Estuve pensando toda la noche en Álvaro. ¿Qué
sorpresa me habría preparado? Era la primera vez que no tenía miedo después de
ver una película de miedo. Pero aun así intenté no pensar en la peli. Tenía en
mente varias cosas que me preocupaban: Que Carmen no me contara lo de Dani,
después de que yo le contara todo desde el principio con Álvaro, David, cuando
me dijo que me quería... Estuvo sospechando alguna cosa sobre mi secreto, pero
ahora no era el momento de pensar en ello; nadie podía enterarse o acordarse de
aquello. Solo quería dormir, y despertar una vez más por la mañana en aquella habitación,
que Álvaro me diera los “Buenos días” de siempre, y me besara; volver a
escuchar su voz... Abrí los ojos, y era de día. Los rayos del sol se reflejaban
en la cama, y las cortinas, que estaban abiertas, mostraban el bonito día que
iba a hacer ese día especial. Me levanté de golpe, salí de la cama y me puse
delante de la ventana, observando a través de ella a los chicos, que ya estaban
en el jardín desayunando. David me vio asomada a la ventana, y me sonrío. Yo le
sonreí mucho más feliz. No veía a Álvaro por ninguna parte del jardín, y de
repente la puerta se abrió; no me giré siquiera porque sabía quien iba a estar
detrás de esa puerta: Álvaro. Cerró la puerta, y me abrazo por detrás.
- Buenos días princesa. – Me dijo mientras me
abrazaba una vez más. Me giré hacía el, y le abracé. La primera palabra que le
dije fue sin duda:
- Te quiero. – Le miré a los ojos, y sabía
que iba a decirme algo importante.
- Tengo que decirte algo.
- Me lo insinuaba...
- Si que me conoces bien entonces. Bueno...
No se si te va a gustar pero, este 28 de Marzo vamos a hacer una forma en
Barcelona.
- ¿Qué? ¡Es genial!
- Pero creí que te ibas a enfadar, ya sabes
por estar otra vez con el trabajo...
- ¡No! Claro que no, me alegro muchísimo por
vosotros, cada vez sois más grandes, y tenéis más fama.
- ¡Pues entonces no tengo nada más que
pedirte que vengas con nosotros! – Dijo mientras me cogía fuerte de las manos.
- ¿Quieres que vaya?
- ¡Por supuesto! Sino como voy a cantar, ¿Si
eres tu quien me inspira?
- Eso no es verdad.
- Tú piensa lo que quieras... Venga vístete,
tenemos que desayunar y...
- Vale, ahora voy. – Álvaro salió de la
habitación. Me arreglé y bajé con los demás.
- ¡Buenos días! – Me dijo David al pasar por
mi lado. Ahora que me había dicho lo que sentía todo iba mucho mejor.
- Buenos días. – Le contesté yo también.
- ¿Por qué estas tan contenta?
- Por Álvaro... Bueno, va a llevarme a un
sitio especial, y va a pasar todo el día conmigo.
- ¡Que bien!
- Si, supongo que si. – Laura se me acercó, y
me dijo que quería hablar contigo.
- ¿Podemos hablar? – Me dijo.
- Claro. ¿Qué pasa?
- Rocío ni sus cosas no están.
- ¿Qué? ¿Como que no esta?
- En la casa. La he buscado por todas partes,
no esta su maleta y no creo que se haya marchado a casa sin decirnos nada.
- ¿Pero que vamos a hacer? – Justamente hoy,
que iba a pasar el día con Álvaro tenía que pasar esto.
- Que
mal... – Susurró David. Álvaro apareció y se unió a la conversación:
- ¿Qué ha pasado? – Preguntó.
- Rocío no esta. – Dijo David.
- ¿Como que no esta? Hay que ir a buscarla.
¿La habéis llamado al móvil?
- No, voy a probarlo. – Dijo Laura,
alejándose para llamar.
- ¿Qué se supone que pasa con nosotros? –
Dije yo.
- No lo se... No podemos hacer nada más que
suspender nuestro día. – Dijo Álvaro.
- Esta claro que no podéis iros. Os tendréis
que quedar aquí hasta que la encontremos. – Dijo David. Entramos dentro algo
decepcionados, y nos sentamos al sofá. Estuvimos un buen rato intentando
localizarla, pero no contestaba al móvil ni estaba conectada a facebook. Cada
vez estaba más preocupada. En el momento en que todos estaban fuera, Álvaro me
cogió de la mano y me dijo:
- ¿Quieres que nos escapemos? – Yo riéndome
le respondí en voz baja:
- Claro. Vamos ahora que están fuera.
- ¿Pero por donde pasamos?
- Por la puerta de atrás. – Nos dirigimos
hasta ahí, y sin hacer ruido, cerramos la puerta y nos fuimos. Álvaro tenía el
coche aparcado ahí, subimos y nos dirigimos a alguna parte que no quiso decirme
aun. Pasaron 20 minutos, y mi teléfono sonó.
- No lo cojas. – Me dijo Álvaro antes de que
contestara.
- ¿Por qué?
- Porque nos obligaran a volver, y no quiero
que me riñan. – Dijo riéndose. Estuvimos más de una hora yendo en coche, y yo
me quedé dormida. Finalmente llegamos a no se donde, y me despertó.
- Venga, no te quedes ahora dormida, hemos
llegado. – Al escuchar su voz desperté inmediatamente.
- ¿Hemos llegado?
- Si. Venga baja del coche y cierra los ojos.
Aun no puedes mirar. – Hice lo que me dijo, y cuando estaba pisando el suelo,
me di cuenta de donde estaba. - ¿Sabes ya donde estamos?
- Creo que si... ¿Pero estas loco?
- Si, un poco. – Abrí los ojos, y me encontré
delante una gran playa.
- ¿Pretendes que nos bañemos?
- Pues no, solo quería que vieras el mar, y
nos sentáramos al borde de la arena.
- Me parece bien. – Cuando llevábamos un rato
allí se levantó y me dijo:
- Levántate y ponte delante de mi, después
tírate hacía atrás, si confías en mi, y te cogeré.
- Venga va. Si no me coges vas a ver...
- ¿Es que no confías en mi?
- Claro que confío en ti. – Me puse como me
había dicho, y me dejé caer. El me cogió, y no me dejó caer.
- ¿Ahora confías más en mi?
- Siempre he confiado en ti. – Entonces me
soltó delante del mar, y yo perdí el equilibrio y me caí al agua. El quiso
darme la mano para no caerme, yo le solté y me ahogué. El agua estaba muy fría,
y por un momento pensé en darle el susto a Álvaro de que me había ahogado, y
aguanté la respiración unos segundos más. Cuando Álvaro esperaba que saliera
del agua, vio que no pasaba nada. Se tiró al agua conmigo, y cogió.
- ¿Como has podido hacerme esto? ¡Me había
asustado!
- Quería ver como reaccionabas. Y que hacemos
ahora, se supone que yo estaba enferma, y con esta agua fría... – Álvaro y yo
seguíamos en el agua.
- Siempre quise hacer esto. – Entonces me
cogió, y me besó ahí mismo.
- Tengo frío. – Dije tiritando. Álvaro salió
del agua, me cogió en brazos, y me llevó a la arena.
- ¡Bájame, me voy a caer! – De repente me
soltó en la arena.
- Espera aquí, ahora vuelvo. – Subió por una
rampa, entró en el coche y sacó una toalla. Bajó otra vez, se puso detrás de
mí, y me puso la toalla por detrás.
- Gracias, ahora estoy mejor. ¿Qué quieres
hacer? – Entonces observé que estaba escribiendo algo en la arena. - ¿Qué
escribes?
- Ya lo verás. – Pude distinguir mi nombre en
la arena. - ¿Te gusta? Voy a hacerle una foto y a subirla. – Se puso con el
móvil e hizo lo que había dicho.
- ¿Vamos a comer algo? Tengo hambre.
- Claro. Vamos, conozco un restaurante que no
esta muy lejos de aquí. – Subimos de nuevo al coche. Miré el móvil y recibí 2 llamadas de Sara y de David.
Apagué el teléfono y lo guardé. No volví a mirarlo hasta el final del día. Pude
distinguir entre los pisos un restaurante. Álvaro y yo seguíamos mojados, y no
podíamos entrar así al restaurante. Así que decidimos ir a comprarnos cualquier
cosa para pasar el día. Yo tenía el pelo hecho un asco, del agua.
- Entremos aquí. – Propuso Álvaro. Era una
tienda playera, pero también tenían ropa de calle. Yo me cogí unos pantalones y
camiseta de tirantes. Álvaro unos pantalones cortos y camiseta corta. En esa
ciudad hacía bastante calor, ya que era una ciudad de costa. Salimos de la
tienda ya vestidos, y nos dirigimos al restaurante. Entramos y pedimos una mesa
para 2. Nos sentamos y empezamos a hablar. Nos trajeron la carta para pedir, y
los dos pedimos espaguetis a la carbonara. Ese plato me traía muy buenos
recuerdos. Nos trajeron la comida y no perdimos el tiempo comiendo, ya que
después queríamos ir a pasear.
- ¿Qué te esta pareciendo este día? – Me
preguntó.
- Maravilloso. – Le respondí con una gran
sonrisa en la cara. No quería que ese día acabara, y tampoco volver a casa,
porque nos echarían la bronca los chicos y mi prima. Acabamos el primer plato,
y nos trajeron el postre; otra cosa que me traía buenos recuerdos, helado de
chocolate y fresa. Pagamos entre los dos la comida, y salimos fuera a pasear mientras
nos comíamos el helado. Pasamos por un camino lleno de tiendas de gafas,
sombreros y joyas. Al otro lado de la calle podía observarse la playa, con las
palmeras que se balanceaban por una suave brisa. Yo entré en una tienda. Cogí
unas gafas para probármelas de color verde. Y miré a Álvaro.
- Te quedan bien. – Me dijo el que también
llevaba unas gafas negras.
- Y a ti. – Los dos nos compramos las gafas
que nos habíamos probado. Nos sacamos algunas fotos en las que los dos salíamos
con caras graciosas. Entramos en otra tienda; esa era de sombreros, gorros y
cintas de pelo. Yo me acordé de Carlos y su obsesión con los sombreros. – ¿Y si
le compramos un sombrero a Carlos? – Dije con uno en la mano que era bastante
bonito.
- Vale, así a la
hora de echarnos la bronca tendrá piedad con los dos. – Dijo Álvaro bromeando. Al
final compramos el sombrero convencidos. Yo no podía salir de una tienda sin
comprar algo para mí. Me di prisa a elegir porque no nos quedaba mucho tiempo. Elegí
una cinta de pelo que parecía estar hecha de flores. Parecía una corona, pero
me gustaba. Salimos de la tienda, y entramos a la última, la de joyas. Ahí
habían muchas cosas que me habría gustado comprar, pero me llevé uno que era un
corazón rojo.
- Me gusta... –
Dijo Álvaro convencido. No pudimos resistirnos y volvimos a entrar a una tienda
a por un granizado, le encantaban a Álvaro, y a mí también. Salimos de la
tienda ya con los granizados. Cada uno tenía 2 pajitas, por si el otro quería
probarlo. El mío era de frutas del bosque, y tenía un color azul. Y el de
Álvaro era de fresa, el era más de sabores normales. Nos lo comimos por el
camino, mientras volvíamos a dirigirnos a la playa para acabar nuestro día. Estuvimos
andando hasta encontrarla. Volvimos a sentarnos en la orilla; las olas eran
flojas, y el sol se estaba poniendo. El paisaje era precioso, y ese momento
también. Álvaro se acercó a mí, y puso su mano sobre la mía. Le di la mano y le
miré.
- Gracias por
este día. Te quiero.
- Ha sido muy
divertido, espero que podamos repetirlo. – Me cogió la barbilla y me besó. –
Ahora, volvamos a casa, tenemos más de 1 hora de viaje. – Me cogió de la mano y
fuimos dados de la mano andando hasta encontrar el coche. Montamos en el y
Álvaro se puso a conducir. Yo estaba muy cansada; volví a encender el móvil
para mirar las llamadas, y había recibido más de 10 llamadas, mensajes y otras
notificaciones. Habían probado a llamarme todos, hasta Ana, que supongo que le
dijeron que no estaba y ella también intentó localizarme. Solo pensaba en
llegar a casa, darme una ducha e irme a dormir. Estuvimos 1 hora y 30 minutos
para llegar. Yo ya me había quedado dormida. Álvaro apagó el coche, y vio que
me había quedado dormida. Abrió la puerta, me cogió en brazos, y sin hacer
ruido me llevó hasta mi habitación. Entró por la puerta de atrás, y me dejó en
la cama dormida. Me dio un beso en la mejilla y bajó abajo con los demás, que
estaban muy preocupados.
- ¡Miradlo! –
Gritó Dani al ver a Álvaro bajar por las escaleras. Sara y Carlos estaban sentados
en el sofá aun llamando, y esta vez el móvil sonó en el bolsillo de Álvaro,
porque el me había guardado el móvil al quedarme dormida. Oyeron la música, y
se giraron en inmediato.
- ¿Se puede saber
donde os habíais metido? Estábamos muy preocupados, hasta hemos llamado a Magí.
– Gritó Carlos muy enfadado. Yo desde la habitación lo escuché, y bajé en
seguida.
- Podríais
habérnoslo dicho, o contestar al teléfono al menos. – Siguió diciendo David,
aun preocupado.
- ¿Dónde esta mi
prima?
- Arriba, se ha
quedado dormida en el coche. – Respondió Álvaro. En aquel momento yo bajé al
salón.
- ¿Qué pasa aquí?
– Dije al oír los gritos.
- ¿Como que qué
pasa? Os habéis escapado sin decirnos nada. No atendíais al teléfono, no
llamabais... ¿Por qué nos habéis tenido tan preocupados? – Replicó Dani.
- Es que... –
Dije yo.
- No ha sido por
su culpa, no la chilléis. Ha sido culpa mía, no quería decepcionarla, y que se
quedara aquí Álvaro buscando a Rocío, en ve de estar conmigo pasando un día
genial. Y no em arrepiento de haberme escapado con ella, porque la amo. –
Discursó el. Todos se quedaron sin habla. Entonces Rachel apareció por el
salón.
- ¿Maria y
Álvaro? ¿Dónde estabais? – Si, ella también había vuelto. Fui corriendo a darle
un abrazo, y a hablar con ella de todo lo que había pasado este tiempo.
- Tú no te vas a
hablar a ninguna parte. – Me impidió Sara.
- Solo quiero
hablar con ella. – Dije yo.
- No. Hubieras
pensado antes lo de escaparte. Lo siento mucho, pero mañana nos vamos a ir a
casa. No puedo permitirte eso.
- ¿Qué? ¿Tu estas
loca? No puedes obligarme a eso. – Dije echándome a llorar. – ¡No puedes
separarme de la persona a quien más quiero en el mundo, no pienso irme, que te
quede claro que yo me quedo! – Salí llorando hacía mi habitación, y me encerré
ahí.
- Ves lo que has
conseguido. – Le dijo Álvaro. El subió detrás de mí, para consolarme.
- Creo que te has
pasado un poco. – Dijo Carlos a Sara.
- No. Mañana nos
vamos, y me da igual lo que diga.
- Pues que sepas
que ella no va a irse tan fácilmente. – Añadió David. – Puede que no se haya
portado bien, pero es verdad que no puedes separar a dos personas que se aman,
porque yo lo he sentido, y no es una situación nada fácil.
- ¿Y crees que yo
no? – Replicó ella. Se puso a llorar y salió fuera también llorando. Álvaro
picó a mi puerta.
- ¿Puedo entrar?
– Preguntó.
- Claro que si. –
Le deje entrar, y hablamos de todo esto.
- No vas a irte,
ya verás. – Me consoló.
- Tú no sabes
como es mi prima, cuando se le antoja algo hace todo para que eso pase o se
cumpla. Yo no quiero separarme de ti.
- Tú tranquila
porque no vas a irte. Porque yo no puedo vivir sin tenerte cada día a mi lado,
no puedo. – Me besó, y siguió consolándome.
- Yo no puedo
vivir sin ti. Prométeme que si me voy, no vas a olvidarme nunca, y vas a seguir
queriéndome. Prométemelo.
- Te lo prometo.
– Dijo acariciándome el pelo. – Te prometo que no vas a separarte de mí. – En
cuanto a Sara, estaba en el jardín llorando. No tenía motivos, o eso pensaba
hasta ahora. Carlos salió tras ella, e intentó hablar con ella.
- ¿Se puede saber
porque te has puesto así? – Le preguntó Carlos.
- A ti no tengo
que darte explicaciones, si total, no te importo. – Lloró aun más, y se tapó la
cara.
- Escucha... ¿Por
qué antes has dicho que lo habías sentido? Ya sabes, aquello de separarte de
otra persona.
- Estoy casi
segura de que no te importa.
- Claro que me
importa. – Entonces Sara subió el tono de voz:
- ¿Entonces
quieres saber porque estoy así? Muy bien, te lo diré: Desde el primer día que
te conocí he intentado quedar, o estar contigo y tú nunca te has ofrecido;
llevo llamando tu atención desde entonces, ¿y que has hecho tú? Nada, solo
pasas de mí como si fuera invisible. Te quiero, y llevo todo este tiempo
enamorada de ti, de tu voz, y aun así tú ni siquiera me apoyas. Ya esta, ya lo
he dicho. Ahora ya sabes lo que siento, enfádate, haz lo que quieras, pero yo
me marcho de aquí. Y si Maria no quiere irse, me da igual, que sea feliz, al
menos, ella puede serlo ya que tiene a alguien que la cuida, la ama y esta con
ella, cosa que tú nunca serás para mí. – Se levantó del césped, y entró a hacer
las maletas. Carlos se quedó con la palabra en la boca, y no pudo decirle nada
ni evitar que se fuera, estaba demasiado decidida. Yo seguía llorando, en mi
cuarto.
- Quiero ver como
sonríes. – Me dijo Álvaro. Entonces Carlos entró llorando a mi habitación.
- ¿Qué te ha
pasado? – Preguntó Álvaro.
- Sara se va, y
me ha dicho que lleva todo este tiempo enamorada de mí, y yo he estado pasando
de ella. – Dijo llorando. Yo me acerqué a el y le abracé.
- No eres el
único que esta mal, tranquilo. – Le dije abrazándole.
- Tú ya puedes
sonreír, no te vas. Pero ella si, y no se que voy a hacer. – Siguió diciendo
Carlos.
- ¿En serio? ¿No
me voy? O sea, ¡que me quedo con vosotros y con Álvaro! – Dije alegre mientras
abrazaba con fuerza a Álvaro.
- Te dije que no
te irías mi amor. Te quiero. – Me recordó Álvaro. Esa noche nadie de nosotros
estaba feliz: Carlos perdía a Sara la mañana siguiente; Sara se iba; David,
Blas, Dani y Álvaro también estaban tristes por ella y Carlos; Rachel estaba
muy contenta porque se iba al concierto de Justin Bieber; en cuanto a mí... No
era ni feliz ni infeliz, por una parte era feliz, porque me quedaba con los
chicos, y por la otra estaba mal por Carlos y Sara. Nos fuimos todos a dormir
muy pronto después de la cena. Sara no cenó, estuvo haciendo las maletas. Yo
subí con un plato de comida en su cuarto, porque no quería que se fuera en tren
sin comer nada.
- ¿Puedo pasar? –
Dije mientras daba un golpe en la puerta.
- Haz lo que
quieras, siempre lo haces. – Me contestó ella un poco borde.
- Mira... Yo
siento todo esto, que tengas que irte y... – Me cortó la frase.
- No lo sientas,
de verdad. Yo soy la que tendría que haberse dado cuenta que lo de Carlos y mío
no iba a funcionar. Y en cuanto a ti... Puedes quedarte. Si con Álvaro eres
feliz, el es feliz y te quiere de verdad... Yo no soy nadie para amargarte y
destrozarte la vida solo porque a mi no me quiera la persona a la que amo. Lo
siento. – Se levantó y me abrazó. – Mañana a las 11 de la mañana me voy. Será
una difícil despedida después de todo lo que hemos vivido: Con Carmen, Ana,
Rachel y tu, lo he pasado muy bien, aquellos primeros días que aun no les
conocíamos... Fue la mejor experiencia de mi vida, pero bueno... Los cuentos de
hada no duran para siempre. Además, ahora sin Ana no todo es lo mismo. Y
Carmen... Ha cambiado mucho desde que esta con Dani. Espero que todo se
solucione, lo de Rocío y lo tuyo con Carmen. – Se despidió de mí, y me fui a
dormir a mi habitación. Se me cayó una lágrima después de todo lo que Sara me
había dicho. Me tumbé en la cama, y Álvaro entró por la puerta.
- Que día tan
raro.
- Ya ves... Ha
sido todo horrible. Espera, tengo que hablar con Laura antes de irme a dormir.
Luego vuelvo.
- Vale, no os
tiréis de los pelos ni nada ¡eh! – Dijo bromeando. Entré en la habitación de
Laura y me la encontré llorando mirando el móvil.
- ¿Qué ha pasado
con Rocío? – Le pregunté muy preocupada.
- Se ha ido... Y
se ha enfadado conmigo porque dice que paso demasiado tiempo contigo y no con
ella. – Dijo llorando. Yo la abracé, e intenté consolarla.
- Pero como... No
puede ser, vosotras no podéis enfadaros.
- Pues ya es
demasiado tarde. No me habla, ni me responde al teléfono. Solo me ha dejado un
mensaje en el que decía que se iba por todo eso de que estoy más tiempo contigo
y más tonterías.
- Voy ha hablar
con ella, y quiero que todo esto se solucione, ¿Vale? Buenas noches hermanita.
Te quiero mucho, y no quiero que llores. – Le di un abrazo y las buenas noches.
- Yo también te
quiero, buenas noches. – Me dijo. Volví a mí habitación con Álvaro y le besé al
entrar.
- ¿Qué ha pasado?
¿Has hablado con ella? – Me preguntó Álvaro.
- Si, aun tengo
asuntos que solucionar, pero bueno. Cuando todo esto acabe ya veremos lo que
hago. Buenas noches, estoy muy cansada.
- Buenas noches
princesa. – Me dio un beso de buenas noches y se puso el en su cama también. Me
dormí enseguida, porque quería desconectar de todo este día. Por la mañana tuve
que madrugar porque Sara se iba pronto. Me vestí lo más rápido que pude y entré
a su habitación.
- Buenos días. –
Le dije. Ella aun estaba haciendo la maleta.
- Buenos días. –
Respondió.
- ¿Dónde vas a
ir?
- Pues donde
quieres que vaya, pues otra vez a Tarragona.
- Creí que irías
a nuestro apartamento…
- ¿Para qué voy a
volver? Ana ya no está, y no quisiera vivir sola allí. Me vuelvo con mis
padres, y el año que viene empezare la universidad. Voy a coger un tren a las
10. Supongo que estos son los últimos momentos que estamos juntas… - Bajé abajo
a avisar a los chicos que Sara se iba en media hora. La hora de irse llegó. Vi
como Sara bajaba las escaleras con las maletas ya hechas, y abría la puerta de
entrada. – Supongo que este es el final. – Murmuró. Todos le acompañamos a la
estación, y a la hora de subir al tren, nadie quiso despedirse de ella.
- Bueno, espero
que volvamos a vernos pronto. – Dijo David, y la abrazó.
- Yo siento que
tengas que irte, se te echará de menos por aquí. – Aclaró Blas.
- Si, mucho. Que
te vaya bien el viaje. – Dijo Dani para animarla.
- Adiós. – Le
dijo Carmen echándose a llorar. La abrazó y no quiso soltarla.
- Yo ya me he
despedido antes, y una vez más, cuídate mucho. – Dije mientras la abrazaba.
- Quiero
despedirme de Rachel. ¿Dónde está? – Dijo Sara.
- Lo siento, ya
es tarde. Se ha ido para Barcelona a las 5 de la mañana, ya sabes, el concierto
de Justin… - Dije yo casi llorando.
- Bueno, pues de
mi parte… Que le vaya todo muy bien, y que hoy sea el mejor día de su vida. – Dijo Sara una vez
más. Carlos también quiso despedirse, aunque le costó mucho.
- Yo… -
Tartamudeó Carlos. – Quería decirte que te quiero. – Se acercó a ella, e
impidió que subiera al tren, le besó, pero aun así Sara paso de él.
- Me alegro que
te des cuenta ahora, pero he esperado demasiado. Adiós, tengo que irme. Maria,
el día en que te pelees con Álvaro ya me llamarás, que seguro que va a ser
pronto, ¡es broma anda! Bueno, en cuanto a ti Álvaro, gracias por tu apoyo, y
por todo, espero veros pronto este 28 de marzo. Dani, gracias por hacerme reír
siempre que he estado mal, David, por ser tan comprensivo conmigo y ayudarme en
todo, Blas, por enseñarme que en el mundo hay cosas más importantes que el
amor, y Carlos... Gracias por haber llegado a mi vida. Os quiero chicos. – Se
echó a llorar mientras miraba a Carlos, y subió al tren. Ella no era la única
que lloraba, Carlos también. Nos quedamos ahí viendo como el tren en que iba
Sara se alejaba.