domingo, 27 de enero de 2013

Capítulo 22: Mi mejor amigo.




Me dio la mano para ayudarme a levantarme. Yo un poco confusa dije:
- ¿Leo? – al levantarme me acordé de quien era ese chico.
- ¿Maria? – El también me reconoció.
- Cuanto tiempo sin verte. – le abracé muy fuerte, y me reí.
- ¿Qué haces tu por aquí? Me contaron que estabas por Madrid.
- Si pero volví a Barcelona para ver a una amiga.
- Me alegro muchísimo de verte.
- Y yo. – no podía dejar de abrazarle. Antes de que me fuera a Madrid, era mi mejor amigo. Al que siempre le contaba todo, me entendía…
- ¡Como que te dan por los abrazos! – nos reíamos como hace años.
- Eras mi mejor amigo y no te veo des de hace años, ¡Cómo no voy a abrazarte, tonto!
- Aun no me has contado que haces aquí sola.
- Bueno, en teoría me iba con Rachel y Álvaro a Madrid de nuevo, pero… El tren y ellos se han ido sin mí, me han empujado y aquí me has encontrado.
- ¿Y que vas a hacer por aquí sola?
- No lo se… Voy a llamar a Álvaro para que venga a recogerme otra vez o ya veré lo que hago.
- Si quieres… Puedes venirte a mi casa.
- No, no quiero molestarte.
- No eres ninguna molestia. Venga vente, esta por aquí cerca.
- Bueno, esta bien.
- Tienes que contarme muchas cosas. Si quieres paramos en un bar, tomamos algo y hablamos.
- Me parece bien. – me fui con el a un bar y le conté todo.
- Con que tienes novio, casa y vives en Madrid.
- Si, la casa no es mía, es de los chicos que te he contado, y vivimos allí Ana, Carmen, Sara, Rachel y yo.
- Dios, Rachel y Sara. Cuanto tiempo.
- Ya. Tienes que pasarte por allí algún día.
- Quiero conocer a ese tal Álvaro.
- Te va a caer muy bien, ya verás. ¿Y tú que te cuentas?
- Pues nada. Ahora vivo aquí, y hago vídeos y los subo a Internet.
- ¿Con que eres famoso?
- Podemos decirlo así. ¿Quieres tomar algo? Yo invito.
- Si. Un zumo de naranja.
- ¿Aun te acuerdas de que es mi bebida favorita?
- Si. – me reí.
- Yo pediré lo mismo. – Pasó un rato y nos trajeron las bebidas. Leo empezó a hacer tonterías.
- ¡No has cambiado nada! – dije riéndome.
- Echaba de menos reírme contigo. – dijo.
- Yo también. Hicimos tantas cosas de pequeños…
- Siempre me tenías miedo cuando entrábamos en casas abandonadas. 
- Mentiroso. – cuando habíamos acabado los batidos, me propuso ir con el.
- ¿Quieres que te enseñe mi sitio secreto?
- Venga va.
- Pero tienes que prometerme que no vas a salir corriendo como en las casas abandonadas. – Dijo bromeando.
- Prometido. – Hicimos nuestra promesa del meñique, y me dio la mano y me fui con el a su “Escondite secreto.” Estuvimos un rato caminando y hablando.
- Hemos llegado. – me puso las manos en mis ojos. –Aun no puedes mirar. Ahora si.
- ¿Qué es este sitio? – al abrir los ojos había una fuente delante de mi, unos árboles muy altos y un camino.
- Es un pequeño bosque. ¿Te gusta?
- Claro. Es muy agradable.
- Tengo mucho sueño. – me senté en un banco.
- Vale, pero no te duermas aquí, ¡Que después tendré que llevarte yo!
- Tranquilo voy a dormirme.
- ¿Y si vamos a mi casa?
- Si, allí podré descansar. – nos dirigimos a su casa; era más bien grande, y muy agradable.
- Anda, ya hemos llegado. Ya se que no es tan grande y bonita como la tuya…
- Que dices, es preciosa.
- Voy a traer algo de comida.
- Vale. – me tumbé en el sofá, y en un instante me dormí.
- Ya he… Vuelto. – Cuando Leo volvió me encontró dormida en el sofá. Se rió y me puso una manta para que no tuviese frío. Unos minutos después mi móvil sonó. Era una llamada de Álvaro. Leo lo cogió, y contestó.

- ¿Maria? – dijo Álvaro confuso.
- No, soy Leo. ¿Tú debes de ser Álvaro no?
- Si. ¿Y tu quien eres y porque respondes con su móvil?
- Soy Leo, su mejor amigo.
- ¿Y ella donde está?
- Dormida.

Me desperté al oírle hablar, y entendí que hablaba con Álvaro.

-¿Es Álvaro? – le pregunté.
- Si. Espera, ahora se pone. – me puse al teléfono, y hablé con él.
- ¿Qué ha pasado en la estación?
- Pues… Que he perdido el tren. Lo importante es que estoy bien, en casa de un amigo que me ha encontrado.
- Debe de ser ese tal Leo…
- Si, es el. Bueno, ¿Dónde estáis Rachel y tú?
- Hemos bajado del tren hace rato, y estamos en Madrid otra vez. En seguida iré a buscarte.
- No hace falta, Leo puede acompañarme, sería una tontería volver a venir aquí.
- No por ti.
- Da igual. ¿Ya has hablado con Magí?
- No. No he entrado ni a casa, pero Rachel si. Yo estoy esperándola aquí fuera a ver que dice Magí.
- Iré hacía allí en cuanto pueda. Te quiero.
- Yo también preciosa. Hasta luego.

Le colgué, y me puse a hablar con Leo.
- ¿Vas a acompañarme a Madrid? Si quieres, claro.
- Claro, no puedo dejarte sola por Barcelona.
- Así de paso conoces a todos, y ves la casa, y a Sara y a Rachel después de tanto tiempo. – le sonreí, y nos fuimos a la estación otra vez. Leo cogió dinero para el billete, y salimos.
- Estas haciendo demasiadas cosas por mí.
- Para eso están los amigos, ¿No?
- Claro. – le di un abrazo, y seguimos andando. Llegamos allí, y el próximo tren que iba hacía Madrid era en dos horas. Eran las 10:30 de la mañana, y llegaríamos ahí sobre las 14:30. Otra vez llegaríamos tarde.
- ¿Qué haremos todo este tiempo? – pregunté.
- Lo que quieras, vamos a dar una vuelta ya que estamos en Barcelona, ¿No?
- Me parece bien. – recorrimos todo el barrio, entramos en tiendas, nos probamos ropa, hicimos fotos… En fin, fue muy divertido. Salimos de una tienda con un montón de ropa que habíamos comprado.
- Te quedan genial estas gafas. – dijo Leo riéndose.
- Si, un cosa… Que rápido ha pasado el rato.
- Si, deberíamos ir ya para la estación, o el tren volverá a dejarnos. – nos dirigimos hacía allí. Llegamos justo a la hora de subir. Leo pagó el billete de tren para dos, y esperamos dentro sentados hasta que se puso en marcha el tren. Volví a quedarme dormida. Mi sueño, se convirtió después en la realidad: Llegábamos a la casa y Álvaro se enfadaba porque había estado con Leo, y Magí por habernos escapado, y algo más que no supe. Llegamos, y al bajar del tren, pensé en Álvaro. Tenía muchas ganas de hablar con el. Subimos por la calle indicada, y cuando llegamos me paré delante de la casa. 
- Bueno, vamos a entrar. - Piqué al timbre, y Álvaro abrió. En inmediato me dio un abrazo, y un beso. 
- ¿Como estas?
- Bien, he estado con Leo. 
- Así que este es Leo... - Leo se unió a la conversación. 
- Hola, soy con el que has hablado por teléfono antes. - Yo le dije:
- Pasa  si quieres, y te enseño la casa. 
- Me encantaría pero, no quiero molestar. - Álvaro iba a decir algo, pero le interrumpí. 
- No molestas, venga, pasa. - Paso dentro, y Magí se me plantó delante. Álvaro en voz baja me dijo:
- Hay una cosa que se me ha olvidado decirte... - Magí empezó a gritarnos.
- ¡Se puede saber que es esto!!! - Dijo gritando enfadado mientras nos mostraba una revista con una foto en la que Álvaro y yo nos besábamos después del concierto de anoche. Yo y Álvaro nos miramos extrañados, y subimos arriba a hablar con Magí. Ahora lo que más quería era que no pasara nada en su carrera y entre nosotros. 

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