martes, 13 de agosto de 2013

Capitulo 34: Se van



Quise acercarme más para verla de cerca, pero unas chicas no me dejaban pasar. Regresé atrás para hablar con Carmen.
- Si... Creo que si es ella... ¿Como que no nos dijo nada? – Se extrañó Carmen.
- ¿Con quién habrá venido? Tengo que hablar con ella, cuando acabe el concierto voy fuera a ver si la alcanzo.
- Está bien... Me tiene preocupada, ni nos llamó, ni nos dejó mensajes... Nada.
- Si ha venido hasta aquí, digo yo que estará bien... Pero ahora pienso disfrutar del concierto. – Dejamos de hablar del tema, y nos giramos adelante otra vez. El concierto empezó poco después.
-¿Como estáis Toledo? – Gritó Blas al público. Todos Empezaron a chillar, a llorar y aplaudir. Empezaron cantando Route 66 y siguieron con HeartBreaker. Aquello era impresionante; las luces, la gente saltando y cantando... Mucho mejor que ir de fiesta con los amigos a una discoteca. Todo pasó muy rápido; acabaron el concierto cantando Siempre estás ahí, pero después, volvieron a salir por sorpresa y cantaron HeartBreaker 2 veces por última vez. Aquella noche había sido increíble. Apagaron los focos, y encendieron las luces. Intenté acercarme a ella para saber que no me confundía de persona;
- Id saliendo fuera antes de que esto acumule de gente y no os dejen salir, Carmen y yo tenemos que aclarar antes una cosa. - Les dije a las demás.
- Vale, nos encontramos... ¿al lado de la columna...? - Dijo Maria.
- De acuerdo, hasta luego. - Carmen y yo nos dirigimos a la que creíamos que era ella, pero tardamos demasiado. La había perdido de vista.
- ¡Mírala! - Dijo Carmen señalando una chica con sombrero que al parecer era ella.
- Vamos, corre. - Pasamos por el medio de la gente, y logramos alcanzarla.
- ¿¡Sara...?! - Chillé mientras le daba un golpe en el hombro. Ella echó a correr; la seguimos, pero no tardamos en perderla de vista. Era como si se hubiera esfumado.
- No la veo... Creo que la hemos perdido. - Dijo Carmen bajando la cabeza.
- Lo que no entiendo es porque intenta esconderse de nosotras...
- No querrá que sepamos nada de ella, ni que le hagamos preguntas de porque está aquí. - Temió Carmen. Salimos fuera; pude reconocer el sombrero rosa que llevaba puesto, y fuimos corriendo hacía ella. Cuando nos vio, quiso huir, pero Carmen le cogió fuerte el brazo de modo que suspiró, y se alentó. La condujimos detrás del pabellón para hablar tranquilamente con ella.
- Habla. – Le sugerí.
- ¿Qué queréis que...? – Dijo Sara confusa con una mirada baja.
- ¿Dónde has estado todos este tiempo? ¿Por qué te fuiste? Nos tenías a todos muy preocupados. – Dijo Carmen dirigiéndose a ella para darle un abrazo.
- Lo siento, siento no haberos dicho nada sobre como estaba...
- No hablamos de unos días, han pasado meses, y no nos has mandado ni un mensaje, ni una llamada, ni un correo... nada. – Dije.
- Necesitaba alejarme de todo esto durante un tiempo.
- Aquí lo tenías todo, ¿por qué te fuiste? – Preguntó Carmen.
- No, eso no es verdad. Estaba sola, sin mis amigas, sin mi familia... y la persona que más me importaba aquí, ni me miraba... ¡Por eso me fui! No quería sufrir más por las noches, levantarme, darme la vuelta y hacer como si nada.
- Hombre... podrías habérnoslo contado. – Insistí.
- No quería amargaros la vida, vosotras solo estabais pendientes de divertiros, y ser felices, y yo... no quería arruinároslo todo.
- Vale, y... ¿a qué has venido aquí? A que ha venido lo del concierto, ¿si necesitabas alejarte de ellos? – Dijo Carmen desesperada.
- Tenía que verles. A ellos, y a las Auryners. Les dije que no os dijeran nada de que venía, pero me habéis visto... y todo se ha complicado. Bueno, lo mejor es que me vaya antes de que los chicos me vean, no quiero causar más problemas... Y en septiembre empiezo clases de teatro en Barcelona, no puedo quedarme aquí.
- ¿Estas de broma? Ahora que has venido, no puedes irte otra vez. – Dije. Entonces, los chicos salieron por la puerta de atrás, donde estábamos nosotras.
- ¿Sa...Sara...? – Tartamudeó Dani al verla, que era el primero en salir. Se paró justo en la entrada, y cuando los otros iban a salir, se chocaron contra el. Carmen y yo nos reímos.
- ¡Sara...!!! – Gritaron todos, y fueron a abrazarla. Salvo Carlos, que aún no se lo creía.
- Creo que deberíamos irnos... – Dijo Álvaro con una mirada refiriéndose a dejar a Sara y Carlos solos.
- Vamos, nos vemos fuera. – Le dijimos a Sara. Nos fuimos disimuladamente, y ellos se quedaron solos.
- Es increíble que hayas vuelto. – Dijo Carlos con una sonrisita tímida.
- No he vuelto, tan solo me quedaré unos días hasta el próximo tren en el que me vaya mejor ir. – Carlos puso cara de desánimo.
- Vaya... pues...
- Ya no me valen las excusas. No pienso quedarme, estoy harta de todo, primero, me haces creer que te importo, luego pasas de mi, y después dices que me querías justo cuando subí al tren... Los chicos sois así, unos... – No le dio tiempo a terminar. Carlos se acercó a ella, le acarició la mejilla, y la besó. Sara se separó de él en seguida.
- ¿Se puede saber que haces? Primero dejas que me vaya, ahora vuelvo, y me besas. ¿Para que? ¿Para que luego vuelvas a romperme el corazón? Creo que ésta vez no voy a cometer el mismo error.
Carlos se quedó sin palabras, bajó la cabeza, y por segunda vez, se despidió de ella, pero ahora, parecía ser que para siempre.
- Bueno... en ese caso, espero que sigas siendo fuerte como eres, y seas feliz. Adiós... – Pasó por delante de ella sin decir nada con la cabeza baja, y volvió con nosotros. Sara se dejó caer al suelo llorando sin consuelo, se quitó el sombrero, lo lanzó, y salió corriendo.
Vimos a Carlos venir hacía nosotros, y solo al ver su cara, empezamos a preocuparnos.
- ¿Qué ha pasado con Sara? – Le preguntó Álvaro. Carlos no contestó. Miré a Carmen, salimos corriendo hasta donde estaba ella; pero ya no estaba. Solo vimos su sombrero rosa en el suelo. Carmen empezó a llorar. La habíamos perdido de nuevo.
- Tranquila... Si es su decisión, estará mejor.
- Pero...
- Tendremos que olvidarla. Lo siento...
- Y yo...
Les contamos todo a los chicos, y decidimos que lo mejor era volver a casa, y olvidarnos de esto, que Sara estará mejor como ella ha decidido. Por fin llegamos, y todo volvía a ser medianamente normal. Solo que todos teníamos unas caras de preocupación que inundaban aquel lugar de tristeza. Subí arriba a ducharme, y a desahogarme un poco de todo esto que estaba pasando. Ahora mismo yo también necesitaba espacio, alejarme de esta situación, volver a casa, con mi familia, mis amigos... Quería volver a verles. Ya hacía más de un año que no les veía. Es más, este verano hacía un año que vinimos a vivir a Madrid en el apartamento, y en Noviembre hará un año que les conocimos. Este año me ha pasado muy rápido, y todo ha sido muy raro, sobretodo porque estaba alejada de lo más querido. Salí de la ducha, y encontré un mensaje en el móvil. Era de una de mis mejores amigas, me echaban de menos por allí.
Ahora mismo desearía estar ahí para darles a todos un gran abrazo.
Pero quién sabe cuando todo volvería a ser como antes... Si ellos se vienen conmigo al pueblo, entonces, voy. Pero eso no es posible... Esto de tener una relación con alguien de un grupo con tanto trabajo, es muy difícil. Giras, conciertos, firmas...
Fui a la habitación, cuando poco después, entró Álvaro. Parecía estar muy feliz, después de lo que había pasado.
- Tengo que contarte una cosa muy importante.
- Bueno, cuéntame. – Le dije sonriendo.
- Eres a la primera persona que se lo cuento, quería que fueses tú. Bueno, los chicos ya lo saben, porque nos lo han dicho antes a todos juntos, pero bueno...
- Vale, va, dime, que es.
- Auryn... Se va a Latino-América; o sea, nos vamos de gira unos 2 años allí. ¡¿No es genial?!
- Si... ¡Es maravilloso! ¡Era vuestro sueño! Y lo vais a cumplir. Os lo merecéis.
- Vaya... Gracias, pensé que no lo entenderías.
- ¿Por qué no iba a entenderlo?
- Da igual... Déjalo. – Le sonreí, y nos dimos un gran abrazo.

Todo esto iba a acabar pronto; lo presentía. 

martes, 4 de junio de 2013

Capítulo 33: Maria




Eran las 10 de la mañana, y seguía lloviendo desde ayer. Cuando desperté, no estaba en el mismo sitio en el que me dormí; estaba en el coche, yendo hacía alguna parte. Abrí los ojos, y vi a Magí conduciendo, y a los chicos durmiendo, y a Carmen y a Laura detrás, también dormidas. Creo que Magí se dio cuenta de que había despertado, porque empezó a hablarme.
- Que, ¿te sientes mejor después de la charla de la última vez? – Yo no supe que responder, ya que estaba medio dormida.
- Yo... – Me froté los ojos, e intenté abrirlos. –... la verdad es que si, me desahogué, y sabes que tenía razón.
- Me parece bien que pienses por ti misma, tú a lo mejor lo ves así, si es tú forma de ver las cosas; en parte, creo que también tienes algo de razón. – Al decir eso, tuve que abrir los ojos por la fuerza.
- Quieres decir que... ¿no te enfadaste conmigo?
- Haber, eso es otro tema.
- Es un tema que quiero arreglar, no puedo seguir así contigo, dime, ¿Qué te ha molestado de mí, para que me odies?
- Voy a contártelo de una vez por todas;
- Te escucho.
- Cuando llegaste aquí, todo cambió, y no solo por ti, por todas tus amigas también. Entonces, empezaste a estar con Álvaro... y os enamorasteis.
- Pero tiene que entender que... – No me dejó terminar.
- Lo sé, no puedo separar a dos personas que están enamoradas. Y también sé por lo que me dijiste, que ellos son personas, y pueden mostrar sus sentimientos, y lo entiendo, tienes razón; no voy a regañarte ésta vez, porque creo que me has hecho ver las cosas de otra forma, y es que los chicos también tienen que vivir una vida normal, y a veces se me olvida que son chicos normales. Tú me lo recordaste, y tengo que darte las gracias. – Me quedé sin palabras, sorprendida...
- Gra...  gracias. – Tartamudeé. 
- Bueno, espero que de aquí en adelante todo vaya bien, y que sigas con ellos más tiempo, les haces  muy felices, y sobretodo a Álvaro, te quiero muchísimo, eres a la única chica que ha querido tanto durante todo éste tiempo, desde que empezó su carrera como músico, y yo les ayudé a cumplir ese sueño. Ahora también  sé que antes eras Auryner... La verdad, nunca pensé que una Auryner se convertiría en una persona de nuestra gran familia.
- De veras le importo tanto a Álvaro... – Me sentí orgullosa de que Magí por fin me tratase bien.
- Si, de verdad. En realidad, si tú no hubieras aparecido así en su vida y en las nuestras, créeme, no todo sería igual; gracias a ti, Álvaro tiene un motivo a quién cantarle las canciones, mostrar su personalidad y sus sentimientos y amarte. Ahora siempre le veo feliz, contento, y aunque algo no vaya bien, con una sonrisa en la cara, y todo esto gracias a ti.
- Nunca pensé que dirías esto...
- Digo lo bueno y lo malo. Y eres quién le alegra los días, créeme, he visto como crecía desde hace 2 años, y ahora es cuando tiene más fuerza, gracias a ti, otra vez. Si que es un poco mayor para ti, porque solo tienes 18 años, pero el amor no tiene edades; tampoco os lleváis tanto, solo 5 años; ellos dijeron que no saldrían con menores, y cuando vosotros empezasteis a salir tenías 17, imagínate como debía quererte para estar con una menor después de haber dicho eso. Solo espero que no te vayas, porque él... No sería él mismo.
- Yo tampoco quiero irme, pero sé que llegará el día en que tengamos que separarnos... Ya lo he asimilado. Porque siempre pienso que esto es incluso mejor que un cuento, pero que todos los cuentos de hadas se acaban, y éste tarde o temprano también acabará.
- Pero tampoco pienses eso... Hay que pensar en el presente, y tampoco creo que cuándo os separéis sea para siempre... En un futuro os reencontraréis, y seréis felices de nuevo, y eso espero que pase.
- En realidad es lo que normalmente debería pasar si dos personas se aman tanto. Pero... Yo de pequeña nunca tuve mucha suerte en nada, y ahora ha cambiado. Hace 3 años, aun era Auryner, y me quedé sin entradas para un concierto, y me traumaticé. Nunca me paré a pensar que esto pasaría en un futuro, encontrarme a las personas que antes eran las más importantes de mi vida.
- ¿Ves? No hay que pensar en negativo.
- Antes eso me era muy difícil, ya que siempre me pasaban cosas malas, tampoco esperaba nada bueno, y no lo tuve hasta hace unos meses. – Pasamos hablando el resto del viaje, y pude ver como por fin Magí me entendía. Llegamos a Toledo por fin, y los chicos despertaron; pero Álvaro seguía dormido.
- ¡Despierta! – Le grité. Abrió los ojos y me abrazó; no supe muy bien el porque, pero parecía preocupado. 
- Buf... era un sueño.
- ¿El que?
- Que tú estabas aquí.
- ¿Has soñado conmigo?
- Si, en nosotros, cuando me has despertado creí que todo lo que hemos vivido había resultado ser un sueño. No es la primera vez que lo sueño.
- En fin... Tengo muchísimas ganas de que llegue el día del concierto.
- ¿Por qué? Es un concierto como todos.
- Para ti, pero para mí no; en Toledo vive una amiga mía que conocí en twitter, y la voy a conocer mañana.
- Ah... Por eso estás tan nerviosa.
- Si, porque es una de las personas más importantes de mi vida. – Álvaro se me quedó mirando con una sonrisa.
- Bueno... Yo me voy al hotel. – Le seguí porque no me conocía el lugar, y como los demás ya se habían ido para allá estábamos solos.
- Voy a llamar. – Dijo Álvaro, cogiendo el móvil. Tras unos segundos, Blas contestó a la llamada:
- ¿Álvaro? ¿Pero dónde estáis?
- Verás... Nos hemos quedado a hablar un rato y os hemos perdido. ¿Dónde estáis vosotros?
- Buf... Pues ahora mismo no lo sé, pero creo que tenéis que ir siguiendo la carretera pero por la acera.
- Hombre no, iré por la carretera haber si me atropellan. En fin... Enseguida vamos.
- Os esperamos aquí.
Álvaro colgó, y me dijo por dónde ir. Unos minutos después, supimos dónde estaban los chicos, porque les escuchábamos desde la otra calle chillar.
- Están ahí. – Los señaló, y fuimos corriendo para allá.
- ¡Ya era hora! Es que como siempre vais a vuestro rollo, luego os perdéis... – Dijo Dani.
- Dejemos el tema, quiero irme al hotel. – Dije yo.
- ¿Qué le pasa? – Preguntó David en voz baja.
- Conmigo estaba bien... – Respondió Álvaro.
- Está borde... Será porque está cansada. – Aseguró David.
- Será eso. – Yo ya había empezado a andar, sin saber a dónde ir, y los demás me adelantaron y empezaron a preguntarme:
- ¿Estás bien? – Preguntó Dani.
- Si, solo quiero estar sola. – Le dije.
- Vale, vale. ¿Ni tan solo quieres estar con Álvaro?
- He dicho que quiero estar sola. – Dani dejó de andar, y me dejó sola.
- Dice que quiere estar sola, sin nadie. – Les comentó Dani.
- Hace nada estaba bien... – Dijo Álvaro. – No lo entiendo.
- Yo por si acaso no le diría nada, yo la conozco mucho, y cuando está así... Es mejor no acercarse a ella. – Explicó Laura. Todos decidieron no decirme nada hasta llegar al hotel, y yo seguía caminando, pero detrás de ellos. La verdad, es que no tenía porqué estar así; Magí por fin me entendía y me había perdonado, mañana iba a conocer a Maria y a más auryners. Todo iba bien, pero yo no me sentía bien, tenía como un nudo en la garganta. Pronto llegamos al hotel, y los chicos pidieron la reserva que habían hecho y las llaves de las habitaciones. Álvaro se acercó a mí con una llave, y la dejó caer en mi mano.
- La llave de su habitación señorita. – No pude aguantarme la risa.
- Gracias. – Dije riéndome. Subí al piso que me indicaron ellos, y entré con mi maleta a la habitación. Cuando llevaba un rato ahí, sentada en la cama pensativa, llamaron a mi puerta.
- Hola... Perdón, creo que me he equivocado. – Dijo la chica desconocida.
- ¿Silvia? – Dije desconcertada. - ¿Eres tú...?
- ¡Si! Y tú eres... ¿Maria, verdad?
- ¿Te acuerdas de mí? – Me levanté y le di un gran abrazo.
- ¿Qué haces tú por aquí? ¿No eras de Barcelona? – Me preguntó.
- Si, pero estoy aquí, he venido con... – No quise terminar la frase, porque no sabía s decirle que estaba con los chicos, porque ella aún era Auryner, y si se la presentaba, a lo mejor se molestaban... Así que decidí no decírselo. –...con una amiga.
- ¡Que bien!
- ¿Y tú que haces por Toledo? Si eres de Murcia...
- He venido para el concierto de mañana.
- ¿De Auryn?
- ¡Si! Estaba deseando ir, y como no vuelven hasta Murcia hasta verano... Oye, ¿tú no eras auryner?
- Si... lo era. Aun escucho su música y me encantan, pero lo dejé por cierta gente...
- Buf... Lo siento. Bueno, no eres la única, hay gente que lo dejó también por algunas personas.
- Bueno... Casi prefiero no hablar de ese tema.
- Tranquila, bueno, me alegro mucho de haberte visto por aquí, y como somos del mismo hotel... ¡Ya nos veremos! Me voy haber si encuentro mi habitación, ¡adiós!
- Adiós, hasta luego. Le sonreí, y cerré la puerta. En menudo lío me había metido... ¿Como iba a hacerlo para que no se diera cuenta de que estoy con los chicos? Era una misión imposible. Todo por mi culpa. ¿Y que les iba a decir a las demás auryners que me encontrara en el concierto? Ahora si que tenía un nudo en la garganta. ¿Por qué las cosas nunca pueden ir perfectas?
De repente, mientras miraba por la ventana pensando en como arreglármelas con ese lío, entró Álvaro.
- ¿Qué te pasa? – Me preguntó al entrar.
- Buf... Ahora mismo me pasan muchas cosas, y casi ninguna es buena.
- Cuéntame. – Lo miré indecisa, pero finalmente se lo conté, tampoco iba a perder nada.
- Me he encontrado con una amiga de twitter en el hotel, que acaba de pasar por aquí, porque se ha equivocado de habitación, o algo así.
- ¿Y eso que tiene de malo?
- ¡Pues que es auryner! Y como os vea aquí, conmigo, después de que le haya dicho que venía aquí con una amiga... Me va a odiar.
- ¿Es auryner? Que casualidad. ¿Y porque está aquí?
- Es de Murcia, pero ha venido aquí porque mañana va a vuestro concierto.
- Pues dile la verdad.
- Creí que si se lo decía, querría una foto y estar con vosotros, y me  habríais reñido por habérselo dicho.
- Bueno, pues arreglalo. Total, solo es una fan, no cuarenta fans.
- Creo que es lo mejor... Decirle la verdad, y os la presento.
- Por mí bien. Bueno, te espero abajo en el vestíbulo con los demás. Que te vaya bien.
- Vale, luego bajo. – Salí de la habitación para buscarla, pero pensé que sería muy difícil encontrarla, por lo tanto, bajé a recepción y pregunté el número de su habitación.
- Perdone, ¿puede decirme cual es la habitación de Silvia Villar? – Pregunté a la recepcionista.
- Silvia... Aquí, si, la número 122, al piso de arriba. – Me respondió.
- Muchas gracias, adiós. – Subí por el ascensor, y miré por los pasillos del piso.
- Habitación número 97..., 98..., ahí la 100... ¡122! – La encontré por fin, estaba al final del pasillo. Di dos golpecitos a la puerta, y Silvia me abrió.
- Hola, ¿querías algo? – Me dijo Silvia abriéndome la puerta.
- Pues si... ¿puedo pasar?
- Claro, no molestas.
- Bueno, quería contarte una cosilla... ¿sabes que antes te he dicho que había venido aquí con una amiga?
- Si, ¿y?
- Pues era mentira; bueno, en realidad si, pero no solo he venido con una amiga... También con Álvaro, Blas, Carlos, Dani y David.
- ¿Bromeas verdad? No puede ser.
- No, no bromeó. Hace unos meses que estoy con ellos viajando, y estoy con Álvaro...
- ¿Y no me lo dijiste? – Dijo sorprendida. – Bueno, en por otra parte lo entiendo, por ellos... Es normal, yo no se lo habría dicho a nadie, porque necesitan intimidad... Pero gracias por decirme la verdad.
- ¿No te has enfadado?
- No, ya te he dicho que lo entiendo. Tranquila, no se lo diré a nadie. Y me alegro de que ahora estés con ellos... Es un poco raro, y fuerte que después de que fueran tus ídolos te los encontraras un día y te unieras a su familia... Es impresionante, has tenido mucha suerte.
- Buf... Es una historia muy larga, ya te la contaré de camino al concierto.
- ¿Al concierto? ¿Vas a ir al concierto?
- Si, sigo yendo a todos los conciertos.
- Que suerte... Pero te lo mereces, porque si antes no lo pudiste disfrutar tanto por lo que fuera, ahora estás con ellos... Y tranquila, en la cola haré como si no supiera nada, ¿eh?
- Vale, gracias, es que tampoco quiero que todos empiecen a hacerme preguntas.
- Es normal... Yo tampoco querría.
- ¿Vienes conmigo un momento? Tengo una sorpresa para ti.
- ¿Para mí? – Salimos de la habitación, y bajamos al vestíbulo. Ahí estaban los chicos, y en cuanto Silvia les vio allí sentados, se echó a llorar.
- Son ellos... – Se acercó a ellos, y los abrazó.
- Me han dicho que eres pastelita... – Le dijo David. – Te amo, ya lo sabes. – Silvia estaba sorprendida, y me alegraba de haber cumplido uno de sus sueños, y aunque ya les había abrazado otras veces, se lo merecía infinitas veces más.
- Gracias por todo, chicos. Nos vemos mañana por la noche. – Les dijo Silvia.
- ¿Estas bien? – Le pregunté.
- Súper bien, que tengo a mis ídolos delante...
- Te entiendo... ¿bueno, y que quieres hacer?
- Pues me voy, no quiero molestarles. Ya nos veremos, adiós. Y gracias por todo Maria.
- No las des, adiós.
- Es maja la chica. – Dijo Álvaro.
- Si, es una auryner que se merece todo lo bueno del mundo. – Dije. Se acercó la hora de cenar, y cuando acabó la cena, subimos a las habitaciones.
- Mañana será el gran día... – Nos recordó David.
- Vamos a dormir, mañana tenemos que madrugar e ir para allá pronto. Aun tenemos que hacer los ensayos y pruebas de sonido. – Explicó Blas. Seguidamente, nos fuimos cada uno a su habitación. Me puse el pijama, y me metí en la cama. Estaba tan cansada que no tardé ni 5 minutos en dormirme. Mañana me esperaba un día y concierto geniales. Conocería por fin, a Maria. Y vería y estaría rodeada de Auryners. El sueño de cualquier Auryner. Eran las 5 de la mañana, cuando escuché un grito que venía de otra habitación; no era agradable. De repente, un guardia armado se presentó a mi habitación.
- Disculpe, estamos buscando a un criminal desaparecido de la cárcel; se dice que ha entrado en éste hotel durante la noche. – De repente el corazón me iba a cien, abrí los ojos sorprendida, y salí corriendo de la cama y me puse a su lado.
- Y dice que... ¿está aquí, en ésta habitación? - Pregunté nerviosa.
- Buf... Hemos mirado por todas las de éste piso salvo en la suya. ¿Podemos revisarla?
- Claro. – Los latidos de mi corazón aún eran más fuertes y rápidos, cuando oí que el guardia soltaba un grito; escuché el ruido de unas cadenas, y di dos pasos atrás. De repente Álvaro apareció en mi habitación corriendo y me cogió las manos mientras me sacaba de la habitación.
- ¿Estás bien? – Dijo muy preocupado. No pude decir nada más, cuando vi que el guardia se acercaba a la puerta con el desaparecido de la cárcel a su lado atado. Solté un grito solo al verlo. Otro guardia por detrás de mí se acercó al otro, y cogió al preso.
- Es éste. Puedes llevártelo. – El otro guardia cogió al preso por el brazo, esposándolo para que no escapara. El hombre, pasó justo por mi lado, y me miró con mala cara. El guardia lo empujó para que siguiera caminando, y se lo llevaron por fin.
- Buf... Siento mucho las molestias. Por lo que hemos averiguado, ha entrado aquí a las 3 de la mañana, y ha pasado el resto de las horas. – Dijo el guardia. Me quedé de piedra. Inmediatamente puse mi mano sobre mi frente.
- Bueno, lo importante es que estás bien. – Me dijo Álvaro.
- No puedo creer que haya estado aquí, dentro de mí habitación mientras yo dormía... – Me giré hacía Álvaro y me abrazó.
- Bueno, siento todo lo que ha pasado. Que pasen bien el resto del día, adiós. – El guardia se fue por el pasillo, y Álvaro cogió mis cosas de la habitación y se las llevó a las suyas.
- Tu no te quedas más en ésta habitación. Ésta noche nos iremos de aquí.
- Pero ya lo han detenido...
- Da igual, Toledo es muy peligroso, y éste sitio también, no me gusta. Si te hubiera hecho daño...
- Que miedo he pasado... Por un tiempo voy a dejar de dormir en los hoteles. Además, ésta vez dormíamos cada una en una habitación separada... Y tenía que pasarme justo a la mía de las cientos de habitaciones que hay... Que miedo me da éste sitio.
- Venga, nos iremos pronto. – Entré en su habitación, y me cambié en el baño. Ya todas las partes de ese hotel me daban miedo, no quería ni ir a desayunar. Una vez acabamos todos, salimos de las habitaciones y nos esperamos al vestíbulo a que Magí viniera en coche a recogernos. Silvia se acercó a mí preocupada:
- ¿Estás bien? He oído que en tú habitación han encontrado al criminal.
- Si... Ha sido horrible, pero estoy bien. No tenía ni idea de que estaba ese ahí... Lo he pasado fatal.
- Bueno, me alegro de que estés bien. ¿Y ya os vais?
- Si, ahora Magí vendrá a recogernos.
- Pues ya nos veremos al concierto, ¡adiós!
- Adiós, hasta luego, haber si nos vemos. – Le sonreí, y ella se fue a desayunar. Vimos el coche de Magí aparcado fuera, y a él dentro. Salimos, y los chicos a lo lejos se despidieron de Silvia.
- ¡Hasta ésta noche! – Gritó Dani a Silvia. Ella lo escuchó, y sonrió. Subimos al coche, en dirección hacía la sala del concierto. Al llegar, vimos que mucha gente ya estaba haciendo cola para entrar. Entraron por la parte de atrás, y empezaron las pruebas de sonido. Nosotras, nos fuimos a la cola para que no supieran que les conocemos. No pude creer lo que vi. Eran las auryners que había conocido gracias a twitter: Aida, Judith, Irenne, Carmen, Maria, Alba, Ana, Marta, Paula, Marina, Meri, Silvia, y la más importante de todas a la que aún no había conocido en persona: Maria.
Fui corriendo hacía dónde estaban todas, y les di un abrazo. Todas se sorprendieron de que estuviera ahí; me acerqué a Maria por detrás, se giró y le di un gran abrazo.
- Eres tú... ¡Maria! – Me dijo con una sonrisa enorme en la cara.
- Por fin... Sabía que ésta vez tenía que conocerte si o si. – Seguí abrazándola y le dije a Laura que nos sacara una foto de recuerdo.
- Sácanos una foto, sé que cuando acabe el concierto no volveré a verte en mucho tiempo, pero al menos tendré ésta foto para recordar éste día toda mi vida.
- Ahora ya podré decir que te he conocido... Pero ahora no pienses que se acabará el día, porque solo son las 2 del mediodía y tenemos hasta las 7 para hablar y estar juntas.
- Bueno, éstas son unas amigas, Laura y Carmen.
- ¿Son Auryners las dos?
- Solo Carmen. Y por ahí delante están otras amigas de Barcelona, Murcia y Mallorca que han venido hoy aquí.
- ¡Que bien! Me alegro de que hayas podido volver a verlas. ¿Os quedáis aquí?
- No sé si deberíamos volver al final...
- No, quedaos aquí, sino decid que os estaba guardando el sitio.
- Muchas gracias. – Nos quedamos a hablar durante mucho rato, y después Laura y yo fuimos a buscar algo para comer mientras Carmen y Maria se quedaban en la cola. Oímos desde la tienda muchos gritos; las auryners chillando porque los chicos habían salido a saludar.
- ¿Y eso? – Preguntó Laura.
- Ve acostumbrándote, son las auryners. – Mientras cogíamos la comida para llevar, sonó Heartbreaker en la radio. Yo me emocioné; eso tenía que ser el destino. Acabamos de la comida, y regresamos a la cola. Pasamos ahí 5 horas más hasta que abrieron las puertas. La cola se iba moviendo, y nosotras avanzábamos. Sacamos las entradas porque ya nos tocaba, y entramos por fin. Ya estábamos dentro de la enorme sala. Las luces estaban apagadas, y se encendieron unos focos. A lo lejos, pude reconocerla; era ella. 





miércoles, 24 de abril de 2013

Capítulo 32: Harta de todo





La firma había acabado ya; todo había ido bien, y ahora nos dirigíamos a Madrid otra vez de vuelta a casa, a descansar y empezar de nuevo con los conciertos y firmas en otros países. Era por la noche, e íbamos en coche. Estaba tan cansada que no tardé en dormirme. Eran las 11 de la noche, y aun no habíamos llegado. Creo que desperté a las 2 de la mañana, cuando noté que algo me cogía; era Álvaro, que me cogió en brazos para llevarme a la cama, ya que yo me había quedado dormida y parecía que no iba a despertarme. Me dejó caer lentamente sobre el colchón y me arrimó la manta para taparme. Después, me dio un suave beso en la mejilla.
- Buenas noches princesa. – Me dijo al oído como casi siempre. Él se puso a dormir en su cama, mientras me observaba sonriendo. Desperté sobre las 11 de la mañana, cuando el sol se reflejaba en la ventana, los pájaros cantaban, y se oía como la brisa del viento balanceaba las hojas de los árboles. La ventana estaba abierta, y podía oler el perfume de las rosas del jardín desde la habitación. Pero olía demasiado a rosa, como si estuvieran allí mismo. Y así era; abrí los ojos, y vi una bonita rosa roja encima de la mesita de noche, al lado de mi cama, con una carta al lado. Entonces Álvaro entró sin hacer ruido para ver si estaba despierta, y me vio allí.
- ¿Qué es esto? ¿Qué celebramos? – Le pregunté aun con un hilo de voz al acabar de despertarme.
- ¿No lo sabes? Hoy es el día de San Jorge, cuando los chicos regalan una rosa a la persona a la que quieren, y las chicas un libro a la persona a la que quieren.
- Oh... Se me había olvidado por completo, siento no haberte comprado nada... – Asentí.
- No necesito nada más que a ti para ser feliz.
- Pero tú me has regalado todo esto... Y yo nada, me siento mal.
- La he cogido del jardín ésta mañana antes de que despertaras. Y la carta... Tienes que leerla.
- Vaya... Has hecho todo esto por mí...
- Pues claro, y no es todo, aun hay más. Pero no lo sabrás hasta la tarde.
- Voy a leer la carta.
- No, no la leas conmigo delante, ¡que me pondré rojo! – Bromeó.
- Tontorrón, bueno, vale, la leo después delante de todos.
- Bueno, haz lo que quieras, voy a prepararte el desayuno, venga vístete y baja rápido.
- No me des prisas, que acabo de levantarme.
- Hasta ahora, te veo abajo. – Me dijo mientras se iba corriendo y salía por la puerta. Leí la carta ahora que no estaba, y después, me vestí y bajé. Cuando bajaba el último escalón, Álvaro se acercó corriendo hacía mí, y me tapó los ojos mientras decía:
- ¡Nooo!
- ¿Qué pasa? ¿Por qué me tapas los ojos? – Le pregunté.
- No puedes ver esto aun, ¿Por qué has ido tan rápido?
- Me has dicho que me vistiera rápido.
- Ya, pero son cosas que se dicen... Bueno, espera en el salón, ahora vengo. – Me dirigió hacía el sofá, y me tuve que sentar sin ver lo que el traficaba por la cocina. Salió corriendo hacía la cocina, y se oyeron ruidos de cacerolas que caían.
- ¿Estás bien? ¿Qué son esos ruidos? – Le pregunté entre mirando por allí.
- Nada, no pasa nada, pero no entres aun, yo te aviso. – Blas pasó por delante de mí, y se sentó a leer el diario.
- Buenos días. – Me dijo.
- Buenos días. – Le dije con una sonrisa.
- ¿Tu tan contenta? ¿Qué ha pasado ya?
- Nada, Álvaro me ha dado una rosa ésta mañana, y una carta. Y ahora me está preparando algo en la cocina...
- Ah si, que hoy es San Jorge. Bueno, es que el es así, ¿y tu le has regalado algo?
- No... Se me ha olvidado. Últimamente se me olvidan todas las fiestas o días medianamente importantes; pero ya iré a media mañana a comprarle algo.
- Tranquila, a nosotros también se nos olvidan cosas, tenemos  mucho trabajo. Y como tú estás con nosotros, también se te olvida.
- Si, será por eso. – Esperé mientras Álvaro acababa con lo que fuera que estuviera haciendo, y entonces me dijo que ya podía pasar a la cocina. Entré, y vi lo que tenía preparado para mí. Era una tarta de chocolate, con un zumo de naranja y flores sobre la mesa.
- Vaya... – Dije impresionada.
- ¿Te gusta?
- Bueno, para saberlo tengo que probarlo. – Bromeé. – Claro que me gusta.
- Pues siéntate y come.
- ¿Voy a tener que comerme el pastel yo sola?
- Bueno... Si quieres puedes repartírtelo con otra persona, pero lo he hecho para ti...
- ¡Tonto! Digo que tú te comas la mitad.
- ¡Ah, vale! – Exclamó él. Partió el medio pastel, y todos entraron a la cocina a por un trozo de pastel, después de ver a Blas saliendo de la cocina, que fue el primero en pedirnos un trozo de pastel. Al final me quedé con un trozo pequeño, pero bueno, hay que compartir.
- Vaya... Siento que te hayan dejado casi sin pastel. – Dijo Álvaro mientras se comía un trozo más grande que el mío.
- Tú tampoco es que me hayas dejado uno muy grande... – Dije mirando el trozo que él se estaba comiendo.
- Bueno... Supongo que te lo puedo dar... – Me acercó el plato para que me comiera su trozo. Acabamos todos de desayunar, y le di las gracias a Álvaro por todo lo que había hecho por mí desde el principio del día.
- No me des las gracias aun, te he dicho que habían más sorpresas. – Me dijo Álvaro misterioso.
- Dímelo ya, venga. No quiero esperar hasta la tarde.
- Vale, ¡si insistes! Bueno, que nos han invitado ésta noche a una fiesta.
- ¿Si? ¿Dónde es? – Dije contenta.
- En casa de una amiga. – Empecé a sospechar.
- ¿Qué amiga?
- Ya lo verás, es una sorpresa. – Me quedé no muy contenta, pero seguí con el resto del día.
- ¿Tienes un vestido formal para la fiesta? – Me preguntó.
- Pues... no. – Entonces pensé que debería ir a comprar uno, así aprovecharía para comprarle un libro a Álvaro.
- Pues vamos al centro comercial, y te acompaño a comprar uno.
- Casi prefiero ir sola... – Entonces, cuando mi plan estaba funcionando, David y Laura se acercaron.
- ¿Sola donde? – Preguntó David.
- A comprar un vestido para ésta noche. – Dije.
- Ah, para la fiesta. – Recordó David.
- ¿Qué fiesta? – Preguntó Laura.
- ¿Aun no lo saben todos? – Preguntó David a Álvaro.
- No, díselo ahora. – Contestó él.
- ¡Eh, chicos! Ésta tarde-noche nos ha invitado a una fiesta. Quién quiera, que se compre un vestido, quién no, que se quede en casa. – Aclaró David. Todos empezaron a decir que ellos también se venían a comprar ropa, y al final en ve de ir yo sola, se unieron todos. Mi plan no sirvió para nada, y si compraba el libro delante de Álvaro no sería lo mismo. Bueno, ya me inventaría algo. Salimos todos de casa, hacía el centro comercial más cercano. Laura, Carmen y yo nos fuimos a la planta de jóvenes, y ellos a la misma pero de chicos. De momento, ningún vestido me convencía, hasta que vi uno rojo muy simple, y me lo probé. Carmen y Laura vinieron conmigo a probarse lo que habían encontrado, y a decirme si me quedaba bien el vestido. Una vez lo llevaba, se lo enseñé:
- ¿Como me queda? – Pregunté no muy convencida.
- Bien... No está mal. – Comentó Carmen.
- Muy bien, quédatelo. – Comentó Laura.
- Que pelotas que sois... – Murmuré. Álvaro entró en esa sala, para verme con el vestido.
- Preciosa... – Dijo Álvaro en voz baja.
- ¿En serio te gusta? – Le pregunté. - ¿Me queda bien?
- Con cualquier cosa que te pusieras estarías preciosa o te quedaría bien. – Me dijo sonriendo.
- Vale, me lo quedo... Seguro que tampoco encontraré nada mejor y a éste precio. – Lo cogí, y lo pagué. Les dije que me iba al baño de allí un momento, cuando en realidad fui a comprar un libro para Álvaro. Estuve mirando, y solo me gustó uno de terror y  a la vez una historia de amor. Le dije a la dependienta que me lo envolviera para regalo, y me lo escondí en la bolsa del vestido.
- ¿Dónde estabas? – Me preguntó Carlos que me encontró por ahí.
- Em... Bueno, para que mentirte a ti, comprando un libro para Álvaro.
- Ah... Vale, tranquila, no se lo diré.
- Vale, gracias.
- ¿Me acompañas con los demás? Están buscando algo, pero estos trajes son demasiado sofisticados. Creo que al final vamos a ir en chándal o algo cómodo y ya está.
- Vamos, te acompaño. Pero tampoco os presentéis en chándal. – Me reí. Buscamos a los demás en la planta de chicos. No los encontramos, ni a las chicas. Vimos de lejos a los chicos, que estaban señalando los CDs de Anti-Héroes y riéndose.
- Vamos a llamarlos. – Carlos los llamó, y tuvimos que ir hacía allí porque ellos querían mirar sus CDs.
- Madre mía, por unos CDs que vieron y van a ver en las firmas que se van a cansar. – Dijo Carlos.
- Nos hace gracia, los han puesto aquí, o sea que somos un poco importantes. – Dijo Dani.
- Somos igual de importantes que todos esos demás CDs que ves allí. Venga, vayamos a casa si nadie más va a comprar nada. – Dijo Carlos. Volvimos a casa, pero tuvimos que parar al MC Donalds a comer por capricho de Carlos, y ya que eran la 2 del mediodía, comimos allí. Hamburguesas, ensalada y nuggets, y de postre, MC Flurry, helado o helado con oreos, chips a hoy, nutella, milka o philadelphia. Acabamos de comer, y fuimos a casa a arreglarnos para la fiesta; bueno, y quién dice arreglarnos, dice jugar a la WII, porque es lo que al final hicimos. Al llegar a casa, Dani estaba arreglando un cajón, y encontró juegos y la consola Wii.
- ¿Queréis jugar? – Preguntó. Todos nos apuntamos, ya que había mandos para todos. Dani propuso jugar a deportes, y tuvimos que decirle que si, porque si no, se pondría muy pesado durante todo el juego. Estábamos todos muy concentrados jugando al tenis; yo jugaba contra Álvaro, y el iba ganando por 5 puntos. Yo no es que fuera muy buena en los deportes, por eso yo siempre perdía. Estuvimos jugando hasta las 5 de la tarde, cuando nos dimos cuenta de que habíamos pasado mucho tiempo allí jugando y nos habíamos olvidado completamente de la fiesta. Apagamos la consola, y fuimos a vestirnos. A las 5:30 todos estaban en el salón arreglados, cuando yo bajaba las escaleras despacio para no caerme. Iba con el vestido que había comprado esa mañana y unos zapatos de poco tacón a juego.
- Estas preciosa, el vestido es muy bonito. – Me dijo Álvaro nada más al verme. Vino hacía mí, me abrazó por la cintura y me besó.
- ¿Vamos? – Dijeron los chicos. Subimos al coche, y nos dirigimos a la fiesta. Una vez llegamos, pude reconocer a la chica que estaba esperando en la entrada de la puerta; la sonrisa que tenía en la cara, empezó a cambiarme a medida que nos acercamos a la casa. Se me puso más bien cara de rencor, cuando vi a Cristina delante de la puerta esperando a que llegáramos. Miré a Álvaro que parecía bastante contento, y le pregunté:
- ¿Por qué no me dijiste que era en casa de Cristina? – Le dije mientras bajábamos del coche.
- Pues... Pensé que no querrías venir si te lo decía...
- Pues no, no habría venido. Sabes que me cae mal, y desde el primer día, me mira mal y le caigo mal.
- No lo sabes, anda, es solo una amiga, y sabe que estoy contigo.
- Yo creo que no lo sabe, porque desde la última vez han pasado meses, y entonces aun no estábamos juntos...
- A mi me empezaste a gustar entonces... – Dijo sonriéndome. Entonces, me besó delante de Cristina para que se enterara de que estábamos juntos, y luego, se dirigió a ella, agarrado a mí de la mano. Ella me miró mal, como la última vez, y con envidia.
- ¡Hola! – Dijo Cristina con una sonrisa y una voz falsas.
- Hola, gracias por invitarnos. – Cristina me miró raramente.
- Em... ¿Quién es ella, y esas dos? – Preguntó no muy satisfecha de vernos.
- Pues... Ella es mi chica, y ellas, unas amigas que viven con nosotros.
- Ah... Bueno, no les he invitado, pero está claro que no pueden quedarse fuera ahora que han venido, entrad... – Dijo como si le costara decirlo, muy molesta.
- Como nos invitaste y dijiste a todos, pensé que ellas también lo estaban... Pero bueno, ya está todo arreglado.
- Entrad, no os quedéis ahí, los demás ya han entrado. – Dijo todavía con una sonrisa falsa. Al entrar, vimos un enorme jardín con una gran piscina al centro, y muchas flores a los lados del jardín. Había muchos invitados, y nosotros nos sentamos a tomar algo. En una de las largas mesas, había una alta fuente de chocolate, con fruta y dulces para ponerlos en el chocolate y comerlos. Yo cogí una fresa, la unté en el chocolate, y Álvaro vino por detrás y se la comió.
- ¡Eh! ¡Era para mí! – Le repliqué.
- Es que me gusta hacerte enfadar. 
- Déjate de tonterías, anda. - Me cogió de la mano y nos pusimos a hablar en medio del jardín. Pasó una hora, y se hicieron las 7:30. Entonces, yo me dirigí a la fuente de chocolate otra vez para comer algo, y Cristina se acercó a la fuente, y empezó a tocar algo por ahí detrás entre los cables. Entonces, se apartó y la fuente empezó a hacer un ruido extraño; de repente, todo el chocolate de la fuente, empezó a salpicarme, y se manchó todo el vestido, el pelo y la cara. La miré enfadada, porque sabía que ella había hecho eso a propósito para que todos se rieran de mí, por el odio que me tenía, y lo había conseguido. Todos se quedaron en silencio, y me miraron a mí; empezaron a reírse, y me quedé allí quieta, mirando mal a Cristina. Casi lloro, pero preferí guardarme las lágrimas, para no humillarme y hacerme más el ridículo a mi misma. Salí de allí en seguida, para que la gente no me mirara más. Entré dentro, y busqué un baño, a pesar de que no le había pedido permiso a Cristina. Álvaro miró muy mal a Cristina, y salió tras mí. 
- Es horrible lo que acabas de hacerle a Maria. - Le dijo Álvaro a Cristina. 
- ¿Yo? Como puedes decir eso, pero si me cae muy bien... 
- Deja de hacerte la falsa. – La dejó con la palabra en la boca, y salió a buscarme. Entró en el baño, y me preguntó: 
- ¿Puedo pasar? - Reconocí su voz, y le dije que si. 
- No puedo creer lo que me ha hecho esa bruja... Sabía que le caía mal, pero tanto para hacerme esto... 
- Tengo que reconocer que ésta vez se ha pasado, y no poco.
- Mira como me ha dejado... Me ha humillado delante de todos... Que vergüenza. 
- Tranquila, hablaré con ella para que te perdone y te preste algo de ropa limpia.
- Casi prefiero ir así manchada, que llevar algo suyo.
- Vale, pues le diré que te pida disculpas.
- Me da igual, la verdad. ¿Qué hago ahora? Estoy segura que cuando salga fuera todos me mirarán mal...
- No, yo estoy contigo. Nadie va a mirar mal a ésta chica tan bonita.
- Estoy harta, ya no sé que hacer para que ésta chica me deje en paz. – Salimos fuera, y como me temía, se hizo un gran silencio otra vez, y todos se giraron para mirarme. Entonces fue cuando Álvaro intervino:
- ¿Se puede saber que miráis? Aquí no hay nada que ver, parece que nunca hayáis visto a una chica tan maravillosa como ésta, tan especial y tan diferente a los demás, como ella es, y si no habéis visto a una persona así, es porque no hay nadie como ella, es única, y que se rían de ella porque sea diferente, pues mira, ella se ríe de vosotros porque sois todos iguales, amargados, y gente que solo está en un sitio para ver si hay alguien que hace el ridículo, o por interés, para reírse de él. Esa es gente realmente repugnante e inhumana, toda la gente que hay en el mundo ahora, es así. Así que ya podéis volver a hacer lo que estabais haciendo antes, porque aquí lo único que veréis, es a una chica perfecta, y por suerte, soy el más afortunado del mundo por tener su corazón. – Entonces, me miró fijamente a los ojos, y sacó del bolsillo de su chaqueta una pequeña caja. La abrió; era un collar en forma de una pequeña rosa, me lo puso, y me besó delante de todos. – No es un simple te quiero, es más que eso. Por mucho que se te manche el vestido, seguirás igual de hermosa.
- Gracias. – Le dije.
- ¿Gracias porque?
- Por todo lo que haces por mi, simplemente gracias. – Nos abrazamos, y volví a mirar la cara de Cristina; la verdad es que estaba aun más cabreada que antes, y eso me daba miedo. Pasó el tiempo bastante rápido, y se hicieron las 9 por fin. Álvaro le hizo una seña a Dani queriendo decir «Ya». Entonces, cogió la mano de Carmen, y sacó de detrás de su espalda una rosa. Carmen sonrió mucho, y le dio un abrazo.
- Gracias, es preciosa. Creí que te ibas a olvidar de mí... – Le dijo Carmen a Dani.
- ¿Como iba a olvidarme de la persona a quién quiero? – Le respondió Dani. Se abrazaron, y Carmen le sorprendió con un libro que le había comprado.
- Toma. – Dijo Carmen mostrándole el libro a Dani. – Lo he comprado para ti. – Dani sonrió también.
- Gracias, pero no era necesario.
- ¿Es que no sabes que en el día de San Jorge se regala una rosa a la chica que quieres, y un libro al chico que quieres? Pues yo te quiero.
- Yo también te quiero, por eso te he regalado la rosa. – Se quedaron a hablar un rato por ahí, mientras nosotros recogíamos nuestras cosas. La gente ya se estaba yendo, pero aun quedaban algunas personas. Yo estaba en el borde de la piscina, pensando, y Álvaro apareció por detrás. Puso su brazo sobre mi hombre, y bajo a mi altura y se sentó a mi lado conmigo.
- ¿Como estás? Te veo deprimida.
- Pues como voy a estar... – Sin que se lo pidiera, Álvaro notó que tenía frío, y me puso su chaqueta sobre mi espalda. Le miré sorprendida, como cuando hacía todas esas cosas que parecía que viviese en mi mente.
- Creo que tienes frío. – Me dijo.
- ¿Como lo sabías?
- Lo sé todo de ti, incluso lo que no me has contado.
- Eres demasiado bueno conmigo. Otro chico me dejaría tirada, y no me haría ni caso, pero tú... Siempre estás ahí.
- Porque te quiero. Eres la mejor persona que he conocido jamás, y sin duda, a la que más he querido. Me gusta que seas diferente a las demás chicas, y que seas tú misma.
- Sé que habrá un día en el que nos separaremos... Por cualquier cosa, estudios, trabajo... pero por favor, nunca me olvides.
- ¿Como voy a olvidarte? Sería imposible recordando todo lo que hemos vivido juntos. ¡Y ahora piensa en el presente! Estamos juntos, y estamos bien, ¿Qué más quieres? No quiero que llegue el momento en que tenga que decirte adiós. – Me abrazó muy fuerte, y yo a él. Entonces, como no, Cristina no podía soportar ese momento. Cogió mi bolsa, donde llevaba el libro que iba a darle YO por sorpresa después, y lo enseñó a todos.
- ¿De quién es esto? – Yo y Álvaro nos giramos hacía ella para ver lo que mostraba, cuando reconocí que era mi libro. Me sorprendí aun más de lo que ya estaba, pero de mala manera.
- El libro para Álvaro... – Murmuré en voz baja. Me acerqué a ella para coger la bolsa sin que Álvaro lo viese, pero fracasé. Cristina lanzó el libro, de tal manera que cayó por mucha casualidad al agua de la piscina.
- ¡No! – Chillé enfadada.
- ¿Qué pasa? No era de nadie, ¿para que quisiera yo eso?
- ¡Sabes perfectamente que eso era mío, porque me lo ha visto al entrar!
- Perdona pero yo no he visto eso.
- ¿Sabes que? Eres asquerosa, y no sé como la gente puede soportarte.
- ¿Quién te crees que eres para hablarme así?
- Cualquiera quisiera hablarte así, solo que no se atreve. – Miré el fondo de la piscina, pensando que seguramente el libro ya se habría deshecho. Entonces, pasó otra de las peores cosas de la tarde, y seguramente la peor. Cristina se acercó a mí, me empujó, y caí lentamente a la piscina, como al libro le había pasado. Subí a la superficie muy enfadada, salí y me subí al bordillo de la piscina otra vez. Todos se habían quedado callados ésta vez, y no se rieron. Cristina me miró con malicia, y  satisfecha porque ya había conseguido lo que quería, hacer que fuera la peor tarde de mí vida. No fui la peor de mí vida, pero una de las peores. Yo incluso, estaba en silencio, hasta que me acerqué a ella, y empecé a decirle todo lo que sentía. Álvaro me miró con cara de «no lo hagas», pero lo ignoré. Estaba empapada, y horrible, pero me daba bastante igual eso. Me dirigí a Cristina, y le dije todo lo que sentía:
- ¿Ya estás contenta? Después de haberme hecho pasar este asco de tarde, primero, has manipulado la fuente de chocolate para que me salpicara toda, después, has fingido que no pasaba nada, has tirado a la piscina el libro que le había comprado a Álvaro con mi dinero al agua, y después, para acabar de arruinarme la tarde, me has tirado a la piscina. Eres una mala persona de verdad, porque nadie haría algo así a alguien, y si lo hace, es que no tiene sentimientos, y tú no tienes. Eres repugnante, y sé que me haces todo esto porque estoy con Álvaro, y le quiero. Que no te quisiera a ti en un pasado, será por alguna razón, y si ahora quiere a otra persona, no tienes que hacer nada para demostrar que me odias, y odias que estemos juntos. Estoy harta de todo, de que la gente me trate como si fuera invisible, de que se rían de mí porque n o soy buena en algo, o hago el ridículo, harta de que nadie me entienda, de que mi familia me odie, y quiera que haga las cosas mejor de lo que las hago, harta de tener que estudiar para nada, porque al fin y al cabo, te pasas media vida estudiando amargada para tener trabajo durante 10 años o menos. Creo que ya no queda gente en este mundo que sea diferente, y que sean personas de verdad, menos. Y si te molesta que esté con Álvaro, te aguantas, porque si yo soy feliz con él, por mucho que tú me hagas la vida imposible, seguiré con él, porque es de las únicas personas que me hace feliz, le amo, y nunca dejaré de amarle, aunque sepa que algún día todo esto, se acabará. Y estar harta de todo, es lo peor que te puede pasar, porque estás aguantando durante mucho tiempo, y llega un momento en el que ya no puedes más, y necesitas llorar, desahogarte, como yo ahora mismo. Y creo que he acabado, ahora solo tengo que desahogarme llorando, y pienso irme de aquí ahora mismo, porque no quiero seguir en ésta casa, me da asco, es más, me daría asco ser tú. – Todos se quedaron muy, sorprendidos, y callados. Cristina seguía mirándome con cara de asco, pero esa vez, porque sabía que todo lo que había dicho era verdad. Los chicos se despidieron de ella, y Carmen y Laura pasaron sin decir nada, mirándola mal también. Yo estaba ya fuera, esperando a que salieran. Estaba apoyada en la pared, aun muy mojada, y con mucho frío; seguro que me resfriaba por culpa de Cristina. En esa tarde no había habido nada bueno. Álvaro se agachó a mi lado y volvió a ponerme su chaqueta.
- Siento mucho todo lo que ha pasado.
- Tengo mucho frío.
- Tranquila, ahora vamos a casa y te preparo chocolate desecho calentito.
- Gracias. – Me dio un abrazo para que se me pasara el frío, y me cogió para que entrara en el coche.
- Venga, entra. – Me insistió.
- No quiero, voy a mojar el coche.
- Da igual, ¿prefieres quedarte aquí?
- Si es contigo si.
- Así que... Me has comprado un libro.
- Si, pero es como si no te hubiese comprado nada, lo siento.
- No lo sientas, soy yo quien debería haberte defendido e impedir que no te tirase a la piscina. Soy la peor persona del mundo, me siento fatal.
- Pues no te sientas mal. Prefiero a un caballero que me defienda con palabras, como has hecho antes delante de todos, que pegando e insultando.
- Siempre miras el lado positivo de las cosas...
- No siempre. Lo miro contigo, porque no tienes ningún defecto. 
- Cuando has empezado a decirle todo eso... Creo que eres una persona muy decidida, y en el futuro, por mucho que hayas dicho que estudiar no te servirá de nada, creo que tu futuro será maravilloso, porque te miro a los ojos, y veo a una persona decidida de lo que quiere hacer en el futuro, muy valiente y orgullosa de ella misma y de lo que puede hacer. Eres muy especial, y si nunca cambias, serás la mujer perfecta para quien sea el afortunado hombre que va a tenerte el resto de tú vida, porque ahora, solo tienes 18 años, y lo que daría por ser yo ese hombre que estuviera a tu lado siempre, pero... no creo que éste cuento de hadas sea para siempre, aunque lo quiera.
- ¿De veras crees eso? 
- Si, no tengo ninguna duda. Y ahora, volvamos a casa, no quiero que te enfríes. – Me cogió por detrás, y entramos al coche. Él se sentó a mi lado, y estuvo acariciándome la espalda todo el tiempo. Llegamos a casa sobre las 10:45. Aparcamos delante de casa, y salimos del coche. Entramos, y me fui primero de todo a ducharme y a cambiarme, porque aun estaba mojada y si no me cambiaba, aun me enfriaría más. A las 11, cuando todos estaban ya en las habitaciones, bajé abajo ya con menos frío, y avisé a Álvaro. Él estaba en la cocina preparándome el chocolate desecho caliente que me había prometido. Yo sonreí al verle ahí tan ocupado. Me senté en el sofá, y me tapé con una manta. Álvaro me trajo la taza de chocolate, de la que salía humo. Se sentó a mi lado, y me abrazó desde el lado. Me acabé el chocolate, y como los dos teníamos mucho sueño, nos quedamos allí dormidos.