sábado, 16 de marzo de 2013

Capítulo 29: Día interminable





 Estuve pensando toda la noche en Álvaro. ¿Qué sorpresa me habría preparado? Era la primera vez que no tenía miedo después de ver una película de miedo. Pero aun así intenté no pensar en la peli. Tenía en mente varias cosas que me preocupaban: Que Carmen no me contara lo de Dani, después de que yo le contara todo desde el principio con Álvaro, David, cuando me dijo que me quería... Estuvo sospechando alguna cosa sobre mi secreto, pero ahora no era el momento de pensar en ello; nadie podía enterarse o acordarse de aquello. Solo quería dormir, y despertar una vez más por la mañana en aquella habitación, que Álvaro me diera los “Buenos días” de siempre, y me besara; volver a escuchar su voz... Abrí los ojos, y era de día. Los rayos del sol se reflejaban en la cama, y las cortinas, que estaban abiertas, mostraban el bonito día que iba a hacer ese día especial. Me levanté de golpe, salí de la cama y me puse delante de la ventana, observando a través de ella a los chicos, que ya estaban en el jardín desayunando. David me vio asomada a la ventana, y me sonrío. Yo le sonreí mucho más feliz. No veía a Álvaro por ninguna parte del jardín, y de repente la puerta se abrió; no me giré siquiera porque sabía quien iba a estar detrás de esa puerta: Álvaro. Cerró la puerta, y me abrazo por detrás.

- Buenos días princesa. – Me dijo mientras me abrazaba una vez más. Me giré hacía el, y le abracé. La primera palabra que le dije fue sin duda:
- Te quiero. – Le miré a los ojos, y sabía que iba a decirme algo importante.
- Tengo que decirte algo.
- Me lo insinuaba...
- Si que me conoces bien entonces. Bueno... No se si te va a gustar pero, este 28 de Marzo vamos a hacer una forma en Barcelona.
- ¿Qué? ¡Es genial!
- Pero creí que te ibas a enfadar, ya sabes por estar otra vez con el trabajo...
- ¡No! Claro que no, me alegro muchísimo por vosotros, cada vez sois más grandes, y tenéis más fama.
- ¡Pues entonces no tengo nada más que pedirte que vengas con nosotros! – Dijo mientras me cogía fuerte de las manos.
- ¿Quieres que vaya?
- ¡Por supuesto! Sino como voy a cantar, ¿Si eres tu quien me inspira?
- Eso no es verdad.
- Tú piensa lo que quieras... Venga vístete, tenemos que desayunar y...
- Vale, ahora voy. – Álvaro salió de la habitación. Me arreglé y bajé con los demás.
- ¡Buenos días! – Me dijo David al pasar por mi lado. Ahora que me había dicho lo que sentía todo iba mucho mejor.
- Buenos días. – Le contesté yo también.
- ¿Por qué estas tan contenta?
- Por Álvaro... Bueno, va a llevarme a un sitio especial, y va a pasar todo el día conmigo.
- ¡Que bien!
- Si, supongo que si. – Laura se me acercó, y me dijo que quería hablar contigo.
- ¿Podemos hablar? – Me dijo.  
- Claro. ¿Qué pasa?
- Rocío ni sus cosas no están.
- ¿Qué? ¿Como que no esta?
- En la casa. La he buscado por todas partes, no esta su maleta y no creo que se haya marchado a casa sin decirnos nada.
- ¿Pero que vamos a hacer? – Justamente hoy, que iba a pasar el día con Álvaro tenía que pasar esto.
-  Que mal... – Susurró David. Álvaro apareció y se unió a la conversación:
- ¿Qué ha pasado? – Preguntó.
- Rocío no esta. – Dijo David.
- ¿Como que no esta? Hay que ir a buscarla. ¿La habéis llamado al móvil?
- No, voy a probarlo. – Dijo Laura, alejándose para llamar.
- ¿Qué se supone que pasa con nosotros? – Dije yo.
- No lo se... No podemos hacer nada más que suspender nuestro día. – Dijo Álvaro.
- Esta claro que no podéis iros. Os tendréis que quedar aquí hasta que la encontremos. – Dijo David. Entramos dentro algo decepcionados, y nos sentamos al sofá. Estuvimos un buen rato intentando localizarla, pero no contestaba al móvil ni estaba conectada a facebook. Cada vez estaba más preocupada. En el momento en que todos estaban fuera, Álvaro me cogió de la mano y me dijo:
- ¿Quieres que nos escapemos? – Yo riéndome le respondí en voz baja:
- Claro. Vamos ahora que están fuera. 
- ¿Pero por donde pasamos?
- Por la puerta de atrás. – Nos dirigimos hasta ahí, y sin hacer ruido, cerramos la puerta y nos fuimos. Álvaro tenía el coche aparcado ahí, subimos y nos dirigimos a alguna parte que no quiso decirme aun. Pasaron 20 minutos, y mi teléfono sonó.
- No lo cojas. – Me dijo Álvaro antes de que contestara.
- ¿Por qué?
- Porque nos obligaran a volver, y no quiero que me riñan. – Dijo riéndose. Estuvimos más de una hora yendo en coche, y yo me quedé dormida. Finalmente llegamos a no se donde, y me despertó.
- Venga, no te quedes ahora dormida, hemos llegado. – Al escuchar su voz desperté inmediatamente.
- ¿Hemos llegado?
- Si. Venga baja del coche y cierra los ojos. Aun no puedes mirar. – Hice lo que me dijo, y cuando estaba pisando el suelo, me di cuenta de donde estaba. - ¿Sabes ya donde estamos?
- Creo que si... ¿Pero estas loco?
- Si, un poco. – Abrí los ojos, y me encontré delante una gran playa.
- ¿Pretendes que nos bañemos?
- Pues no, solo quería que vieras el mar, y nos sentáramos al borde de la arena.
- Me parece bien. – Cuando llevábamos un rato allí se levantó y me dijo:
- Levántate y ponte delante de mi, después tírate hacía atrás, si confías en mi, y te cogeré.
- Venga va. Si no me coges vas a ver...
- ¿Es que no confías en mi?
- Claro que confío en ti. – Me puse como me había dicho, y me dejé caer. El me cogió, y no me dejó caer.
- ¿Ahora confías más en mi?
- Siempre he confiado en ti. – Entonces me soltó delante del mar, y yo perdí el equilibrio y me caí al agua. El quiso darme la mano para no caerme, yo le solté y me ahogué. El agua estaba muy fría, y por un momento pensé en darle el susto a Álvaro de que me había ahogado, y aguanté la respiración unos segundos más. Cuando Álvaro esperaba que saliera del agua, vio que no pasaba nada. Se tiró al agua conmigo, y cogió.
- ¿Como has podido hacerme esto? ¡Me había asustado!
- Quería ver como reaccionabas. Y que hacemos ahora, se supone que yo estaba enferma, y con esta agua fría... – Álvaro y yo seguíamos en el agua.
- Siempre quise hacer esto. – Entonces me cogió, y me besó ahí mismo.
- Tengo frío. – Dije tiritando. Álvaro salió del agua, me cogió en brazos, y me llevó a la arena.
- ¡Bájame, me voy a caer! – De repente me soltó en la arena.
- Espera aquí, ahora vuelvo. – Subió por una rampa, entró en el coche y sacó una toalla. Bajó otra vez, se puso detrás de mí, y me puso la toalla por detrás.
- Gracias, ahora estoy mejor. ¿Qué quieres hacer? – Entonces observé que estaba escribiendo algo en la arena. - ¿Qué escribes?
- Ya lo verás. – Pude distinguir mi nombre en la arena. - ¿Te gusta? Voy a hacerle una foto y a subirla. – Se puso con el móvil e hizo lo que había dicho.  
- ¿Vamos a comer algo? Tengo hambre.
- Claro. Vamos, conozco un restaurante que no esta muy lejos de aquí. – Subimos de nuevo al coche. Miré el  móvil y recibí 2 llamadas de Sara y de David. Apagué el teléfono y lo guardé. No volví a mirarlo hasta el final del día. Pude distinguir entre los pisos un restaurante. Álvaro y yo seguíamos mojados, y no podíamos entrar así al restaurante. Así que decidimos ir a comprarnos cualquier cosa para pasar el día. Yo tenía el pelo hecho un asco, del agua.
- Entremos aquí. – Propuso Álvaro. Era una tienda playera, pero también tenían ropa de calle. Yo me cogí unos pantalones y camiseta de tirantes. Álvaro unos pantalones cortos y camiseta corta. En esa ciudad hacía bastante calor, ya que era una ciudad de costa. Salimos de la tienda ya vestidos, y nos dirigimos al restaurante. Entramos y pedimos una mesa para 2. Nos sentamos y empezamos a hablar. Nos trajeron la carta para pedir, y los dos pedimos espaguetis a la carbonara. Ese plato me traía muy buenos recuerdos. Nos trajeron la comida y no perdimos el tiempo comiendo, ya que después queríamos ir a pasear.
- ¿Qué te esta pareciendo este día? – Me preguntó.
- Maravilloso. – Le respondí con una gran sonrisa en la cara. No quería que ese día acabara, y tampoco volver a casa, porque nos echarían la bronca los chicos y mi prima. Acabamos el primer plato, y nos trajeron el postre; otra cosa que me traía buenos recuerdos, helado de chocolate y fresa. Pagamos entre los dos la comida, y salimos fuera a pasear mientras nos comíamos el helado. Pasamos por un camino lleno de tiendas de gafas, sombreros y joyas. Al otro lado de la calle podía observarse la playa, con las palmeras que se balanceaban por una suave brisa. Yo entré en una tienda. Cogí unas gafas para probármelas de color verde. Y miré a Álvaro.
- Te quedan bien. – Me dijo el que también llevaba unas gafas negras.
- Y a ti. – Los dos nos compramos las gafas que nos habíamos probado. Nos sacamos algunas fotos en las que los dos salíamos con caras graciosas. Entramos en otra tienda; esa era de sombreros, gorros y cintas de pelo. Yo me acordé de Carlos y su obsesión con los sombreros. – ¿Y si le compramos un sombrero a Carlos? – Dije con uno en la mano que era bastante bonito.
- Vale, así a la hora de echarnos la bronca tendrá piedad con los dos. – Dijo Álvaro bromeando. Al final compramos el sombrero convencidos. Yo no podía salir de una tienda sin comprar algo para mí. Me di prisa a elegir porque no nos quedaba mucho tiempo. Elegí una cinta de pelo que parecía estar hecha de flores. Parecía una corona, pero me gustaba. Salimos de la tienda, y entramos a la última, la de joyas. Ahí habían muchas cosas que me habría gustado comprar, pero me llevé uno que era un corazón rojo.
- Me gusta... – Dijo Álvaro convencido. No pudimos resistirnos y volvimos a entrar a una tienda a por un granizado, le encantaban a Álvaro, y a mí también. Salimos de la tienda ya con los granizados. Cada uno tenía 2 pajitas, por si el otro quería probarlo. El mío era de frutas del bosque, y tenía un color azul. Y el de Álvaro era de fresa, el era más de sabores normales. Nos lo comimos por el camino, mientras volvíamos a dirigirnos a la playa para acabar nuestro día. Estuvimos andando hasta encontrarla. Volvimos a sentarnos en la orilla; las olas eran flojas, y el sol se estaba poniendo. El paisaje era precioso, y ese momento también. Álvaro se acercó a mí, y puso su mano sobre la mía. Le di la mano y le miré.
- Gracias por este día. Te quiero.
- Ha sido muy divertido, espero que podamos repetirlo. – Me cogió la barbilla y me besó. – Ahora, volvamos a casa, tenemos más de 1 hora de viaje. – Me cogió de la mano y fuimos dados de la mano andando hasta encontrar el coche. Montamos en el y Álvaro se puso a conducir. Yo estaba muy cansada; volví a encender el móvil para mirar las llamadas, y había recibido más de 10 llamadas, mensajes y otras notificaciones. Habían probado a llamarme todos, hasta Ana, que supongo que le dijeron que no estaba y ella también intentó localizarme. Solo pensaba en llegar a casa, darme una ducha e irme a dormir. Estuvimos 1 hora y 30 minutos para llegar. Yo ya me había quedado dormida. Álvaro apagó el coche, y vio que me había quedado dormida. Abrió la puerta, me cogió en brazos, y sin hacer ruido me llevó hasta mi habitación. Entró por la puerta de atrás, y me dejó en la cama dormida. Me dio un beso en la mejilla y bajó abajo con los demás, que estaban muy preocupados.
- ¡Miradlo! – Gritó Dani al ver a Álvaro bajar por las escaleras. Sara y Carlos estaban sentados en el sofá aun llamando, y esta vez el móvil sonó en el bolsillo de Álvaro, porque el me había guardado el móvil al quedarme dormida. Oyeron la música, y se giraron en inmediato.
- ¿Se puede saber donde os habíais metido? Estábamos muy preocupados, hasta hemos llamado a Magí. – Gritó Carlos muy enfadado. Yo desde la habitación lo escuché, y bajé en seguida.
- Podríais habérnoslo dicho, o contestar al teléfono al menos. – Siguió diciendo David, aun preocupado.
- ¿Dónde esta mi prima?
- Arriba, se ha quedado dormida en el coche. – Respondió Álvaro. En aquel momento yo bajé al salón.
- ¿Qué pasa aquí? – Dije al oír los gritos.
- ¿Como que qué pasa? Os habéis escapado sin decirnos nada. No atendíais al teléfono, no llamabais... ¿Por qué nos habéis tenido tan preocupados? – Replicó Dani.
- Es que... – Dije yo.
- No ha sido por su culpa, no la chilléis. Ha sido culpa mía, no quería decepcionarla, y que se quedara aquí Álvaro buscando a Rocío, en ve de estar conmigo pasando un día genial. Y no em arrepiento de haberme escapado con ella, porque la amo. – Discursó el. Todos se quedaron sin habla. Entonces Rachel apareció por el salón.
- ¿Maria y Álvaro? ¿Dónde estabais? – Si, ella también había vuelto. Fui corriendo a darle un abrazo, y a hablar con ella de todo lo que había pasado este tiempo.
- Tú no te vas a hablar a ninguna parte. – Me impidió Sara.
- Solo quiero hablar con ella. – Dije yo.
- No. Hubieras pensado antes lo de escaparte. Lo siento mucho, pero mañana nos vamos a ir a casa. No puedo permitirte eso.
- ¿Qué? ¿Tu estas loca? No puedes obligarme a eso. – Dije echándome a llorar. – ¡No puedes separarme de la persona a quien más quiero en el mundo, no pienso irme, que te quede claro que yo me quedo! – Salí llorando hacía mi habitación, y me encerré ahí.
- Ves lo que has conseguido. – Le dijo Álvaro. El subió detrás de mí, para consolarme.
- Creo que te has pasado un poco. – Dijo Carlos a Sara.
- No. Mañana nos vamos, y me da igual lo que diga.
- Pues que sepas que ella no va a irse tan fácilmente. – Añadió David. – Puede que no se haya portado bien, pero es verdad que no puedes separar a dos personas que se aman, porque yo lo he sentido, y no es una situación nada fácil.
- ¿Y crees que yo no? – Replicó ella. Se puso a llorar y salió fuera también llorando. Álvaro picó a mi puerta.
- ¿Puedo entrar? – Preguntó.
- Claro que si. – Le deje entrar, y hablamos de todo esto.
- No vas a irte, ya verás. – Me consoló.
- Tú no sabes como es mi prima, cuando se le antoja algo hace todo para que eso pase o se cumpla. Yo no quiero separarme de ti.
- Tú tranquila porque no vas a irte. Porque yo no puedo vivir sin tenerte cada día a mi lado, no puedo. – Me besó, y siguió consolándome.
- Yo no puedo vivir sin ti. Prométeme que si me voy, no vas a olvidarme nunca, y vas a seguir queriéndome. Prométemelo.
- Te lo prometo. – Dijo acariciándome el pelo. – Te prometo que no vas a separarte de mí. – En cuanto a Sara, estaba en el jardín llorando. No tenía motivos, o eso pensaba hasta ahora. Carlos salió tras ella, e intentó hablar con ella.
- ¿Se puede saber porque te has puesto así? – Le preguntó Carlos.
- A ti no tengo que darte explicaciones, si total, no te importo. – Lloró aun más, y se tapó la cara.
- Escucha... ¿Por qué antes has dicho que lo habías sentido? Ya sabes, aquello de separarte de otra persona.
- Estoy casi segura de que no te importa.
- Claro que me importa. – Entonces Sara subió el tono de voz:
- ¿Entonces quieres saber porque estoy así? Muy bien, te lo diré: Desde el primer día que te conocí he intentado quedar, o estar contigo y tú nunca te has ofrecido; llevo llamando tu atención desde entonces, ¿y que has hecho tú? Nada, solo pasas de mí como si fuera invisible. Te quiero, y llevo todo este tiempo enamorada de ti, de tu voz, y aun así tú ni siquiera me apoyas. Ya esta, ya lo he dicho. Ahora ya sabes lo que siento, enfádate, haz lo que quieras, pero yo me marcho de aquí. Y si Maria no quiere irse, me da igual, que sea feliz, al menos, ella puede serlo ya que tiene a alguien que la cuida, la ama y esta con ella, cosa que tú nunca serás para mí. – Se levantó del césped, y entró a hacer las maletas. Carlos se quedó con la palabra en la boca, y no pudo decirle nada ni evitar que se fuera, estaba demasiado decidida. Yo seguía llorando, en mi cuarto.
- Quiero ver como sonríes. – Me dijo Álvaro. Entonces Carlos entró llorando a mi habitación.
- ¿Qué te ha pasado? – Preguntó Álvaro.
- Sara se va, y me ha dicho que lleva todo este tiempo enamorada de mí, y yo he estado pasando de ella. – Dijo llorando. Yo me acerqué a el y le abracé.
- No eres el único que esta mal, tranquilo. – Le dije abrazándole.
- Tú ya puedes sonreír, no te vas. Pero ella si, y no se que voy a hacer. – Siguió diciendo Carlos.
- ¿En serio? ¿No me voy? O sea, ¡que me quedo con vosotros y con Álvaro! – Dije alegre mientras abrazaba con fuerza a Álvaro.
- Te dije que no te irías mi amor. Te quiero. – Me recordó Álvaro. Esa noche nadie de nosotros estaba feliz: Carlos perdía a Sara la mañana siguiente; Sara se iba; David, Blas, Dani y Álvaro también estaban tristes por ella y Carlos; Rachel estaba muy contenta porque se iba al concierto de Justin Bieber; en cuanto a mí... No era ni feliz ni infeliz, por una parte era feliz, porque me quedaba con los chicos, y por la otra estaba mal por Carlos y Sara. Nos fuimos todos a dormir muy pronto después de la cena. Sara no cenó, estuvo haciendo las maletas. Yo subí con un plato de comida en su cuarto, porque no quería que se fuera en tren sin comer nada.
- ¿Puedo pasar? – Dije mientras daba un golpe en la puerta.
- Haz lo que quieras, siempre lo haces. – Me contestó ella un poco borde.
- Mira... Yo siento todo esto, que tengas que irte y... – Me cortó la frase.
- No lo sientas, de verdad. Yo soy la que tendría que haberse dado cuenta que lo de Carlos y mío no iba a funcionar. Y en cuanto a ti... Puedes quedarte. Si con Álvaro eres feliz, el es feliz y te quiere de verdad... Yo no soy nadie para amargarte y destrozarte la vida solo porque a mi no me quiera la persona a la que amo. Lo siento. – Se levantó y me abrazó. – Mañana a las 11 de la mañana me voy. Será una difícil despedida después de todo lo que hemos vivido: Con Carmen, Ana, Rachel y tu, lo he pasado muy bien, aquellos primeros días que aun no les conocíamos... Fue la mejor experiencia de mi vida, pero bueno... Los cuentos de hada no duran para siempre. Además, ahora sin Ana no todo es lo mismo. Y Carmen... Ha cambiado mucho desde que esta con Dani. Espero que todo se solucione, lo de Rocío y lo tuyo con Carmen. – Se despidió de mí, y me fui a dormir a mi habitación. Se me cayó una lágrima después de todo lo que Sara me había dicho. Me tumbé en la cama, y Álvaro entró por la puerta.
- Que día tan raro.
- Ya ves... Ha sido todo horrible. Espera, tengo que hablar con Laura antes de irme a dormir. Luego vuelvo.
- Vale, no os tiréis de los pelos ni nada ¡eh! – Dijo bromeando. Entré en la habitación de Laura y me la encontré llorando mirando el móvil.
- ¿Qué ha pasado con Rocío? – Le pregunté muy preocupada.
- Se ha ido... Y se ha enfadado conmigo porque dice que paso demasiado tiempo contigo y no con ella. – Dijo llorando. Yo la abracé, e intenté consolarla.
- Pero como... No puede ser, vosotras no podéis enfadaros.
- Pues ya es demasiado tarde. No me habla, ni me responde al teléfono. Solo me ha dejado un mensaje en el que decía que se iba por todo eso de que estoy más tiempo contigo y más tonterías.
- Voy ha hablar con ella, y quiero que todo esto se solucione, ¿Vale? Buenas noches hermanita. Te quiero mucho, y no quiero que llores. – Le di un abrazo y las buenas noches.
- Yo también te quiero, buenas noches. – Me dijo. Volví a mí habitación con Álvaro y le besé al entrar.
- ¿Qué ha pasado? ¿Has hablado con ella? – Me preguntó Álvaro.
- Si, aun tengo asuntos que solucionar, pero bueno. Cuando todo esto acabe ya veremos lo que hago. Buenas noches, estoy muy cansada.
- Buenas noches princesa. – Me dio un beso de buenas noches y se puso el en su cama también. Me dormí enseguida, porque quería desconectar de todo este día. Por la mañana tuve que madrugar porque Sara se iba pronto. Me vestí lo más rápido que pude y entré a su habitación.
- Buenos días. – Le dije. Ella aun estaba haciendo la maleta.
- Buenos días. – Respondió.
- ¿Dónde vas a ir?
- Pues donde quieres que vaya, pues otra vez a Tarragona.
- Creí que irías a nuestro apartamento…
- ¿Para qué voy a volver? Ana ya no está, y no quisiera vivir sola allí. Me vuelvo con mis padres, y el año que viene empezare la universidad. Voy a coger un tren a las 10. Supongo que estos son los últimos momentos que estamos juntas… - Bajé abajo a avisar a los chicos que Sara se iba en media hora. La hora de irse llegó. Vi como Sara bajaba las escaleras con las maletas ya hechas, y abría la puerta de entrada. – Supongo que este es el final. – Murmuró. Todos le acompañamos a la estación, y a la hora de subir al tren, nadie quiso despedirse de ella.
- Bueno, espero que volvamos a vernos pronto. – Dijo David, y la abrazó.
- Yo siento que tengas que irte, se te echará de menos por aquí. – Aclaró Blas.
- Si, mucho. Que te vaya bien el viaje. – Dijo Dani para animarla.
- Adiós. – Le dijo Carmen echándose a llorar. La abrazó y no quiso soltarla.
- Yo ya me he despedido antes, y una vez más, cuídate mucho. – Dije mientras la abrazaba.
- Quiero despedirme de Rachel. ¿Dónde está? – Dijo Sara.
- Lo siento, ya es tarde. Se ha ido para Barcelona a las 5 de la mañana, ya sabes, el concierto de Justin… - Dije yo casi llorando.
- Bueno, pues de mi parte… Que le vaya todo muy bien, y que hoy sea el  mejor día de su vida. – Dijo Sara una vez más. Carlos también quiso despedirse, aunque le costó mucho.
- Yo… - Tartamudeó Carlos. – Quería decirte que te quiero. – Se acercó a ella, e impidió que subiera al tren, le besó, pero aun así Sara paso de él.
- Me alegro que te des cuenta ahora, pero he esperado demasiado. Adiós, tengo que irme. Maria, el día en que te pelees con Álvaro ya me llamarás, que seguro que va a ser pronto, ¡es broma anda! Bueno, en cuanto a ti Álvaro, gracias por tu apoyo, y por todo, espero veros pronto este 28 de marzo. Dani, gracias por hacerme reír siempre que he estado mal, David, por ser tan comprensivo conmigo y ayudarme en todo, Blas, por enseñarme que en el mundo hay cosas más importantes que el amor, y Carlos... Gracias por haber llegado a mi vida. Os quiero chicos. – Se echó a llorar mientras miraba a Carlos, y subió al tren. Ella no era la única que lloraba, Carlos también. Nos quedamos ahí viendo como el tren en que iba Sara se alejaba. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Capítulo 28: A tu lado


                                                      



No tenía ganas de comer nada a la hora de cenar, y me quedé tumbada en el sofá viendo la tele. Esa noche daban la película de “MAMÁ” y yo la quería ver. Empezaba a las 11, y tenía que estar despierta hasta entonces. No me encontraba bien, llevaba todo el fin de semana resfriada; con tos, dolor de garganta y fiebre. Ahora estaba arriba descansando. No podía dormirme, y tampoco quería estar con nadie. Sentía algo diferente en mi corazón desde que había vuelto con Álvaro. No sabía del todo bien que era, pero ya no todo era como antes. Ahora ellos tenían más fama, más trabajo, más fans, y cada vez más éxito, con lo que no estaban mucho por casa, y se pasaban horas en el estudio grabando el nuevo CD. El fin de semana Álvaro se quedó conmigo para cuidarme, pero a veces tenía que atender a llamadas importantes y dejar de estar conmigo. Sentía que cada vez que quería estar con el, algo me lo impedía. Creo que era ese el vacío que abundaba mi corazón. Por fin Álvaro entró en la habitación otra vez.

- ¿Cómo te encuentras?
- Algo mejor.
- Me alegro.
- Escucha… He pensado que a lo mejor deberíamos irnos por un tiempo, ya sabes, porque tenéis mucho trabajo con el CD.
- Ni hablar, vosotras os quedáis aquí. Además, la grabación se acaba la semana que viene.
- Pero no quiero molestarte, además ahora que estoy mala, tienes que cuidar de mí y no quiero que pierdas el tiempo conmigo.
- Eh! Tú no me molestas, tú me ayudas a seguir adelante y a cantar con ese sentimiento tan profundo. Te prometo que voy a pasar más tiempo contigo. – Dijo cogiéndome de la mano. – Es más, mañana por la tarde voy a llevarte a un sitio muy especial.
- Pero estoy mala. – Dije tosiendo.
- No pasa nada. No va a pasarte nada. Además, hoy tendré toda la tarde libre para estar contigo.
- Entonces no tengo nada más que hacer.
- ¿Vas a bajar a cenar?
- No tengo hambre. Pero voy a estar abajo, no quiero estar aquí sola.
- Pues dame la mano y vamos. – Toda la casa olía a quemado. Entramos a la cocina y vimos a Dani y a David cocinando. Tenían el horno abierto, y salía humo de el. Laura estaba en la otra esquina riéndose, como normalmente. A David se le había quedado cara de extrañado y sorprendido, y dijo:
-¿Cómo ha podido pasar esto? Lo hemos puesto como decía en el paquete, 13 minutos al horno. – Dani estaba riéndose.
- No, no… Aquí pone que son 13 minutos para preparar el horno, y 5 para el pastel. – Y miró mal a David.
- Yo no tengo la culpa. – Alzó las manos. Los dos tenían un aspecto muy gracioso: Llevaban un delantal y un gorro de cocina.
- No David, que no sepas contar es culpa mía. – Dijo Dani con irónicamente, para hacerme reír, ya que estaba mala. Y logró que me riera. De repente Carlos entró por el otro lado de la cocina con una espátula, un delantal como ellos y su gorro habitual de color amarillo de lana.
- Os dejo un momento solos y lo desmanteláis todo, es que sin mi nadie comería en esta casa. – Dijo haciéndose el gracioso. Parecía que todos querían animarme.
- ¿Qué ha pasad? – Preguntó Álvaro.
- Por lo visto se ha quemado el pastel de chocolate que nos íbamos a comer de postre. – Dijo Carlos alzando la voz cada vez más y mirando a Dani y a David enfadado.
- Prepararemos otro, no pasa nada. – Dijo Dani, que siempre era positivo.
- Son las 8 de la tarde, que pretendes, ¿Ir a comprar otro? – Añadió Carlos.
- Bueno… Podemos ir, aun no estará cerrado. – Propuso David. Y yo dije después:
- Voy contigo, así me despejo un poco. – El sonrío.
- Pero ahora teníamos un tiempo para nosotros… - Me recordó Álvaro.
- Volveremos luego. – David cogió la cartera y salimos. Iba a decirle algo, pero el me adelantó
- Tengo que contarte algo. – Dijo bastante serio.
- ¿Qué? – Le respondí con curiosidad.
- Verás, tendría que habértelo dicho desde el principio pero luego te encariñaste con Álvaro y… - Cerré los ojos un momento y suspiré.
- No… - Murmuré.
- Te quiero. Desde el primer día que te conocí… Bueno, en realidad yo me fijé en Ana, pero después vi que ella solo me quería como amigos, y después cuando creí que tenía la oportunidad de contarte lo que sentía… Álvaro me pasó delante.
- Yo, lo siento pero…
- Ya se que tu no me quieres, porque estas con Álvaro y ahora volvéis a estar como bien como antes… - Yo lo interrumpí.
- Yo te quiero solo como amigos, y lo que dices de Álvaro… No es cierto.
- ¿Cómo? Pero ahora estáis bien, ¿no?
- Si, pero siento que no todo va igual que antes. El ya no es el mismo, hay algo que ha cambiado en el.
- Tranquila, será por esta movida del nuevo CD.
- Ahora ya no pasa tiempo conmigo. ¿Qué crees que debo hacer? Tu que le conoces de hace años.
- El te ama, créeme. Desde ese 25 de diciembre se fijó en ti. Nos lo contó a todos, y entonces yo me desilusioné.
- En serio… - Dije sorprendida por lo que me contó, y sonreí levemente. – Me quiere desde entonces…
- Así es, estaba así hasta que unos meses después te lo dijo.
- Yo empecé a sentir cosas por el desde que nos acogisteis esa noche que llovía tanto. Cuando empezó a decirme cosas bonitas, a estar conmigo, a abrazarme, a quererme… Yo lo noté, pero no quise decirle nada.
- Pues deberías. Y cuando te subió al escenario y te cantó Cartas Entrelazadas. Eso no se lo hace a las chicas a las que quería; solo a ti.
- A veces creo que… Va a olvidarse de mi en cuanto conozca a otra famosa, pero si eso es lo que quiere hacer, adelante, porque es el quien tiene que ser feliz. Yo no se lo voy a impedir.
- Sabes… A veces te miró y es como si ya te hubiese visto antes. Quiero decir, antes de conocernos y ser amigos.
- No… No se porque piensas eso. – Dije temblando, nerviosa.
- ¿Qué te pasa? Pareces nerviosa.
- Nada. ¿Podemos dejar de hablar de este tema?
- Lo que tú quieras. – Entramos por fin al supermercado, cuando a lo lejos vi los pasteles. Me dirigí hasta ahí, y compré una caja del de chocolate. La cajera nos atendió, y salimos de ahí sin parar. Tuvimos la mala suerte de que cuando estábamos a poco rato de casa se puso a llover.
- Creo que caen gotas. Será mejor que nos demos prisa. – Dijo David, que llevaba el pastel en la bolsa. Otra vez lluvia. Parecía que la lluvia fuera como mi sombra, allá a donde voy, ella me sigue. Cuando nos conocimos Álvaro y yo, llovía; Cuando volví de Tarragona, llovía; Ahora, llovía. Nos dimos prisa más que nada porque yo estaba enferma y no podía mojarme. David en seguida se quitó la chaqueta y me la puso a mí. - Tú la necesitas más que yo. – Dijo mientras me la ponía en la espalda.
- Gracias.
- A ti. ¿Carmen ya te ha contado lo suyo…? – Dijo sin acabar la frase.
- ¿Qué tiene que contarme?
- Bueno, si no lo ha hecho será porque aun no quiere que lo sepas.
- Venga, ¿Tú lo sabes?
- Si, pero no te lo puedo decir, ya sabes…
- Ya se, bueno da igual.
- Te lo va a contar igual, espero. – Estuve callada todo el camino que quedaba hasta casa, pensando en lo que Carmen no me había contado o me ocultaba. Llegamos en pocos minutos, y cuando abrí la puerta Álvaro se me presentó delante unos segundos después. Pero yo seguí caminando hacía la cocina sin decirle nada. Dejé la bolsa del pastel sobre la mesa de la cocina y me subí a la habitación de Carmen.
- El pastel ya esta aquí. – Le dije a Carlos mientras subía las escaleras.
- Genial, ahora  mejor lo preparo yo. – Dijo Carlos. Se puso a cocinar de una vez por todas. Mientras subía las escaleras Álvaro subió detrás de mí, y cuando estaba a punto de abrir la puerta de la habitación de Carmen, me cogió del hombro y me paró.
- ¿Qué te pasa conmigo? – Me dijo mirándome fijamente y un poco enfadado.  
- Nada. – Respondí yo aun con una mirada muy seria.
- Parece que me estés evitando.
- No… No te estoy evitando. Solo intento que te pongas en mi lugar.
- ¿Qué dices?
- Has estado pasando de mí una semana, estaba enferma y has venido a ver como estaba dos veces a la semana. Entiendo que tienes trabajo, pero podrías haberme prestado algo de atención…
- ¿Perdona? He estado a tu lado desde que te pusiste mala, he pasado el tiempo que he podido contigo y he estado trabajando mucho en el nuevo CD, ¿A caso has pensado a ponerte tu en mi lugar?
- Claro que te entiendo, pero… Siempre que quiero estar contigo un rato tienes que irte en seguida.
- ¿Crees que no me quedaría para estar contigo sino tuviera trabajo?
- Yo… Necesito estar sola. – Pasé de ir a hablar con Carmen, y entré en mi habitación y la cerré con llave. Álvaro intentó impedir que se cerrara la puerta, pero la cerré antes.
- Venga, Maria, ¡Abre la puerta! – Gritaba el desde fuera. Yo no tenía la intención de abrirla hasta dentro de un rato. Todo estaba yéndome muy mal: David me quería, y no quería herir sus sentimientos; Álvaro no quería estar conmigo, y nos habíamos enfadado; Carmen no me había contado eso que David decía que era importante. Me quedé un rato sola en la habitación, observando otra vez la ventana. No se como Álvaro y yo nos podíamos enfadarnos tan a menudo… Es normal que las personas que están juntas se peleen, pero nosotros nos peleábamos una vez tras otra, y eso no era tan normal. Yo no quería enfadarme con la persona a quien más amo del mundo, pero cada vez se me hacía más difícil vivir así. La cena estaba lista; siempre se sabe cuando Carlos dice chillando:
- ¡A la mesa, la cena esta lista! – Como acababa de hacer hace segundos. Quería bajar abajo a cenar, cuando abrí la puerta y me encontré a Carmen y Dani abrazados. Pensé en lo más lógico, ¿Por qué se abrazaban? Entonces me acordé de que Carmen quería a Dani, y que según David ella tenía que contarme algo muy importante. Empecé a pensar, y ahora todo encajaba: Lo que Carmen tenía que decirme era que estaba con Dani. O no quiso decírmelo por algo, o no quería que lo supiera. En seguida al abrir la puerta solté una indirecta.
- Ejem… - Carmen se giró rápidamente. Y ahí estaba yo, muy seria y mirándola decepcionada.
- Hola… - Dijo ella intentando tapar la mentira.
- No puedo creer que no me lo hayas contado.
- No es eso, es que… - No le dejé terminar, y bajé las escaleras igual de enfadada. Carlos había preparado la mesa, y me senté aun con menos hambre.
- ¿Qué te pasa? – Preguntó Carlos. Álvaro quiso responder por mí, pero no lo arreglo muy bien.
- No le pasa nada, solo que hoy tiene ganas de pelearse conmigo. – Yo di un golpe sobre la mesa con las manos.
- Sabes, estoy harta de todo esto, me voy de aquí. – Tiré la silla hacía atrás para hacer ruido a propósito, y salí de la sala y volví  a mí habitación. Laura intentó pararme, pero yo seguí caminando. David estaba mirándome, cuando me siguió hasta arriba. Entré y cerré la puerta fuertemente, y volví a colocarme sobre mi cama. Me tumbé allí mismo. David picó a la puerta antes de entrar.
- ¿Puedo pasar? – Preguntó inseguro.
- Haz lo que quieras. – Entró y se sentó a mi lado.
- ¿Por qué estas así? No deberías ser infeliz.
- Pues lo soy. ¿Has escuchado lo que me acaba de decir Álvaro?
- No. Pero eso le pasa a cualquiera; tu al menos estas con la persona a quien quieres, yo no.
- Estaba. Pelarte todo el tiempo con alguien no es estar bien, además Álvaro ya se ha cansado de mí.
- No digas eso, Álvaro te quiere. Y nunca dejará de quererte.
- Eso es mentira. Algún día dejará de quererme.
- Pues si eso pasa… Yo siempre estaré a tu lado.
- Gracias. Tu siempre  me ayudas en todo lo de Álvaro; pero ya no se qué hacer, estoy harta de todo esto. ¿Qué crees que debería hacer con Álvaro?
- Pedirle perdón.
- Bueno, yo no soy aquí la única que tiene que pedir perdón…
- Mira, intentaré hablar con él. Lo solucionaré. – Le sonreí y bajé con él al comedor. Volvimos a cenar, cuando ya todos estaban en la mesa. La verdad es que me daba un poco de corte llegar ahí cuando todos estaban cenando.
- ¡Ya era hora! – Dijo Dani. 
- ¿Qué hacíais? – Preguntó Carmen.
- Aquí no soy yo la que tiene que contar las cosas. – Dije. Dani y Carmen se miraron preocupados, no sabían qué hacer.
- Sentaos… - Dijo Carlos para que nos calmáramos. Yo me senté al lado de David y Laura.
- ¿Qué ha pasado? Antes no me has hecho caso. – Dijo Laura.
- Me he picado con Álvaro.
- ¿Pero otra vez? Madre mía…
- Si, no sé qué hacer. No pasa tiempo conmigo, creo que ya no me quiere. – Dije. Se ve que Álvaro lo oyó, se levantó, y me gritó:
- ¡No puedo creer que me hagas esto! ¿Cómo puedes decir que no te quiero, si me importas más que mi vida? – Me quedé sin palabras. Me levanté y me puse a su lado.
- Entonces…
- Te prometo que voy a pasar más tiempo contigo cuando se acabe la grabación del CD. – Me recogió el pelo y me besó delante de todos. – Lo siento. – Me abrazo y pareció que todo seguía igual.
- No, soy yo quien lo siente. Me he hecho la tonta… Lo siento. – Le abracé, y esperé que esa fuera nuestra última reconciliación.
- Mañana voy a llevarte a un sitio muy especial como te dije. – Sonreí y miré a David, después de guiñarle el ojo. Volvimos a sentarnos a la mesa, y a cenar como al empezar. Para el postre Carlos trajo el pastel acabado de sacar del horno. Tenía un aspecto delicioso: Una cobertura de chocolate desecho (como no) y adornos de colores por encima. Cortó un trozo para Sara primero, después para Álvaro, para mi y para todos los demás. Cuando tuve mi trozo me senté en el sofá, donde estaba David.
- Has sido tú, ¿Verdad? – Le pregunté sobre el cambio de actitud de Álvaro conmigo.
- ¿Yo? ¿Qué dices? No he hecho nada.
- Mentiroso… - Dije bromeando. – Se que has hablado con él.
- Te digo que no he sido yo. Álvaro ha aprendido a madurar, nada más.
- Bueno, de todas formas… Gracias. – Y después le di un fuerte abrazo como amigos. Eran las 10:45 y a las 11 empezaba la película que quería ver. Mamá. Me senté al lado de David, y me tapé con la manta.
- ¿Tu también quieres verla? – Me preguntó.
- Si, me gustan las películas de miedo. – Le respondí segura.
- Pero dicen que esta da mucho miedo psicológico…
- Anda calla. – Y le di un golpecito con el codo mientras me reía.
- Eh, mientras que no empieza la peli, vamos a jugar a  un juego: Haber quien se ríe primero. – Me reí.
- Te aseguro que voy a perder. – Exclamé. – Venga va, empezamos. – Llevábamos 10 segundos cuando empecé a reírme.
- ¡Has perdido! – Exclamó David riéndose.
- Vale, vale. Pero es que yo no sé hacer eso, es imposible no hacerme reír. Ni cuando estoy triste. – Pasaron 5 minutos, y Álvaro saltó a mi lado del sofá. Me cogió por detrás y me acercó a él.
- ¿Vemos la peli juntos? – Me preguntó Álvaro.
- Claro. Así cuando tenga miedo puedo abrazarte.
- No solo cuando tengas miedo. – Entonces fui a abrazarle.
- Genial. – La película empezó. Los primeros 30 minutos no dieron miedo, pero después si. Álvaro se acercó a mí y me besó. 
- Espero no tener ninguna pesadilla esta noche. – Dije en voz baja.
- No la tendrás. Y si la tienes, estaré ahí para consolarte. – Me susurró.
- Que tierno eres. – Seguía abrazada a él. Tenía mucho sueño, y ahora hacían publicidad.
- ¿Quieres irte ya a la cama?
- No lo sé… Quiero ver el final.
- Pero si estas cansada…
- Bueno, aguantaré.
- Vale, pero después no te quedes dormida porque tendré que llevarte hasta la habitación otra vez… Es broma, me da igual hacerlo si es por ti.
- Vale… - Dije riéndome. Por fin acabó la película. Eran las 12:45 de la noche, y quería irme a la cama.
- Vamos, te acompaño a la cama. – Subimos a la habitación también con David, y le dimos las buenas noches.
- Buenas noches, y gracias por todo. – Le dije.
- Buenas noches bonita. – Me dijo él. Aun estaba un poco mala, y me dolía un poco la cabeza.
- Buenas noches, y gracias por todo. – Me dio un beso de buenas noches y se tumbó en su cama para dormir. Álvaro me había prometido que mañana por la tarde; yo no podía imaginarme donde me llevaría, pero seguro que será un sitio muy especial.