
- Me he picado con Álvaro.
- ¿Pero otra vez? Madre mía…
- Si, no sé qué hacer. No pasa tiempo conmigo, creo que ya no me quiere. – Dije. Se ve que Álvaro lo oyó, se levantó, y me gritó:
- ¡No puedo creer que me hagas esto! ¿Cómo puedes decir que no te quiero, si me importas más que mi vida? – Me quedé sin palabras. Me levanté y me puse a su lado.
- Entonces…
- Te prometo que voy a pasar más tiempo contigo cuando se acabe la grabación del CD. – Me recogió el pelo y me besó delante de todos. – Lo siento. – Me abrazo y pareció que todo seguía igual.
- No, soy yo quien lo siente. Me he hecho la tonta… Lo siento. – Le abracé, y esperé que esa fuera nuestra última reconciliación.
- Mañana voy a llevarte a un sitio muy especial como te dije. – Sonreí y miré a David, después de guiñarle el ojo. Volvimos a sentarnos a la mesa, y a cenar como al empezar. Para el postre Carlos trajo el pastel acabado de sacar del horno. Tenía un aspecto delicioso: Una cobertura de chocolate desecho (como no) y adornos de colores por encima. Cortó un trozo para Sara primero, después para Álvaro, para mi y para todos los demás. Cuando tuve mi trozo me senté en el sofá, donde estaba David.
- Has sido tú, ¿Verdad? – Le pregunté sobre el cambio de actitud de Álvaro conmigo.
- ¿Yo? ¿Qué dices? No he hecho nada.
- Mentiroso… - Dije bromeando. – Se que has hablado con él.
- Te digo que no he sido yo. Álvaro ha aprendido a madurar, nada más.
- Bueno, de todas formas… Gracias. – Y después le di un fuerte abrazo como amigos. Eran las 10:45 y a las 11 empezaba la película que quería ver. Mamá. Me senté al lado de David, y me tapé con la manta.
- ¿Tu también quieres verla? – Me preguntó.
- Si, me gustan las películas de miedo. – Le respondí segura.
- Pero dicen que esta da mucho miedo psicológico…
- Anda calla. – Y le di un golpecito con el codo mientras me reía.
- Eh, mientras que no empieza la peli, vamos a jugar a  un juego: Haber quien se ríe primero. – Me reí.
- Te aseguro que voy a perder. – Exclamé. – Venga va, empezamos. – Llevábamos 10 segundos cuando empecé a reírme.
- ¡Has perdido! – Exclamó David riéndose.
- Vale, vale. Pero es que yo no sé hacer eso, es imposible no hacerme reír. Ni cuando estoy triste. – Pasaron 5 minutos, y Álvaro saltó a mi lado del sofá. Me cogió por detrás y me acercó a él.
- ¿Vemos la peli juntos? – Me preguntó Álvaro.
- Claro. Así cuando tenga miedo puedo abrazarte.
- No solo cuando tengas miedo. – Entonces fui a abrazarle.
- Genial. – La película empezó. Los primeros 30 minutos no dieron miedo, pero después si. Álvaro se acercó a mí y me besó. 
- Espero no tener ninguna pesadilla esta noche. – Dije en voz baja.
- No la tendrás. Y si la tienes, estaré ahí para consolarte. – Me susurró.
- Que tierno eres. – Seguía abrazada a él. Tenía mucho sueño, y ahora hacían publicidad.
- ¿Quieres irte ya a la cama?
- No lo sé… Quiero ver el final.
- Pero si estas cansada…
- Bueno, aguantaré.
- Vale, pero después no te quedes dormida porque tendré que llevarte hasta la habitación otra vez… Es broma, me da igual hacerlo si es por ti.
- Vale… - Dije riéndome. Por fin acabó la película. Eran las 12:45 de la noche, y quería irme a la cama.
- Vamos, te acompaño a la cama. – Subimos a la habitación también con David, y le dimos las buenas noches.
- Buenas noches, y gracias por todo. – Le dije.
- Buenas noches bonita. – Me dijo él. Aun estaba un poco mala, y me dolía un poco la cabeza.
- Buenas noches, y gracias por todo. – Me dio un beso de buenas noches y se tumbó en su cama para dormir. Álvaro me había prometido que mañana por la tarde; yo no podía imaginarme donde me llevaría, pero seguro que será un sitio muy especial. 





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