Me dio la mano para ayudarme a
levantarme. Yo un poco confusa dije:
- ¿Leo? – al levantarme me acordé
de quien era ese chico.
- ¿Maria? – El también me
reconoció.
- Cuanto tiempo sin verte. – le
abracé muy fuerte, y me reí.
- ¿Qué haces tu por aquí? Me
contaron que estabas por Madrid.
- Si pero volví a Barcelona para
ver a una amiga.
- Me alegro muchísimo de verte.
- Y yo. – no podía dejar de
abrazarle. Antes de que me fuera a Madrid, era mi mejor amigo. Al que siempre
le contaba todo, me entendía…
- ¡Como que te dan por los
abrazos! – nos reíamos como hace años.
- Eras mi mejor amigo y no te veo
des de hace años, ¡Cómo no voy a abrazarte, tonto!
- Aun no me has contado que haces
aquí sola.
- Bueno, en teoría me iba con
Rachel y Álvaro a Madrid de nuevo, pero… El tren y ellos se han ido sin mí, me
han empujado y aquí me has encontrado.
- ¿Y que vas a hacer por aquí
sola?
- No lo se… Voy a llamar a Álvaro
para que venga a recogerme otra vez o ya veré lo que hago.
- Si quieres… Puedes venirte a mi
casa.
- No, no quiero molestarte.
- No eres ninguna molestia. Venga
vente, esta por aquí cerca.
- Bueno, esta bien.
- Tienes que contarme muchas
cosas. Si quieres paramos en un bar, tomamos algo y hablamos.
- Me parece bien. – me fui con el
a un bar y le conté todo.
- Con que tienes novio, casa y
vives en Madrid.
- Si, la casa no es mía, es de
los chicos que te he contado, y vivimos allí Ana, Carmen, Sara, Rachel y yo.
- Dios, Rachel y Sara. Cuanto
tiempo.
- Ya. Tienes que pasarte por allí
algún día.
- Quiero conocer a ese tal
Álvaro.
- Te va a caer muy bien, ya
verás. ¿Y tú que te cuentas?
- Pues nada. Ahora vivo aquí, y
hago vídeos y los subo a Internet.
- ¿Con que eres famoso?
- Podemos decirlo así. ¿Quieres
tomar algo? Yo invito.
- Si. Un zumo de naranja.
- ¿Aun te acuerdas de que es mi
bebida favorita?
- Si. – me reí.
- Yo pediré lo mismo. – Pasó un
rato y nos trajeron las bebidas. Leo empezó a hacer tonterías.
- ¡No has cambiado nada! – dije
riéndome.
- Echaba de menos reírme contigo.
– dijo.
- Yo también. Hicimos tantas
cosas de pequeños…
- Siempre me tenías miedo cuando
entrábamos en casas abandonadas.
- Mentiroso. – cuando habíamos
acabado los batidos, me propuso ir con el.
- ¿Quieres que te enseñe mi sitio
secreto?
- Venga va.
- Pero tienes que prometerme que
no vas a salir corriendo como en las casas abandonadas. – Dijo bromeando.
- Prometido. – Hicimos nuestra
promesa del meñique, y me dio la mano y me fui con el a su “Escondite secreto.”
Estuvimos un rato caminando y hablando.
- Hemos llegado. – me puso las
manos en mis ojos. –Aun no puedes mirar. Ahora si.
- ¿Qué es este sitio? – al abrir
los ojos había una fuente delante de mi, unos árboles muy altos y un camino.
- Es un pequeño bosque. ¿Te
gusta?
- Claro. Es muy agradable.
- Tengo mucho sueño. – me senté
en un banco.
- Vale, pero no te duermas aquí,
¡Que después tendré que llevarte yo!
- Tranquilo voy a dormirme.
- ¿Y si vamos a mi casa?
- Si, allí podré descansar. – nos
dirigimos a su casa; era más bien grande, y muy agradable.
- Anda, ya hemos llegado. Ya se
que no es tan grande y bonita como la tuya…
- Que dices, es preciosa.
- Voy a traer algo de comida.
- Vale. – me tumbé en el sofá, y
en un instante me dormí.
- Ya he… Vuelto. – Cuando Leo
volvió me encontró dormida en el sofá. Se rió y me puso una manta para que no
tuviese frío. Unos minutos después mi móvil sonó. Era una llamada de Álvaro.
Leo lo cogió, y contestó.
- ¿Maria? – dijo Álvaro confuso.
- No, soy Leo. ¿Tú debes de ser
Álvaro no?
- Si. ¿Y tu quien eres y porque
respondes con su móvil?
- Soy Leo, su mejor amigo.
- ¿Y ella donde está?
- Dormida.
Me desperté al oírle hablar, y
entendí que hablaba con Álvaro.
-¿Es Álvaro? – le pregunté.
- Si. Espera, ahora se pone. – me
puse al teléfono, y hablé con él.
- ¿Qué ha pasado en la estación?
- Pues… Que he perdido el tren.
Lo importante es que estoy bien, en casa de un amigo que me ha encontrado.
- Debe de ser ese tal Leo…
- Si, es el. Bueno, ¿Dónde estáis
Rachel y tú?
- Hemos bajado del tren hace
rato, y estamos en Madrid otra vez. En seguida iré a buscarte.
- No hace falta, Leo puede
acompañarme, sería una tontería volver a venir aquí.
- No por ti.
- Da igual. ¿Ya has hablado con
Magí?
- No. No he entrado ni a casa,
pero Rachel si. Yo estoy esperándola aquí fuera a ver que dice Magí.
- Iré hacía allí en cuanto pueda.
Te quiero.
- Yo también preciosa. Hasta
luego.
Le colgué, y me puse a hablar con
Leo.
- ¿Vas a acompañarme a Madrid? Si
quieres, claro.
- Claro, no puedo dejarte sola
por Barcelona.
- Así de paso conoces a todos, y
ves la casa, y a Sara y a Rachel después de tanto tiempo. – le sonreí, y nos
fuimos a la estación otra vez. Leo cogió dinero para el billete, y salimos.
- Estas haciendo demasiadas cosas
por mí.
- Para eso están los amigos, ¿No?
- Claro. – le di un abrazo, y
seguimos andando. Llegamos allí, y el próximo tren que iba hacía Madrid era en
dos horas. Eran las 10:30 de la mañana, y llegaríamos ahí sobre las 14:30. Otra
vez llegaríamos tarde.
- ¿Qué haremos todo este tiempo?
– pregunté.
- Lo que quieras, vamos a dar una
vuelta ya que estamos en Barcelona, ¿No?
- Me parece bien. – recorrimos
todo el barrio, entramos en tiendas, nos probamos ropa, hicimos fotos… En fin,
fue muy divertido. Salimos de una tienda con un montón de ropa que habíamos
comprado.
- Te quedan genial estas gafas. –
dijo Leo riéndose.
- Si, un cosa… Que rápido ha
pasado el rato.
- Si, deberíamos ir ya para la
estación, o el tren volverá a dejarnos. – nos dirigimos hacía allí. Llegamos
justo a la hora de subir. Leo pagó el billete de tren para dos, y esperamos
dentro sentados hasta que se puso en marcha el tren. Volví a quedarme dormida.
Mi sueño, se convirtió después en la realidad: Llegábamos a la casa y Álvaro se
enfadaba porque había estado con Leo, y Magí por habernos escapado, y algo más
que no supe. Llegamos, y al bajar del tren, pensé en Álvaro. Tenía muchas ganas de hablar con el. Subimos por la calle indicada, y cuando llegamos me paré delante de la casa.
- Bueno, vamos a entrar. - Piqué al timbre, y Álvaro abrió. En inmediato me dio un abrazo, y un beso.
- ¿Como estas?
- Bien, he estado con Leo.
- Así que este es Leo... - Leo se unió a la conversación.
- Hola, soy con el que has hablado por teléfono antes. - Yo le dije:
- Pasa si quieres, y te enseño la casa.
- Me encantaría pero, no quiero molestar. - Álvaro iba a decir algo, pero le interrumpí.
- No molestas, venga, pasa. - Paso dentro, y Magí se me plantó delante. Álvaro en voz baja me dijo:
- Hay una cosa que se me ha olvidado decirte... - Magí empezó a gritarnos.
- ¡Se puede saber que es esto!!! - Dijo gritando enfadado mientras nos mostraba una revista con una foto en la que Álvaro y yo nos besábamos después del concierto de anoche. Yo y Álvaro nos miramos extrañados, y subimos arriba a hablar con Magí. Ahora lo que más quería era que no pasara nada en su carrera y entre nosotros.
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