- ¿Nos vamos? – le pregunté al oído después
de besarle.
- Si, en cuanto Rachel vuelva. – apareció
por la puerta entonces.
- Ya estoy aquí. Blas, Carlos, Dani y David
están con las fans, y Sara, Carmen y Ana también. Dicen que nos vayamos antes
de que se arrepientan al dejarnos ir solos.
- No perdamos más tiempo, hacia Barcelona.
Subid al coche. – dijo Álvaro. La noche era oscura, y no podíamos orientarnos
muy bien, y ya eran las 00:11de la mañana. Yo pregunté preocupada a Álvaro:
- ¿Qué va a decir Magí cuando se entere que
nos hemos escapado?
- No se, ni me importa. Seguro que al
llegar nos echará la bronca, pero ya ves tú.
- Pero no debería darte igual…
- No lo entiendes. – nos quedamos en
silencio un rato. Llagamos de nuevo a Madrid a las 1 de la mañana.
- ¿Cómo vamos a llegar a Barcelona en
coche? – preguntó Rachel.
- No hay más remedio que ir en tren. –
respondió Álvaro. Pero yo intervine.
- No, no voy a dejar que por un problema
mío, tu después tengas que cargar con la culpa. Déjalo, no vamos a coger ese
tren, es una locura. – me agarró fuerte de las manos, y me chilló.
- Por amor se puede hacer cualquier cosa. Y
por la persona a la que amas, aun más.
- Pero…
- Deja el tema, vamos a la estación. – una
vez llegamos, cogimos el tren dirección Barcelona. Yo estaba pensando en lo que
pasaría al volver. Seguro que las chicas estaban preocupadas, y cuando les
cuente lo del tren, aun lo estarán más. Álvaro decidido nos dijo:
- Subimos a este. – Al avisarnos subimos.
No pude pensar mucho en quedarme o irme. Me fui, no quedaba más tiempo. Eran
las 1:30 de la mañana, y antes de las 4:00 teníamos que estar en el hospital;
Era imposible. Estábamos todos callados. Pasaron al menos 2 horas. Yo estaba
intranquila, e intentaba contactar con Rocío. Pero no hubo manera. Aun faltaba
una hora para llegar. Yo estaba muerta de sueño, pero no podía dormirme
entonces.
- Estoy muy cansada. – dije para romper el
silencio.
- Todos lo estamos. – dijo Rachel con los
ojo medio cerrados.
- No sois las únicas, hemos dado un
concierto, y ahora me voy a Barcelona. No se
cuando vamos a dormir. – yo me apoyé en el pecho de Álvaro, y le dije:
- Necesito dormir. – se me cerraron los
ojos lentamente y me dormí ahí.
- Que duermas bien cielo. – me dijo
acariciándome el pelo.
- O… - Álvaro miró a Rachel un poco mal.
- ¿He estropeado este momento verdad? –
Álvaro se rió.
-Ahora que esta dormida; ¿Estáis saliendo?
– Álvaro la volvió a mirar confuso. – Yo solo pregunto.
- La verdad… No estoy muy seguro.
- Pero os queréis, os besáis, eso significa
que estáis saliendo.
- Tampoco es eso, yo la amo… Pero en ningún
momento hemos hablado de lo nuestro.
- Des de ese día no habéis tenido mucho
tiempo para estar solos, así que cuando lleguemos a Madrid otra vez, ya sabes.
- ¿Pero ella quiere estar conmigo?
- ¡No! Quiere estar con David. – Dijo
irónicamente – ¡Pues claro que quiere estar contigo! Mira, ella te quiero un
montón; Siempre está hablando de ti… No sabes lo pesada que es contigo. – El se
rió.
- Me alegra saberlo. Falta media hora.
- Seguimos hablando.
- Es verdad, hay cosas que tengo que
decirte. Ya sabes, tú y Blas.
- Lo siento, pero no puedo estar con
alguien al que no quiero. Yo quiero a Carlos.
- Bueno… Esta un poco triste, porque le dijiste
que no.
- Yo le quiero, pero solo como amigos. Esta
claro que no va a pasar como con María y contigo.
- Ella para mí es muy especial. La amo. No
se… Desde que le conocí supe que en un futuro iba a ser muy importante para mí…
- ¿Y lo es?
- Mucho. Es la mejor persona que conozco.
- ¿Qué tiene para gustarte tanto?
- No se, es diferente a las demás chicas, y
eso me gusta. Es simpática, tierna, sentimental y además es preciosa.
- Si que estas enamorado. – se quedaron
hablando hasta la hora de salir del tren. Yo había escuchado casi toda la
conversación, y sonreí.
- Despierta cielo. – dijo Álvaro para
despertarme.
- He estado despierta todo este tiempo, y
he oído todo lo que has dicho de mí. – le abracé y sonreí muy feliz. Subimos
por las escaleras automáticas y llegamos a la superficie. Estaba todo muy
oscuro y no había gente por las calles. Apenas se veía porque no había mucha
luz en la calle. Supe en seguida cual era la calle del hospital. Nos dirigimos
a ello, yo creí que no llegaríamos, porque eran las 3:45 de la noche. Ahora
solo quería oír a un médico que dijera que Laura estaba bien. Álvaro me cogió
por detrás y me animó.
- Estará bien, ya verás.
- Pero Rocío dijo que era grave.
- No pienses en eso, piensa en positivo. –
Rachel estaba por atrás, pero parecía que la hubiéramos perdido por el camino.
- ¿No os olvidáis a alguien?
- Sabemos que estas ahí Rachel. – le dije
riéndome, aunque me costaba hacerlo.
- A vale, porque os ponéis a hablar solos,
os abrazáis… Y yo no existo.
- Porque nos queremos. – dijo Álvaro muy
claro. Su mirada era muy sincera.
- Bien. – le susurró Rachel a Álvaro. –
Ahora, proponle lo de salir juntos. –
- Creo que no es el mejor momento. – No me
estaba enterando de lo que pasaba, y finalmente llegamos al hospital. Eran
justo las 3:58 de la mañana, y pudimos entrar. Preguntamos por Laura López, y
nos dieron la habitación. No tuve noticias suyas; Cuando vi a Rocío delante de
una puerta esperando, fui corriendo y le abracé.
- ¿Qué haces aquí? ¿No estabas en Madrid? –
me preguntó no muy contenta.
- Álvaro me ha traído hasta aquí. Y Rachel
nos ha acompañado.
- Anda Rachel. ¿Quién es Álvaro?
- Es… Mi novio.
- Hay muchas cosas que tienes que contarme.
- ¿Tienes noticias sobre Laura? – Un médico
salió por la puerta la cual Laura estaba dentro.
- Chicas, me temo que Laura… - Todos nos
miramos preocupados. – Está bien. – Sonreí muy feliz, y abracé a Rocío, después
a Rachel y finalmente abracé a Álvaro y le besé. – Podéis entrar a ver como
esta. – el médico nos dio permiso, y al entrar Laura se sorprendió al ver que
yo estaba allí.
- ¿Qué haces aquí Maria? ¿No estabas en
Madrid? – Me alegraba saber que Laura estaba bien.
- He venido en tren, y no he dormido en
toda la noche.
- ¿Quién es este chico? – Roció se lo
contó.
- Es su novio.
- ¡En serio! Que bien, me alegro por ti.
- ¿Estas bien? – le pregunté.
- Si, estoy mejor, pero me duele la pierna.
Me la he roto.
- Lo siento mucho. – Mientras Rachel y
Rocío hablaban con Laura, Álvaro me dijo que habláramos un momento fuera.
- ¿Qué es lo que querías?
- ¿Por qué les has dicho a todas que
estamos juntos? Creí que…
- Yo te quiero, tú me quieres. ¿Por qué no
deberíamos estar juntos?
- Yo si que quiero, pero creí que tu no
querías, ya sabes…
- No hay un momento en el que no haya
querido estar contigo.
- Te quiero cariño. – se inclinó hacía mi y
me besó. Rachel salió a avisarnos de que teníamos que volver a casa.
- Chicos… - nos giramos hacía ella. –
Deberíamos irnos, ya son las 6 de la mañana, y Magí nos va a matar.
- Esta bien, despídete de Laura. – dijo
Álvaro con dulzura. – Volví a entrar dentro y me despedí de Laura y Rocío.
- Llamadme si hay algo nuevo. – las abracé
a las dos, y nos fuimos.
- Mejórate Laura. Ya quedaremos algún día y
os cuento más cosas sobre… Ya sabéis. – nos reímos y salimos.
- Adiós chicas. – dijo Álvaro.
- Cuídate Laura. Y tú, Rocío cuida de ella.
–
- Adiós. – dijeron ellas a coro.
- Bueno, volvamos a casa. – Todo iba bien.
Hasta que Sara me llamó.
- ¿Sara?
- Tenéis que volver a casa ya. Magí esta
muy enfadado.
- ¿Por qué?
- No solo porque os habéis ido sin decir
nada, por otra cosa peor…
- Dímelo.
- No se, prefiero que lo sepas al llegar a
casa. – me colgó y me quedé sin habla.
- ¿Qué quería Sara? – me preguntó Álvaro.
- Pues… Magí esta muy enfadado, por ambas
cosas.
- ¿Por escaparnos?
- Si. Y por otra que no me ha querido
contar.
- Lo mejor será que vayamos en seguida.
- Son 2 horas de tren. Y son las 6:30 de la
mañana.
- A las 8 habremos llegado. Si nos damos
prisa. – fuimos corriendo los tres hasta la estación. El tren que teníamos que
coger, estaba a punto de irse.
- No llegaremos. – bajamos las escaleras
corriendo, y como había tanta gente, no se veía por donde ir. Perdí a Rachel y a Álvaro entre la gente, y cuando
ellos ya habían entrado dentro, alguien me empujó y me quedé fuera del vagón.
Me caí al suelo, y vi como el tren se alejaba sin mí. Se me cayó una lágrima.
Estaba sola, sin Álvaro, sin las chicas… No sabía que podía hacer. De repente,
un chico se me acercó.
- ¿Estas bien? – dijo ese chico
desconocido.
- ¿Quién eres?